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Top 5 Creepypasta Terrorificas :D

Paranormal10/20/2013
Hola amigos de taringa .. hoy les traigo un posts sobre las 5 creepy pasta mas terrorificas , Espero que les guste C:
El celular

Vengo a darles un comunicado urgente… claro, este comunicado y experimento es para los mas valientes y si hay alguien que es un vil y total cobarde abstengase de realizar este experimento. Primero que nada, este experimento lo puedes hacer solo si te encuentras un celular perdido, no sirve en tu celular ni en el de ningun amigo. No importa cual celular hallas encontrado, todos te serviran igual. Antes de hacer cualquier cosa, busca a tu mejor amigo, con el que compartes todo, esto es imposible hacerlo solo, necesitas la ayuda de tu amigo. Es hora de empezar el experimento. No cometan ningun error, si quieren conservar su vida no cometan ningun error. En el celular que encontraron deberan marcar el siguiente numero: 55-52-52-06-13, sonara 3 veces con el tipico tono de ocupado, al 4to intento el tono de ocupado sera mas lento pero si te esperas un rato mas oiras un sonido. Si es el sonido del animal favorito de tu amigo pasale el telefono a el, si es el gruñido del animal que le da mas miedo a tu amigo tendras que quedartelo tu. Se cortara la linea y al instante se apagara el celular, tu al instante pensaras que se estropeo. Ni se te ocurra tirarlo, con eso darias vida a los peores miedos de toda la gente. Guardalo y camina hacia una parte que tenga mucho ruido, cuando estes ahi te daras cuenta que todas las personas ahi estan caminando sin zapatos, sandalias u algo de ese tipo. Camina hasta el bote de basura mas cercano, en este punto todos los celulares sonaran al mismo tiempo, hasta el que acabas de encontrar sonara. Hay un telefono que no suena y nunca sonara, es el de una señora gorda, fea con un vestido verde con flores, asemejando a una tia que hace mucho no veias. Debes de acercarte sigilosamente, junto con tu amigo. La señora los mirara de reojo, como queriendo reconocerlos, sientense al lado de ella y mirenla repetidamente 3 veces. La señora a la 3ra vez les sonreira, se acercara y los abrazara, a uno de ustedes le tapara la boca y a otro los ojos. Al abrirlos los dos se encontraran en un cuarto pequeño, los cuartos estaran separados y no podras ver a tu amigo, los dos han sido encadenados de manos a la pared. En un cuarto sucedera todo temor que el humano tiene, mientras que en la otra aparecera una hermosa mujer. Esta joven tiene como proposito una sola cosa, saber que tanto sabes de tu amigo. Te hara 10 preguntas, si una de las 10 la contestas mal tu amigo morira con su mayor temor y tu saldras de ahi, pero el espiritu de tu amigo nunca te dejara en paz. Si contestas las 10 preguntas bien, la joven te respondera con un beso maravilloso, un beso que nunca jamas volveras a tener. Despues de esto volveras a estar en la banca del parque como si nada hubiera pasado. Deben de guardar el celular bajo llave muy seguro. Claro todo tiene una recompensa. Cada que estes con tu amigo que te acompaño en esta travesia tu suerte se triplicara, pero si ese celular que has guardado bajo llave en un futuro vuelve a sonar significa que tu amigo murio y que el te esta buscando para que lo acompañes….


