Hola a todos.
~
Si no te gusta la lectura, te invito a pasar a otros post.
Como siempre, agradecido de los que leen, comentan y votan.
~
Si no te gusta la lectura, te invito a pasar a otros post.
Como siempre, agradecido de los que leen, comentan y votan.
Con Los Ojos Cerrados.
Sus manos rozaron primero su cabello, había oído que era algo rizado pero nunca pensó que sus dedos podrían enredarse entre ellos. Aquello le provocó ciertas cosquillas en las palmas y se preguntó si brillaría a la luz del sol o si el viento lo mecía.
—Vamos toca un poco más.
Bordeó la cabeza hacia sus orejas suaves, a las cuales más de una vez se acercó contándole secretos. —Parece que alguien está hablando de ti. —Pronunció suavemente.
—¿Porqué lo dices?
—Están tibias. —Rieron al unísono.
La curva de su mandíbula dirigieron sus manos a unos gruesos y turgentes labios que temió volver a tocar, rosó las comisuras hasta dibujarlos en su máxima expresión, queriendo no olvidar ningún detalle de ellos. Y probablemente deseó tocarlos un momento más. Imaginando quizá que podría besarlos aunque no entendía el porqué pensaba ello. Aun así era un pensamiento grato.
Viajó hacia su nariz y ojos preguntándose de qué color podrían ser… y se perdió durante un momento hasta que José tomó sus manos llevándolas a su cuello.
—¿No querrás tocar sólo mi cara cierto? Vamos, sigue.
Viajó por la curvatura de sus rectos hombros, cayendo por unos brazos que le parecieron eternos y rozó sus dedos con los del muchacho, entrecruzándolos sutilmente en una danza que le habría gustado durara más de sólo algunos segundos y volvió a subir hasta tocar levemente la curvatura de su cuello, sintiendo la sangre palpitar entre ellas. Rosó el borde de la polera y abriendo las manos dejó caer las palmas sobre aquel pecho lentamente, tratando de sentir hasta el último espacio de aquel, la calidez de su piel atravesando la tela y la expansión al respirar, para luego relajarse y volver a su tamaño normal.
Por un momento que le pareció eterno, su mente se mintió a sí misma en el pensamiento de no querer oír sus latidos. Aunque lo deseó con todo su ser.
Y aquel corazón rebotó en sus manos en más de una ocasión, apresurando el galope. Robándole el aliento a ambos.
El perfume de su piel embriagó sus memorias y en sus dedos las curvas de aquel cuerpo se dibujaban como la percepción absoluta de la perfección, si es que existiese aquello y de no hacerlo, era su pensamiento.
Retiró las manos para que su nerviosismo no mostrara algún signo de erotismo y buscó el bastón lentamente entre movimientos cortados y tropezones.
—Aquí lo tienes Samuel.
—Gracias, perdí un poco la noción del espacio. —Sonrió hacia el sentido en donde oyó la voz.
—No te preocupes… para eso estamos los amigos y ya que ahora sabes cómo soy, podrás hacerte una imagen más clara de mi ¿No?
—Sí, sí, como digas… —Se dijo tratando de llevar la conversación hacia otro lado—. Aunque igual eres horrible.
Ambos rieron. Hubo un espacio vacío que para Samuel fue una vida entera. La calidez de aquella piel aun rondaba sus manos y deseaba que no desapareciese jamás.
—¿José?
—Dime. —Dijo tomándolo del brazo para que no se golpeara con alguna pared al salir del baño de hombres.
—¿Como soy? —Su voz resonó en las paredes del lugar, quebrada y melancólica.
—¿Cómo eres?
—Sí.
—Bueno, como todos los chicos. Creo.
—Me refiero a si soy lindo. —Creyó que su corazón se detendría.
—Un hombre no puede decirle aquello a otro hombre.
—Entiendo. —Dijo bajamente.
—Pero Valeria te suele mirar mucho en clases, supongo que es porque quizá seas lindo para ella.
—O puede que me mire por el simple hecho de que soy ciego y me esté cuidando.
—No lo sé, quizá sea así. —Otro espacio sin palabras rodeó el aire. No se lograba oír a alguna persona más en el pasillo por lo que quizá caminaban solos.
—Sabes, creo que ser ciego tiene sus ventajas.
—¿Lo crees?
—Sí.
—Y porqué.
—Pues, creo que no ves a las personas por su envase, la información al no ser visual, te llega desde otras formas, como por ejemplo los sonidos, el aroma…
—El tacto…
—Sí, el tacto… por lo mismo, no es un envase el que percibes, aunque suene ilógico, “ves” más allá de lo que son las personas y las notas por como son simplemente… “seres”
—Puede que tengas razón.
—Por lo mismo creo, que podría enamorarme profundamente de alguien y aquel sentimiento sería mucho más fuerte, porque “veo” cosas que para otros no existen.
—¿Y estás enamorado?
—No, pero creo que podría hacerlo.
Samuel notó que José se detuvo al lado suyo pues lo llevó hacia atrás atrapado en su brazo.
—¿José?
—¿Sabes? Admito que no me gustaría ser ciego, pero me gustaría serlo por un momento, lo que me dijiste me dejó pensando y quiero intentar sentir con mis manos como lo hiciste tú. Quiero ver si es tan así como lo dices… aquello de ver a las personas de otra forma y no sólo como un envase.
-¿Estás seguro?
-Sí, lo estoy…
Y amarrando un pañuelo alrededor de su cabeza, sus ojos se cerraron, pero al ir tocando a Samuel su pensamiento se abrió. Aun así no creyó que pudiese sentir aquello que decía el chico puesto que sus caricias toscas variaron en demasía a las que su amigo le proporcionó.
Samuel percibió lo mismo en su cuerpo al ser tocado.
Y desde aquel día José nunca más le dirigió la palabra al muchacho.
Fin.
______________________________
______________________________
______________________________
Espacio Publicitario: