(...) Aquella mujer era enorme, la primera que tenia Barton desde que salio de prision, cualquier balanza hubiese dicho que aquella mujer era gorda, pero su peso estaba tan milagrosamente desparramado que nadie se hubiera atrevido a decir algo asi, aquella simplemente era una mujer enorme.
El sexo fue, como el sexo de los presos, seco y corto, es que, para alguien que ha pasado los ultimos años mirando fijamente una pared el amor no puede reservarle nada, es un placer anonimo, como un cigarrillo.
Salio de aquel prostíbulo como de cualquier lugar, el uniforme de la prisión no tenia bolsillos asi que se sorprendió cuando caminando esa noche por la calle se vio sus manos dentro, un gesto tan característico del anterior Barton, rápidamente las quito, pero le molestaban, aquellas largas tiras de carne y huesos que colgaban de sus hombros le parecían ajenos ¿Donde dormiria hoy? El estado le da a los presos que acaban de salir un dinero para que no durmieran en una plaza apenas salir, pero la verdad era que ese dinero no daba para mas de dos noches en el peor hotel de la ciudad, y Barton se habia gastado casi todo en aquella enorme mujer, Barton pensaba y aceleraba el paso, sus manos estaban nuevamente en sus bolsillos.
Nicolas Pedrucci
El sexo fue, como el sexo de los presos, seco y corto, es que, para alguien que ha pasado los ultimos años mirando fijamente una pared el amor no puede reservarle nada, es un placer anonimo, como un cigarrillo.
Salio de aquel prostíbulo como de cualquier lugar, el uniforme de la prisión no tenia bolsillos asi que se sorprendió cuando caminando esa noche por la calle se vio sus manos dentro, un gesto tan característico del anterior Barton, rápidamente las quito, pero le molestaban, aquellas largas tiras de carne y huesos que colgaban de sus hombros le parecían ajenos ¿Donde dormiria hoy? El estado le da a los presos que acaban de salir un dinero para que no durmieran en una plaza apenas salir, pero la verdad era que ese dinero no daba para mas de dos noches en el peor hotel de la ciudad, y Barton se habia gastado casi todo en aquella enorme mujer, Barton pensaba y aceleraba el paso, sus manos estaban nuevamente en sus bolsillos.
Nicolas Pedrucci