El de Charles Chaplin
Director, actor y productor de cine de origen británico, creador del mítico personaje de Charlot. Hijo de un humilde matrimonio de artistas de variedades, su padre falleció siendo él muy pequeño y su madre sufría trastornos mentales, por lo que pasó parte de su infancia y su adolescencia en la calle o acogido en distintos orfanatos. Debutó en escena a los ocho años de edad y continuó actuando en distintas compañías ambulantes hasta que logró destacar en una de las más célebres de Londres.
A los veintiún años se trasladó a Estados Unidos, donde se dedicó al medio cinematográfico. En el filme Carreras de autos para niños, del año 1914, aparece por primera vez el personaje de Charlot: un vagabundo que viste pantalones de anchas perneras, calza unos zapatos desmesurados, se toca con un bombín, lleva un bastón de bambú y luce un característico bigote. En 1915, contratado por Essanay, realizó varias películas, entre las que destaca El vagabundo, en las cuales quedó definitivamente fijado el peculiar universo de Charlot. De la Essanay pasó a la Mutual, en 1916; en aquel momento era ya el actor de cine mejor pagado de la época. Al mismo tiempo comenzó a asumir responsabilidades de dirección.
Charles Chaplin
(Londres, 1889-Corsier-sur-Vevey, Suiza, 1977) Director, actor y productor de cine de origen británico, creador del mítico personaje de Charlot. Hijo de un humilde matrimonio de artistas de variedades, su padre falleció siendo él muy pequeño y su madre sufría trastornos mentales, por lo que pasó parte de su infancia y su adolescencia en la calle o acogido en distintos orfanatos. Debutó en escena a los ocho años de edad y continuó actuando en distintas compañías ambulantes hasta que logró destacar en una de las más célebres de Londres.
A los veintiún años se trasladó a Estados Unidos, donde se dedicó al medio cinematográfico. En el filme Carreras de autos para niños, del año 1914, aparece por primera vez el personaje de Charlot: un vagabundo que viste pantalones de anchas perneras, calza unos zapatos desmesurados, se toca con un bombín, lleva un bastón de bambú y luce un característico bigote. En 1915, contratado por Essanay, realizó varias películas, entre las que destaca El vagabundo, en las cuales quedó definitivamente fijado el peculiar universo de Charlot. De la Essanay pasó a la Mutual, en 1916; en aquel momento era ya el actor de cine mejor pagado de la época. Al mismo tiempo comenzó a asumir responsabilidades de dirección.
Charles Chaplin en El gran dictador
En 1918 fue contratado por un millón de dólares por la First National para realizar ocho películas en un lapso de cinco años; se consagró entonces como genio de la pantalla con filmes como Vida de perro, Armas al hombro y El chico. En 1919 fundó junto con Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W.Griffith la United Artists Corporation, que duraría hasta el año 1952. Sin embargo, hasta el final de su contrato con la National no pudo empezar a trabajar en su propia productora. En 1921 realizó un viaje por todo el mundo. Su fama ya era universal y fue acogido triunfalmente en todas partes.
Una vez pudo disponer de absoluta libertad para escribir, dirigir y producir sus propios proyectos, el carácter humorístico y sentimental de sus películas derivó hacia la tragedia y la sátira, siempre manteniendo un estilo interpretativo inimitable, cimentado en el arte del mimo y del payaso circense. La llegada del cine sonoro a finales de los años veinte no perjudicó la efectividad de su pantomima: sus filmes encontraban permanentemente nuevas audencias. Engrosaron su filmografía Una mujer de París, La quimera del oro, El circo, Luces de la ciudad y Tiempos modernos, donde se agudiza su crítica social. Todas ellas fueron sendos éxitos de taquilla.
Siguieron luego las dos últimas películas que rodó en Estados Unidos: su primera cinta sonora, El gran dictador, en la que Charlot es la contrafigura de Hitler, y Monsieur Verdoux, donde aparece por última vez el personaje de Charlot.
La mordacidad con que Chaplin criticaba problemas sociales y satirizaba muchos de los aspectos de la vida estadounidense creó mucha polémica. Acusado de comunista en el ambiente enrarecido de la llamada caza de brujas, y perseguido por el escándalo que originó el último de sus cuatro matrimonios, con Oona O’Neill, la hija del famoso dramaturgo, que contaba sólo dieciocho años, terminó por abandonar Estados Unidos.
Viajó a Europa y se instaló en Vevey (Suiza). Aún produjo tres filmes más, en Londres: Candilejas, La condesa de Hong Kong y Un rey en Nueva York. Fruto de su matrimonio con Oona nació Geraldine Chaplin, que seguiría los pasos de su padre como actriz de cine. En 1972 regresó a Estados Unidos a recoger el Oscar que le había concedido la Academia de Hollywood por el conjunto de su obra. A lo largo de una trayectoria de 79 películas, combinó de manera prodigiosa lo humorístico, lo dramático y lo satírico. La genial creación del personaje de Charlot, cómico y patético al mismo tiempo, se ha convertido en un mito del siglo XX.