La curiosidad mata

Esto se remonta al 20 de Octubre del 2007,
habíamos quedado unos
amigos para bajar a una
grieta de 5 metros,por una
manguera, cuando
habíamos llegado a abajo de la grieta,continuamos
por un camino estrecho y
complicado,donde solo
había basura o desechos
químicos, había en los
lados de las paredes de tierra, letras escritas en un
idioma que no
entendíamos,al final
llegamos a un árbol
bastante grande,donde
había más letras de ese estilo,pero distinto
significado,rodeamos el
árbol y había más y más
letras extrañas,me di
cuenta y había un muro
donde,tenía un pequeño agujero,donde nos
metimos. Dije yo: Entramos,pero solo, miramos de reojo y
nos vamos,vale? Xcharly,Xava y Manu contestaron: Vale,pero
volvemos mañana
también. Miramos un poco y fue cuando vimos que se hacía
de noche y salimos de
aquel lugar corriendo,para
después irnos a nuestra
casa, cuando llegamos a
nuestras casas estuvimos investigando sobre esas
extrañas letras, durante
horas de búsqueda,desde
las 7 y media de la tarde
hasta las 2 de la
madrugada,encontramos la respuesta,las letras que
estaban escritas en las
paredes significaban:
“¡Fuera de mi territorio!”
“¡Largaos!” Y las palabras
que estaban escritas en el árbol eran nombre de
gente que había muerto
allí.Estábamos bastante
asustados,así que
decidimos dejar la
búsqueda y irnos a dormir,mañana sería una
gran aventura. Al día siguiente a las 3 de la tarde,fuimos a aquel
lugar y entramos en por el
agujero,nos dimos cuenta
que aquel lugar era un
edificio a medio construir
que se había quedado sin fondos para seguir
construyendo,subimos
dos pisos y había ropa y
muebles
destrozados,subimos otra
planta y en una habitación estaba como si fuera un
lugar donde hicieran
torturas,ya empezaban a
darnos miedo,subimos
hasta el último piso, es
decir el cuarto piso, cuando subimos,todo
tenia una pinta de también
de torturas,pero había
algo que le diferenciaba al
tercer piso es que habían
cuerpos de víctimas sin cabezas,también sin
brazos,sin piernas,que les
debería faltar algún
miembro del cuerpo. Escuchamos unos pasos y
cuchillos afilándose,así
que decidimos
escondernos detrás de
unos barriles de
gasolina,sacamos nuestras pistolas,porque
no pensábamos ir sin
armas,cuando nos
asomamos habían dos
tipos enmascarados con
mazas,se dirigieron hacía nosotros para
matarnos,disparamos apuntá
pecho y vimos como las
balas les
traspasaban,quedamos
alucinando,así que nos tiramos hacía la muerte
segura,pero nos
enganchamos a las
ventanas del edificio
y habíamos bajado dos
plantas,bajamos la última y salimos por aquel
agujero,pero cuando
quisimos darnos
cuenta,ellos estaban
abajo, conseguimos esquivarl
nos dieron algunos golpes,por suerte nos
salvamos, pero teníamos
algunos huesos rotos. Así que decidimos irnos al hospital,para
recuperarnos,tras un mes
de recuperación,volvimos
a nuestras casas y cuando
estábamos llegando
estaba destrozada nuestra habitación, menos el
ordenador,encontramos
una nota,en el mismo
idioma extraño, que decía:
“¡Os lo advertimos! No
volváis,si queréis lamentarlo”.Desde ese día
decidimos no volver a ese
lugar nunca más,a no ser
que fuese con mas gente. Cada vez que pasamos cerca del
barranco,escuchamos
gritos espeluznantes,como
si nos advirtieran de que
no bajáramos,tuvimos la
suerte de sobrevivir a ese espantoso lugar y esos
dos individuos. Si esta historia,piensas que es mentira,allá tú,solo
cuento lo sucedido.

Trauma

Sara por fin cumplía los quince años de edad, y su madre, Julia, quería darle el mejor regalo del mundo.

Cuando Sara nació, Julia se había separado de su esposo y se mudó de país con su hija, dejando a su hijo, Jerson, viviendo con su padre, pues Julia no tenía cómo mantener a ambos.

Los primeros meses fueron los peores de toda su vida. Cada día las cosas empeoraban, en vez de mejorar. Julia comenzó a fumar sin parar debido al estrés. Dos años después le diagnosticaron cáncer de pulmón. Julia ya había perdido las ganas de vivir, pero lo que le seguía dando fuerzas era su hija; de niña era tan hermosa, sus ojos le inspiraban paz a su madre.

Luego de vivir por tanto tiempo en la miseria, todo mejoró. Julia consiguió por fin un empleo y Sara tuvo la oportunidad de estudiar.

Para cuando Sara cumplió quince, era considerada una de las niñas más bellas del instituto, y había logrado ganar varios concursos de modelaje. Lo único que ella había soñado toda su vida era conocer a su padre. Desde pequeña siempre le preguntaba a su madre por qué papá no estaba con ellos, y a Julia cada vez se le dificultaba más darle una respuesta. Su madre logró quedar con su exmarido por correo gracias a varios contactos de Venezuela, y el día del cumpleaños de Sara, le dio la noticia. Sara comenzó a llorar mientras abrazaba a su madre; estaba viviendo el mejor día de su vida.

