





Como dice el gif de arriba, sólo comparto éste artículo que publicaron en un blog el cual está en la fuente del post. Espero les guste. Se lo comparto ya que me pareció muy interesante las fotos y la historia que tiene el post.

El regreso del "Gran Capitán"

Travesía mesopotámica

Federico Lacroze - Zárate "nueva"

Sobre la fachada de la estación Federico Lacroze se leen, relucientes, las letras que forman la palabra "Ferrocarril General
Urquiza
". Este símbolo les hace saber a los porteños la importancia de los andenes que se sitúan una vez traspuesta la entrada al edificio; plataformas por las cuales deben partir trenes a una inmensa región de la Argentina.
En los últimos 10 años, esas figuras de cemento solo evocaron el inagotable movimiento de trenes del que alguna vez gozó aquél lugar. Hoy, con un poco más de esperanza, la vuelta del tren "El Gran Capitán" devolvió el verdadero sentido a aquellas letras convertidas casi en un adorno. Paralizadas en el tiempo. Humilladas por la inexistencia de una vinculación ferroviaria con la región mesopotámica.
En los últimos 10 años, esas figuras de cemento solo evocaron el inagotable movimiento de trenes del que alguna vez gozó aquél lugar. Hoy, con un poco más de esperanza, la vuelta del tren "El Gran Capitán" devolvió el verdadero sentido a aquellas letras convertidas casi en un adorno. Paralizadas en el tiempo. Humilladas por la inexistencia de una vinculación ferroviaria con la región mesopotámica.

25/09/03 - El día del Gran Capitán

Tal como se había previsto durante los últimos meses y tras haber observado de cerca los avances sobre los trabajos realizados con el material rodante perteneciente a la provincia de Corrientes, la empresa Trenes Especiales Argentinos convirtió en realidad el primer viaje experimental a la Mesopotamia, que comenzó en Federico Lacroze, el jueves 25 de Septiembre, a las 11:31 hs.
Aquella mañana, todos los que pasaron por la estación cabecera del Urquiza se encontraron con un panorama realmente inusual: sobre el andén 9 había un centenar de personas aguardando la formación, que aún se hallaba estacionada en la playa de maniobras. Entre la muchedumbre, aparecieron mis amigos, algunos de los cuales viajarían y otros que, simplemente, venían a saludar y ver la partida del tren. Con el paso de los minutos, los camarógrafos empezaron a acomodar sus trípodes detrás del paragolpes, desde donde saldría el "Gran Capitán". Era la segunda vez que nos dábamos cita en Lacroze para presenciar la posible partida del tren, pero en esta oportunidad la confirmación del viaje era segura.
Aquella mañana, todos los que pasaron por la estación cabecera del Urquiza se encontraron con un panorama realmente inusual: sobre el andén 9 había un centenar de personas aguardando la formación, que aún se hallaba estacionada en la playa de maniobras. Entre la muchedumbre, aparecieron mis amigos, algunos de los cuales viajarían y otros que, simplemente, venían a saludar y ver la partida del tren. Con el paso de los minutos, los camarógrafos empezaron a acomodar sus trípodes detrás del paragolpes, desde donde saldría el "Gran Capitán". Era la segunda vez que nos dábamos cita en Lacroze para presenciar la posible partida del tren, pero en esta oportunidad la confirmación del viaje era segura.

(Un clásico de Lacroze: La foto desde el puente peatonal, que ofrece esta hermosa vista.)
Cerca de las 11, se vio a lo lejos maniobrar al tren, con sus impecables colores celeste y blanco... ¡No lo podíamos creer!. Para entrar al andén, los trenes que salen de la playa deben hacer una maniobra que consiste en salir a la vía principal y, desde allí, entrar marcha atrás (si es que lo maniobra la locomotora titular). Recién cuando vi el tren saliendo de la playa fui consciente de que estaba a punto de comenzar mi travesía por los 1100 kilómetros de la red principal del
Urquiza
.

(La formación lista para aventurarse en el noreste argentino.)
Finalmente, entró el "Gran Capitán" al andén 9 y pudimos ver de cerca los coches remodelados con todo detalle. El andén era un revuelo de gente, periodistas, invitados, aficionados, etc., observando boquiabiertos la formación que en breve partiría, compuesta de la siguiente manera:
- Locomotora GM G-22 7911
- Bandeja automovilera A 6023
- Furgón postal FC 1859
- Pullman PA 703
- Dormitorio DA 2022
- Restaurante RA 1928-M
- Primera P 1148
- Turista S 1583
- Turista S 1579
Este último, con tapizado tipo marmolado en azul, fue el que se estacionó contra los paragolpes. Al verlo me dije "allá voy". Tras las despedidas con los chicos que estaban en el andén, subí por el estribo del PA, el único habilitado para ascender y, una vez a bordo, empecé la recorrida por los siete coches para llegar al lugar que había acordado conmigo mismo desde el andén: la anteúltima ventanilla del último coche fue el sitio elegido; ideal para disfrutar de una postal de la formación completa en las curvas y, además, para saludar a la gente. Como era de esperar, el resto de los invitados eligió encerrarse en el Pullman.

El esperado final de una maldición

Estando en el Km. 0, en la estación Federico Lacroze, y cuando las pantallas de los relojes marcaban las 11:31, ¡partimos hacia la travesía mesopotámica!. La GM G-22 7911, estaba lista para demostrarnos su capacidad, una oportunidad que no tuvo durante los últimos 15 años. Esto confirmaba que asistiríamos a un viaje experimental con todas las letras.
En nuestro S 1579, nos acomodamos Fer Halperín, Julián Bongiovanni y yo. El resto del coche estaba vacío. Como dije, elegimos la mejor ubicación. Aquí pudimos abrir las ventanillas y disfrutar a pleno la salida de la Capital Federal. La 7911 empezó a moverse y, con ella, los 8 vehículos que tenía a sus espaldas. El andén 9 de Lacroze empezó a quedar atrás. De ese momento tenemos un magnifico testimonio: la foto que nos sacó el fotógrafo de Página12 para lo nota titulada "El esperado final de una maldición", publicada el sábado 27 de septiembre.
En nuestro S 1579, nos acomodamos Fer Halperín, Julián Bongiovanni y yo. El resto del coche estaba vacío. Como dije, elegimos la mejor ubicación. Aquí pudimos abrir las ventanillas y disfrutar a pleno la salida de la Capital Federal. La 7911 empezó a moverse y, con ella, los 8 vehículos que tenía a sus espaldas. El andén 9 de Lacroze empezó a quedar atrás. De ese momento tenemos un magnifico testimonio: la foto que nos sacó el fotógrafo de Página12 para lo nota titulada "El esperado final de una maldición", publicada el sábado 27 de septiembre.

En el primer paso a nivel que atravesamos estaban mis amigos. Los fotografié para guardar un recuerdo de sus expresiones de alegría al observar la tan esperada partida. Y sí... se empezaba a cumplir el sueño de unos cuantos aficionados. El de ver un general saliendo de Lacroze. Sueño también compartido por los entrerrianos, correntinos y misioneros, con quienes nos toparíamos en unas horas más... Pero nunca dejo de resaltar que la alegría de un aficionado al ver salir un tren que recorrerá su país, tiene mucho que ver con un sentimiento de amor a la Patria. Aquel sentimiento que muchos nos quisieron sacar.


(Partimos de Lacroze / DER: Guille Figini, Gabi Castelo y otros amigos saludan.)
La salida de la Capital es muy pintoresca, ya que se toman varias curvas cerradas y la traza se introduce en los barrios, muy pegada a las calles y a las casas. Aquí comenzó el interminable saludo con la gente. Imaginen que ver un tren de larga distancia, entre tanta monotonía de los eléctricos, llama la atención. Detrás nuestro (tal como podíamos ver por el ojo de buey del último coche) venía, recelosa, la GE U-13-C G601 de Metrovías, como diciendo "acá mando yo". Esa locomotora fue observando marcha a 200 metros del tren, para auxiliarlo en caso de que la 7911 sufriera algún inconveniente. Fue una presencia innecesaria, ya que tal cosa no ocurrió en ninguna etapa del viaje.

Al parecer, gracias a los medios radiales y televisivos que transmitieron en vivo, mucha gente supo de la inminente partida del "Gran Capitán", esto explicaba la cantidad de personas que se asomaba de sus casas o se acercaba a las estaciones locales a ver el tren. Empecé a disfrutar a pleno del viaje... La euforia con que saludaba la gente desde sus casas o pasos a nivel, me hicieron notar aún con más fuerza que estábamos participando de un evento importantísimo. Para mejor, fuimos acompañados por un día espectacular, con una buena temperatura, de unos 22 grados, y un cielo completamente despejado.

(El Gran Capitán, llegando a la estación Lynch, ya en territorio bonaerense.)
Gran sorpresa me llevé al ver que Marcelo Soto (amigo con quien ya había compartido algunos viajes) estaba a bordo del tren "¡Maestro!" -le dije-, "¿qué haces acá?". Me contó que lo habían dejado viajar. Imaginen la felicidad de Marcelo, que para mejor es loco por el F. C.
Urquiza
!!!. (Gracias a su presencia además ahora vamos a poder disfrutar de sus excelentes fotos que aportó para la realización de esta nota).

