Bueno viendo que algunos miembros se animaron a publicar sus intenciones (muy interesantes por cierto) aquí voy con la mía:
Debe ser el día más feliz de mi vida. No digo que disfrute cada segundo mientras escribo estas palabras, pero, en fin, que la maldita indecisión me haya otorgado un descanso es un motivo para sonreír.
No intento menospreciar tus ganas de evitar mi depresión crónica. Menos aún mi anhelo es borrar la alegría tan nueva que le dimos a Julia; es tan simple e inexplicable como el universo, la causa y la consecuencia de nuestros días. Tampoco sé en qué lado juega tu existir, una de mis tareas inconclusas es poder descifrar si mi ignorancia contagió tu identidad o si fuiste tú la raíz de este árbol cuyas hojas se pronuncian ausentes.
Por eso, Ángela mía, me siento en el arduo compromiso de recurrir a mi cobardía habitual, de no enfrentarte como lo hacen ellos (ja, ¿serán felices ellos?), de sólo expresarte mi turbio catálogo de sentimientos a través de una hoja tan inexpresiva como yo.
De todos modos, resaltando esta anomalía casi enfermiza, hoy me siento realizado. Empiezo a creer que es por el poco tiempo que me queda transitando este escalón hacia ese infinito incomprensible al que todos tememos, pero que me atrae cada instante con más fiereza. Aunque por otro lado me pregunto una y otra vez qué me queda por perder, por qué no puedo cortar este aire espeso, tan lleno de polvo triste, abandonar nuestra invisibilidad tácitamente pactada, y a tus ojos descargarle mi insensibilidad acumulada, y allí entro en el horizonte inevitable de caer en tu culpa, del que escapo rápidamente, después de todo el que huye soy yo.
¿Será el temor de inculcarle a Julia mis turbulencias emocionales? Comprendo que aún la inocencia es su rasgo dominante. Sé que con los monosílabos más básicos no se expresa el amor de una hija a un padre, pero es evidente cuando la tengo en brazos su mirada tan perdida, se vuelve tan ausente que a veces pretendo fingir un absurdo juego de complicidad entre nosotros para engañar esa impotencia.
El proceso no es ingenuo, ahora. La costumbre de agradecer en este tipo de escritos a los que alguna vez sintieron un principio de aprecio hacia mí, pretendo saltearla. Dudo sin optimismo de su aplicación a este caso. De no ser así, de yo tener una visión errónea, siéntase aludido en esta oración sujeto alguno al que esto lo gratifique.
Ángela mía (sigo soñando que alguna vez te sentiste así), esto no es más que una declaración de amor. Pero del amor verdadero, de la cruda y absoluta sinceridad. Seamos realistas, pues ciego o iluso quien cree en estos tiempos que existen las historias mágicas, donde no hay mas que bruma rosa en los alrededores de las personas, donde no existe otro rostro conocido más que el de una sonrisa de par en par, que llenas de abrazos hipócritas no hacen más que esconder las manchas ineludibles de cada ser.
Ese es el amor que aquí te estoy declarando, y que ayer noté que no sentías por mí.
No quiero que adoptes el rol de la culpable de una tragedia, tómalo como quien fuiste: la artífice de mi primera expresión de amor auténtico. Tampoco me llevo rencores para con él. No lo culpo de su ignorancia, somos dos víctimas de tus encantos.
¡Ay, Ángela! Me es inaceptable tal traición. Mentiría si afirmara que la sospecha temerosa nunca se me presentó. Sería capaz de encerrarme en mi falsedad mejor actuada, me conoces, jamás cuestionaría ante tal adversidad. Siendo sincero, ya que ese es el motivo de mi carta, no creo que la infidelidad haya sido la razón por la cual me decidí. Mi interior me dice que hace años ando buscando un argumento, una explicación, algo concreto que me impulse a superar mi perversa obsecuencia.
No estés triste, Ángela. Siempre sentí tu irreverencia, y hoy mi mayor deseo es que por primera vez me ames y no alteres la veracidad de tu alma. Cuando crezca dile a Julia que nunca supe si la amé. De hecho ella tampoco hizo nada para demostrármelo, pero cuéntale que alguna vez tuvo un padre, por más degradante calificativo que me adjudiques, no le mientas si es cierto que tanto la aprecias.
Iré a comprobar si esa soga es un pasaje a cierto lugar extraordinario, o si, mejor aún, es el final de todo sentimiento humano. Espero no arrepentirme en estos tres pasos que me separan de la banqueta, espero no tener que volver a mirarte a esos ojos superadores después de terminar estas líneas, espero que no exista cielo que nos vuelva a cruzar, tengo miedo de mentirte de vuelta.
Sinceramente tuyo,
Miguel.
Ángela halló esta carta un 14 de Mayo, tres días después de la muerte de su esposo, escondida debajo de la cama que compartían.
Meses después, tras un luto, según dicen, desinteresado y de dudosa credulidad, se casó con su amante de toda la vida.
Juntos criaron a Julia, entre brumas color rosa, y sonrisas por doquier.
Tengan en cuenta que tengo 17 años
Agradezco opiniones tanto negativas como positivas seran bienvenidas.
