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Los Conjurados, un poema de Borges

Arte1/5/2010
Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires por el frío agosto de 1899 en el seno de una culta familia. Aprendió inglés y se apasionó con los clásicos universales en su inocente niñez. En su adolescencia su familia se mudó a Europa por su padre. Es allí donde descubre realmente su vocación de escritor y es influenciado por el movimiento ultraísta. De vuelta en Buenos Aires publica su primer libro, Fervor de Buenos Aires.

Su titánica obra incursiona entre las mejores de todo el siglo XX otorgándole el caracter de escritor universal. En sus clásicos como El Aleph, Ficciones, El Hacedor o el Libro de Arena demuestra una inteligencia y un bagaje cultural inigualable rondando temas perturbadores y enigmas que el hombre no ha podido resolver.

Ha influído ha importantes escritores y filósofos de la talla de Ernesto Sábato, Julio Cortázar o a los grandes Umberto Eco o Michell Focault. Murió en Ginebra en 1986.

Un año antes de su deceso Jorge Luis Borges compuso su último libro; Los Conjurados.
Nos introduce a su libro de la siguiente manera:


borges dijo:

Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esas magias, el lenguaje, es asaz misterioso. Nada sabemos de su origen. Solo sabemos que se ramifica en idiomas y que cada uno de ellos consta de un indefinido y cambiante vocabulario y de una cifra indefinida de posibilidades sintácticas. Con esos inasibles elementos he formado este libro. (En el poema, la cadencia y el ambiente de una palabra pueden pesar más que el sentido.)




Sin más, he aquí su poema:
En el centro de Europa están conspirando.
El hecho data de 1291.
Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan
diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.
Han tomado la extraña resolución de ser razonables.
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades
Fueron soldados de la Confederación y después mercenarios,
porque eran pobres y tenían el hábito de la guerra
y no ignoraban que todas las empresas
del hombre son igualmente vanas.
Fueron Winkelried, que se clava en el pecho las
lanzas enemigas para que sus camaradas avancen.
Son un cirujano, un pastor o un procurador, pero
también son Paracelso y Amiel y Jung y Paul Klee.
En el centro de Europa, en las tierras altas de Europa,
crece una torre de razón y de firme fe.
Los cantones ahora son veintidós. El de Ginebra,
el último, es una de mis patrias.
Mañana serán todo el planeta.
Acaso lo que digo no es verdadero, ojalá sea profético.
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