Hacia la zona sub-urbana

Cuando llegamos al Km. 17, nos detuvimos para dejar paso a un tren de TMS. Es que aquí cruzamos a nivel las vías del FCGSM, además de abandonar la vía electrificada, que continúa a Lemos (y, con ella, a la desilusionada G601). Faltaba que Metrovias instalara rejas del tipo "antipiquete" en los andenes para "proteger" a los transeúntes del "riesgoso" paso del "Gran Capitán". Afortunadamente, los coches no explotaron ni volcaron como ellos preveían, je, je, je...
Una vez que cruzamos las vías del San Martín, tomamos una curva hacia la derecha, que nos dejó paralelos a ese ferrocarril, al que seguimos de cerca por mas de 30 kilómetros.
A las 12:22 llegamos al kilómetro 22,9, estación Sarmiento. Pero no nos detuvimos, pese a la multitud que se había arrimado a lo largo del andén. Un andén que, en sus buenas épocas, albergó "capitanes" de 22 coches... ¿Se lo imaginan?.
Una vez que cruzamos las vías del San Martín, tomamos una curva hacia la derecha, que nos dejó paralelos a ese ferrocarril, al que seguimos de cerca por mas de 30 kilómetros.
A las 12:22 llegamos al kilómetro 22,9, estación Sarmiento. Pero no nos detuvimos, pese a la multitud que se había arrimado a lo largo del andén. Un andén que, en sus buenas épocas, albergó "capitanes" de 22 coches... ¿Se lo imaginan?.

Mi sentimiento era de alegría, emoción y congoja: ver a esa gente allí, saludando con esperanza al tren, me hacía desprender lagrimas... ¿Que ha pasado en este país que, de repente, hay que suplicar por el regreso de un servicio que jamás debió haber desaparecido?. Lo que más me estremecía era ver gente muy humilde, muchos desocupados, posiblemente ex trabajadores del ferrocarril, que veían con ilusión el paso del renovado "Gran Capitán". Lo que me duele es saber que esas familias han quedado fuera del sistema y por más trenes que pongamos a andar, no vamos a poder reparar el daño que causó a la sociedad la política del "siempre hubo pobres", de la que todos sabemos. Ahora, la escena de los saludos se enmarcaba en una estación abandonada con sus cambios levantados.

Altimpergher, Piñero, Toro y más...

A las 12:32 llegamos a Altimpergher (Km. 30,5), la parada que se ubica en la zona comercial de José C. Paz. Lamentablemente, la zona local del
Urquiza
que atraviesa esta región del Gran Buenos Aires se encuentra en total estado de abandono.
A las 12:37 pasamos Piñero (Km. 32,1) y, poco a poco, fuimos notando el cambio de una zona de clase media a una de pobreza. Más adelante, pasamos por un área densamente poblada, en donde había una feria casi pegada a la vía. De repente, la gente se encontró con la flamante formación, ¡y no pararon de saludar! Incluso, un colectivo de línea nos siguió unas cuadras (con pasajeros a bordo), ¡tan pegados al tren, que casi nos podíamos dar la mano! Si hay algo que me gusta de los viajes experimentales o inaugurales, es observar la expresión de la gente al ver el tren... A veces, hasta se puede escuchar lo que dicen. Es que quiero compartir la sorpresa con esa gente y, por qué no, imaginarme a mí mismo allí abajo, sorprendiéndome también con la aparición de un tren no esperado.
Desde la partida, la velocidad se mantuvo en torno de unos 30 km/h. Hay que tener en cuenta que por esta zona hay una plaga de pasos a nivel, vehiculares y peatonales, y no se puede andar muy ligero. Además (y para variar...) muchos pasos a nivel están desprotegidos y hay que detener la marcha para asegurarse de que no haya vehículos sobre la vía.
De a poco entramos en el campo. Nos encontrábamos ahora en las afueras del Gran Buenos Aires. Allí pasamos un puente en muy mal estado, al que atravesamos a paso de hombre. Por suerte, la vía está bien asentada, armada por rieles de gran porte. Esto sucede en casi toda la línea, hasta el norte de Corrientes. Es una vía muy buena, pero que muestra las falencias propias de la carencia de un mantenimiento adecuado.
Ahora nos acercábamos a Toro. Sabía, por datos previos que, probablemente, estábamos entrando a una zona "pesada" de la que difícilmente el "Gran Capitán" saliera indemne. La recepción que nos darían los habitantes del lugar era toda una incógnita sin matices: o los acalorados saludos, aplausos y el agitar emocionado de pañuelos y banderas, o una tormenta de cascotes.
Con el S 1579 configurado en "modo defensa" (no... no hay en cada ventana un botón que dice "Defensive mode". Se trata sólo de bajar las persianas metálicas a modo de escudos protectores, dejando una pequeña luz para espiar), pasamos por la estación a las 12:44. Afortunadamente, los miedos se disiparon, mientras las persianas metálicas volvían a su posición original. En el andén había una pequeña recepción de bienvenida. Pequeña, pero recepción al fin: unas 15 personas que no paraban de saludar. Entre gritos y agitar de manos, pude ver que allí la vía segunda está renovada, pero el óxido denota su estado de abandono. A unos metros, los esqueletos de unos vagones para los cuales los viajes son apenas un lejano recuerdo, se posaban en la playa que alguna vez se usó para despachar cargas.
Solo 4 minutos después de pasar por Toro, atravesamos la estación Manzone (Km. 42,3), también abandonada y en una zona muy humilde. Esta serie de estaciones era servida hasta 1993 por el tren que iba a Rojas, casi siempre una chancha Fiat 7131. Su frecuencia diaria arrimaba a la capital a toda la población que hoy vive prácticamente aislada y tiene que recurrir únicamente a los tristes servicios del San Martín. El "Gran Capitán" de Ferrocarriles Argentinos, solo se detenía en Sarmiento para tomar pasajeros de la zona norte, pero se "despreocupaba" de las demás estaciones por que de eso se encargaba "la chancha" a Rojas, aquella que nos prometió Ferrobaires en 1994, ¡¡y que aún estamos esperando ver pasar por Bella Vista!!.
En fin, Manzone quedó atrás y, sin un minuto que perder, el "Gran Capitán" se sumergió de lleno en los verdes y los olores silvestres de la campiña bonaerense.
A las 12:37 pasamos Piñero (Km. 32,1) y, poco a poco, fuimos notando el cambio de una zona de clase media a una de pobreza. Más adelante, pasamos por un área densamente poblada, en donde había una feria casi pegada a la vía. De repente, la gente se encontró con la flamante formación, ¡y no pararon de saludar! Incluso, un colectivo de línea nos siguió unas cuadras (con pasajeros a bordo), ¡tan pegados al tren, que casi nos podíamos dar la mano! Si hay algo que me gusta de los viajes experimentales o inaugurales, es observar la expresión de la gente al ver el tren... A veces, hasta se puede escuchar lo que dicen. Es que quiero compartir la sorpresa con esa gente y, por qué no, imaginarme a mí mismo allí abajo, sorprendiéndome también con la aparición de un tren no esperado.
Desde la partida, la velocidad se mantuvo en torno de unos 30 km/h. Hay que tener en cuenta que por esta zona hay una plaga de pasos a nivel, vehiculares y peatonales, y no se puede andar muy ligero. Además (y para variar...) muchos pasos a nivel están desprotegidos y hay que detener la marcha para asegurarse de que no haya vehículos sobre la vía.
De a poco entramos en el campo. Nos encontrábamos ahora en las afueras del Gran Buenos Aires. Allí pasamos un puente en muy mal estado, al que atravesamos a paso de hombre. Por suerte, la vía está bien asentada, armada por rieles de gran porte. Esto sucede en casi toda la línea, hasta el norte de Corrientes. Es una vía muy buena, pero que muestra las falencias propias de la carencia de un mantenimiento adecuado.
Ahora nos acercábamos a Toro. Sabía, por datos previos que, probablemente, estábamos entrando a una zona "pesada" de la que difícilmente el "Gran Capitán" saliera indemne. La recepción que nos darían los habitantes del lugar era toda una incógnita sin matices: o los acalorados saludos, aplausos y el agitar emocionado de pañuelos y banderas, o una tormenta de cascotes.
Con el S 1579 configurado en "modo defensa" (no... no hay en cada ventana un botón que dice "Defensive mode". Se trata sólo de bajar las persianas metálicas a modo de escudos protectores, dejando una pequeña luz para espiar), pasamos por la estación a las 12:44. Afortunadamente, los miedos se disiparon, mientras las persianas metálicas volvían a su posición original. En el andén había una pequeña recepción de bienvenida. Pequeña, pero recepción al fin: unas 15 personas que no paraban de saludar. Entre gritos y agitar de manos, pude ver que allí la vía segunda está renovada, pero el óxido denota su estado de abandono. A unos metros, los esqueletos de unos vagones para los cuales los viajes son apenas un lejano recuerdo, se posaban en la playa que alguna vez se usó para despachar cargas.
Solo 4 minutos después de pasar por Toro, atravesamos la estación Manzone (Km. 42,3), también abandonada y en una zona muy humilde. Esta serie de estaciones era servida hasta 1993 por el tren que iba a Rojas, casi siempre una chancha Fiat 7131. Su frecuencia diaria arrimaba a la capital a toda la población que hoy vive prácticamente aislada y tiene que recurrir únicamente a los tristes servicios del San Martín. El "Gran Capitán" de Ferrocarriles Argentinos, solo se detenía en Sarmiento para tomar pasajeros de la zona norte, pero se "despreocupaba" de las demás estaciones por que de eso se encargaba "la chancha" a Rojas, aquella que nos prometió Ferrobaires en 1994, ¡¡y que aún estamos esperando ver pasar por Bella Vista!!.
En fin, Manzone quedó atrás y, sin un minuto que perder, el "Gran Capitán" se sumergió de lleno en los verdes y los olores silvestres de la campiña bonaerense.

