Cuando Bilbo abrió los ojos, se preguntó si en verdad los habría abierto; pues todo estaba tan oscuro como si los tuviese cerrados. No había nadie cerca, de él. No podía ver nada, ni oír nada, ni sentir nada, excepto la piedra del suelo.
Se incorporó muy lentamente y anduvo a tientas hasta tropezar con la pared del túnel; pero ni hacia arriba ni hacia abajo pudo encontrar nada, nada en absoluto. La cabeza le daba vueltas, trató de orientarse de algún modo, y se arrastró largo trecho hasta que de pronto tocó con la mano algo que parecía un anillo pequeño, frío y metálico, en el suelo del túnel. Casi sin darse cuenta se metió la sortija en el bolsillo. No avanzó mucho más; se sentó en el suelo helado, abandonándose a un completo abatimiento. Se imaginaba friendo huevos y panceta en la cocina de su propia casa pues alcanzaba a sentir, dentro de él, que era la hora de alguna comida, pero esto solo lo hacía más miserable.
Al cabo de un rato palpo su saco en busca de cerrillas para iluminar la penumbrosa cueva, desafortunada la suerte del hobbit al descubrir que no tenia ninguna. Siguió palpando, desesperado, odiaba la oscuridad mas que perderse un almuerzo. Rebuscando en los bolsillos y de arriba a abajo, se topó con la empuñadura de la pequeña espada, la daga que había obtenido de los trolls y que casi había olvidado.
Recordó que la espada brillaba ante la presencia de trasgos cercanos, desenvainándola con rapidez noto como la hoja brillaba pobremente, lo suficiente para poder saber donde estaba marcando sus pasos. La buena noticia era que los trasgos no estaban a su acecho, por lo menos así indicaba la espada, lo malo era que no sabia donde su huida lo había llevado y como salir airoso de aquella situación.
Con temor en su corazón, y una respiración agitada comenzó a bajar por la galería rocosa, el camino parecía no tener fin. Había pasadizos que partían de los lados aquí y allá, como podía saber por el brillo de la espada, o podía sentir con la mano en la pared. Con un paso rápido, se encontró caminando sobre agua fría. Esto lo reanimó, rápida y bruscamente. No sabía si el agua era sólo un estanque en medio del camino, la orilla de un arroyo que cruzaba el túnel bajo tierra, o el borde del lago subterráneo, oscuro y profundo. La espada apenas brillaba... menos que antes.
Allí bajo el agua lóbrega vivía aquella criatura, viscosa y maliciosa, esa que en un pasado era otro, su nombre no recuerda, tanto tiempo ha pasado, ahora se hace llamar Gollum. Tan oscuro como la oscuridad misma, de rostro pálido y ojos negros, brillantes y penetrantes. Ante la simple mirada generaba repulsión, miedo, pero por otro lado una sensación de pena y lastima símbolo de lo que puede causar una obsesión. Tenía un pequeño bote y remaba sumido en un silencio demente por el lago. Remaba con los grandes pies colgando sobre la borda, pero nunca agitaba el agua. No él. Los ojos pálidos e inexpresivos buscaban peces ciegos alrededor, y los atrapaba con los dedos largos, rápidos como el pensamiento.
Gollum descansaba y amaba... en aquella isla barrosa, que se había formado tiempo atrás en el centro del lago.
En la orilla de aquel lago descansaba de su arduo andar el hobbit. Sentado a orillas del agua, se sentía desconcertado, como si hubiese perdido el camino y el juicio. De pronto asomó Gollum, que cuchicheó y siseó:
-¡Bendícenos y salpícanos, precioso mío! Me huelo un banquete selecto; por lo menos nos daría para un sabroso bocado... ¡Gollum!- Sus palabras salian desde su garganta, generaban un ruido horrible, como si engullera.
El hobbit dio un brinco cuando oyó el siseó, y de repente vio los ojos pálidos clavados en él. Levanto su espada rápidamente y con vos temblorosa le pregunto quien era.
-Sss quizás... quizás precioso mio sssea tan amable el señor...- Levanto la vista como esperando una respuesta.
-Bi Bil..bo Bolson!, he perdido a mis compañeros, me he extraviado en estar caverna- Ya no podía disimular mas el temblor de sus rodillas.