Saludos taringueros!
Carta de Amor para Angela
Debe ser el día más feliz de mi vida. No digo que disfrute cada segundo mientras escribo estas palabras, pero, en fin, que la maldita indecisión me haya otorgado un descanso es un motivo para sonreír.
No intento menospreciar tus ganas de evitar mi depresión crónica. Menos aún mi anhelo es borrar la alegría tan nueva que le dimos a Julia; es tan simple e inexplicable como el universo, la causa y la consecuencia de nuestros días. Tampoco sé en qué lado juega tu existir, una de mis tareas inconclusas es poder descifrar si mi ignorancia contagió tu identidad o si fuiste tú la raíz de este árbol cuyas hojas se pronuncian ausentes.
Por eso, Ángela mía, me siento en el arduo compromiso de recurrir a mi cobardía habitual, de no enfrentarte como lo hacen ellos (ja, ¿serán felices ellos?), de sólo expresarte mi turbio catálogo de sentimientos a través de una hoja tan inexpresiva como yo.
De todos modos, resaltando esta anomalía casi enfermiza, hoy me siento realizado. Empiezo a creer que es por el poco tiempo que me queda transitando este escalón hacia ese infinito incomprensible al que todos tememos, pero que me atrae cada instante con más fiereza. Aunque por otro lado me pregunto una y otra vez qué me queda por perder, por qué no puedo cortar este aire espeso, tan lleno de polvo triste, abandonar nuestra invisibilidad tácitamente pactada, y a tus ojos descargarle mi insensibilidad acumulada, y allí entro en el horizonte inevitable de caer en tu culpa, del que escapo rápidamente, después de todo el que huye soy yo.
¿Será el temor de inculcarle a Julia mis turbulencias emocionales? Comprendo que aún la inocencia es su rasgo dominante. Sé que con los monosílabos más básicos no se expresa el amor de una hija a un padre, pero es evidente cuando la tengo en brazos su mirada tan perdida, se vuelve tan ausente que a veces pretendo fingir un absurdo juego de complicidad entre nosotros para engañar esa impotencia.
El proceso no es ingenuo, ahora. La costumbre de agradecer en este tipo de escritos a los que alguna vez sintieron un principio de aprecio hacia mí, pretendo saltearla. Dudo sin optimismo de su aplicación a este caso. De no ser así, de yo tener una visión errónea, siéntase aludido en esta oración sujeto alguno al que esto lo gratifique.
Ángela mía (sigo soñando que alguna vez te sentiste así), esto no es más que una declaración de amor. Pero del amor verdadero, de la cruda y absoluta sinceridad. Seamos realistas, pues ciego o iluso quien cree en estos tiempos que existen las historias mágicas, donde no hay mas que bruma rosa en los alrededores de las personas, donde no existe otro rostro conocido más que el de una sonrisa de par en par, que llenas de abrazos hipócritas no hacen más que esconder las manchas ineludibles de cada ser.
Ese es el amor que aquí te estoy declarando, y que ayer noté que no sentías por mí.
No quiero que adoptes el rol de la culpable de una tragedia, tómalo como quien fuiste: la artífice de mi primera expresión de amor auténtico. Tampoco me llevo rencores para con él. No lo culpo de su ignorancia, somos dos víctimas de tus encantos.
¡Ay, Ángela! Me es inaceptable tal traición. Mentiría si afirmara que la sospecha temerosa nunca se me presentó. Sería capaz de encerrarme en mi falsedad mejor actuada, me conoces, jamás cuestionaría ante tal adversidad. Siendo sincero, ya que ese es el motivo de mi carta, no creo que la infidelidad haya sido la razón por la cual me decidí. Mi interior me dice que hace años ando buscando un argumento, una explicación, algo concreto que me impulse a superar mi perversa obsecuencia.
No estés triste, Ángela. Siempre sentí tu irreverencia, y hoy mi mayor deseo es que por primera vez me ames y no alteres la veracidad de tu alma. Cuando crezca dile a Julia que nunca supe si la amé. De hecho ella tampoco hizo nada para demostrármelo, pero cuéntale que alguna vez tuvo un padre, por más degradante calificativo que me adjudiques, no le mientas si es cierto que tanto la aprecias.
Iré a comprobar si esa soga es un pasaje a cierto lugar extraordinario, o si, mejor aún, es el final de todo sentimiento humano. Espero no arrepentirme en estos tres pasos que me separan de la banqueta, espero no tener que volver a mirarte a esos ojos superadores después de terminar estas líneas, espero que no exista cielo que nos vuelva a cruzar, tengo miedo de mentirte de vuelta.
Sinceramente tuyo,
Miguel.
Ángela halló esta carta un 14 de Mayo, tres días después de la muerte de su esposo, escondida debajo de la cama que compartían.
Meses después, tras un luto, según dicen, desinteresado y de dudosa credulidad, se casó con su amante de toda la vida.
Juntos criaron a Julia, entre brumas color rosa, y sonrisas por doquier.
Fin.
Tengan en cuenta que tengo 17 años
Agradezco opiniones tanto negativas como positivas seran bienvenidas.
Saludos taringueros!