Tomando rumbo nor-este

Por estas horas, los chicos salían del colegio, y se llevaron una sorpresa al ver el tren... Incluso observé gente saludando desde varias cuadras de distancia. Hasta 1999 por este ramal corría el Tren Histórico del Ferroclub, que hacía el trayecto hasta Capilla del Señor. Desde aquellas épocas, no pasó ningún otro tren "llamativo" por esta vía, sólo los cargueros de ALL.
En el kilómetro 46,5 el Urquiza nuevamente se cruza a nivel con el FCGSM. Pasamos por allí cinco minutos antes de las 13. Este dispositivo de cruce se emplaza justo sobre un paso a nivel, defecto que lo hace muy interesante. De este lugar me llevo el recuerdo de una nena que apoyó su mano en el coche y exclamó emocionada "¡lo toqué!"... Parece mentira cómo un tren influye tanto en la gente... ¿Serán todos conscientes de eso?. Mover un tren genera mas estímulos de lo uno puede imaginar.
Dejando atrás el cruce, inmediatamente pasamos por la estación Pilar, que es mucho más chica que la homónima del San Martín y está ubicada en un lugar más inhóspito. En su pequeño andén aguardaban unas 20 personas con ganas de agitar sus pañuelos para animar el regreso del "Gran Capitán". Estoy seguro de que cada una de las personas que allí estaban debían guardar en su alma algún recuerdo, de días, lugares y ocasiones distintas, pero en el que el tren siempre tenía algo que ver.
En el kilómetro 46,5 el Urquiza nuevamente se cruza a nivel con el FCGSM. Pasamos por allí cinco minutos antes de las 13. Este dispositivo de cruce se emplaza justo sobre un paso a nivel, defecto que lo hace muy interesante. De este lugar me llevo el recuerdo de una nena que apoyó su mano en el coche y exclamó emocionada "¡lo toqué!"... Parece mentira cómo un tren influye tanto en la gente... ¿Serán todos conscientes de eso?. Mover un tren genera mas estímulos de lo uno puede imaginar.
Dejando atrás el cruce, inmediatamente pasamos por la estación Pilar, que es mucho más chica que la homónima del San Martín y está ubicada en un lugar más inhóspito. En su pequeño andén aguardaban unas 20 personas con ganas de agitar sus pañuelos para animar el regreso del "Gran Capitán". Estoy seguro de que cada una de las personas que allí estaban debían guardar en su alma algún recuerdo, de días, lugares y ocasiones distintas, pero en el que el tren siempre tenía algo que ver.

Una curva cerrada a la izquierda nos dejó mirando hacia el norte nuevamente, justo cuando comenzábamos a trepar un alto terraplén. La velocidad del tren mejoró, ya que ahora marchábamos a unos 50 Km/h. Ya en medio del campo, atravesamos un puente sobre un curso de agua, desde donde se podía ver aún el ramal del San Martín, al que todavía seguíamos acompañando a unos 200 metros. Fernando activó su GPS: los satélites decían que íbamos a 50 km/h. y estábamos a 15 metros sobre el nivel del mar.
¿Recuerdan que les hablé del tren a Rojas?. Bueno, este se metía en un pequeño ramal muy pintoresco (foto), que nace en Fátima. Por aquí pasamos a las 13:09. Habíamos recorrido ya 54,7 kilómetros desde Lacroze. Una vez atrás la estación, vimos con tristeza que el "ramalín" a Rojas está sin uso, inclusive varios árboles jóvenes ya asomaban sus troncos flacuchos sobre la traza. En 2000 yo había ido a Salto y aún pasaba algún carguero por estos rieles. Pero la postal que se veía a través de la ventanilla del "Gran Capitán" nos confirmó la muerte de aquél ramal, que muchos quisimos conocer y no llegamos a tiempo. En Rojas, además, se había construido un puerto seco, que hoy es utilizado sólo por camiones.
Luego de mis lamentos, empezamos a acelerar hasta alcanzar los 60 km/h. (los lamentos, por el ramal a Rojas, ¡¡¡no por la velocidad!!!). Por estos lares, prácticamente no hay precauciones y se puede marchar a buen ritmo.
Ya habíamos pasado 500 metros del kilómetro 62 cuando atravesamos las instalaciones de la estación Pavón. Eran las 13:18. "Estación abandonada", "algo de gente" es lo que apunté en mi libreta... Me puse a anotar esto, justo cuando tenía que estar atento al puente del F. C. Belgrano sobre nuestra vía... Cuando me percaté de esto, ¡¡¡ya era tarde para la foto!!! El día en que Ferrovías empiece a correr algún trencito a Santa Lucia me voy a dar el gusto de pasar sobre el puente y de decir "y pensar que hace mucho pasé con el tren experimental de TEA por abajo". Y por qué no, también comentar: "Y pensar que cuando pasé aquella vez por abajo pensé en el momento en que iba a estar arriba, pensando en la vez que pensé esto mismo abajo"... y así infinitas veces hasta enloquecer y resolver dedicarme a coleccionar soldados de plomo, por ejemplo.
¿Recuerdan que les hablé del tren a Rojas?. Bueno, este se metía en un pequeño ramal muy pintoresco (foto), que nace en Fátima. Por aquí pasamos a las 13:09. Habíamos recorrido ya 54,7 kilómetros desde Lacroze. Una vez atrás la estación, vimos con tristeza que el "ramalín" a Rojas está sin uso, inclusive varios árboles jóvenes ya asomaban sus troncos flacuchos sobre la traza. En 2000 yo había ido a Salto y aún pasaba algún carguero por estos rieles. Pero la postal que se veía a través de la ventanilla del "Gran Capitán" nos confirmó la muerte de aquél ramal, que muchos quisimos conocer y no llegamos a tiempo. En Rojas, además, se había construido un puerto seco, que hoy es utilizado sólo por camiones.
Luego de mis lamentos, empezamos a acelerar hasta alcanzar los 60 km/h. (los lamentos, por el ramal a Rojas, ¡¡¡no por la velocidad!!!). Por estos lares, prácticamente no hay precauciones y se puede marchar a buen ritmo.
Ya habíamos pasado 500 metros del kilómetro 62 cuando atravesamos las instalaciones de la estación Pavón. Eran las 13:18. "Estación abandonada", "algo de gente" es lo que apunté en mi libreta... Me puse a anotar esto, justo cuando tenía que estar atento al puente del F. C. Belgrano sobre nuestra vía... Cuando me percaté de esto, ¡¡¡ya era tarde para la foto!!! El día en que Ferrovías empiece a correr algún trencito a Santa Lucia me voy a dar el gusto de pasar sobre el puente y de decir "y pensar que hace mucho pasé con el tren experimental de TEA por abajo". Y por qué no, también comentar: "Y pensar que cuando pasé aquella vez por abajo pensé en el momento en que iba a estar arriba, pensando en la vez que pensé esto mismo abajo"... y así infinitas veces hasta enloquecer y resolver dedicarme a coleccionar soldados de plomo, por ejemplo.

(Puente del F. C. Mitre sobre la vía del
Urquiza
, en Capilla del Señor.)
A las 13:34 pasamos por Capilla (km. 74,3). Hasta aquí conocía yo la línea ya que años atrás la había recorrido a bordo del Tren Histórico. En el andén había gente esperando. La mayoría de los vecinos se enteró de la salida del "Gran Capitán" por los noticieros del mediodía y así se acercaron a la vera de la vía al escuchar los bocinazos de la 7911.
Todo lo que vino después ya era "territorio desconocido" para mí, a excepción del pequeño puente del F. C. Mitre que atraviesa las vías del Urquiza a la salida de Capilla. Surqué aquel puente en 2001, con el tren especial a San Antonio. Actualmente, este ramal del Mitre no tiene trafico, pero se espera que en un corto tiempo empiecen a correr trenes de TBA a Pergamino y, por qué no, a Venado Tuerto, como lo hicieron hace 10 años. Así como alguna vez pedí la vuelta de los trenes a Daireaux y me hicieron caso, ¡espero que lean este párrafo muchachos!. Además, va a ser un lujo ver nuevamente trenes diesel en el ramal a Tigre.
Todo lo que vino después ya era "territorio desconocido" para mí, a excepción del pequeño puente del F. C. Mitre que atraviesa las vías del Urquiza a la salida de Capilla. Surqué aquel puente en 2001, con el tren especial a San Antonio. Actualmente, este ramal del Mitre no tiene trafico, pero se espera que en un corto tiempo empiecen a correr trenes de TBA a Pergamino y, por qué no, a Venado Tuerto, como lo hicieron hace 10 años. Así como alguna vez pedí la vuelta de los trenes a Daireaux y me hicieron caso, ¡espero que lean este párrafo muchachos!. Además, va a ser un lujo ver nuevamente trenes diesel en el ramal a Tigre.

