InicioInfoDesmitificando la Conquista del Desierto

Desmitificando la Conquista del Desierto

Info•6/21/2012
¿Fue necesaria la conquista del Desierto?



A pesar de la exitosa campaña al desierto efectuada por Juan Manuel de Rosas en 1833, y de los arreglos de éste con los indios, los malones indígenas constituyeron un problema permanente durante todo el período rosista, el cual se potenció tras la caída del Restaurador de las Leyes en 1852. Una estimación señala que entre 1820 y 1870 los indios robaron 11 millones de cabezas de ganado, 2 millones de caballos y 2 millones de ovejas; asesinaron o capturaron a 50.000 personas, y robaron bienes por valor de 20 millones de pesos. Con su acción, los indios habían puesto límites al uso de las tierras y a la colonización. Desde el punto de vista económico, el dominio que los indios tenían del sur de la provincia de Buenos Aires, la actual provincia de La Pampa y el sur de Mendoza implicaba una forma primitiva de producción, cuyo superávit era enviado a Chile. (1) Un autor ha considerado que el mencionado dominio constituía un verdadero estado-tapón indígena (preponderantemente araucano) en la Patagonia, organizado y mantenido desde Chile, con el fin de entorpecer la colonización argentina en el sur. (2) Además del problema de los malones indios, la necesidad de asegurar la presencia argentina en esas tierras para poder negociar con Chile desde una posición fuerte y el deseo de incorporar dicha región como área productora de ovinos para la creciente demanda lanar por parte de Gran Bretaña fueron factores que decidieron que se emprendiera la ocupación de la Patagonia.
Adolfo Alsina, el primer ministro de guerra del presidente Avellaneda, comenzó el avance de la frontera con el indio con un plan que consistía en la construcción de una línea de fortines unidos entre sí por una zanja. La línea de fronteras se ubicó en Carhué, Trenque Lauquen, Puán, Guaminí e Italó, con lo cual quedaron incorporadas al dominio nacional 2.000 leguas de tierras. (3) No obstante, la lucha contra el indio debió sortear serios inconvenientes entre los cuales no eran menores el derivado de las luchas por el poder en Buenos Aires y el de los intereses de quienes no les convenía que las cosas cambiaran. Alsina dejó un testimonio ilustrativo de los factores que conspiraban contra la realización de la empresa en su Memoria especial sobre la nueva línea de fronteras, donde se lamentaba que mucho tiempo antes de emprenderse la expedición, el cacique Namuncurá sabía todo lo concerniente a ella. El ministro afirmaba en el mencionado documento que: "los mensajes del gobierno pidiendo fondos para la ocupación definitiva del desierto habían sido leídos en la tolda del Soberano de la Pampa". (4) Dichos manejos subterráneos habían provocado un levantamiento general de indios en la época del ministro Alsina iniciado por la tribu de Catriel, seguida por los ranqueles de Baigorria, el pueblo de Namuncurá -con refuerzos provenientes de Chile-, más el cacique Pincén. Alsina logró frente a ellos la importante victoria de Paragüil, en marzo de 1876, lo cual le permitió avanzar muchas leguas la línea fronteriza y construir los fortines unidos por la zanja. (5)
A la muerte de Alsina, ocurrida en diciembre de 1877, su sucesor Julio Argentino Roca decidió emprender una campaña más agresiva. En el mensaje que dirigió al país en 1879, el ministro explicó claramente las razones de ésta:

El viejo sistema de las ocupaciones sucesivas legado por la conquista, obligándonos a diseminar las fuerzas nacionales en una extensión dilatadísima y abierta a todas las incursiones del salvaje, ha demostrado ser impotente para garantir la vida y la fortuna de los habitantes fronterizos continuamente amenazados. Es necesario abandonarlo de una vez e ir directamente a buscar al indio a su guarida, para someterlo o expulsarlo, oponiéndole en seguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del Río Negro profundo y navegable en toda su extensión, desde el Océano hasta los Andes. (6)