El de Adolfo Hitler.
Adolf Hitler añadió con maestría el elemento del racismo para formar la mezcla explosiva y paranoica que galvanizaría a toda una nación. Consiguió el apoyo de un ejército herido en su honor; de los industriales enfrentados a los sindicatos y al temor de la ideología marxista; de una frustrada clase media y del proletariado «víctima de los sindicatos y de los partidos políticos». Supo concitar en todos el odio a los judíos, como elemento cohesionador, y proponerles la superioridad de la raza aria como única válida para dominar el mundo.
Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible.
Adolf Hitler
De esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para no prestar servicio militar; se refugió en Múnich y se enroló en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). La derrota le hizo pasar a la política, enarbolando un ideario de reacción nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de Versalles (1918).
De vuelta a Múnich, Hitler ingresó en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas ante las incertidumbres del mundo moderno. Influenciado por el fascismo de Mussolini, este movimiento, adverso tanto a lo existente como a toda tendencia de progreso, representaba la respuesta reaccionaria a la crisis del Estado liberal que la guerra había acelerado.
Sin embargo, Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer intento de tomar el poder desde Múnich, apoyándose en las milicias armadas de Ludendorff («Putsch de la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló Mi lucha y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior.
De nuevo en libertad desde 1925, Hitler reconstituyó el NSDAP expulsando a los posibles rivales y se rodeó de un grupo de colaboradores fieles como Goering, Himmler y Goebbels. La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia creciente entre las legiones de parados y descontentos dispuestos a escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de desfiles, banderas, himnos y uniformes.
Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron ganando peso electoral hasta que Hitler -que nunca había obtenido mayoría- se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en 1933.
Desde la Cancillería, Hitler destruyó el régimen constitucional y lo sustituyó por una dictadura de partido único basada en su poder personal. El Tercer Reich así creado fue un régimen totalitario basado en un nacionalismo exacerbado y en un complejo de superioridad racial sin fundamento científico alguno (basado en estereotipos que contrastaban con la ridícula figura del propio Hitler).
Tras la muerte de Hindenburg, Hitler se hizo nombrar Führer o «caudillo» de Alemania y se hizo prestar juramento por el ejército. La sangrienta represión contra los disidentes culminó en la purga de las propias filas nazis durante la «Noche de los Cuchillos Largos» (1934) y la instauración de un control policial total de la sociedad, mientras que la persecución contra los judíos, iniciada con las racistas Leyes de Núremberg (1935) y con el pogromo conocido como la «Noche de los Cristales Rotos» (1938) culminó con el exterminio sistemático de los judíos europeos a partir de 1939 (la «Solución Final»).
Hitler hacia el final de la guerra
La política internacional de Hitler fue la clave de su prometida reconstitución de Alemania , basada en desviar la atención de los conflictos internos hacia una acción exterior agresiva. Se alineó con la dictadura fascista italiana, con la que intervino en auxilio de Franco en la Guerra Civil española (1936-39), ensayo general para la posterior contienda mundial; y completó sus alianzas con la incorporación del Japón en una alianza antisoviética (Pacto Antikomintern, 1936) hasta formar el Eje Berlín-Roma-Tokyo (1937).
Militarista convencido, Hitler empezó por rearmar al país para hacer respetar sus demandas por la fuerza (restauración del servicio militar obligatorio en 1935, remilitarización de Renania en 1936); con ello reactivó la industria alemana, redujo el paro y prácticamente superó la depresión económica que le había llevado al poder.
Luego, apoyándose en el ideal pangermanista, reclamó la unión de todos los territorios de habla alemana: primero se retiró de la Sociedad de Naciones, rechazando sus métodos de arbitraje pacífico (1933); luego forzó el asesinato de Dollfuss (1934) y el Anschluss o anexión de Austria (1938); a continuación invadió la región checa de los Sudetes y, tras engañar a la diplomacia occidental prometiendo no tener más ambiciones (Conferencia de Múnich, 1938), ocupó el resto de Checoslovaquia, la dividió en dos y la sometió a un protectorado; aún se permitió arrebatar a Lituania el territorio de Memel (1939).
Pero, cuando el conflicto en torno a la ciudad libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Hitler había preparado sus fuerzas para esta gran confrontación, que según él habría de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía mundial (Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había reforzado su alianza con Italia (Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo, había concluido un Pacto de no-agresión con la Unión Soviética (1939), acordando con Stalin el reparto de Polonia.
El moderno ejército que había preparado obtuvo brillantes victorias en todos los frentes durante los primeros años de la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una «guerra relámpago»: ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia, Grecia. (mientras que Italia, España, Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como Suecia y Suiza declaraban una neutralidad benévola).
Sólo Gran Bretaña resistió el intento de invasión (batalla aérea de Inglaterra, 1940-41);
Derrotado y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la catástrofe y finalmente huyo con su gente mas importante a Argentina en Submarino y murio en sudamerica se supone que fines de los 60, después de haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana.