Comenten, su opinion para mí es invaluable.
Lectores, un saludo.
Les traigo una nueva entrega del perdido. La décima parte de Kram el perdido en la isla.
Unos relatos altamente descriptivos y entretenidos; hechos todos por mí.
Son cortos, si los leyesen todos seguidos, talvez solo se tarden media hora.
Por eso los invito a leerlos.
En esta parte, se interesarán con esta serie, hoy estamos a punto de presenciar el final de esta saga.
Leanlos y veran que estoy en lo cierto, pero decidanlo ustedes
Kram fue llevado a una nueva prisión donde se encontró con los caballeros brillantes como sus carceleros y estos ya se habían enterado de la muerte de la hermosa Alathea y creyeron que él la había matado.
Sus caras eran de desprecio como un rico mirando a un pobre.
Kram solo estaba cabizbajo mientras sus lágrimas se encontraban con el piso de piedra.
Se le acerco Corban, el líder auto proclamado de los guerreros brillantes y le tiró una bofetada gritando:
-¡¿Por qué la mataste?!
Kram se quedo callado y siguió cabizbajo, mientras Corban insistía con otra bofetada.
-¡Contesta bastardo!¡¿por qué la mataste?!
Kram una vez más se quedo callado.
Corban le grito una vez más y dijo:
-¿No quieres contestar, eh?
Entonces sacó un cuchillo y se lo iba a enterrar en la carne del cuello a Kram, pero este firme e iracundo paró el ataque y dijo:
-¡Yo no la mate, yo la amaba como a nadie en este mundo!
En eso Kram le torció la mano a Corban, tomo su cuchillo y se lo acerco al cuello.
Los otros caballeros sometieron a Kram y le quitaron el cuchillo.
Corban dijo:
-Déjenlo, si lo que este perro quiere es hueso, que no se queje si se atraganta.
¿Quieres luchar Kram?, entonces ven y sé hombre. ¡Denle una maldita espada, que esperan!
Los caballeros brillantes soltaron a Kram y les dieron una espada a cada uno.
Estos y los soldados enmascarados hicieron un gran circulo y la lucha comenzó.
Corban dio el primer golpe como de costumbre.
Kram luchaba fríamente y sin miedo, como si su alma hubiese sido robada; y si, por Alathea.
Corban peleaba sin razón, sin pensar y con mucho esfuerzo.
Este comenzó a cansarse y Kram aprovecho eso.
Hizo un rápido movimiento y se quedo con ambas espadas.
De una patada fuerte tiró a Corban al suelo y poniéndole las espadas como tijeras alrededor de su cuello le dijo:
-Escuchame bien imbécil, yo no mate a mi amada y eres tan ciego como todos que no sabes ni a que rutas los lleva su amo. ¡Soterios mato a Alathea, no yo y si no fuese poco ella no ha sido su única víctima, el desgraciado hace sacrificios humanos!
Dicho esto, Kram soltó las espadas y dejo vivir a Corban, quien se agarro el cuello y pensó en lo cerca que estuvo de morir.
Después de tal acto de generosidad, los otros caballeros no tuvieron mejor agradecimiento que aprisionar de nuevo a Kram en una celda que tal vez vería por última vez.
Faltaba solo una hora para la ejecución pública.
El silencio tenso, casi una tortura para todos.
La habitación oscura, fria y apestosa era como para perder la cordura.
Kram, habia perdido ya demasiado, tal vez ni le importase...
Entonces aquella fatídica hora llegó.
La celda oscura y Kram no sabia lo que se estaba llevando a cabo afuera.
En eso unos enmascarados abrieron la celda de Kram y lo llevaron ante el templo de Soterios.
Majestuoso, grande, fascinante y hermoso era.
Parecía un rincón del olimpo caído desde el cielo, y en lo más alto estaba Soterios.
Kram estaba agotado, cansado y desarmado. Pareciese que ni siquiera ganas de vivir tuviera.
A él lo prepararon para su ejecución, un enmascarado lo guió al cadalso.
La cruel y fuerte soga enrolló el cuello de Kram como una serpiente constrictora y este solo miró al cielo pensando que era el fin.
Cuando entonces una flecha surcó los cielos y cortó la tensa cuerda, luego otra fue aún más osada y se topo con el descubierto pecho del verdugo.