La estrategia de Roca consistía en una prolongada serie de ataques cortos por pequeñas fuerzas de gran movilidad, que llevarían la guerra al corazón del territorio indio y privarían a sus dueños de su medio de subsistencia -el ganado robado-. Las fuerzas de frontera, durante largo tiempo descuidadas, estaban ahora mejor equipadas: los fusiles Remington y las municiones eran provistos en cantidad suficiente. La estrategia de Roca recibió además el apoyo de dos factores importantes, el telégrafo y el ferrocarril. Hacia la década de 1870, el gobierno de la provincia de Buenos Aires venía presionando al Ferrocarril del Sur a llevar sus líneas hacia adelante, en dirección a la frontera india, de tal manera que éste sirviera para el transporte de tropas. En definitiva, a fines de 1878, el ejército estaba en condiciones de llevar a cabo la "conquista del desierto". (7)
De gran importancia, como base de la campaña del año siguiente, fueron los raids punitivos llevados a cabo durante todo el año de 1878, luego de la llegada de Roca al ministerio de guerra. En enero se realizó un ataque contra los pampas de las Salinas Grandes, en octubre el teniente coronel Lorenzo Vintter llevó a cabo una embestida contra Catriel, en noviembre Conrado Villegas logró la captura de Pincén y sus lugartenientes. A fines de este mes, una nueva incursión a las Salinas Grandes, conducida por Nicolás Levalle, y algunas otras realizadas durante el mes siguiente permitieron, además del debilitamiento general del indio con la captura de sus miembros y la recuperación de ganado, el reconocimiento del terreno inexplorado, lo cual sería extremadamente útil para la campaña del año siguiente. (8)
El plan de Roca consistió en una expedición de cinco divisiones que partiendo de distintos puntos debían convergir en el sur, realizando un gran movimiento de pinzas. Las cinco divisiones tuvieron los siguientes objetivos: la primera, dirigida por Roca, debía alcanzar la isla de Choele-Choel en el río Negro; la segunda división, al mando de Nicolás Levalle, debía marchar de Carhué a Chadi Levu y el río Colorado. La tercera división, dirigida por Eduardo Racedo, desde el sur de Córdoba debía recorrer el área de los ranqueles. La cuarta división, bajo el coronel Napoleón Uriburu debía partir de San Rafael, Mendoza, y recorrer toda la zona cordillerana hasta Chos Malal en Neuquén. La quinta división, comandada por Hilario Lagos debía esperar órdenes en Trenque Lauquen, las que le encomendaron dirigirse a Tobay y realizar conexiones con otras divisiones. (9) El plan concebido por Roca funcionó a la perfección. A fines de mayo, la primera división alcanzaba Choele-Choel y luego se producía el encuentro con la cuarta división. En total la expedición había demandado dos meses y veinte días. Roca regresó a Buenos Aires en julio, luego de dejar pequeños destacamentos a lo largo de la frontera. (10)
Las siguientes cifras, aportadas por Roberto Cortés Conde, ofrecen una idea relativa del incremento en la disponibilidad de tierras que implicó la Conquista del Desierto para las provincias de Mendoza, San Juan, Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe:

TABLA 1

EXPANSION TERRITORIAL DE LAS PROVINCIAS PAMPEANAS ARGENTINAS
(1855-1890)
(en kilómetros cuadrados)
Provincia 1855 1867 1876 1890
Buenos Aires 88.667 116.667 236.628 311.196
Santa Fe 55.000 57.000 82.585 131.582
Entre Ríos 77.079 77.079 77.079 75.137
Córdoba 150.000v 150.000 150.000 174.768
La Pampa ------- ------- ------- 149.919
Total zona pampeana 339.846 400.746 546.292 837.902
Los datos para Buenos Aires en 1779, 1855, 1859 y 1879 son del Censo General de la Provincia de Buenos Aires, octubre de 1881, Buenos Aires, El Diario, 1883, p. 124. Los datos para Santa Fe, 1853, 1867 y 1876 son de Miguel Angel Cárcano. Para Entre Ríos en 1876 es la estimación de Burmeister, en Lorenzo Dagnino Pastore, Mi galaxia, mi país, Buenos Aires, s./f., VI, pp. 2-14. Para Córdoba, 1860-64, de V. Martin de Moussy, Description Géographique et Statistique de la Conféderation Argentine, París, 1860-64, 3 tomos y un Atlas. Los datos para 1890 son de F. Latzina, Géographie de la République Argentine, Buenos Aires, Lajouane, 1890. (11)