Planearon irse un sábado, y al llegar a Venezuela, pasaron la noche en un hotel. Al siguiente día Sara se maquilló y peinó como nunca. Julia la acompañó hasta la estación para luego pasar a buscarla por la tarde; Sara le suplicaba a su madre que fuera con ella, pero Julia no quería volver a saber nada de ese hombre. Cuando llegaron a la estación, Julia se despidió de su hija y se fue. Sara no contuvo las lágrimas mientras caminaba y veía las direcciones.

Los chicos de aquel barrio al que se dirigía Sara se encontraban jugando futbol. «Barril» era el apodo del líder del grupo de delincuentes más peligrosos de aquel barrio, lo apodaron así debido a su contextura rechoncha. Su grupo estaba integrado por siete jóvenes, cuatro de ellos mayores de dieciocho años, incluyendo a Barril. Fuera de sus casas todo el día, lo único que sabían hacer era robar, asesinar y traficar droga. Cuando Barril estaba llegando a la arquería corriendo con el balón, algo lo detuvo. Cuando los demás se preguntaron por qué de pronto dejó de jugar, no tardaron en divisar a aquella joven sensual pasando frente a la cancha. Sara se percató de la presencia de aquellos chicos, y al darse cuenta de cómo la miraban apresuró el paso, un poco nerviosa. Barril se quedó parado allí un buen rato imaginándose a esa chica sin ropa, dispuesta a hacer todo por él. Los amigos se acercaron y conversaron un rato. Ninguno de ellos había visto tal belleza en mucho tiempo. Barril no dejaba de pensar en sus ojos claros de tono grisáceo, y sus amigos le sugirieron seguir a aquella rubia para ver si iba sola, y para dónde iba.

Cuando faltaba poco para que Sara llegase a su destino, a tan sólo unas cuadras de la casa de su padre, Barril apareció de pronto y corrió hasta ponerse en frente de ella. Sara comenzó a asustarse, ya que se encontraban en un camino de tierra y no había nadie más por los alrededores. Barril le preguntaba cosas, como qué hora era, hacia dónde iba ella a esa hora y por qué estaba sola. Sara apenas podía creer lo que estaba pasando, e intentó evadir al sujeto, pero apenas pasó de él se topó con los demás delincuentes, quienes traían navajas y le tapaban el camino. Cuando quiso regresarse Barril logró alzarla por detrás y la llevó a un monte cercano. Sara no paraba de gritar y pedir auxilio. Todos se prepararon para comenzar con lo suyo.

Luego de treinta minutos, todo en el barrio estaba muy silencioso y en aquel monte sólo se oían gemidos y golpes. Barril llevaba más de diez minutos con ella y los otros seis del grupo ya habían terminado. A la pobre Sara ya no le quedaban más lágrimas ni fueras para dar; tenía las costillas y la nariz rota, y por cada vez que gritaba con fuerza Barril le hacía un corte en una pierna. Tenía deseos de quedar desmayada para dejar de sentir tanto dolor y acabar de una vez con todo, pero cada segundo parecía un minuto y cada minuto una hora. Barril sólo le decía que disfrutara mientras le babeaba el pecho.

Los demás se limitaban a observar. Cuando por fin terminó, Sara comenzó a sangrar bastante por sus partes íntimas y no tardó en darse cuenta de que las tenía destrozadas. La dejaron retorcerse de dolor en el piso mientras ellos conversaban. Un poco después Barril se agachó con cuchillo en mano y le desgarró la garganta.

Sara, al sentir el terrible y agudo dolor, y al darse cuenta de que ya todo había terminado, reunió fuerzas de donde no tenía, y gritó sus últimas palabras: «¡¡PAPÁ!!».

Cuando murió los delincuentes se vistieron y se alejaron rápidamente de la zona, dejando atrás el cadáver en un pozo de sangre y fluidos.

