La era del uso de Linux en equipos obsoletos parecía acabada… hasta que apareció Crunchbang y nos volvió a hacer creer en que un sistema operativo liviano, con una buena interfaz y muy simple de usar es posible.
La caída en desuso -al menos para los usuarios promedio- de los equipos de escritorio, así como también la renovación de equipos portátiles que Windows Vista supuso en el mundo PC dio lugar a que muchos usuarios se animaran a probar en sus equipos obsoletos algunas versiones livianas de las distribuciones de Linux más usadas hoy en día, entre ellas Ubuntu y RedHat. En aquellos años y sobre aquellos sistemas operativos se montaron miles y miles de servidores hogareños y routers por software: a su manera, supusieron ellos el primer contacto de muchos usuarios con Linux.
Aquellas primeras experiencias de usuarios finales que corrían sistemas operativos libres instalaron en el imaginario la idea de que tenía sentido usar Linux especialmente en equipos obsoletos. La llegada de las versiones más nuevas y refinadas del mismísimo Ubuntu -pero también de Linux Mint, por ejemplo- animaron a una buena masa de usuarios a probar el software libre, pero dejaron en claro que necesitaríamos un equipo potente y con hardware moderno si queríamos realmente divertirnos.
Entonces, ¿qué hacemos ahora que las distribuciones de Linux que se presentaban como más amigables se han vuelto exigentes? Simple, buscamos una distro que mantenga las virtudes históricas de Linux y que utilice un gestor de ventanas todavía liviano y funcional. Y que además sea estable y compatible con todo nuestro hardware de antaño. Pero… ¿existe? Creemos incluso haberla encontrado.
La vida después del reemplazo
Cuando pensamos en hacer esta nota nos propusimos una vara realmente alta. En efecto, definimos como caso testigo una histórica HP Mini del 2005, es decir, una clásica netbook que adolecía de los mismos problemas que el resto de los equipos de su clase: hardware poco amigable, ausencia de unidad óptica, procesador limitado (en este caso extremo un Via C7) y poca memoria RAM (1GB en nuestro equipo). Nuestro objetivo fue claro: conseguir una configuración que pusiera el equipo nuevamente en carrera y que lo convirtiera en perfecto para usuarios que se manejaran centralmente en la nube. Queríamos, además, superar la eficacia energética del Windows XP SP2 que equipaba a la máquina originalmente, y conseguir que la batería llegara conectada a Wi-Fi a durar más de dos horas. Nos interesaba, por último, cuidar la apariencia visual y asegurarnos de que el conector para la segunda pantalla funcionara sin problemas.
Conseguimos una configuración que nos permitiera navegar sin problemas por dos horas y 19 minutos perfectamente compatible con segundas pantallas y de apariencia cuanto menos cool con Crunchbang Linux, una distro basada en Debian que nos permitió incluso instalar en segundo plano Dropbox y Greenshot sin que el equipo diera lástima.
Los requerimientos básicos de Crunchbang hacen referencia a un procesador de 1Ghz y 512MB de RAM, y quien suscribe lo ha visto funcionar con soltura siempre que se corra una aplicación a la vez en un Pentium III de 600Mhz y 384MB de RAM. El C7 de 1.2Ghz con 1GB de RAM con el que hicimos las pruebas -montado sobre un chipset Via Chrome 9- apenas superaba el mínimo. Y lo hizo con soltura. Las razones son simples: el sistema no está diseñado específicamente para ser usado sobre hardware antiguo como Xubuntu, lo cual lo hace capaz de administrar mejor los recursos disponibles. Y, además, utiliza el administrador de ventanas Openbox, que es realmente muy liviano y en todos los casos consume menos recursos que cualquier implementación de KDE y Gnome.
Instalación
Tan pronto entendimos que la versión Live! de Crunchbang funcionaba bien nos decidimos a instalar la versión completa, que sin dudas tendría un tiempo de inicio mucho menor y nos permitiría personalizar el sistema a nuestro gusto. La imagen ISO descargable incluye un menú inicial que permite probar el sistema (con el botón “Run Crunchbang Linux”) e instalarlo en el equipo (con “Install”).
Al momento de grabar la imagen -disponible en http://crunchbang.org/download/- tuvimos ciertas dificultades para usar nuestro administrador de imágenes preferido, YUMI. Por alguna razón, la estructura de inicio creada nos permitía correr la versión Live! pero no lograba cargar el instalador cuando hacíamos clic en “Install”. En su defecto utilizamos Win32DiskImager, una aplicación muy simple que apenas exige un archivo ISO de origen -que seleccionaremos con el botón “Browse” del apartado “Image File”- y la selección de un dispositivo (en el menú “Device”) de destino. Con ella no tuvimos ningún problema.
Una vez que hayamos presionado “Install” en la pantalla de inicio del instalador alcanzará con definir una zona horaria, un idioma preferido -para las aplicaciones y el sistema, pero no para el administrador de ventanas- y un nombre de usuario y contraseña para que el sistema se instale. Esto, claro, siempre que antes hayamos hecho una copia de respaldo de nuestros archivos. La instalación en particiones separadas y compatible con la instalación de nuestro actual sistema operativo es -como siempre en Linux- un poco engorrosa y nada recomendada para usuarios inexpertos.
Bienvenidos a Crunchbang
Crunchbang carga rápido y es muy seguro en términos de privacidad y malware. Al arrancar nos pide el nombre de usuario y contraseña que creamos en la instalación en una pantalla sin segundas opciones. En nuestra experiencia, el primer inicio del sistema fue un placer: no hay controladores libres para el adaptador de red Broadcom que potencia la HP Mini, y la mayoría de las distros de Linux toman la decisión de no instalar los controladores propietarios, lo cual es un problema grave para cualquier usuario novato. Crunchbang, en cambio, prefiere la disponibilidad del dispositivo e instala directamente el controlador propietario. Razón por la cual tuvimos conexión desde el momento mismo en el cual iniciamos sesión.
Puede que la interfaz resulte un tanto confusa la primera vez que nos topemos con ella. En realidad, tan pronto como entendamos su lógica la encontraremos muy simple, pero debemos para eso saber que en lugar de una pantalla o botón de inicio aquí los componentes principales de la pantalla son los atajos de teclado, el menú contextual disponible en cualquier espacio vacío de la pantalla y los escritorios. Utilizaremos los atajos de teclado para arrancar las aplicaciones principales. No hace falta conocerlos de memoria, ya que en el panel de la derecha de la pantalla -que incluye también un resumen del consumo de recursos- encontraremos la lista de los principales. La tecla “Win”, recordemos, en Linux es nombrada “Super”: así las cosas, para arrancar el navegador predeterminado presionaremos Win + w. Cambiaremos entre escritorios haciendo clic en las zonas
y
de la barra de tareas, y llevaremos las aplicaciones de uno a otro escritorio arrastrando su ícono de una zona a otra. Pero hay más: todas las opciones de administración así como también las aplicaciones disponibles están en un menú contextual al que accederemos haciendo clic en cualquier área vacía del escritorio. Allí tendremos una buena lista de opciones, así como también la posibilidad de instalar con un clic nuestras aplicaciones preferidas. Por ejemplo, en el menú “Network” del menú contextual encontraremos el navegador predeterminado, Iceweasel, pero también un botón “Install Google Chrome” que nos permitirá rápidamente sumar Chrome a la lista de opciones.
Entonces… ¿conviene instalarlo?
Definitivamente Crunchbang es una gran opción si tenemos un equipo en desuso porque con su sistema operativo original su rendimiento no nos resulta suficiente. La única limitación de envergadura tiene que ver con que en nuestra experiencia las únicas aplicaciones pesadas que funcionaron bien fueron las preinstaladas, y no las opcionales -que en la mayoría de los casos resultaron demasiado para el escueto hardware de la HP Mini. Por caso, no hubo ningún problema en reemplazar Iceweasel por Chrome, que funcionó sin problemas y velozmente en todas las páginas que visitamos. Pero al intentar cambiar AbiWord por OpenOffice.org tuvimos problemas: la suite tardó varios minutos en cargar, y fue incapaz en todos los casos de lidiar con archivos de más de 1MB de peso. Por supuesto, nuestra intención no es usar aplicaciones de ofimática locales en un equipo como el de pruebas, sobre todo si Google Drive funciona bien. Pero la opción, cabe decirlo, no existe en equipos tan limitados.
Si tenemos equipos portátiles en desuso instalar Crunchbang los pondrá nuevamente en carrera, y dotará al hogar o la oficina de un equipo más. Si además tenemos en cuenta que ofrece soporte completo para segundas pantallas incluso en FullHD, ¿por qué no pensarlo como segundo equipo, para salidas ocasionales o para -como mínimo- potenciar el televisor LED del living de casa?