En síntesis, el saldo de la campaña de Roca fue de 15.000 indios tomados prisioneros, 1.313 muertos y 15.000 leguas cuadradas incorporadas al territorio argentino. No obstante, el problema no estaba completamente resuelto. Entre 1881 y 1883 debieron ser organizadas nuevas operaciones contra los indios para estabilizar la frontera sur.
Por otra parte, el presidente Avellaneda había continuado la política de ocupación y colonización de la región patagónica que había caracterizado las gestiones de Mitre y Sarmiento. En 1875 el gobierno de Chile protestó contra una ley del gobierno argentino que autorizaba la comunicación entre Buenos Aires y las costas patagónicas. En una misiva a Sarmiento, de junio de 1877, Avellaneda expuso la conducta del gobierno argentino respecto de Chile: "Chile no es la Prusia. No es el león, y nosotros no somos los corderos (...)". Pero como en el caso de su precedesor, Avellaneda tampoco deseaba la guerra con Chile, que, en sus palabras: "nos llevaría a esa proeza tan tentadora de tener en Punta Arenas, otra Antofagasta, es decir, a gastar cien mil duros diarios, custodiando sus ejércitos y escuadras un presidio o un puerto sin agua (...)". (12) Como sus predecesores en la Casa Rosada, y en oposición a los partidarios del enfrentamiento bélico con el gobierno de Santiago -casos de Félix Frías o Carlos Tejedor-, el presidente Avellaneda confiaba más en el crecimiento económico o la ocupación efectiva del área en disputa por parte de la Argentina que en la guerra, como armas válidas para ganar la pulseada a Chile.
Junto con la Campaña del Desierto emprendida por Roca, cabe mencionar también durante la gestión de Nicolás Avellaneda las actividades de exploración del hombre de ciencia Francisco P. Moreno. Este fue comisionado en 1879 para explorar nuevamente la Patagonia -lo había realizado durante el primer año de gestión de Sarmiento- con el objetivo de examinar las riquezas de la región y entrever la posibilidad de incorporar a los indígenas que la ocupaban a la vida civilizada. De acuerdo con Alberto Palcos,

Moreno influye en la modificación de las ideas de las generaciones precedentes sobre la Patagonia. Conocían las descripciones de Fitz Roy y les impresionaba el criterio de tierra maldita que Darwin le aplicó, debido a que no se internaron lo suficiente como para formarse de ella un concepto global. (...) Cuando Moreno y otros exploradores penetran en sus zonas fértiles y se extasian en presencia de sus paradisíacas bellezas, la Argentina toma posesión efectiva de esa inmensa y abandonada heredad. Pasa entonces el peligro de un golpe europeo. Y el de los anexionistas chilenos será conjurado (...). (13)

El dominio del Estado argentino sobre los territorios adquiridos en virtud de la campaña de Roca fue completado durante la presidencia de éste con el envío de nuevas expediciones, el establecimiento de destacamentos militares en puntos estratégicos, el fomento de las comunicaciones costeras y una legislación que organizó el nuevo territorio en distintas jurisdicciones.