- Muchosss se han perdido... Quizá se siente aquí y charle conmigo un rato, preciosso mío. ¿Le gustan los acertijos? Quizá sí, ¿no?- Gollum se mostraba amable con el hobbit, notaba su sudor cayendo por su cara, y su temblor pavoroso ante su presencia.
- Claro, es uno de mis pasatiempos favoritos...- Decidió prestarse al juego de la criatura, necesitaba saber mas sobre ella, y sin su ayuda era poco probable que lograra escapar de allí, no era necesario atacar.
Tú preguntas primero dijo, pues no había tenido tiempo de pensar en un acertijo. Así que Gollum siseó:
Bilbo dudaba, nunca fue bueno con los acertijos, era el tipo de hobbit que disfrutaba leyendo y fumando su pipa junto al acogedor fuego de su hogar... que nostalgia.
La criatura impaciente, sentía el hambre en sus entrañas; no le gustaba esperar.
-Tendría que competir con nosotros, preciosso mío! Si preciosso pregunta y él no responde, nos lo comemos, preciosso mío. Si él pregunta y no contestamos, haremos lo que él quiera, ¿eh? ¡Le enseñamos el camino de la salida, sí!- La respiración de Gollum era rápida, y sus ojos no dejaban de seguir a los del hobbit.
De acuerdo dijo Bilbo, no atreviéndose a discrepar y con el cerebro casi estallándole mientras pensaba en la respues salvadora...
-El tiempo sse agota preciosso... hoy comeremoss bien- Gollum se frotaba las manos malévolamente, mientras a paso lento y sombrío avanzaba hacia el hobbit, babeando, mirándolo a los ojos...
Entre fallidos intentos de defensa, y gritos de dolor Bilbo sacudía sus extremidades desesperado ante el ataque de la criatura. De un movimiento rápido pudo cortar la mejilla de Gollum que bramaba enfurecido, así pudo soltarse de su atacante. Sobre la orilla resbalosa cayo al rio, con brazadas rápidas pudo incorporarse nuevamente y correr lejos del peligro, pero dejando olvidado su saco, que se hundía lentamente con el anillo en su interior...
Se incorporó muy lentamente y anduvo a tientas hasta tropezar con la pared del túnel; pero ni hacia arriba ni hacia abajo pudo encontrar nada, nada en absoluto. La cabeza le daba vueltas, trató de orientarse de algún modo, y se arrastró largo trecho hasta que de pronto tocó con la mano algo que parecía un anillo pequeño, frío y metálico, en el suelo del túnel. Casi sin darse cuenta se metió la sortija en el bolsillo. No avanzó mucho más; se sentó en el suelo helado, abandonándose a un completo abatimiento. Se imaginaba friendo huevos y panceta en la cocina de su propia casa pues alcanzaba a sentir, dentro de él, que era la hora de alguna comida, pero esto solo lo hacía más miserable.
Al cabo de un rato palpo su saco en busca de cerrillas para iluminar la penumbrosa cueva, desafortunada la suerte del hobbit al descubrir que no tenia ninguna. Siguió palpando, desesperado, odiaba la oscuridad mas que perderse un almuerzo. Rebuscando en los bolsillos y de arriba a abajo, se topó con la empuñadura de la pequeña espada, la daga que había obtenido de los trolls y que casi había olvidado.
Recordó que la espada brillaba ante la presencia de trasgos cercanos, desenvainándola con rapidez noto como la hoja brillaba pobremente, lo suficiente para poder saber donde estaba marcando sus pasos. La buena noticia era que los trasgos no estaban a su acecho, por lo menos así indicaba la espada, lo malo era que no sabia donde su huida lo había llevado y como salir airoso de aquella situación.
Con temor en su corazón, y una respiración agitada comenzó a bajar por la galería rocosa, el camino parecía no tener fin. Había pasadizos que partían de los lados aquí y allá, como podía saber por el brillo de la espada, o podía sentir con la mano en la pared. Con un paso rápido, se encontró caminando sobre agua fría. Esto lo reanimó, rápida y bruscamente. No sabía si el agua era sólo un estanque en medio del camino, la orilla de un arroyo que cruzaba el túnel bajo tierra, o el borde del lago subterráneo, oscuro y profundo. La espada apenas brillaba... menos que antes.
