Pinche Fin de Semana
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El Cazador Cazado
(Gabriel Castll)
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El Cazador Cazado
(Gabriel Castll)
Tenía hambre y no traía ni un peso en el bolsillo para saciar la misma, pensé entonces en cazar; en la antigüedad no existía el dinero y todo lo que el hombre primitivo adquiría era por uso de la caza, el intercambio y la recolección. Así que decidí salir y buscar mi presa.
Llegué al centro comercial y exquisitos manjares despertaron el hambre que trataba de perder en lo mas hondo de mi psique, hambre que no me era posible olvidar y que me había empujado a buscar animal que matar. Divisé unos bisontes, pero eran de gran tamaño y yo tenia de arma letal, mas que un arma blanca de corte curvo; demasiada pequeña para causar heridas de consideración en aquellos animales. Mire alrededor y vi un hermoso venadito, era tierno y se había apartado de la manada, como león enjaulado corrí hacia él, pero aquella hembrita asustada corrió a protegerse con los suyos, perdí mi oportunidad por ansioso.
Tardé algunos minutos en espabilarme de aquel duro golpe, pero recuperada la claridad mental, comencé de nuevo el juego de la vida, entonces vi una enorme araña, tenía colmillos seductores y creí poder alimentarme de ella, ya que si se cocina a las brazas resulta un buen alimento y ademas nutritivo por ser muy ricas las arañas, en proteínas, pero recordé a un antiguo compañero de caza y sonreí al dejar ir a la tarántula, no quería terminar envenenado por tan fea araña y desistí de casarle, aunque ella estaba ya tejiendo su telaraña sobre mi persona, creyendo que así, me capturaría para ser alimento de sus hijitas, las ponzoñosas.
Ya recuperado del susto, mire a una enorme cucaracha, dicen que de lagartija para arriba, todo es cacería, ¡pero una cucaracha!, aunque buenas para saciar el hambre, no son consideradas presas de valor, solo sirven para pisarlas una vez y dejarlas abandonadas todas abiertas de patas, por el pisotón. Decidí aventurarme con alguna presa que saciara mi apetito y que ademas me satisficiera no solo por ese día, sino por todos los días venideros.
Encontré metros mas adelante una preciosa yegua, era pura sangre y por ende, muy temperamental tan hermoso animal, piernas torneadas y muy fuertes, ancas para montar a pelo y espalda definida y de tacto muy terso, pero lo que mas agradó a mis sentidos fue la esencia de aquel noble animal, era un alma de nobles sentimientos y de mentalidad abierta, pero no por ello gustaba dejarse desbocar, por contrario, siempre buscaba permanecer cerca de su amo y ser la mas leal compañera. Creí sacarme la lotería con aquel raro espécimen, muy poco visto por estas tierras. Avance cauteloso y de reojo me miró, no se le iba ningún movimiento del cazador, pero a pesar de saberse en peligro no se inmutaba, era toda tranquilidad.
Esperé a verla sola, por ansioso no me había percatado que estaba en manada, quería cazarla solo a ella y aunque sus similares eran también bellas, no se comparaban con el ejemplar que mi mente y hambriento cuerpo, habían elegido para ser plato de primera mesa. Se separó unos instantes del grupo, corrí tras ella y le asesté una mordida en la enanca, se sintió herida y pataleo para quitarse al furioso león que la apresaba de su cadera, entonces le sujete las mismas con mis garras y la inmovilicé, desenfundé la daga y asesté un suave pero profundo golpe por detrás al animal, que débil se dejó mordisquear la espalda, me regodee con sus suaves carnes, ella débil se dejó caer y su rostro fue a dar al suelo, allí gimió sabiendose perdida y con sangre caliente que bañaba mi arma de muerte, se dejó llevar a los cielos.
Ya horas después recobró el conocimiento, estaba echa una piltrafa, toda magullada quiso incorporarse, pero la sujeté de nueva cuenta y bebí su sangre, en pequeños mordiscos me alimente de sus tiernos labios. Me retiré del lugar se sacrificio y ella corrió tras mí, quería sacrificarse y que este león se la siguiera comiendo, no desprecíe la invitación y cargué con ella, ¡mas bien!, ella cargó conmigo, monté en sus lomos y me dejé conducir, pero no me llevó a mi lóbrega cueva, sino que me hizo rey y amo, de sus caballerizas, donde la felicidad reina y donde veré crecer sus hijas, que son ejemplares bellos y muy dignos de su madre y a los cuales protegeré. Para que no caigan en las garras de poderoso león que aunque noble, muy holgazán, ya que su leona, es la que provee el alimento al hogar.
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