Lejos de las luces de la ciudad y en pleno semidesierto guanajuatense, reposa Mineral de Pozos, un pueblo suspendido entre el pasado y el presente, entre la tradición y la modernidad. Abandonado dos veces y siempre vuelto a poblar, las paredes de este pequeño pueblo perdido en la infinidad del paisaje hablan de tiempos de minas y olvidado esplendor.
En los últimos años, Mineral de Pozos se ha reinventado gradualmente, bajo la noción de que lo antiguo tiene un valor incomparable y puede adaptarse para encajar en el mundo actual. Este cambio se ve en cada rincón, tanto en las casas restauradas de su centro que hoy alojan galerías, joyerías y tiendas de artesanías, como en sus acogedores hoteles, diseñados para integrar la tradición y la comodidad.
Y aunque cualquier momento es bueno para tomarse una pausa y disfrutar de sus bellos atractivos, como la parroquia de San Pedro, la capilla de san Antonio de Padua, la mina de Santa Brígida, la Alameda, o el Rancho de Lavanda, hay ciertos momentos del año en que todo se transforma.
Por ejemplo, en el mes de abril se lleva a cabo el Festival Internacional del Mariachi, en el cual se presentan los mejores exponentes de este alegre género musical, acompañados por eventos culturales y de charrería.
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