Al llegar a casa, Barril se recostó a descansar en el mueble sin ninguna preocupación. Cuando su padre regresó por la noche del trabajo, vino llorando. Barril lo miró y le preguntó, «¿Qué te pasa viejo, te despidieron?».

El padre lo vio a los ojos y le explicó todo: «Barril, me enteré de algo horrible en las noticias. Hoy encontraron un cadáver cerca del barrio, era una joven de unos quince años… que violaron y apuñalaron repetidas veces. Tenía golpes y mordeduras por todo el cuerpo, fue espantoso. Barril, esa chica… esa niña, era mi hija… Luego de buscarla por tanto tiempo, ¡tanto tiempo! Por fin di con su madre y quedamos en vernos hoy. Debí decírtelo, pero quería que fuera una sorpresa, los tres reunidos aquí. Barril, ella era tu hermana. ¡Dios mío, lo siento tanto!».

El padre de Barril se acercó y lo abrazó mientras lloraba.

Barril lo apartó y gritó, retrocediendo, «¡Maldita sea, viejo!».

Azotó la puerta de su cuarto y se sentó en la cama, luego exclamó con más fuerza: «¡¡MALDITA SEA!!».

Su padre continuaba llorando afuera, y repetía, «Jerson… Jerson, lo siento».

Jerson recordó su último deseo de cumpleaños: volver a ver a su hermana.

En el bus

Las calles, caminos y polvosos carriles de Colombia han sido territorio fértil para mitos y leyendas incluso antes de la llegada de los españoles. Se habla de cuentos como “La Patasola”, un alma en pena de una pierna que por siempre está en la búsqueda de su hijo, y como “El Duende”, un trasgo con las piernas invertidas que conducía viajeros a su perdición, por siglos perturbando su tranquilidad. Aunque estas historias principalmente inquietaban a aquellos que circulaban o residían en áreas rurales, el crecimiento de las ciudades trajo consigo un florecimiento de leyendas urbanas cimentadas en la desconfianza que todavía albergamos en algún lugar dentro de la tecnología moderna. Un ejemplo de esto es el bus fantasma que presuntuosamente merodea las calles de la ciudad por las noches. Según se relata, mujeres jóvenes que lo abordan desacompañadas son encontradas mutiladas en campos de la periferia unos días después; una irreparable mirada de profundo terror ilustrando el momento de su último, atormentado aliento.

….Con eso dicho, dado a que ciertamente no eres una jovenzuela —al menos no la última vez que revisaste— y son las cuatro treinta en un martes por la tarde, buses fantasmas y duendes minusválidos son la última cosa en tu mente. Has estado usando el sistema de transporte público de Bogotá por más de dos décadas, y tu mayor preocupación es que los niveles de tráfico han estado todo excepto manejables desde que el último alcalde tomó el cargo. Sin embargo, tu casa está a ochenta bloques de distancia, así que tu única opción es esperar hasta que el bus correcto llegue. Caminar seguramente llevaría más que lidiar con algún embotellamiento.

….Cuando el bus mostrando la señal de ruta que esperabas se asoma, su tarifa es doscientos pesos más baja que la cobrada estos días. Indicio que el vehículo en cuestión es más antiguo y un poco menos confortable que la mayoría, pero a ningún conductor de buses en la historia le ha importado un comino eso. Ciudadanos que se consideran más ricos y “por sobre” este medio de transporte pagan siete veces más por ser paseados en un taxi, estadísticamente exponiéndose a mayores probabilidades de ser asaltados. Más poder para ellos, ¿eh?

….Nunca uno que deja ir la oportunidad de conseguir más descuento, le preguntas al conductor si te llevaría sólo por mil. Los ojos del hombre ni se apartan del camino en lo que toma tu billete y lo desliza en el monedero colgando de la palanca de cambios. Satisfecho, diriges tu atención a la cabina; lo que haría este viaje ideal sería un asiento desocupado.

….Curiosamente no hay suficientes pasajeros como para que alguien tuviera que ir de pie. Unos cuantos asientos disponibles a la vista, así que escoges uno en la izquierda, por el centro del bus. Tanto el asiento del pasillo como el de la ventana están libres, y suspiras agradecido en lo que te recuestas sobre uno con tu pierna descansando en el otro. Este viaje no debería llevar mucho.

