Coloreo con cada sonrisa al paisaje que me adorna, en este retrato al cual me zambullo, cuando la tristeza aparece queriendo tomar mis piernas y arrastrarme hacia lo profundo de la oscuridad.
Mis suspiros son los pinceles que iluminan los contornos del hogar, que algún día espero tener en la realidad.
La paz de ese refugio, produce en mí, cientos de endorfinas que juegan con la electricidad de mi cuerpo, rebajando la tensión máxima a la que me encuentro, cuando siento que no puedo escapar de esta pesadilla de realidad.
Quisiera pasar horas en él, en aquel dibujo transmisor de tantos sueños y sosiego. Ser parte de una vívida ilusión, constructora de múltiples sentimientos, que son los precursores de un nuevo ser, ese ser que percibo cada día en los espejos de mi casa. Sólo puedo observar el destello de vida en la mirada reflejada, mi mirada, que hasta el momento se mantiene en pie, cuando el resto de mi cuerpo parece decaer.
Cada vez que distinga un cese de satisfacción, sé que podré contar con él, con esa pintura que demasiadas veces a salvado mi vida. Ingresaré cuando me sienta mal conmigo misma, y me encuentre peleada con la soledad. La entrada la tengo a mi disposición. Algún día podré dar gracias al artista, que sin intuirlo, permitió que un ser pueda volar y sertirse libre con su imaginación, sólo su nombre conozco...lo llaman Morfeo.
¡Gracias por pasar!