Me acuesto abajo de un Árbol,
De la nada empiezo a arpegiar,
Y unas estrofas a entonar.
Sin fijarme en la posición de mis dedos,
Ni en la afinación de mi voz,
Me doy cuenta de que con mi guitarra soy un dios.
Las notas cambian,
Mi voz tiene altibajos,
Mis dedos se deslizan por los trastes,
Por los de arriba y los de abajo.
Disfruto este momento,
Yo, mi guitarra, mis manos,
Y el sol que tiñe mis ojos.
La frescura de este momento,
No es comparable con ningún otro sentimiento.
A cada segundo, más emociones encuentro,
Estoy vestido en harapos,
Y siento más que un hombre con traje,
Estoy solo, bajo un árbol,
Y tengo mas sensaciones que al hacer un viaje.
Es increible el poder de la simple belleza,
Creo que cuando menos tengo siento que tengo mucho……