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Cuento corto, propio.

Arte1/27/2013
Hola colegas taringueros, acá dejo un cuento corto que se me dio por escribir, es más bien un borrador.
Saludos !


~ Alcanzar la libertad.~
Desperté lleno de ausencia, aunque dicen que la esperanza es la última en morir, consuelo popular.
La ausencia de respuestas, a preguntas abiertas y abandonadas, que con el frío se disipan en la nieve que cubre la vereda.
Hay personas que logran vivir ciegas, aunque no lo sepan. Envueltas en una rutina de acciones que llaman vida, cumpliendo un ciclo, parciales e insignificantes, pero gratos con ello. En cierta manera los envidio, probablemente sea yo quien no lo sepa.
La piel tibia de su torso se retorcía en la seda, soñando con lo que más quería; ser libre. ¿Por qué escapar, de una prisión de lujos? No lo sabía aún, era su intención seguir viviendo vacía, llena de todo.
Sus razgos deleitaban al más exquisito de los críticos, pero tenía cierta ambigüedad que despertaba una duda en mí; para su fortuna, soy del tipo que deja las incertezas de lado; como si el amor fuera una prioridad, si se puede llamar así al ciego acto de querer, virtud de aquellos, o de quien fui en pasado.
La soledad, puede enloquecer al hombre; social por naturaleza, débil por experiencia. Pues no es mi caso, he perdido antes mis riendas, antes de optar por la soledad, si es que un loco puede discernir entre opciones, para escoger lo que cree querer.
Cuando mi mente se ahoga, comienza a bailar, y digo que baila porque sigue melodías. El tres por cuatro de un vals sonaba en mi cabeza, retumbaba y salía de mis oídos. Puedo sentirlo, ella estaba ahí, bailando en un sugerente vestido rojo, su figura espléndida resaltaba sus delicados movimientos. Sin embargo, los conquistaba en la cama. Era en ella una reina, y yo un silencioso testigo, que seguía el tres por cuatro para reprimir lo que realmente flotaba en el aire, suspiros, aliento de falsa mujer y alaridos de un imbécil, que temporáneamente satisfacía sus repugnantes deseos. ¿Qué podía yo hacer? Soy nadie, o mejor dicho, nada; un objeto más, tal vez el último en su material colección. Es la impotencia tal vez, el detonador de mi locura.
Todavía no logro entender si fue el amor o mi precoz inocencia, lo que me impidió, por tanto tiempo, hacer lo que mi mente creía justo, o si era solo la incertidumbre de la inexperiencia.
Mañanas tan frías como esa recuerdo pocas. Tengo presente con claridad la imagen de las sábanas enrojecidas, la hoja del cuchillo con el vapor del poco calor que aún exhalaba su cuerpo, delicioso y malherido; con una mirada tan penetrante como vacía.
Quién habría dicho, que el amor es tan fuerte, que podría decidir terminar la vida, de quien me la había regalado a mi. Tal vez ahora tenga la libertad que soñaba, le entregué la mía.
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