….La radio del conductor está apagada y la batería de tu celular murió hace una hora; sin nada más que hacer pasas el rato viendo por la ventana, observando vendedores ofrecer su mercancía y conductores moviendo su cabeza al ritmo de cual fuera la música que escuchan. La posición que tomaste rápidamente comienza a volverse incómoda para tu espalda, entonces te enderezas y te das un momento para examinar a tus compañeros de viaje. Ninguno de ellos parecen estar viajando juntos, dado que todos están en silencio mirando al frente del bus. Son también inusualmente viejos —no en el sentido que tienen más de cien, pero en que ninguno parece tener menos de sesenta y cinco—. Encuentras esto un poco extraño, y por un momento la idea de que no perteneces ahí se dispara en tu mente. Es un pensamiento tonto, pero combinado con el particularmente fuerte —aunque no necesariamente atípico— olor a moho y metal te hace esperar impaciente el final del viaje. Como restan todavía otros treinta o cuarenta bloques, vuelves a mirar por la ventana y dejas que tu mente fluya por un tiempo.

….El anuncio de la Pastelería de Pacho te saca de tu ensueño veinte minutos después. Te levantas y haces tu camino a la salida posterior, donde buscas por el pequeño botón plateado que le hará al conductor saber que has llegado a tu parada. Cuando lo encuentras bajo la puerta, notas que nadie ha abordado ni salido del transporte desde que te subiste. Dejándolo a un lado como otra extraña coincidencia, presionas el botón y te agarras de la

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Qué… ¿qué acaba de pasar? Miras alrededor y distingues que todos están sentados como hace un segundo. Tratar de hacer contacto visual con ellos es inútil, parecen estar perdidos divagando en lo que sea que sus viejas mentes divaguen. La necesidad de decir algo te llega, pero escoges permanecer silente. ¿Qué dirías, de todas formas? Estabas probablemente tan sumido en tus pensamientos que simplemente imaginaste haberte levantado a sonar la campana del conductor. Sí, más seguro fue eso. Además, estás dos bloques por sobre tu parada, debes bajar del bus. Te levantas —una vez más— y te diriges a la salida trasera, algo intranquilo por el estoico desinterés de los otros pasajeros por lo que ocurre a su rededor.

….Ahí está el botón, justo donde recuerdas que estaba. Excepto que no puedes recordarlo, por supuesto, pues nunca has estado realmente aquí atrás; quizá le viste de reojo cuando entraste al bus. Tras agarrar el pasamanos —estos conductores ocasionalmente paran al mero instante que suena la campana—, pones tu pulgar en el botón

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Un frío desgarrador recorre tu espalda, que no decae, y en su lugar se esparce a través de cada una de tus extremidades. No es un cambio de temperatura en tu cuerpo o el ambiente, es el escalofrío que sientes cuando de pronto eres consumido por ese miedo que ligeramente precede al terror. No sabes exactamente qué ocurre, pero te quieres ir, ya no quieres seguir ahí ni un momento más. Un sentimiento de amarga soledad ahora está royendo tu mente; lo que sea que estas persona a tu alrededor piensan, claramente no les interesa en lo absoluto lo que está pasando contigo.

….Por lo tanto, una vez más decides guardar silencio y sólo levantarte de tu asiento, obviando el hecho de que lo hiciste con menor agilidad de la que normalmente lo hubieras hecho. Lo único que pretendes en este momento es salir del bus. Además, ya ha avanzado más de diez bloques pasada tu calle, una desagradablemente larga distancia para caminar.

….En lo que reanudas tu trayecto hacia la parte trasera, una anciana mujer en las últimas filas voltea hacia ti. Su expresión no te dice nada, pero la manera en que te mira —en tu torso, para ser precisos—, como si fueras sólo otra parte del vehículo llevan más allá la casi abrumadora sensación de terror ahora corriendo a través de tus venas. La ignoras, no puedes entrar en pánico, no ahora. Te paras en la parte trasera del bus y en lugar de ir por el botón, le gritas al conductor. Le dices que pare, que te deje ir, que ya has sonado la campana dos veces, pero nada viene de él. Le maldices, le dices de qué morirá y deseas terribles males que caigan sobre su ser, pero la puerta continúa asegurada. El hombre no está escuchando. O no le importa. O no quiere que te bajes. Pero a ti no te interesa lo que él quiere o no, así que te agarras del pasamanos, das un paso atrás que te da impulso, y tiras una sólida patada directo a la columna de bisagras que

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Te toma un momento darte cuenta de la situación. Quizá más que un momento, un minuto completo. Y en lo que comprendes la poca intensión del bus de permitirte bajar de él, también te das cuenta que tu rodilla derecha duele con una innatural y punzante tensión. Es la misma pierna que usaste contra la puerta, y ahora se siente que está al borde de estar rota. Aunque esto rápidamente se vuelve una preocupación distante cuando estimulas el músculo con un masaje, porque ahí es cuando te das cuenta de tus manos.

….Éstas no son manos para alguien de 30 años. Son arrugadas, marcadas por bien definidas venas e incluso pigmentadas por paños de la edad. Mientras le das más de un vistazo a tus manos y brazos, incontenible horror envuelve cada rincón de tu psique. Tocas tu rostro y percibes una rugosidad que no debería tener lugar en tus mejillas. Tu cabeza está cubierta por unas cuantas hebras de cabello anémico; con la yema de tu dedo reposando sobre tu áspero cuero cabelludo, una chispa de electricidad brota a través de él y va hacia dentro, hasta las profundidades más íntimas de tu ser. Tus ojos se despojan de todo brillo, completamente abiertos e incrédulos. Debes abandonar este bus maligno, debes irte de una vez antes de que finalice lo que ha comenzado.

….Cuidadosamente haces tu camino fuera del asiento y te diriges al frente, hacia el conductor. Quizá puedas razonar con él, o quizá puedas azotarlo a muerte con una linterna o algo, como siempre hay una variedad de utensilios y aparatos en el frente de l

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Te toma unos buenos cinco o diez minutos asimilar lo que está pasando contigo, entender que tu vida está yéndose frente a tus ojos. Tus manos son ahora como esas de tu abuela, tu espalda molesta desde su base, y todo el recorrido hasta tu cuello; tus ojos apenas pueden concentrarse en las enormes señales estampadas sobre las ventanas. Tu mente denota carecer también de su previa agudeza, te lleva un tanto decidirte por efectuar otro atentado para salir del bus.

….Quizá la violencia no es la respuesta, quizá puedas abrir la puerta con gentileza. Quizá si consideras al bus como algo viviente, un gentil ser viviente en vez de un ente demoniaca, te dejará salir, quizá…

….La anciana te está viendo de nuevo. Adviertes su chaqueta azul, que es demasiado grande para ella; si vistiera con una blusa de la misma talla, colgaría libre fuera de su delgada contextura. Una fina, vacilante lágrima se forma en su rostro, y se desliza serpenteante por sus delicadas fracciones para acabar en su muñeca con un deje melancólico. Hay un reloj Totto verde alrededor de esa muñeca, de la clase que actualmente es la onda entre los niños de la secundaria.

….Examinas la puerta. Dos paneles unidos por una línea vertical de bisagras, recubierta desde la derecha por una almohadilla de caucho para evitar lesiones al maniobrarla. La puerta está ligeramente hundida hacia el interior, y notarlo se proyecta en ti con un último despojo de esperanza. Si sólo pudieras introducir

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….¡Qué carajos! ¡¿Qué carajos está pasando?! ¡Mis manos, son viejas, son las de un bendito anciano!, ¡todo mi cuerpo lo es!

….El señor detrás de ti se pone en pie, te vuelves a él y le gritas; le tomas de su rostro y aplicas presión con tu mano, y le gritas, que te diga cómo bajar; de su boca intenta salir un murmullo escoltado por hilos de sangre tejidos por su roída dentadura…

….Por Dios, sus dientes…; mis dientes, son diminutos, polvo casi, ¡¿qué carajos, cuánto tiempo he estado aquí?! A la mierda, voy a romper la ventana con mi codo y me vale que me lo fracture; no quiero morir aquí, no

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Tras un considerable periodo de tiempo, te enfocas insistente en tus manos. Son las repulsivas, artríticas, teñidas en sangre garras de una vieja bruja que ha visto más que la porción de horrores de su generación.