Zárate "nueva", previos al clímax
A medida que avanzábamos, un extraño cosquilleo comenzó a subirme por el abdomen. Cuando se hizo más intenso, me di cuenta de que eran nervios y, también, de que tenían un motivo: la proximidad de los puentes del complejo Zárate-Brazo Largo. ¡Cada vez estábamos mas cerca!. A las 13:50 pasamos por Escalada (km. 89,3), un lugar prácticamente desabitado, en donde no vi a ninguna persona. Enseguida apareció el Empalme Km. 95, desde donde sale hacia la izquierda, la vía original a Zarate y el embarcadero. El panorama es el mismo que el del ramal a Rojas...

Desde aquí comenzamos a circular por la vía que se construyó a mediados de la década del '70 y que es parte de las obras complementarias del Complejo Zárate-Brazo Largo, ¡lugar que aún no podía creer que iba a atravesar a bordo de un tren... sólo en unos minutos!. La 7911 sumó puntos para emprender el ascenso al puente sobre la línea principal del F. C. Mitre. Un instante después, arribamos a Zárate "nueva", a las 14:01. Estábamos a 99 kilómetros de Lacroze. La nueva estación se ubica al sur de la ciudad y, actualmente, es base operativa de ALL (América Latina Logística), empresa que tiene la concesión de casi toda la red del F. C.
Urquiza
y el San Martín.
Acceder a Zárate "nueva" para sacar fotos o, simplemente pasear, siempre fue imposible debido al estricto control de seguridad. Casi sin darnos cuenta, ahora estábamos adentro. Y no sólo eso: también podíamos caminar libremente por el predio, cosa que habrá irritado a más de uno en ALL. Y cosa que no pudo hacer ni el numeroso público que se acercó a saludar al "Gran Capitán", ni la prensa local. No sea cosa que está gente, que parece tan inocente sea, en realidad, un grupo terrorista. Mejor dejémoslos afuera...
En la playa "sagrada" de ALL descansaba la GE 6937. Técnicos de esta empresa hicieron la revisión de ejes de los coches, trabajo que se hace rutinariamente a los cargueros antes de cruzar el complejo. Allí observábamos las dos caras de ALL: los que quieren al tren y los que no quieren saber nada (se notaba claramente en las expresiones, en los rostros). Pero la presencia de banderas argentinas enarbolando el alero principal, demostraba firmemente cual es el deseo del pueblo: volver a ver la estación Zarate repleta de pasajeros, como lo estuvo toda la vida, hasta aquel indignante 10 de marzo de 1993.
Acceder a Zárate "nueva" para sacar fotos o, simplemente pasear, siempre fue imposible debido al estricto control de seguridad. Casi sin darnos cuenta, ahora estábamos adentro. Y no sólo eso: también podíamos caminar libremente por el predio, cosa que habrá irritado a más de uno en ALL. Y cosa que no pudo hacer ni el numeroso público que se acercó a saludar al "Gran Capitán", ni la prensa local. No sea cosa que está gente, que parece tan inocente sea, en realidad, un grupo terrorista. Mejor dejémoslos afuera...
En la playa "sagrada" de ALL descansaba la GE 6937. Técnicos de esta empresa hicieron la revisión de ejes de los coches, trabajo que se hace rutinariamente a los cargueros antes de cruzar el complejo. Allí observábamos las dos caras de ALL: los que quieren al tren y los que no quieren saber nada (se notaba claramente en las expresiones, en los rostros). Pero la presencia de banderas argentinas enarbolando el alero principal, demostraba firmemente cual es el deseo del pueblo: volver a ver la estación Zarate repleta de pasajeros, como lo estuvo toda la vida, hasta aquel indignante 10 de marzo de 1993.

Con Fernando nos bajamos al andén a caminar unos metros y sacar unas fotos, mientras Julián (fotógrafo de La Nación) se subía a un auto que lo esperaba para hacer tomas exteriores del tren atravesando el puente, que ya se adivinaba desde la estación.

El paso por el complejo ferrovial, el momento mas emocionante, estaba por llegar... A las 14:22 partimos de Zárate... ¡Llegó el momento más esperado! La formación se empezó a mover y nosotros tomamos posiciones estratégicas en nuestros respectivos asientos, siempre en el último coche... "Que no nos tape el estribo", "cuando saques la foto avisame así no me asomo y no te tapo". Toda precaución parecía poca ante la inminencia del momento histórico. En eso se me presentó la azafata diciendo: "abróchense los cinturones que despegamos"...

Brazo Largo e ingreso a Entre Ríos

La GM 7911 comenzó a exigir más potencia a su generador, mientras tomaba una curva abierta hacia el lado izquierdo, desde donde se veía claramente la majestuosa imagen del puente colgante que, tras atravesarlo, nos haría descender en la isla Talavera. Los cuatro motores de tracción de la maquina se pusieron en paralelo y demostraron su destreza, junto con las llantas que, mágicamente, se pegaron a la cabeza del riel. De adentro mío, salió un "¡¡¡Vamos carajo que podemos!!!", que no pude contener. Euforia, es la palabra que describe esta parte del viaje.



Todo pasó mas rápido que lo que esperaba: en pocos segundos, ya estábamos tomando altura y arrimándonos a la parte colgante. Con Fer y Marcelo nos repetíamos mil veces las frases "espectacular", "que bárbaro", "no lo puedo creer" y otros comentarios que correspondían a una situación memorable. Hubiese querido estar dividido en dos para ver, por un lado, la ruta que se nos acercaba desde la derecha y, por el otro, el "vacío" que teníamos a la izquierda. Opté por la izquierda que, sin dudas, ofrecía la mejor vista.
La ciudad de Zarate ahora se iba convirtiendo en una maqueta... Estábamos en el cielo, y, se sabe, desde el cielo todo se ve diminuto. Abajo, recuerdo claramente la presencia de dos muchachos saludando con una bandera argentina el paso de la formación... Casi dos hormiguitas, entre tanta inmensidad verde, capaces de desatar un remolino de emociones en el pecho.
La ciudad de Zarate ahora se iba convirtiendo en una maqueta... Estábamos en el cielo, y, se sabe, desde el cielo todo se ve diminuto. Abajo, recuerdo claramente la presencia de dos muchachos saludando con una bandera argentina el paso de la formación... Casi dos hormiguitas, entre tanta inmensidad verde, capaces de desatar un remolino de emociones en el pecho.

(El Gran Capitán a toda marcha remonta la primera pendiente.)
Escuchar el motor de la 7911 a todo bramar, nos estremecía. El ascenso al puente fue una conjunción de sonidos e imágenes que sólo se pueden vivir allí. No alcanzan las palabras para describir este momento, sumado al hecho de que hace 10 años que no pasaba el "Gran Capitán" por este complejo. Pasar el Brazo Largo tiene mucho que ver con aquello que mencioné al principio del relato, en relación con las letras que dicen "Ferrocarril General
Urquiza
", en la fachada de Lacroze: fue la antesala de una travesía por la Mesopotamia, que recién estaba por comenzar.

Finalmente, llegamos a la cima del primer puente. Allí circulamos por el tramo metálico y cruzamos el río Paraná de Las Palmas. Ese fue el primer "orgasmo" del viaje. El segundo vendría unos 25 kilómetros mas adelante.
Ya en la estructura de hormigón, comenzamos el descenso; esta vez en línea recta. En las épocas de "FA" este tramo se recorría a 125 km/h., pero ahora debíamos ir frenando debido a las precauciones que impone ALL, por el estado de la vía, en estos sectores (mejor dicho, en todos los sectores...). La ruta ya se apoyaba sobre "tierra firme", pero nosotros aún circulábamos a mitad de camino hacia el suelo, a unos 20 metros de altura. La cuesta férrea es mucho mas gradual que la carretera, para que pueda treparse sin problemas de adherencia.
Ya en la estructura de hormigón, comenzamos el descenso; esta vez en línea recta. En las épocas de "FA" este tramo se recorría a 125 km/h., pero ahora debíamos ir frenando debido a las precauciones que impone ALL, por el estado de la vía, en estos sectores (mejor dicho, en todos los sectores...). La ruta ya se apoyaba sobre "tierra firme", pero nosotros aún circulábamos a mitad de camino hacia el suelo, a unos 20 metros de altura. La cuesta férrea es mucho mas gradual que la carretera, para que pueda treparse sin problemas de adherencia.