Expansion de Chile en la Patagonia

La cuestión de límites entre la Argentina y Chile ha sido un tópico sensible y controvertido. Si bien ya durante el período colonial el límite entre los futuros estados argentino y chileno estaba en principio determinado por la presencia física de la cordillera de los Andes, el tema de la delimitación de las distintas jurisdicciones del Imperio español fue desde muy temprano problemático. En los primeros años del descubrimiento y la colonización, la Corona firmó con los adelantados capitulaciones, es decir, contratos de los que se derivaban obligaciones mutuas y por los cuales los descubridores y futuros pobladores se comprometían a solventar los gastos de las expediciones. Como el objetivo era adelantar la conquista sobre un territorio desconocido, estos acuerdos prácticamente no fijaban límites o lo hacían de forma muy vaga. Una vez que el descubrimiento estuvo relativamente avanzado, la Corona tomó a su cargo el envío de las expediciones y comenzó a organizar política, económica, judicial y eclesiásticamente el territorio conquistado. Este tipo de organización trajo el serio inconveniente de la superposición de las distintas jurisdicciones. Por otra parte, la división en jurisdicciones se hacía teniendo en cuenta las poblaciones establecidas -ciudades (las que tenían cabildo) y villas- y su zona de influencia, es decir, hasta la frontera con las zonas en poder de los indígenas, por lo cual sus límites no fueron nunca definidos (1). Además, era de interés real que la colonización se expandiera. Con el tiempo, la Corona fue modificando las jurisdicciones o creando otras nuevas, pero el problema de sus límites difusos permaneció.
Los límites de los actuales estados de la Argentina y Chile fueron establecidos en 1776 con la creación del Virreinato del Río de la Plata, el que incluía la región de Cuyo, hasta ese momento bajo la jurisdicción de Santiago de Chile. A partir de la década de 1810, las dos entidades políticas estaban en estado embrionario: habían logrado romper sus lazos de dependencia con la metrópoli, pero no constituían aún Estados nacionales. Durante la primera mitad del siglo XIX, la Confederación Argentina y Chile estuvieron involucrados en la tarea de consolidación política, y ninguna de las partes tenía la inclinación o los recursos para colonizar áreas tales como el desierto de Atacama, la Patagonia, el estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego.
Por cierto, el extremo austral, más allá de la jurisdicción española sobre el mismo, en la cual se basarían los pretendidos títulos de la Argentina y Chile, nunca estuvo ocupado efectivamente por la Corona española y fue territorio indio hasta fines del siglo XIX. En los albores del período independiente, los territorios que el supuesto límite separaría estaban poblados por indios independientes del control de la población "blanca", chilena o argentina. Eran considerados "desiertos". Por lo tanto, el tema limítrofe entre la Argentina y Chile no pasaba de ser una línea sin mucha importancia práctica. El historiador chileno Francisco A. Encina rubrica este argumento con las siguientes palabras:

durante largos años, la Patagonia y la Tierra del Fuego fueron tierras de nadie. En los mapas, la Argentina lindaba por el sur con el Río Negro, que era su límite legal, y Chile sólo se extendía hasta el estrecho austral de la isla de Chiloé, que era el territorio realmente ocupado. (...) La disputa de límites argentino-chilena permaneció latente hasta 1845 (2).