Kram vio entonces ese brillo a lo lejos de los guerreros brillantes que lo aprisionaron, ahora le devolvían la vida.
Aquel acto de generosidad hacia Corban tuvo de recompensa su propia vida, o tal vez fue algo más.
Tal vez Kram fue solo el detonante y esto causó un efecto domino.
En fin, Soterios ya fuera de si por tantas sublevaciones dijo:
-¡Matadlos a todos!
Y entonces, se desato el infierno.
Rebasados en numero, los guerreros brillantes lucharon valientemente.
Kram se safó de sus ataduras y se encaminó a la batalla.
Soterios con expresión de ira y rabia bajo y se unió al enfrentamiento.
Era un excepcional guerrero también, después de todo algo de dios debía tener...
Con gran destreza dominó el combate derribando uno a uno a los guerreros brillantes, pero no le interesaba matarlos, dejo vivir a todos y los hizo someter.
Para ese momento una nube negra se avecinaba la lluvia comenzó a caer junto con rayos y truenos.
Como si los dioses amargos estuviesen.
Solo quedaban Kram y Soterios, este último hizo una seña a sus súbditos para que lo dejasen luchar solo.
Dieron una impresionante lucha, digna de ser retratada como la de David y Goliath.
Pero Kram ya estaba bien debilitado y de una patada, Soterios lo tiro fuertemente al suelo.
En eso, este levantó su lanza de oro para clavarla en el corazón de Kram, mientras gritaba en alta voz:
-Zeus, la muerte que te doy ahora sera el mejor sacrifico de todos los que te he dado.
Y Soterios se disponía a clavar la lanza cuando un rayo lo intercepto.
De la punta de la lanza, la electricidad pasó a su corazón.
Como dios no era, murió instantáneamente.
Los cielos castigaron cruel e irónicamente al que intento poseerlos.
El fanático religioso que intento pagar para ser dios, había caído.
En ese momento, los guerreros enmascarados que seguían a este ruin dictador soltaron sus armas.
Se quitaron las mascaras una a una descubriendo rostros desconocidos para todos.
Eran ahora solo olvidados.
Estos se arrodillaron ante Kram, proclamándolo "el protegido de los cielos y el nuevo gobernador de la isla".
Esto a él poco le importaba.
Tenia todo el poder de la isla y él lo odiaba.
¿De que sirve tener tanto poder, tanto oro, tantos recursos?; si Alathea ya no estaba.
Dijo a sus nuevos súbditos que liberasen a los guerreros brillantes.
Fue en eso que Corbán entonces se acercó y le dijo:
-Buena suerte Kram, los dioses te han sonreído hoy.
-No he hecho nada, pero veo que estos olvidados creen que soy su líder. Eso no me importa, te cedo el poder a tí.
Pero hay algo último que debo hacer...
-Dímelo y será realidad.
-Sigueme y veras...
Entonces Kram llevó a Corban a la orilla recóndita donde se encontraba el cadáver de Alathea.
Aún intacto, las bestias no se la habían devorado, ni siquiera tocado.
Como si hasta a esos animales estuviesen tristes por la muerte de Alathea.
Kram dijo que quería que Alathea tuviese una muerte digna.
Entonces, pusieron su cadáver dentro de una gran barca y la incendiaron.
Kram decía: "Ella miraba al océano con humildad, y creo que hubiese sido su deseo el ser parte de él."
El horizonte se llevaba el barco y era una luz que se apagaba a lo lejos.
Pensar que Alathea estaba ahí.
Todos lloraron su muerte, pero Kram la sufrió más.
Esa noche él durmió solo mirando hacia las estrellas, y podría jurar que por un momento, Alathea estuvo acompañandolo...
Al día siguiente, Kram se despidió de los guerreros brillantes y partió a Grecia en un barco provisto de provisiones y demás, pero lo más valioso de ahí fue el regalo especial que le hicieron los soldados.
La espada de Alathea...
Aqui lector concluye la 10° parte de los viajes de Kram y la última de esta saga.
Si quieren saber que sucede en la próxima saga, siguanme que la colgaré pronto.
Escribanme lo que piensen.
Les prometo que no se arrepentirán
1° parte, siguiente saga
9° parte
Kram, el perdido:
La saga de las arenas infinitas
La saga de la isla perdida
Escribanme lo que piensan en los comentarios