Motivado, movido, empujado e impelido por su deseo insaciable de conocimientos, el señor de corbata ha repartido su vida entre el estudio y la práctica de diversas ramas del árbol chueco del conocimiento del bien y del mal, así como de otras muchas cosas que cuelgan entre sus manzanas prohibidas. Cualquier nabo recordará que el señor de corbata anduvo metido en física cuántica, en electrónica, cultivos hidropónicos, safaris, arquitectura, pintura turca sobre agua, experiencias chamánicas, meditación, yoga, budismo, natación, ballet, jeet kune-do, alpinismo, investigaciones espiritistas, teoría literaria, ingeniería en comunicaciones, la industria del entretenimiento, romances, listas interminables y aburridas, juegos de azar, tentaciones a la suerte, angustias existencialistas, adicciones, actividades sindicales, gimnasios, mecánica de motos, celebraciones comerciales, música, chistes de gallegos, teorías de conspiraciones, teorías de que no hay conspiraciones, psicología, filosofía, teorías de que hay una conspiración que quiere hacernos creer que hay una conspiración, ilusiones ópticas, jardinería, navegación en bañera, desbloqueo de celulares, mundos paralelos, formas de atrasar espejos, y alguna cosita más...
Por suerte, al fin encontró algo a lo que ha venido dedicándose seriamente desde hace un tiempo, un estudio verdaderamente serio y capaz de colmar sus ansias y entretenerlo de forma barata y saludable: la Alquimia. Para explicarlo sucinta y claramente, la Alquimia es una secreta disciplina milenaria que tiene por objetivo el dominio de los elementos para provocar el místico himeneo entre el Rey Rojo y la Reina Blanca, para de su fruto obtener la mayor presea que pueda alcanzar un mortal: la llamada "Piedra Filosofal" (la puta que te parió Harry Potter!!!!!!). Dicho logro no sólo permite, en un plano espiritual, el mejoramiento (ya que no la perfección) de las capacidades de un individuo, sino que en el plano material y chabacano que a todos nos interesa, permite sanar el cuerpo de forma ilimitada, y encima otorga a quien la descubra la clave para operar la evasiva transustanciación de los metales; es decir, convertir un metal ordinario, por ejemplo plomo, en oro legítimo puro. El célebre alquimista Flamel lo logró en 1832; Theodore Tiffereau lo hizo en 1854, frente al Director de la Casa de la Moneda del Imperio, en París; William Blakelock en 1856, en Nueva York, creyó que lo había logrado y al descubrir que había sido engañado por su hija, que deslizaba oro comprado por ella en secreto dentro de los crisoles de su padre, murió repentinamente. Y las historias se multiplican, pero ya se habrán aburrido un poco con la lista del primer párrafo, así que evitemos por ahora un montón de fechas y nombres que son al pedo.
Gracias a su talento, el señor de corbata logra el prodigio en no más de un fin de semana largo. Luego se toma un par de días libres, de descanso, y madura un plan. Utiliza su oro para comprar más oro, vuelve a crear oro y a comprar oro, y así hasta que tiene TODO EL ORO; esto le lleva apenas un par de semanas, pues ha aprendido al estudiar cómo los bancos crean y prestan dinero para después quedárselo todo y subir los intereses y cagarse en nuestras libertades.
Después, ya como pensando en otra cosa y deseando dedicarse a fabricar cestas de junco, porque tampoco es cuestión de encasillarse en esto de la Alquimia, toma su oro, que es TODO EL ORO DEL MUNDO, y lo convierte de un saque TODO EN PLOMO, que es algo mucho más útil e inofensivo si no se lo ingiere.
Y ahora anda metido en la cuneta, juntando juncos para hacer canastas.
Por suerte, al fin encontró algo a lo que ha venido dedicándose seriamente desde hace un tiempo, un estudio verdaderamente serio y capaz de colmar sus ansias y entretenerlo de forma barata y saludable: la Alquimia. Para explicarlo sucinta y claramente, la Alquimia es una secreta disciplina milenaria que tiene por objetivo el dominio de los elementos para provocar el místico himeneo entre el Rey Rojo y la Reina Blanca, para de su fruto obtener la mayor presea que pueda alcanzar un mortal: la llamada "Piedra Filosofal" (la puta que te parió Harry Potter!!!!!!). Dicho logro no sólo permite, en un plano espiritual, el mejoramiento (ya que no la perfección) de las capacidades de un individuo, sino que en el plano material y chabacano que a todos nos interesa, permite sanar el cuerpo de forma ilimitada, y encima otorga a quien la descubra la clave para operar la evasiva transustanciación de los metales; es decir, convertir un metal ordinario, por ejemplo plomo, en oro legítimo puro. El célebre alquimista Flamel lo logró en 1832; Theodore Tiffereau lo hizo en 1854, frente al Director de la Casa de la Moneda del Imperio, en París; William Blakelock en 1856, en Nueva York, creyó que lo había logrado y al descubrir que había sido engañado por su hija, que deslizaba oro comprado por ella en secreto dentro de los crisoles de su padre, murió repentinamente. Y las historias se multiplican, pero ya se habrán aburrido un poco con la lista del primer párrafo, así que evitemos por ahora un montón de fechas y nombres que son al pedo.
Gracias a su talento, el señor de corbata logra el prodigio en no más de un fin de semana largo. Luego se toma un par de días libres, de descanso, y madura un plan. Utiliza su oro para comprar más oro, vuelve a crear oro y a comprar oro, y así hasta que tiene TODO EL ORO; esto le lleva apenas un par de semanas, pues ha aprendido al estudiar cómo los bancos crean y prestan dinero para después quedárselo todo y subir los intereses y cagarse en nuestras libertades.
Después, ya como pensando en otra cosa y deseando dedicarse a fabricar cestas de junco, porque tampoco es cuestión de encasillarse en esto de la Alquimia, toma su oro, que es TODO EL ORO DEL MUNDO, y lo convierte de un saque TODO EN PLOMO, que es algo mucho más útil e inofensivo si no se lo ingiere.
Y ahora anda metido en la cuneta, juntando juncos para hacer canastas.