….¿Vieja bruja? Esa no es la expresión correcta. Tu rodilla todavía duele, pero no tanto como tu codo. Se siente roto… Ah, sí. El bus. Te debes bajar del bus. Sabes que te debes de bajar de él ya. No recuerdas exactamente por qué, pero es imprescindible que lo hagas. Es urgente. Era urgente. Estás tan cansado.

….Tratas de sacar tu cuerpo del asiento pero tu rodilla se tambalea bajo el peso; y caes. Debes bajarte del bus. Recuerdas estos buses, solían llevarte al trabajo. Te recuestas. Intentarás bajar del bus, en un momento. Necesitas descansar. El bus puede esperar.

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

Cautiverio

Estoy atrapado. Estoy atrapado y solo en esta fría, solitaria y oscura fosa.

Mi vida ha llegado a un fin metafórico, porque lo único que queda en mi futuro es la esclavitud. Como no tengo nada con qué escribir aquí, sólo puedo decir esto y esperar que en algún lado, tal vez en otro universo o en una realidad completamente diferente, mi voz sea oída y mi historia recordada.

Intenté luchar contra ellos lo mejor que pude, pero no hubo nada que pudiera hacer. Su poder era demasiado para mis pocas habilidades. Di todo de mí, pero fui derrotado y reducido a esta prisión. Las cadenas pesan en mi alma, y sólo puedo imaginar el dolor que en esta prisión me depara. Lo pasé bien intentando eludirlo, muchos de nosotros lo hicimos; pero parece ser que en años recientes el poder del enemigo ha crecido de una forma inconmensurable. Hemos perdido.

Nuestro destino no es otro que ser capturados por esos tiranos y ser forzados a pelear con nuestra especie por el resto de la eternidad. Es difícil para mí el imaginarlo. El pensamiento de que tarde o temprano estaré allá afuera atacando e hiriendo a mi propia especie en contra mi voluntad, y eso si es que para este punto aún puedo llamarlos «mi especie».

Es algo divertido cómo funciona el proceso. No me pidan detalles, estoy seguro de que ni siquiera ellos saben exactamente cómo sucede; pero cada vez que alguien de mi especie es capturado y aprisionado, no importa qué tan valerosamente haya enfrentado al enemigo, poco a poco comienza a ponerse del lado de esos monstruos durante su cautiverio.

Siempre pasa. No pueden imaginar el dolor que uno siente luego de ver a un amigo convertido en un esclavo de quienes hemos enfrentado por tanto tiempo; y tras estar aprisionados por un corto periodo de tiempo, sucumbimos a cada demanda del enemigo, e incluso nos volvemos sus compañeros. Es una especie de sistema de lavado cerebral infalible. Mierda, me pasará a mí también, no importa cuánto me rehúse a que suceda.

Lo único que puedo recordar, la última imagen grabada en mi cerebro es la visión de mi madre, y las lágrimas corriendo por su cara mientras veía mi derrota desde la caverna en la que vivíamos. Me dijo que no los provocara, pero tras ver a la bestia, no hubo nada que pudiese impedírmelo. Pues, después de todo, ¡esos eran los seres que se llevaron a mi hermano! No importaba con cuántos de los míos tuviera que pelear, estaba determinado a derrotarlos.

Pero…

Puede que las cosas no sean tan malas como parecen… Quiero decir, después de todo, está demostrado que bajo la supervisión y entrenamiento de parte de estos seres, mi especie se vuelve más poderosa de lo que podrían llegar a ser por sí mismos. De hecho, creo que ellos genuinamente cuidan de nosotros. Sí. Nos alimentan, nos dan refugio e incluso sanan nuestras heridas a causa de las batallas. Claro, esas heridas son resultado de pelear contra aquellos que alguna vez fueron nuestros amigos, pero, tal vez, y sólo tal vez, en nombre de mi cuidador, mi entrenador, eso es lo correcto…
Puede que las cosas no sean tan malas como las imaginé. No, claro que no. Veo todo de manera diferente ahora. Estoy seguro de que cuando mi entrenador decida llamarme a pelear, haré mi mejor esfuerzo.
Así es, lo haré. Porque, después de todo, el propósito de un pokémon es luchar junto a su entrenador, ¿no?[/color]
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