1 - Desvío de cruce Talavera. 2 - Vista de la ruta en ascenso al "Gral.
Urquiza
".
Cuando el tren pisó tierra firme, empezamos a circular a unos 60 km/h. a la par de autos, camiones y micros que agitaban sus brazos a al ver la impecable formación. Al rato de andar, apareció el desvío "Isla Talavera" (km. 119,8), que se encuentra actualmente en uso. Toda esta traza, además, contaba con señalamiento del tipo CTC (Central Train Control), un orgullo de los Ferrocarriles Argentinos, que fue desmantelado por el concesionario privado "Mesopotámico", luego "ALL". Aún hoy se pueden ver los semáforos del CTC, con sus cristales oscuros... muertos.
A nuestra derecha, a lo lejos, se empezó a dibujar el par de columnas centrales del segundo puente -el "General Urquiza "- sobre el Paraná Guazú. A este puente lo empezamos a ascender en línea recta, hasta alcanzar el tramo colgante. En una ocasión que vine en auto por aquí a conocer el puente, advertí la presencia de una brutal curva, una vez atravesado el Paraná Guazú..., y así era: superado el tramo metálico, vimos adelante la espectacular curva que dispone a la vías en rumbo norte, para reencontrase con su vía original que sale del puerto de Ibicuy, en donde en otros tiempos se cargaban los trenes a los ferrys.
A nuestra derecha, a lo lejos, se empezó a dibujar el par de columnas centrales del segundo puente -el "General Urquiza "- sobre el Paraná Guazú. A este puente lo empezamos a ascender en línea recta, hasta alcanzar el tramo colgante. En una ocasión que vine en auto por aquí a conocer el puente, advertí la presencia de una brutal curva, una vez atravesado el Paraná Guazú..., y así era: superado el tramo metálico, vimos adelante la espectacular curva que dispone a la vías en rumbo norte, para reencontrase con su vía original que sale del puerto de Ibicuy, en donde en otros tiempos se cargaban los trenes a los ferrys.

Otra vez la 7911 se enfrentó a una pendiente constante de unos 5 kilómetros que requirió de sus máximos esfuerzos. Pronto el "Gran Capitán" empezó a volar nuevamente... desde la ventanilla, todo se empezó a ver diminuto.

(Marcelo, "volando" sobre el brazo del Paraná.)
Una vez que atravesamos el Paraná Guazú, empezamos a ver a la 7911 y el resto de la formación serpentear por el angosto viaducto de hormigón que, al separarse de la ruta, toma un aspecto mucho mas frágil, de tan finito. Sin embargo, no se necesita ser arquitecto para comprender que las columnas que lo sustentan soportan miles de toneladas sin problemas.

(Enseguida después de cruzar el río, la vía se separa de la ruta y toma rumbo norte.)

¡Bienvenido, "Gran Capitán", a la provincia de Entre Ríos! Por este territorio circularemos durante todo el día, la noche y la mañana siguiente. ¡Excelente!, yo no conocía la Mesopotamia. Y qué mejor que hacerlo a bordo de un tren con paradas aseguradas en todas las estaciones.

Lo primero que pude comprobar, una vez en la región de la yerba mate, el tabaco y el chamamé, es que el río Paraná, dividido en sus dos titánicos brazos, separa algo más que dos provincias. Es la frontera de dos regiones geográficas muy diferentes, como la Llanura Pampeana y la Mesopotamia. Esa fue la primera comprobación de otras tantas que sobrevendrían con el correr de los kilómetros. Fue sólo descender del segundo puente y, casi sin mediar más que el agua, habíamos salido de la verde monotonía de las pampas, para adentrarnos en un enmarañado monte de mariposas, flores amarillas y aromas extraños, tan plagado de arroyos, arroyuelos y riachos, que es imposible determinar si en esta zona es más la tierra que el agua o viceversa. ¿Son islas en medio de un gigantesco mar de agua dulce o una tierra firme en permanente lucha con el agua que la surca? Y, en medio de todo este paisaje, el "Gran Capitán", para completar una postal incompleta desde hace 10 años: aún inocente de las emociones que le deparan más adelante.

Entre Ríos

La ansiedad, la emoción y el espectáculo único -y, sin dudas, extraño- de atravesar los puentes del complejo Zárate-Brazo Largo a bordo de un tren casi me hizo olvidar que, apenas dejamos atrás el lecho del Paraná Guazú, ya estábamos en Entre Ríos. La tierra de los palmares y las cuchillas recibió al "Gran Capitán" con su flora y fauna bastante más exuberantes que las de la llanura pampeana. El tiempo corría ahora más rápido que el tren: los puentes, la despedida de Lacroze, la gente de Sarmiento... lo que había ocurrido pocas horas, incluso minutos atrás, ya era parte del pasado.
La vía se adentró en el monte. A diferencia de la ruta más transitada -la 14- que recorre todo el tráfico automotor del MERCOSUR, acompañando el río Uruguay, el camino de hierro atraviesa la provincia de Entre Ríos metiéndose en sus entrañas. Es toda una oportunidad para recorrer regiones menos conocidas de la provincia.
La vía se adentró en el monte. A diferencia de la ruta más transitada -la 14- que recorre todo el tráfico automotor del MERCOSUR, acompañando el río Uruguay, el camino de hierro atraviesa la provincia de Entre Ríos metiéndose en sus entrañas. Es toda una oportunidad para recorrer regiones menos conocidas de la provincia.

(Vía proveniente de Ibicuy, entrando al sur de Libertador Gral. San Martín.)
Cuando llevábamos un buen rato de recorrida por el departamento de Gualeguaychú, entre bañados y cursos de agua, aparecieron a la izquierda unos rieles tristes; los de la antigua vía que conduce a Ibicuy. El óxido delataba que el tráfico hoy es nulo. Hasta los años 70, por esa vía llegaban todos los trenes que se embarcaban desde el puerto de Zárate y cruzaban en balsa los brazos caudalosos del Paraná. Tras la construcción de los puentes, aquella entonces importante vía se convirtió, de la noche a la mañana, en un pequeño ramal secundario que de inmediato quedó en el olvido.
Este ramal que hoy es poco más que sólo recuerdo, nos acompañó unos cuantos metros hasta que arribamos a la estación de Libertador General San Martín (km. 158,7). Eran las 15:24. Aquí hicimos la primer cruzada con un carguero de la brasilera ALL, compuesto por el tándem de 7925 y 7915 y unos cuantos cargados.
Tanto la entrada del ramal a Ibicuy, como el tendido troncal, fue renovado en épocas recientes (años 70 y 80), y eso se nota en todos estos tramos.
Este ramal que hoy es poco más que sólo recuerdo, nos acompañó unos cuantos metros hasta que arribamos a la estación de Libertador General San Martín (km. 158,7). Eran las 15:24. Aquí hicimos la primer cruzada con un carguero de la brasilera ALL, compuesto por el tándem de 7925 y 7915 y unos cuantos cargados.
Tanto la entrada del ramal a Ibicuy, como el tendido troncal, fue renovado en épocas recientes (años 70 y 80), y eso se nota en todos estos tramos.


(1 - Primer cruzada con ALL. 2 - Andén de Libertador General San Martín.)
El andén de San Martín, una estación muy rara estilo galpón de chapa, estaba repleto de gente, a pesar de ser este un pueblo pequeño. Los colegios se habían organizado para que los chicos no se perdieran el momento tan esperado. Todos estaban alegres y esperanzados por la vuelta del tren. Pensé que si en un lugar tan pequeño había tanta gente, entonces qué nos esperaría mas adelante...
Mientras los lugareños recorrían con júbilo el andén, apareció raudo el auto de los periodistas que habían fotografiado el tren atravesando los puentes, desde tierra, que ahora seguirían viaje a bordo del Gran Capitán.
Mientras los lugareños recorrían con júbilo el andén, apareció raudo el auto de los periodistas que habían fotografiado el tren atravesando los puentes, desde tierra, que ahora seguirían viaje a bordo del Gran Capitán.

La 7911 tocó bocina nueve minutos después del arribo, y emprendió viaje hacia el noreste entrerriano, en busca de nuevas emociones.
Comenzamos a desfilar por una zona de cuchillas arenosas. ¡Que acostumbrado estaba a la llanura pampeana! ¡Esto era todo novedoso para mí!. Mientras observaba atento el nuevo paisaje, se sucedía una cadena de "puentes milicos" (son de hormigón, tipo autopistas) uno tras otro. Los recuerdo ver pasar bien rápido. Evidentemente, en estos tramos ALL mantiene en mejor estado las vías. Calculo que por aquí marcharíamos a unos 70 km/h.
A la vera de los rieles, afloraban infinitos cañaverales, muchos de ellos recientemente aplastados por alguna maquina "desmalezadora" que en lugar de cortar, aplasta. ¿Será una "cuadrilla de vía anticaña"?.
Pronto, mis amigos fueron a almorzar al restaurante. Yo estaba tan enganchado con el viaje que, aprovechando mi provisión de víveres, decidí quedarme en la barriga de mi gran compañero de viaje: el S 1579, sobre el cual pasaría mucho más tiempo del que imaginaba. Me parecía simplemente fantástico el hecho de estar en un tren general del Urquiza , transitando la Mesopotamia, a bordo de un coche de pasajeros. Este, sin dudas, iba a ser el viaje mas largo que hasta el momento había echo sobre rieles, y el primero de larga distancia en un tren de trocha media.
Fue entonces cuando apareció una de las azafatas, que me encontró solo y pensativo en el impecable Materfer. Me preguntó: "¿Almorzaste...?" Yo no podía creerlo. Además del magnífico viaje, venia una azafata a ofrecerme ir al comedor para almorzar... Fue como un sueño. Le agradecí la invitación, pero preferí esperar la noche para conocer el RA. Cosa que hice, a la altura de Villaguay Este.
Comenzamos a desfilar por una zona de cuchillas arenosas. ¡Que acostumbrado estaba a la llanura pampeana! ¡Esto era todo novedoso para mí!. Mientras observaba atento el nuevo paisaje, se sucedía una cadena de "puentes milicos" (son de hormigón, tipo autopistas) uno tras otro. Los recuerdo ver pasar bien rápido. Evidentemente, en estos tramos ALL mantiene en mejor estado las vías. Calculo que por aquí marcharíamos a unos 70 km/h.
A la vera de los rieles, afloraban infinitos cañaverales, muchos de ellos recientemente aplastados por alguna maquina "desmalezadora" que en lugar de cortar, aplasta. ¿Será una "cuadrilla de vía anticaña"?.
Pronto, mis amigos fueron a almorzar al restaurante. Yo estaba tan enganchado con el viaje que, aprovechando mi provisión de víveres, decidí quedarme en la barriga de mi gran compañero de viaje: el S 1579, sobre el cual pasaría mucho más tiempo del que imaginaba. Me parecía simplemente fantástico el hecho de estar en un tren general del Urquiza , transitando la Mesopotamia, a bordo de un coche de pasajeros. Este, sin dudas, iba a ser el viaje mas largo que hasta el momento había echo sobre rieles, y el primero de larga distancia en un tren de trocha media.
Fue entonces cuando apareció una de las azafatas, que me encontró solo y pensativo en el impecable Materfer. Me preguntó: "¿Almorzaste...?" Yo no podía creerlo. Además del magnífico viaje, venia una azafata a ofrecerme ir al comedor para almorzar... Fue como un sueño. Le agradecí la invitación, pero preferí esperar la noche para conocer el RA. Cosa que hice, a la altura de Villaguay Este.

Médanos, Berisso, E. Carbó y más...

Cuando los relojes marcaban las 16:03 llegamos al kilómetro 190,1, la estación Medanos. Allí, una multitud aguardaba sobre la vía principal, ya que nosotros entramos en la segunda. Nuevamente fuimos recibidos con la alegría de un pueblo que miraba con esperanza la vuelta del tren.
La G-22 pasó punto 1, 2, 4, y 6 y... a seguir viaje, para pasar por la desolada parada "Km. 340" (corresponde al kilometraje desde Concordia), ubicada, en realidad, en el kilómetro 199,8 (desde Lacroze). Eran las 16:13. La parada no es más que un cabín abandonado en medio de una jungla de arbustos.
La G-22 pasó punto 1, 2, 4, y 6 y... a seguir viaje, para pasar por la desolada parada "Km. 340" (corresponde al kilometraje desde Concordia), ubicada, en realidad, en el kilómetro 199,8 (desde Lacroze). Eran las 16:13. La parada no es más que un cabín abandonado en medio de una jungla de arbustos.

El Gran Capitán empezó a correr a unos buenos 80 km/h., bajo un cielo encapotado. Hacia el norte flotaban amenazantes unos voluminosos cúmulos nimbos que, seguramente, cargaban en su interior un caudaloso acopio de agua y granizo.
A las 16:26 pasamos por Berisso (km. 215,5). Este desolado paraje parece ser apenas una inscripción en el viejo itinerario de Ferrocarriles Argentinos.
Por la ventanilla empecé a divisar un casco urbano: Era la localidad de Enrique Carbó, a la que llegamos a las 16:37. Ya habíamos recorrido 226,3 kilómetros desde Lacroze. Acá se detenía el Gran Capitán en los años 80', y así lo hicimos nosotros en esta oportunidad. En el andén, una multitud aguardaba para decirle "SI" a la vuelta del tren.
Cuatro minutos paramos en esta pequeña localidad, para luego retomar la marcha, ante la mirada de unas cuantas "carboenses" muy bonitas y un grupo de escolares que saludaba a los muchachos -todos nuevamente en el último coche tras el almuerzo-, con los brazos listos para una gran jornada de saludos.
Al salir de Enrique Carbó, se desprendió el ramal que conduce a Gualeguay y Rosario del Tala. Este tendido abandonado se aleja hacia nuestra izquierda, pero a la vez tiene una tercer vía que forma un triángulo con la principal, para que puedan pasar trenes hacia los tres ramales sin invertir la marcha.
A las 16:26 pasamos por Berisso (km. 215,5). Este desolado paraje parece ser apenas una inscripción en el viejo itinerario de Ferrocarriles Argentinos.
Por la ventanilla empecé a divisar un casco urbano: Era la localidad de Enrique Carbó, a la que llegamos a las 16:37. Ya habíamos recorrido 226,3 kilómetros desde Lacroze. Acá se detenía el Gran Capitán en los años 80', y así lo hicimos nosotros en esta oportunidad. En el andén, una multitud aguardaba para decirle "SI" a la vuelta del tren.
Cuatro minutos paramos en esta pequeña localidad, para luego retomar la marcha, ante la mirada de unas cuantas "carboenses" muy bonitas y un grupo de escolares que saludaba a los muchachos -todos nuevamente en el último coche tras el almuerzo-, con los brazos listos para una gran jornada de saludos.
Al salir de Enrique Carbó, se desprendió el ramal que conduce a Gualeguay y Rosario del Tala. Este tendido abandonado se aleja hacia nuestra izquierda, pero a la vez tiene una tercer vía que forma un triángulo con la principal, para que puedan pasar trenes hacia los tres ramales sin invertir la marcha.

Más pueblos, ¡más festejos!

En algún momento de este tramo pasamos por una parada o estación que según el itinerario de FA se llamaba "Cuchilla redonda". A la cuchilla redonda la vimos. En cambio, ni noticias de las instalaciones ferroviarias.
Como sabía que en este tramo no había nada interesante, empecé a recorrer el tren de punta a punta para prestar atención a los detalles que había descuidado con el apuro del ascenso. En eso estaba y ya habíamos recorrido 250 kilómetros desde Lacroze, cuando de repente se escucharon varias explosiones... ¿Qué estaba pasando?... ¡Pasaba que llegamos a Larroque!, exactamente a las 17:08: el pueblo nos recibía con fuegos artificiales.
Como sabía que en este tramo no había nada interesante, empecé a recorrer el tren de punta a punta para prestar atención a los detalles que había descuidado con el apuro del ascenso. En eso estaba y ya habíamos recorrido 250 kilómetros desde Lacroze, cuando de repente se escucharon varias explosiones... ¿Qué estaba pasando?... ¡Pasaba que llegamos a Larroque!, exactamente a las 17:08: el pueblo nos recibía con fuegos artificiales.

Esta hermosa localidad entrerriana estaba repleta de hermosas chicas que se paseaban por el andén observando la flamante formación. Tres minutos después, partimos en un nuevo trayecto, en busca de Irazusta (km. 263,6), a donde llegamos a las 17:28. Es un pueblo muy pintoresco, al que pasamos rápidamente, ante la mirada de decenas de personas que agitaban pañuelos y banderas argentinas. La proximidad de la tormenta hizo que muchos huyeran a refugiarse a sus casas, pero no por eso se perdieron la oportunidad de salir a las calles a festejar la llegada del tren.
El clima empezó a ponerse extraño. Ahora era la combinación de los rayos del sol -que por momentos asomaba- y las nubes negras que cada vez estaban mas cerca. Este matiz entre los claros y oscuros le daban una atmósfera muy colorida a la siesta entrerriana.
Por la derecha se acercó una vía muerta... Se trataba del pequeño ramal que iba a Gualeguaychú, y que empalma con nuestra vía troncal en la estación Parera (km. 279). Pasamos por allí fugazmente, a las 17:43. Los lugareños nos esperaban en el andén con un palco instalado especialmente para que los mas chicos tuvieran una vista privilegiada y segura del regreso del Gran Capitán, ese del que sus padres y abuelos tanto les habían hablado. Hicimos una breve parada, y nos pusimos en marcha nuevamente, ya con bastante atraso sobre el horario previsto. Cuando nuestro coche pasó por el alero en donde se agolpaban los parerenses, una lluvia de papelitos que explotó en el aire hizo también estallar la emoción en nuestras almas.

A las 18:00 llegamos a otra de las estaciones en donde el viejo Gran Capitán se detenía: Urdinarrain (km. 293,2), bajo un clima lluvioso y con la bocina de la locomotora a todo pitar. Podríamos decir que, sin dudas, este fue el primer gran acto multitudinario, en donde vimos una estación y playa de maniobras plagada de gente. "Lo veo y no lo creo" se escuchaba comentar a uno de los pibes que, junto con sus padres, esperaba desde temprano en el campo, sólo para ver el tren. Y claro, cuando este muchachito estaba naciendo, este tren ya estaba condenado a una década de sueño.

A lo largo de los 8 vehículos del Gran Capitán, se sucedían diferentes momentos y situaciones. Fue increíble ver, por ejemplo, como unos cien chicos subieron al furgón y se los veía saltar y gritar eufóricos "¡Argentina!, ¡Argentina!"... Que bueno oír este cántico con esa emoción floreciendo de chicos tan chicos, cosa que solo solemos escuchar cuando la Selección gana algún partido en los mundiales de fútbol.
Con música de Kusturica de fondo, se realizó un breve acto con autoridades locales, mientras comenzaban a caer las primeras gotas: la tormenta estaba por comenzar.
Con música de Kusturica de fondo, se realizó un breve acto con autoridades locales, mientras comenzaban a caer las primeras gotas: la tormenta estaba por comenzar.

Basavilbaso-Chajarí e ingreso a Corrientes

El Gran Capitán, tras su marcha auspiciosa por los pueblos del sur entrerriano, al fin se acercaba a una de las localidad mas importantes del recorrido. Claro que no me refiero a Gilbert (km. 310,6), estación abandonada que pasamos a las 18:24. Hablo, en realidad, de la gran capital ferroviaria nacional: BASAVILBASO, o como la llaman los lugareños "Baso", distante 330,7 kilómetros de Lacroze.

No puedo explicar lo gratificante que fue llegar a Basavilbaso a bordo de un tren de larga distancia. Francamente, esto nunca lo imaginé... Así fue como a las 19:00 nos detuvimos sobre el andén, colmado de gente. Miles de personas que, fielmente, se acercaron con el único objetivo de recibir con los brazos abiertos al querido Gran Capitán... ese que estuvo preso una década en algún galpón de Paraná.
"Es para Menem que lo mira por TV", se escuchaba cantar con euforia a un cuantioso numero de vecinos, letra que acompañé con gusto. De a poco fui reconociendo cardinalmente el predio de Basavilbaso, y pronto reconocí las vías y aleros que había visto en algún viejo video ferroviario. Inmediatamente, al advertir la presencia de unas lindas chicas oriundas del lugar, saqué esta foto... Un hermoso recuerdo de "Baso".
"Es para Menem que lo mira por TV", se escuchaba cantar con euforia a un cuantioso numero de vecinos, letra que acompañé con gusto. De a poco fui reconociendo cardinalmente el predio de Basavilbaso, y pronto reconocí las vías y aleros que había visto en algún viejo video ferroviario. Inmediatamente, al advertir la presencia de unas lindas chicas oriundas del lugar, saqué esta foto... Un hermoso recuerdo de "Baso".

Con Marcelo nos pusimos a caminar por el andén isla, desde donde pudimos ver a la formación del "local", que hace el trayecto a Villaguay Central. Este pequeño tren (GE U-13-C 6975 + P1137 + CT1597) estaba estacionado en la playa, tras haber cumplido con su tarea diaria. Mientras tanto, Fer hacía malabares con su nota para poder enviarla de alguna forma a la redacción de La Nación, antes de que cerrase la edición. Terminó utilizando las computadoras de ALL, que tenían conexión a Internet.

Una muchacha de un pueblo cercano (Va. Mantero) que se había arrimado a "Baso" nos contó lo exitoso que fue el nuevo trencito a Villaguay, ya que todos los días se colmaba de pasajeros. El motivo es indiscutible: cualquier micro cobra $10 por el trayecto, transitando caminos muy malos. En cambio, el tren cuesta $1 y es más rápido.
A las corridas fui un par de cuadras a comprar un rollo de fotos, ya que no podía esperar hasta Concordia... ¡No quiero imaginarme si no conseguía!. Una vez con el preciado elemento en la mano, regresé por el paso a nivel que une los tres ramales: el que va a Paraná (izquierda), el que sigue a Villaguay (centro) y el que va a Concepción del Uruguay (derecha). Hasta principios de los 90, los coches Fíat 7131 se encargaban de cubrir estos sectores ágilmente.
El Gran Capitán se demoró mas de lo previsto: se rumoreaba con preocupación que los 15 minutos que debía durar la parada se convertirían en una hora y media. En las oficinas de la estación era todo puro nervios y gritos entre la gente de TEA y los responsables de ALL. ¿El motivo? Teníamos que esperar una cruzada con un carguero de ALL que apareció recién a las 20:26, con un dúplex de universales: 6946 + 2 chatas + 6965 + 2 chatas + 5 chatas con maderas + 6941 (muerta) + 3 cerrados + 2 chatas con maquinaria agrícola + 9 PC + 15 chatas + 30 cerrados borde bajo.
En la vía auxiliar, del lado del edificio de la estación, vimos además los coches CT 1591 y P 1146. Estos están afectados al servicio local de ALL.
A las corridas fui un par de cuadras a comprar un rollo de fotos, ya que no podía esperar hasta Concordia... ¡No quiero imaginarme si no conseguía!. Una vez con el preciado elemento en la mano, regresé por el paso a nivel que une los tres ramales: el que va a Paraná (izquierda), el que sigue a Villaguay (centro) y el que va a Concepción del Uruguay (derecha). Hasta principios de los 90, los coches Fíat 7131 se encargaban de cubrir estos sectores ágilmente.
El Gran Capitán se demoró mas de lo previsto: se rumoreaba con preocupación que los 15 minutos que debía durar la parada se convertirían en una hora y media. En las oficinas de la estación era todo puro nervios y gritos entre la gente de TEA y los responsables de ALL. ¿El motivo? Teníamos que esperar una cruzada con un carguero de ALL que apareció recién a las 20:26, con un dúplex de universales: 6946 + 2 chatas + 6965 + 2 chatas + 5 chatas con maderas + 6941 (muerta) + 3 cerrados + 2 chatas con maquinaria agrícola + 9 PC + 15 chatas + 30 cerrados borde bajo.
En la vía auxiliar, del lado del edificio de la estación, vimos además los coches CT 1591 y P 1146. Estos están afectados al servicio local de ALL.

Y sigue la travesía entrerriana...

Después de la larga estadía en "Baso", partimos a las 20:42, acompañados por el aplauso y los gritos del pueblo ferroviario que, de no tener nada, en un mes festejó el regreso de dos trenes de pasajeros... Insólito, ¿no?.
A buen ritmo, hicimos el siguiente itinerario por las estaciones ya servidas por el nuevo tren local:
- Líbaros (km. 344,6) - 21:05.
- Gobernado Urquiza (km. 354,3) - 21:19.
- Las Moscas (km. 364,9) - 21:34.
En todas ellas nos encontramos con un publico entusiasmado, con más energía de la que imaginaba. Fíjense que al pasar el Paraná, cambiamos de clima, flora, fauna pero, además, nos encontramos con una población más latina, y mucho más suelta. También los nombres de las estaciones denotan un cambio cultural bien marcado con otras regiones argentinas. Realmente, sentía que estábamos en Brasil o en Uruguay. Fue algo insólito, para mí por lo menos, que no conocía la región mesopotámica.
A buen ritmo, hicimos el siguiente itinerario por las estaciones ya servidas por el nuevo tren local:
- Líbaros (km. 344,6) - 21:05.
- Gobernado Urquiza (km. 354,3) - 21:19.
- Las Moscas (km. 364,9) - 21:34.
En todas ellas nos encontramos con un publico entusiasmado, con más energía de la que imaginaba. Fíjense que al pasar el Paraná, cambiamos de clima, flora, fauna pero, además, nos encontramos con una población más latina, y mucho más suelta. También los nombres de las estaciones denotan un cambio cultural bien marcado con otras regiones argentinas. Realmente, sentía que estábamos en Brasil o en Uruguay. Fue algo insólito, para mí por lo menos, que no conocía la región mesopotámica.