El establecimiento chileno en la zona de Punta Arenas y la llamada "campaña al desierto" del general Julio A. Roca, que implicó la incorporación de la región patagónica como zona productora, fueron factores que le dieron al tema limítrofe un carácter más práctico, urgente y real, y por lo tanto generaron intereses -políticos y económicos- de uno y otro lado de la Cordillera (3).
Chile corrió con una ventaja inicial sobre la Argentina en su proceso de expansión hacia el sur debido a que logró su consolidación como estado mucho antes que su vecina, proceso facilitado por el hecho de ser un país pequeño y homogéneo y no sufrir el agudo proceso de fragmentación y guerras civiles que caracterizó a la Argentina en la etapa posterior a la Revolución de Mayo hasta Pavón (4).
Como ya se dijo el interés del gobierno chileno por el estrecho de Magallanes surgió a raíz de las actividades de William Wheelwright, quien había llegado a Chile en 1829 y cuyos intereses comerciales abarcaban varios puertos sudamericanos de la costa oeste. En 1840, Wheelwright viajó a Inglaterra donde organizó la Pacific Steam Navigation Company. En agosto de ese año, sus dos primeros navíos, el Chile y el Perú, zarparon de Inglaterra y realizaron exitosamente el viaje a Chile a través del estrecho de Magallanes. Este hecho dirigió la atención del mundo de los negocios hacia dicho estrecho, pues esta ruta abreviaba el tiempo de viaje entre los mercados europeos y los puertos sudamericanos (5). En 1841, George Mahan, un pescador norteamericano que estaba familiarizado con los estrechos, pidió al gobierno chileno un monopolio de diez años para operar con barcos remolcadores a vapor en los estrechos. El 21 de diciembre de dicho año el gobierno de Chile accedió a la petición de Mahan y decidió establecer su autoridad en el área. Con este objetivo las autoridades chilenas respaldaron varias expediciones exploratorias en la región, con la idea de establecer una colonia permanente cerca de los estrechos (6).
El 21 de septiembre de 1843, oficiales chilenos fundaron Fuerte Bulnes en honor a su presidente el general Manuel Bulnes en el estrecho de Magallanes. El asentamiento apuntaba al control del estrecho, lo cual se transformó en una prioridad para el gobierno chileno ante la posibilidad, provista por la navegación de vapor, de conectar la economía del país con los mercados de Europa y Estados Unidos. En opinión de Geoffrey Smith, este interés chileno en el estrecho de Magallanes constituía una amenaza para el gobierno de la Confederación (7).
La colonia de Fuerte Bulnes apenas sobrevivió cinco años. Debido a su mala localización, tierra inculta y fuertes vientos, la colonia no podía mantenerse a sí misma. Luego en el otoño de 1848, un fuego destruyó cerca de la mitad del asentamiento. En vez de abandonar completamente el proyecto, el gobierno de Chile trasladó la colonia a una nueva ubicación, Punta Arenas, que estaba situada a sólo 15 kilómetros de distancia de Fuerte Bulnes, pero poseía un clima más favorable y mejores condiciones del suelo. La colonia floreció y aún existe en el presente. Alfredo Rizzo Romano sostiene que la fundación de Fuerte Bulnes y luego la de Punta Arenas fueron realizadas a pesar de que una comisión de peritos chilenos integrada por Barros, Espiñeira y Jugran juzgaba, en contra de la opinión sostenida por Sarmiento, que la mitad del estrecho pertenecía a la Confederación Argentina y que por ende estas dos fundaciones no eran legítimas (8).
Tiempo atrás, el 11 de noviembre de 1842, había comenzado a publicarse en El Progreso de Santiago una serie de artículos ponderando las ventajas que a Chile acarrearía su establecimiento en el estrecho de Magallanes. La constitución chilena de 1833, que estaba en vigencia en ese momento, establecía que los límites de Chile eran de Norte a Sur, la Puna de Atacama y el cabo de Hornos. Ni Rosas ni gobierno argentino alguno cuestionó los límites que el gobierno de Chile se había asignado. Cuando se tuvieron noticias del establecimiento en el estrecho de Magallanes de una colonia chilena en el punto donde se había fundado la colonia española de San Felipe, en aquella fecha Puerto del Hambre, ubicada en la parte más austral de la península de Brunswick, ninguna objeción se hizo desde Buenos Aires. Finalmente, cuando se firmaron las instrucciones al ministro plenipotenciario Baldomero García, no se aludió para nada a esta cuestión que años después daría motivos a la prensa de Rosas para intentar crucificar a Sarmiento como "traidor" a la patria.
Rosas tocó por primera vez el problema del Estrecho en su mensaje a la Legislatura del 15 de diciembre de 1847, señalando lo siguiente:

Repetidas veces llamaron la atención del gobierno las relaciones que se daban por el de la República de Chile al Congreso Nacional, sobre una Colonia que había mandado formar en las costas del estrecho de Magallanes. (...) El Gobierno se ha dirigido al de Chile demostrándole los incostrastables títulos y perfectos derechos de soberanía que tiene la Confederación sobre el territorio en que se ha establecido la Colonia. De ellos siempre estuvo en posesión, desde el tiempo de la Monarquía Española, el Gobierno de Buenos Aires, a cuyos Virreyes, durante aquél, se daban las órdenes para la vigilancia del Estrecho de Magallanes, de sus islas adyacentes, y de la Tierra del Fuego, como autoridades a las que estaba sujeta toda esa parte del territorio (9).

El 18 de diciembre el ministro de relaciones exteriores Felipe Arana enviaba una nota al gobierno chileno haciendo conocer la posición de la Confederación Argentina en los siguientes términos:

su situación geográfica (la de Fuerte Bulnes) muestra que ocupa una parte central de la Patagonia y como consecuencia natural de su fundación ha sido destruida la integridad del territorio argentino, como también su completo dominio sobre las tierras que incluyen los estrechos desde el Atlántico hasta la costa del Pacífico donde llega la gran Cordillera de los Andes, el límite reconocido de la República de Chile. (...) El gobernador (...), tiene la grata convicción de que una vez demostrado que la colonia (Fuerte Bulnes) está situada dentro del territorio de la República, (el gobierno chileno) dará inmediatas órdenes de abandonarla, como justa medida respecto de esos reales derechos y a causa del interés primordial de ambas Repúblicas en preservar intactos los lazos de perfecta amistad que felizmente las unen (10).