La caída en desuso -al menos para los usuarios promedio- de los equipos de escritorio, así como también la renovación de equipos portátiles que Windows Vista supuso en el mundo PC dio lugar a que muchos usuarios se animaran a probar en sus equipos obsoletos algunas versiones livianas de las distribuciones de Linux más usadas hoy en día, entre ellas Ubuntu y RedHat. En aquellos años y sobre aquellos sistemas operativos se montaron miles y miles de servidores hogareños y routers por software: a su manera, supusieron ellos el primer contacto de muchos usuarios con Linux.
Aquellas primeras experiencias de usuarios finales que corrían sistemas operativos libres instalaron en el imaginario la idea de que tenía sentido usar Linux especialmente en equipos obsoletos. La llegada de las versiones más nuevas y refinadas del mismísimo Ubuntu -pero también de Linux Mint, por ejemplo- animaron a una buena masa de usuarios a probar el software libre, pero dejaron en claro que necesitaríamos un equipo potente y con hardware moderno si queríamos realmente divertirnos.
Entonces, ¿qué hacemos ahora que las distribuciones de Linux que se presentaban como más amigables se han vuelto exigentes? Simple, buscamos una distro que mantenga las virtudes históricas de Linux y que utilice un gestor de ventanas todavía liviano y funcional. Y que además sea estable y compatible con todo nuestro hardware de antaño. Pero… ¿existe? Creemos incluso haberla encontrado.
La vida después del reemplazo
Cuando pensamos en hacer esta nota nos propusimos una vara realmente alta. En efecto, definimos como caso testigo una histórica HP Mini del 2005, es decir, una clásica netbook que adolecía de los mismos problemas que el resto de los equipos de su clase: hardware poco amigable, ausencia de unidad óptica, procesador limitado (en este caso extremo un Via C7) y poca memoria RAM (1GB en nuestro equipo). Nuestro objetivo fue claro: conseguir una configuración que pusiera el equipo nuevamente en carrera y que lo convirtiera en perfecto para usuarios que se manejaran centralmente en la nube. Queríamos, además, superar la eficacia energética del Windows XP SP2 que equipaba a la máquina originalmente, y conseguir que la batería llegara conectada a Wi-Fi a durar más de dos horas. Nos interesaba, por último, cuidar la apariencia visual y asegurarnos de que el conector para la segunda pantalla funcionara sin problemas.
Conseguimos una configuración que nos permitiera navegar sin problemas por dos horas y 19 minutos perfectamente compatible con segundas pantallas y de apariencia cuanto menos cool con Crunchbang Linux, una distro basada en Debian que nos permitió incluso instalar en segundo plano Dropbox y Greenshot sin que el equipo diera lástima.
Los requerimientos básicos de Crunchbang hacen referencia a un procesador de 1Ghz y 512MB de RAM, y quien suscribe lo ha visto funcionar con soltura siempre que se corra una aplicación a la vez en un Pentium III de 600Mhz y 384MB de RAM. El C7 de 1.2Ghz con 1GB de RAM con el que hicimos las pruebas -montado sobre un chipset Via Chrome 9- apenas superaba el mínimo. Y lo hizo con soltura. Las razones son simples: el sistema no está diseñado específicamente para ser usado sobre hardware antiguo como Xubuntu, lo cual lo hace capaz de administrar mejor los recursos disponibles. Y, además, utiliza el administrador de ventanas Openbox, que es realmente muy liviano y en todos los casos consume menos recursos que cualquier implementación de KDE y Gnome.
Instalación
Tan pronto entendimos que la versión Live! de Crunchbang funcionaba bien nos decidimos a instalar la versión completa, que sin dudas tendría un tiempo de inicio mucho menor y nos permitiría personalizar el sistema a nuestro gusto. La imagen ISO descargable incluye un menú inicial que permite probar el sistema (con el botón “Run Crunchbang Linux”) e instalarlo en el equipo (con “Install”).
Al momento de grabar la imagen -disponible en http://crunchbang.org/download/- tuvimos ciertas dificultades para usar nuestro administrador de imágenes preferido, YUMI. Por alguna razón, la estructura de inicio creada nos permitía correr la versión Live! pero no lograba cargar el instalador cuando hacíamos clic en “Install”. En su defecto utilizamos Win32DiskImager, una aplicación muy simple que apenas exige un archivo ISO de origen -que seleccionaremos con el botón “Browse” del apartado “Image File”- y la selección de un dispositivo (en el menú “Device”) de destino. Con ella no tuvimos ningún problema.
