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Cierto es que en el inmenso mundo en que vivimos nos rodean, a diario y constantemente millones de palabras, cientos de gestos y miles de modos de decir. Cierto es que, gracias a una particular forma de expresarnos, los seres humanos poseemos la capacidad de suprimir o reemplazar unas con otras. Así, una palabra puede recorrer miles de kilómetros y encontrar eco en oídos lejanos, portando en ella, el mismo calor que supondría un abrazo. Así, una caricia o un guiño puede desterrar la presencia de todo vocablo, en una escena muda y no por menos sentida.
Así, vivimos día a día, reemplazando besos por letras, abrazos por oraciones, y gestos del alma por tintas, sin perder, en tal disciplina, la más humana y sincera capacidad de los hombres: la de sentir.
De no contar con dicho don, muchas veces (más de las que uno puede imaginar) las palabras no alcanzarían, los silencios dolerían y escasearían los gestos, las miradas, los llantos... y también las risas. Como una perfecta maquinaria, al parecer los seres humanos podemos decir sin hablar, gritar en silencio, y mostrar en una lágrima o en una sonrisa los mensajes del alma.
Ahora bien, ¿que ocurre cuando, por obra y gracia del destino, una palabra de nuestro diccionario espiritual, no puede ser reemplazada? ¿Qué pasa cuando debemos atenernos a un decreto divino que pareció establecer conceptos impuestos e imposibles de suprimir? ¿Qué hacer cuando no existen sinónimos literales, gestos o muecas para poder explicar lo que se siente?
¿Cuando será el día que el GRACIAS encuentre un fiel compañero de reemplazo que de vacaciones merecidas a un término infinitamente erosionado, desgastado y mal empleado? ¿Cuando será el día en que podamos "agradecer" sin tener que caer en un vocablo que ha vivido en bocas propias y extrañas por años, siglos y lustros, empleada vagamente y a veces sin fundamentos? ¿Porque cuando tenemos que consentir, el GRACIAS es el único protagonista en cartel?
Atendiendo a la sorpresa de quienes leen estas líneas, me permito un momento para intentar descifrar el porqué de mis palabras. Frunciendo el seño y mordiéndome los labios ante la impotencia hermosa de tener el placer de "agradecer", me lamento en no encontrar el concepto justo, el término perfecto que permita abrazar en un mensaje las ordenes del corazón, intentando no redundar en el uso vacio de un simple "GRACIAS".
Vigente en la lucha por quitar del medio, palabras trilladas, vanas y mal empleadas, pretendo seguir buscando esa unión perfecta entre decir y sentir. Haciendo justicia para que podamos con una palabra decir mil cosas, agrietando los tímpanos de aquellos que merecen ser destinatarios de los términos que nacen del mismísimo corazón.
Sin bajar los brazos y con ansias de no perecer detrás de objetivos lejanos, hoy, con la misma voz del alma, "agradezco" sin caer en imposiciones culturales, e intento aturdir tus oídos gritando, fuerte y en silencio que... "si no fuera porque vos estas... yo no estaría acá".
Tarea difícil si las hay es la de intentar expresar en palabras lo que siente el alma. Más Complicado es intentar agradecer, abrazar y hacer comprender a un otro cuanto puede llenarnos el corazón con algo tan simple y tan INMENSO, como ESTAR.
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NaNo
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Cierto es que en el inmenso mundo en que vivimos nos rodean, a diario y constantemente millones de palabras, cientos de gestos y miles de modos de decir. Cierto es que, gracias a una particular forma de expresarnos, los seres humanos poseemos la capacidad de suprimir o reemplazar unas con otras. Así, una palabra puede recorrer miles de kilómetros y encontrar eco en oídos lejanos, portando en ella, el mismo calor que supondría un abrazo. Así, una caricia o un guiño puede desterrar la presencia de todo vocablo, en una escena muda y no por menos sentida.
Así, vivimos día a día, reemplazando besos por letras, abrazos por oraciones, y gestos del alma por tintas, sin perder, en tal disciplina, la más humana y sincera capacidad de los hombres: la de sentir.
De no contar con dicho don, muchas veces (más de las que uno puede imaginar) las palabras no alcanzarían, los silencios dolerían y escasearían los gestos, las miradas, los llantos... y también las risas. Como una perfecta maquinaria, al parecer los seres humanos podemos decir sin hablar, gritar en silencio, y mostrar en una lágrima o en una sonrisa los mensajes del alma.
Ahora bien, ¿que ocurre cuando, por obra y gracia del destino, una palabra de nuestro diccionario espiritual, no puede ser reemplazada? ¿Qué pasa cuando debemos atenernos a un decreto divino que pareció establecer conceptos impuestos e imposibles de suprimir? ¿Qué hacer cuando no existen sinónimos literales, gestos o muecas para poder explicar lo que se siente?
¿Cuando será el día que el GRACIAS encuentre un fiel compañero de reemplazo que de vacaciones merecidas a un término infinitamente erosionado, desgastado y mal empleado? ¿Cuando será el día en que podamos "agradecer" sin tener que caer en un vocablo que ha vivido en bocas propias y extrañas por años, siglos y lustros, empleada vagamente y a veces sin fundamentos? ¿Porque cuando tenemos que consentir, el GRACIAS es el único protagonista en cartel?
Atendiendo a la sorpresa de quienes leen estas líneas, me permito un momento para intentar descifrar el porqué de mis palabras. Frunciendo el seño y mordiéndome los labios ante la impotencia hermosa de tener el placer de "agradecer", me lamento en no encontrar el concepto justo, el término perfecto que permita abrazar en un mensaje las ordenes del corazón, intentando no redundar en el uso vacio de un simple "GRACIAS".
Vigente en la lucha por quitar del medio, palabras trilladas, vanas y mal empleadas, pretendo seguir buscando esa unión perfecta entre decir y sentir. Haciendo justicia para que podamos con una palabra decir mil cosas, agrietando los tímpanos de aquellos que merecen ser destinatarios de los términos que nacen del mismísimo corazón.
Sin bajar los brazos y con ansias de no perecer detrás de objetivos lejanos, hoy, con la misma voz del alma, "agradezco" sin caer en imposiciones culturales, e intento aturdir tus oídos gritando, fuerte y en silencio que... "si no fuera porque vos estas... yo no estaría acá".
Tarea difícil si las hay es la de intentar expresar en palabras lo que siente el alma. Más Complicado es intentar agradecer, abrazar y hacer comprender a un otro cuanto puede llenarnos el corazón con algo tan simple y tan INMENSO, como ESTAR.
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