El gobierno de Bulnes aprovechó la nota de la cancillería argentina para expresarle la necesidad de proceder cuanto antes a la demarcación de los límites entre los dos países. El 30 de agosto de 1848 el ministro Salvador Sanfuentes decía al gobierno argentino:

El momento actual, en que terminadas tan honrosamente las dificultades que apremiaban a la Federación Argentina, puede el gobierno de Buenos Aires dedicar su atención a otras materias que indisputablemente lo merecen, me parece el más oportuno para excitarle a que concurra con el de Chile al indicado arreglo (11).

Rosas explicaba el estado de las relaciones con Chile en su mensaje a la Legislatura del 27 de diciembre de 1848 con estas palabras:

El Gobierno de Chile, en su contestación manifestó sorpresa por el anuncio (de una reclamación) respecto de un territorio que, expresó, se había mirado siempre como parte integrante del Reino de Chile y ahora de la República en que fue constituido. (...) Contestó el Gobierno rechazando la declaración del de Chile sobre el derecho que alega tener a todo el terreno que ocupa la Colonia de Magallanes, así como a todo el Estrecho y a las tierras adyacentes, fundado en títulos que dice justificarlo. (...) El Gobierno de Chile observó que, como en las cuestiones se alegaban títulos que cada una de las partes interesadas calificaba de claros, auténticos e incontestables; y eran manifiestos los inconvenientes que de semejante conflicto de pretensiones podrían resultar en perjuicio de los particulares ciudadanos de una u otra nación y en peligro de que se alteren las relaciones de cordial amistad y fraternidad que tanto importaba cultivar entre aquella República y la Confederación Argentina, parecía propio de la justicia de los dos gobiernos manifestarse recíprocamente los fundamentos de sus reclamaciones y proceder a la exacta demarcación de los límites en que se tocan el territorio chileno y el de las Provincias Confederadas (12).

Es interesante observar que el gobierno chileno hacía exactamente el mismo alegato respecto de su jurisdicción durante el pasado colonial del estrecho de Magallanes que su par argentino.
En el curso del año 1848 el problema de límites entre los gobiernos de la Confederación Argentina y Chile en torno al estrecho de Magallanes se había aunado a otro conflicto anteriormente mencionado: el de la posesión de los valles intermedios de Mendoza, ambicionados por Chile por su aptitud para la pastura de ganados. Esta última cuestión había vuelto a tomar vigencia a raíz de la también tratada rebelión de Juan Antonio Rodríguez contra el gobierno de Mendoza. Aunque Rodríguez fue derrotado en marzo, sus idas y venidas entre Mendoza y Chile encendieron la disputa por dichos valles, pues el gobierno de Chile alegó que los animales robados por Rodríguez y cuya devolución exigía el gobierno mendocino, provenían de los potreros de Yeso, Montañés, Valenzuela y Los Angeles, que según el gobierno trasandino no pertenecían a la jurisdicción de Mendoza, sino a la de Chile. Este reclamo chileno llevó a Rosas, en el mensaje ante la Legislatura citado en el párrafo anterior, a vincular el tema del estrecho de Magallanes al de estos potreros:

Habiéndole anunciado el Gobierno Argentino (al de Chile), hallarse deseoso de evitar diferencias entre países amigos y vecinos, y proponerse instruir del negocio de los potreros de la Cordillera al Ministro Argentino que estaba nombrado para ir a Chile; haciéndole igual anuncio relativamente a la cuestión del estrecho de Magallanes, deseaba saber si tardaría todavía algún tiempo la traslación de aquel Ministro a su destino; y si en tal caso no sería posible ventilar el asunto de los potreros por Comisionados de ambas partes que se dirigieran al terreno disputado, se exhibiesen mutuamente sus títulos, hicieran valer las razones que a su juicio los corroborasen, examinaran las localidades y en vista de todo trazasen la línea divisoria, sujetándola a la ratificación de sus respectivos Gobiernos. (...) Concurriendo en toda su extensión con los amistosos sentimientos que en ellas acredita el de Chile, le manifestó que aun cuando siempre ha considerado los derechos de la Confederación a los territorios del Estrecho de Magallanes y sus adyacentes, lo mismo que los potreros sitos en la Cordillera, los más claros, positivos y convincentes, en la discusión había estado dispuesto, como lo estaba, a llevarlo con la mayor franqueza y lealtad (13).