Una vez que hayamos presionado “Install” en la pantalla de inicio del instalador alcanzará con definir una zona horaria, un idioma preferido -para las aplicaciones y el sistema, pero no para el administrador de ventanas- y un nombre de usuario y contraseña para que el sistema se instale. Esto, claro, siempre que antes hayamos hecho una copia de respaldo de nuestros archivos. La instalación en particiones separadas y compatible con la instalación de nuestro actual sistema operativo es -como siempre en Linux- un poco engorrosa y nada recomendada para usuarios inexpertos.
Bienvenidos a Crunchbang
Crunchbang carga rápido y es muy seguro en términos de privacidad y malware. Al arrancar nos pide el nombre de usuario y contraseña que creamos en la instalación en una pantalla sin segundas opciones. En nuestra experiencia, el primer inicio del sistema fue un placer: no hay controladores libres para el adaptador de red Broadcom que potencia la HP Mini, y la mayoría de las distros de Linux toman la decisión de no instalar los controladores propietarios, lo cual es un problema grave para cualquier usuario novato. Crunchbang, en cambio, prefiere la disponibilidad del dispositivo e instala directamente el controlador propietario. Razón por la cual tuvimos conexión desde el momento mismo en el cual iniciamos sesión.
Puede que la interfaz resulte un tanto confusa la primera vez que nos topemos con ella. En realidad, tan pronto como entendamos su lógica la encontraremos muy simple, pero debemos para eso saber que en lugar de una pantalla o botón de inicio aquí los componentes principales de la pantalla son los atajos de teclado, el menú contextual disponible en cualquier espacio vacío de la pantalla y los escritorios. Utilizaremos los atajos de teclado para arrancar las aplicaciones principales. No hace falta conocerlos de memoria, ya que en el panel de la derecha de la pantalla -que incluye también un resumen del consumo de recursos- encontraremos la lista de los principales. La tecla “Win”, recordemos, en Linux es nombrada “Super”: así las cosas, para arrancar el navegador predeterminado presionaremos Win + w. Cambiaremos entre escritorios haciendo clic en las zonas
y
de la barra de tareas, y llevaremos las aplicaciones de uno a otro escritorio arrastrando su ícono de una zona a otra. Pero hay más: todas las opciones de administración así como también las aplicaciones disponibles están en un menú contextual al que accederemos haciendo clic en cualquier área vacía del escritorio. Allí tendremos una buena lista de opciones, así como también la posibilidad de instalar con un clic nuestras aplicaciones preferidas. Por ejemplo, en el menú “Network” del menú contextual encontraremos el navegador predeterminado, Iceweasel, pero también un botón “Install Google Chrome” que nos permitirá rápidamente sumar Chrome a la lista de opciones.
Entonces… ¿conviene instalarlo?
Definitivamente Crunchbang es una gran opción si tenemos un equipo en desuso porque con su sistema operativo original su rendimiento no nos resulta suficiente. La única limitación de envergadura tiene que ver con que en nuestra experiencia las únicas aplicaciones pesadas que funcionaron bien fueron las preinstaladas, y no las opcionales -que en la mayoría de los casos resultaron demasiado para el escueto hardware de la HP Mini. Por caso, no hubo ningún problema en reemplazar Iceweasel por Chrome, que funcionó sin problemas y velozmente en todas las páginas que visitamos. Pero al intentar cambiar AbiWord por OpenOffice.org tuvimos problemas: la suite tardó varios minutos en cargar, y fue incapaz en todos los casos de lidiar con archivos de más de 1MB de peso. Por supuesto, nuestra intención no es usar aplicaciones de ofimática locales en un equipo como el de pruebas, sobre todo si Google Drive funciona bien. Pero la opción, cabe decirlo, no existe en equipos tan limitados.
Si tenemos equipos portátiles en desuso instalar Crunchbang los pondrá nuevamente en carrera, y dotará al hogar o la oficina de un equipo más. Si además tenemos en cuenta que ofrece soporte completo para segundas pantallas incluso en FullHD, ¿por qué no pensarlo como segundo equipo, para salidas ocasionales o para -como mínimo- potenciar el televisor LED del living de casa?