(Sibila Camps -CLARIN-, Fede Pallés -SAT- y Fer Halperín -LA NACION- sobre el S 1579.)
El Gran Capitán de FA no se detenía en estos pequeños pueblos, pero si lo hacía en Villaguay Este (km. 387,2), estación a la que llegamos 22:11 hs. Antes de ingresar al andén, se desprende la vía a Villaguay Central, por la cual ingresa diariamente el tren de ALL con su Universal y par de coches.
"Villaguay Este" está en curva y estacionarse en ella implica quedar con el tren comprometidamente inclinado hacia el lado derecho, por el pronunciado peralte... ¡¡Me parece que no hacia falta tanto peralte muchachos!!. Fue todo bromas y risas -y algunas caras preocupadas de novatos- dentro del tren graciosamente torcido.
A esta altura del viaje, las empanadas ya estaban listas en el comedor. Y qué mejor que aprovechar la parada para saciar el hambre. Porque, claro, con la emoción del viaje uno no se da cuanta y se olvida de comer, tomar agua, etcétera... ¡Hasta que, de pronto, tomás conciencia de que hay que seguir viviendo!.
A los diez minutos de haber llegado a la estación peraltada, partimos hacia el noreste, ya en dirección a Concordia. Junto con Fer Halperín, Sibila Camps (Clarín) y su fotógrafa, nos deleitamos en la mesa 4 con las exquisitas empanadas que las azafatas habían amasado a bordo.
Ya era de noche y el hermetismo y la luminosidad del RA apenas permitía saber qué ocurría afuera, aunque en cada estación los aplausos y gritos lograban penetrar en el coche. El itinerario siguió de la siguiente manera:
"Villaguay Este" está en curva y estacionarse en ella implica quedar con el tren comprometidamente inclinado hacia el lado derecho, por el pronunciado peralte... ¡¡Me parece que no hacia falta tanto peralte muchachos!!. Fue todo bromas y risas -y algunas caras preocupadas de novatos- dentro del tren graciosamente torcido.
A esta altura del viaje, las empanadas ya estaban listas en el comedor. Y qué mejor que aprovechar la parada para saciar el hambre. Porque, claro, con la emoción del viaje uno no se da cuanta y se olvida de comer, tomar agua, etcétera... ¡Hasta que, de pronto, tomás conciencia de que hay que seguir viviendo!.
A los diez minutos de haber llegado a la estación peraltada, partimos hacia el noreste, ya en dirección a Concordia. Junto con Fer Halperín, Sibila Camps (Clarín) y su fotógrafa, nos deleitamos en la mesa 4 con las exquisitas empanadas que las azafatas habían amasado a bordo.
Ya era de noche y el hermetismo y la luminosidad del RA apenas permitía saber qué ocurría afuera, aunque en cada estación los aplausos y gritos lograban penetrar en el coche. El itinerario siguió de la siguiente manera:
- Clara (km. 405) - 22:44.
- Jubileo (km. 425,6) - 23:13
- San Salvador (km. 442,6) - 23:33
- General Campos (km. 457,8) - de 00:00 a 00:09
- Yerúa (km. 472,6) - 00:27
- Yuquerí (km. 489,9) - 01:51
En este largo tramo de pequeñas poblaciones, fuimos recibidos con gritos de conmoción, aplausos, cohetes, y con todo lo que se pueda usar como para festejar un evento de importancia. "Bienvenido Gran Capitán" rezaban incontables banderas pintadas a mano, con esperanza elocuente.
Ya en el último coche podíamos pasar por el alero principal en velocidad. Allí nos despedíamos a los gritos con los pobladores que fielmente aguardaban la partida del Gran Capitán, siempre luchando contra el personal de seguridad del tren que nos retaba cada vez que sacábamos medio cuerpo por la ventanilla para festejar con los lugareños.
En lugares como San Salvador o General Campos (en donde el original Gran Capitán se detenía), se había agolpado gente a más no poder. Cada pueblo fue una fiesta... Había música. En algunos casos bandas militares o de bomberos, fuegos artificiales y cualquier implemento imaginable que sirviera para festejar. Así dimos comienzo al nuevo día. Pero la gran fiesta nos esperaba unas leguas mas adelante...
Gracias a la oscuridad que reinaba el S 1579 (se había cortado la luz por un desperfecto en el generador del RA), vimos a lo lejos la estela luminosa que anuncian en el cielo la cercanía de las grandes ciudades. Sentí el mismo cosquilleo que antes de cruzar los puentes de Zárate...
Ya en el último coche podíamos pasar por el alero principal en velocidad. Allí nos despedíamos a los gritos con los pobladores que fielmente aguardaban la partida del Gran Capitán, siempre luchando contra el personal de seguridad del tren que nos retaba cada vez que sacábamos medio cuerpo por la ventanilla para festejar con los lugareños.
En lugares como San Salvador o General Campos (en donde el original Gran Capitán se detenía), se había agolpado gente a más no poder. Cada pueblo fue una fiesta... Había música. En algunos casos bandas militares o de bomberos, fuegos artificiales y cualquier implemento imaginable que sirviera para festejar. Así dimos comienzo al nuevo día. Pero la gran fiesta nos esperaba unas leguas mas adelante...
Gracias a la oscuridad que reinaba el S 1579 (se había cortado la luz por un desperfecto en el generador del RA), vimos a lo lejos la estela luminosa que anuncian en el cielo la cercanía de las grandes ciudades. Sentí el mismo cosquilleo que antes de cruzar los puentes de Zárate...

Concordia Central

Pronto atravesamos un puente jaula y doblamos vertiginosamente hacia la izquierda en una curva muy larga, que nos metió en el centro de Concordia. Lo que entonces vieron mis ojos es difícil de explicar: miles de personas, aún en pasos a nivel lejanos a la estación, con antorchas y banderas argentinas recibiendo eufóricamente nuestro tren... A su lado pasábamos raudamente, entre saludos y gritos eufóricos. Era difícil contener las lagrimas... La gente de Concordia, ciudad castigada con el mayor índice de desocupación del país, quiso expresar como pudo su señal de apoyo a la vuelta del tren, de una forma muy original. Con fuego, tal vez para subsanar el frío que hacia en esta increíble madrugada de primavera.
Así, llegamos a la estación, a 501 kilómetros de Lacroze, en una noche sin precedentes. El Gran Capitán era como la estrella de rock que visitaba una ciudad. Nadie se lo quiso perder. No importó el frío ni la hora.
Así, llegamos a la estación, a 501 kilómetros de Lacroze, en una noche sin precedentes. El Gran Capitán era como la estrella de rock que visitaba una ciudad. Nadie se lo quiso perder. No importó el frío ni la hora.

Acompañados por un bocinazo de vaporera que sonaba desde el taller, nos detuvimos en el andén, que reventaba de gente. Era la 01:11 y nos encontrábamos, por fin, en una de las ciudades más importantes de Entre Ríos, ¡¡¡rodeados por unas 12.000 personas!!!
Con tanto alboroto, mucho no pudimos hacer. Recién cerca de las 02:30, cuando todo se despejó, salimos a aprovisionarnos de algunos víveres a la estación de servicio más céntrica. La gente de la ciudad nos recomendó ir en taxi, ya que la zona se volvió algo insegura en estos últimos tiempos. Mi viaje en taxi fue doble, ya que me olvidé en el kiosco la campera, y no me quería morir de frío toda la noche. Finalmente, la perdí de nuevo cuando bajé del taxi, pero la recuperé al día siguiente.
Una vez acomodados en la oscuridad de nuestro querido coche, junto a Maxi, Javier y Daniel (los platenses), rompimos el silencio y le cantamos el feliz cumpleaños a Marcelo Soto, que tenía el honor de festejarlo 500 kilómetros al noreste de la capital, a bordo de un tren de larga distancia.
Finalmente, con el sonido de fondo de las U-13 probando sus diesel en el taller, nos dormimos cada uno en un asiento triple, para reponer energías. Detrás de la persiana metálica, observé como última postal de la noche, el esqueleto de la 7917, totalmente destruida por un accidente. Y pensar que Fer me venía hablando de esa maquina "a ver si la veíamos en la línea", y así fue que apareció, pero no de la forma que hubiésemos querido.
Con tanto alboroto, mucho no pudimos hacer. Recién cerca de las 02:30, cuando todo se despejó, salimos a aprovisionarnos de algunos víveres a la estación de servicio más céntrica. La gente de la ciudad nos recomendó ir en taxi, ya que la zona se volvió algo insegura en estos últimos tiempos. Mi viaje en taxi fue doble, ya que me olvidé en el kiosco la campera, y no me quería morir de frío toda la noche. Finalmente, la perdí de nuevo cuando bajé del taxi, pero la recuperé al día siguiente.
Una vez acomodados en la oscuridad de nuestro querido coche, junto a Maxi, Javier y Daniel (los platenses), rompimos el silencio y le cantamos el feliz cumpleaños a Marcelo Soto, que tenía el honor de festejarlo 500 kilómetros al noreste de la capital, a bordo de un tren de larga distancia.
Finalmente, con el sonido de fondo de las U-13 probando sus diesel en el taller, nos dormimos cada uno en un asiento triple, para reponer energías. Detrás de la persiana metálica, observé como última postal de la noche, el esqueleto de la 7917, totalmente destruida por un accidente. Y pensar que Fer me venía hablando de esa maquina "a ver si la veíamos en la línea", y así fue que apareció, pero no de la forma que hubiésemos querido.

El último tramo entrerriano...

El tren partió de Concordia a las 05:45 del nuevo día. Aún en la fría madrugada -me contaron... jé, yo iba re dormido...- la gente saludaba al Gran Capitán en las estaciones.

- O. Mangasco (km. 515) - 06:07
- La Criolla (km. 522,4) - 06:15
- Isthilart (km. 539,2) - 06:34
- Federación (km.556,1) - 06:55
- Santa Ana (km. 574) - 07:24
Todas estas paradas y estaciones son del tipo "monoblock", ya que corresponden a una traza relativamente nueva, construida luego de la creación de la Represa Salto Grande, cuyas aguas invadieron el ramal original (corre varios kilómetros a nuestra derecha en dirección a Misiones). En épocas de aguas bajas, aún puede verse la vieja traza.
Desperté pasando por una de esas extrañas estaciones, y vi con extrañeza el nuevo paisaje, mucho más ondulado, arenosos y desértico. Confundido y solo en el coche, partí al comedor, en donde encontré a los chicos desayunando. Les pedí por favor que me orientaran en dónde estábamos y qué hora era, ya que me había pasado de sueño. Por suerte, Marcelo me "afanó" el cuaderno y tomó nota de las estaciones que pasamos, notando -con razón- que yo no tenía intenciones de levantarme antes.
Desperté pasando por una de esas extrañas estaciones, y vi con extrañeza el nuevo paisaje, mucho más ondulado, arenosos y desértico. Confundido y solo en el coche, partí al comedor, en donde encontré a los chicos desayunando. Les pedí por favor que me orientaran en dónde estábamos y qué hora era, ya que me había pasado de sueño. Por suerte, Marcelo me "afanó" el cuaderno y tomó nota de las estaciones que pasamos, notando -con razón- que yo no tenía intenciones de levantarme antes.



Disculpen pero no entró todo en éste sólo post por lo que tuve que hacerlo en dos partes. Espero vean la segunda la cual la voy a publicar mañana domingo 27.