En opinión del historiador chileno Encina, fue el ofrecimiento del gobierno chileno a Rosas de proceder a la demarcación de límites como una forma de evitar nuevos incidentes -ya lo había hecho anteriormente el canciller Manuel Vial, tratando de aplacar la indignación de Rosas por la manifiesta complicidad de las autoridades de Santiago con los emigrados provenientes de la Confederación-, lo que brindó al jefe de la Confederación -al advertir una actitud flexible en el gobierno chileno- la oportunidad de extender sus pretensiones hasta el estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego (14).
Por otro lado, el conflicto entre el gobierno de Chile y el de Mendoza por el tema de los potreros constituyó una ocasión para intentar cohesionar la voluntad de las autoridades mendocinas con las porteñas. Rosas debía demostrar energía para resolver este incidente en la zona de los potreros cordilleranos como una forma de evitar que la provincia de Mendoza y el resto de Cuyo, áreas que estaban en la práctica más cerca de Chile que de Buenos Aires, continuaran lejos de la órbita del gobierno de la Confederación y atentaran contra el orden rosista. Los factores mencionados fueron sin duda la causa de que hacia 1847 la diplomacia rosista decidiera abandonar su mutismo en la cuestión limítrofe con Chile y, aprovechando la invitación del gobierno chileno a delimitar el área austral, resolviera como réplica asegurar su presencia en el área patagónica y del estrecho de Magallanes a través de la protesta diplomática.
Rosas reconoció la necesidad de establecer límites precisos con Chile, pero expresó que no concordaba en la oportunidad pues

se hacía preciso, además, reunir muchos datos geográficos e históricos y elementos científicos, que no podían prepararse sino con lentitud, examen y mesura, obra que de suyo requería tiempos pacificados (15).

Como vimos en el capítulo anterior, Rosas encargó la tarea de reunir los elementos geográficos e históricos, que garantizaran los derechos de la Confederación Argentina en el estrecho de Magallanes y la región patagónica, al napolitano Pedro de Angelis (16), a la vez que encargó a Dalmacio Vélez Sarsfield el estudio de la cuestión desde un punto de vista jurídico (17).
Mientras Pedro de Angelis buscaba en el desordenado archivo de Buenos Aires las pruebas históricas de los derechos de la Confederación Argentina en el estrecho de Magallanes y la Patagonia, en 1848 Sarmiento regresaba a Chile, al término de su viaje por Europa. Como en El Progreso no le permitieron escribir contra Rosas, pues ese diario había pasado a defenderlo afirmando que en Buenos Aires no había tiranía sino "paz, garantías y leyes", Sarmiento resolvió fundar su propio diario. Nació así La Crónica, dispuesta a llevar adelante una feroz campaña para desprestigiar a Rosas en Chile.
Enterado el sanjuanino del reclamo efectuado por Rosas el 15 de diciembre de 1847 respecto del tema del estrecho de Magallanes, y de la llegada a Santiago del ministro plenipotenciario Miguel Otero, sucesor de Baldomero García, publicó un artículo en La Crónica del 11 de marzo de 1849 con el título "Cuestión Magallanes", en el que justificaba el establecimiento chileno y donde decía que el gobernador de Buenos Aires "había consentido tácitamente durante seis años en la realización de este hecho, sin protestar, sin alegar derecho alguno en contrario". Decía Sarmiento:

¿Cómo pueden fijarse los derechos de los gobiernos americanos a tierras no ocupadas, de las que antes de la independencia formaban en común los dominios españoles? He aquí, según nuestro concepto, la verdadera fórmula de la cuestión que veinte veces se agita entre los Estados americanos, y la manera de resolverla nos parece obvia y sencilla, dado el supuesto de que esos nuevos gobiernos salidos del tronco común de la civilización española no son manadas de lobos prontos a arañarse entre sí, sino seres racionales animados del espíritu de conciliación que debe notarse entre los que se titulan hermanos, casi siempre para disimular su espíritu de hostilidad.
El primer principio de equidad que ha de consultarse es éste:
Un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de los dos Estados a quien aproveche la ocupación sin dañar ni menoscabar los intereses del otro.
Este principio, seguido en todos los tratados de demarcación de límites de países despoblados, tiene su completa aplicación en Magallanes. El Estrecho es una vía necesaria, indispensable de comunicación para Chile; es uno de sus caminos para Europa que le interesa aclarar, asegurar, poblar, para mejorar su comercio. Para Buenos Aires el estrecho es una posesión inútil (...) Quedaría por saber aún si el título de erección del Virreinato de Buenos Aires expresa que las tierras al sud de Mendoza y poseídas aún hoy por chilenos entraron en la demarcación del virreinato, que a no hacerlo, Chile pudiera reclamar todo el territorio que media entre Magallanes y las provincias de Cuyo (18).