Allí bajo el agua lóbrega vivía aquella criatura, viscosa y maliciosa, esa que en un pasado era otro, su nombre no recuerda, tanto tiempo ha pasado, ahora se hace llamar Gollum. Tan oscuro como la oscuridad misma, de rostro pálido y ojos negros, brillantes y penetrantes. Ante la simple mirada generaba repulsión, miedo, pero por otro lado una sensación de pena y lastima símbolo de lo que puede causar una obsesión. Tenía un pequeño bote y remaba sumido en un silencio demente por el lago. Remaba con los grandes pies colgando sobre la borda, pero nunca agitaba el agua. No él. Los ojos pálidos e inexpresivos buscaban peces ciegos alrededor, y los atrapaba con los dedos largos, rápidos como el pensamiento.
Gollum descansaba y amaba... en aquella isla barrosa, que se había formado tiempo atrás en el centro del lago.
En la orilla de aquel lago descansaba de su arduo andar el hobbit. Sentado a orillas del agua, se sentía desconcertado, como si hubiese perdido el camino y el juicio. De pronto asomó Gollum, que cuchicheó y siseó:
-¡Bendícenos y salpícanos, precioso mío! Me huelo un banquete selecto; por lo menos nos daría para un sabroso bocado... ¡Gollum!- Sus palabras salian desde su garganta, generaban un ruido horrible, como si engullera.
El hobbit dio un brinco cuando oyó el siseó, y de repente vio los ojos pálidos clavados en él. Levanto su espada rápidamente y con vos temblorosa le pregunto quien era.
-Sss quizás... quizás precioso mio sssea tan amable el señor...- Levanto la vista como esperando una respuesta.
-Bi Bil..bo Bolson!, he perdido a mis compañeros, me he extraviado en estar caverna- Ya no podía disimular mas el temblor de sus rodillas.
- Muchosss se han perdido... Quizá se siente aquí y charle conmigo un rato, preciosso mío. ¿Le gustan los acertijos? Quizá sí, ¿no?- Gollum se mostraba amable con el hobbit, notaba su sudor cayendo por su cara, y su temblor pavoroso ante su presencia.
- Claro, es uno de mis pasatiempos favoritos...- Decidió prestarse al juego de la criatura, necesitaba saber mas sobre ella, y sin su ayuda era poco probable que lograra escapar de allí, no era necesario atacar.
Tú preguntas primero dijo, pues no había tenido tiempo de pensar en un acertijo. Así que Gollum siseó:
Las raíces no se ven,
y es más alta que un árbol,
Arriba y arriba sube,
y sin embargo no crece.
y es más alta que un árbol,
Arriba y arriba sube,
y sin embargo no crece.
Bilbo dudaba, nunca fue bueno con los acertijos, era el tipo de hobbit que disfrutaba leyendo y fumando su pipa junto al acogedor fuego de su hogar... que nostalgia.
La criatura impaciente, sentía el hambre en sus entrañas; no le gustaba esperar.
-Tendría que competir con nosotros, preciosso mío! Si preciosso pregunta y él no responde, nos lo comemos, preciosso mío. Si él pregunta y no contestamos, haremos lo que él quiera, ¿eh? ¡Le enseñamos el camino de la salida, sí!- La respiración de Gollum era rápida, y sus ojos no dejaban de seguir a los del hobbit.
De acuerdo dijo Bilbo, no atreviéndose a discrepar y con el cerebro casi estallándole mientras pensaba en la respues salvadora...
-El tiempo sse agota preciosso... hoy comeremoss bien- Gollum se frotaba las manos malévolamente, mientras a paso lento y sombrío avanzaba hacia el hobbit, babeando, mirándolo a los ojos...
Entre fallidos intentos de defensa, y gritos de dolor Bilbo sacudía sus extremidades desesperado ante el ataque de la criatura. De un movimiento rápido pudo cortar la mejilla de Gollum que bramaba enfurecido, así pudo soltarse de su atacante. Sobre la orilla resbalosa cayo al rio, con brazadas rápidas pudo incorporarse nuevamente y correr lejos del peligro, pero dejando olvidado su saco, que se hundía lentamente con el anillo en su interior...