A partir de este momento Sarmiento se convirtió en el centro de la oposición contra Rosas en Chile, y por lo tanto en el blanco favorito de los ataques de éste. Fue entonces que por orden de Rosas apareció en Mendoza La Ilustración Argentina para neutralizar los ataques de Sarmiento y cuya redacción fue confiada a los prestigiosos intelectuales Juan Llerena y Bernardo de Irigoyen, el segundo de los cuales poseía una foja de destacada actuación diplomática en Chile. En el primer número de La Ilustración Argentina se calificaba a La Crónica como:

el órgano fanático de los principios y tendencias de este bando de ilusos e ignorantes; su redacción está confiada al utopista más furibundo que haya producido el suelo americano, y sus embustes y desvaríos tienen el atractivo de lo nuevo y de lo inaudito para ciertas cabezas inexpertas (19).

Curiosamente, sin embargo, cuando Sarmiento comenzó a publicar en El Progreso, en noviembre de 1842, los primeros artículos ponderando las ventajas que se derivarían para Chile de la ocupación del estrecho, los periódicos de Buenos Aires nada dijeron al respecto. El establecimiento chileno tuvo lugar el 21 de septiembre de 1843; la primera declaración de Rosas respecto del tema del estrecho fue recién el 15 de diciembre de 1847, es decir más de cuatro años después de realizada la ocupación chilena, y aún entonces la prensa al servicio de Rosas no descargó su encono contra el sanjuanino. El historiador Enrique Barba se hace entonces la interesante pregunta: ¿cuándo y por qué se vinculó la cuestión de Magallanes con una pretendida traición de Sarmiento? (20)
La respuesta sería que el cambio en la actitud de Rosas parece haberse debido no tanto al contenido de los artículos de Sarmiento, sino al hecho de que éste lentamente se convirtió en el centro de la oposición al gobernador porteño en Santiago de Chile. En otras palabras, Rosas habría utilizado la presunta traición externa de Sarmiento para desprestigiar a un influyente opositor en el exilio, lo que significa que usó esta presunta "traición externa" como un instrumento para su política en el interior de la Confederación.
Por cierto, la actitud de Rosas hacia los escritos de Sarmiento comenzó a cambiar recién después de la carta del 26 de mayo de 1848, que éste escribió al coronel puntano José Santos Ramírez, instándolo a rebelarse contra Rosas (21). Contra los planes de Sarmiento, Santos Ramírez envió la carta al dictador el 30 de noviembre, denunciando los planes del sanjuanino. Rosas envió entonces copia de esta carta a los gobernadores de las provincias confederadas y el 11 de abril de 1849 se dirigió al gobierno de Chile denunciando la conspiración que allí se tramaba. El presidente chileno Bulnes hizo caso omiso del pedido de Rosas de castigar a Sarmiento.

Conclusion

Es muy facil juzgar a nuestros proceres por sus acciones sin tener en cuenta el contexto historico en el que las realizaron. La mayoria de la gente que critica a Roca no tiene idea de la carrera por la Patagonia que se desarrollaba entre Argentina y Chile, y Chile contaba con amplia ventaja por tener unidad nacional, algo con lo que Argentina no contaba en esa epoca. Hoy Argentina es el 8vo pais por superficie territorial y eso se lo debemos a personas como Rosas y Rocas que a pesar de no ser perfectos y haber tenido errores, defendieron la integridad nacional con uñas y dientes.

Evolucion Territorial Argentina


Las Conquistas Territoriales de las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta junio de 1816


La gran expansión del territorio nacional
(años 1878-1881, inclusive)

Datos archivados del Taringa! original
20puntos
2,603visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

n
neutral24🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts25
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.