La Conspiracion
por @OliverTours
por @OliverTours
I
Por esas cosas de la vida el sol ese mediodía no se vislumbraba, digo cosas de la vida por que me refiero a la vida de Tomas, ese día el astro no quiso mostrarse y condeno a nuestro protagonista, por lo menos hasta ahora, a una jornada de penurias.
Apenas puso un pie fuera de su casa de Lugano, Tomas supo que iba a volver cambiado; bah, a todo el mundo le pasa lo mismo, y a el siempre le pasaba. Dio vuelta la cabeza, grito un saludo y dejo el hogar.
Camino una cuadra, doblo a la derecha, camino dos cuadras, doblo a la izquierda y llego a una esquina. Se paro en seco, miro su reloj, hizo una mueca y miro el cielo.
-Va a llover ¿No parece?
La voz lo sorprendió, pero no lo molesto. Sin dejar de mirar el cielo asintió.
-El tiempo esta loco, ayer sol radiante y hoy, mire... Ocho de la mañana y sigue todo oscuro.
Tomas bajo la cabeza y vio al locutor, un tipo común, de esos que no desentonan con el mundo; bajito, un poco gordito, barba candado, cuarenta años. O quizás mas, nada importaba.
Los locutores casuales son moneda corriente, pensó Tomas, que seria de la vida de los transeúntes si no hubiese locutores casuales que nos contaran el clima o nos dijeran que tenemos la bragueta abierta. En fin.
El colectivo, naranja y negro, surgió del horizonte del asfalto y en menos de un minuto abrió su ruidosa puerta. Tomas se acomodo el morral y subió ágilmente al colectivo, estaba vacío. Gracias a Dios, pensó, y se dirigió al final del vehículo. Se sentó al lado de Mariana, obviamente el no la conocía, ni sabia su nombre, ni la había visto nunca; o quizás si, pero no viene al caso por que no se acordaba.
Mariana miraba por la ventana, y ni siquiera noto la presencia de Tomas, en verdad si lo noto, pero al igual que el otro no le dio importancia.
El cielo encapotado y oscuro ahora decidía ennegrecerse y soltar los primeros truenos. Tomas saco un libro de su morral y se puso a leer, Mariana seguía mirando afuera.
Nuestro viejo protagonista dejo de pensar en cosas banales y sucumbió al libro que tenia entre sus manos, tampoco era la gran cosa, pero los libros tienen ese “no se que”; nuestra nueva protagonista dejo de mirar afuera una vez que el colectivo empezó a llenarse de gente y comenzó a examinar a los diversos individuos que poblaban el transporte.
Tipos gordos, flacos, rubios, morochos, lindos, feos, altos, bajos, barbudos, lampiños, con lentes, sin lentes, de ojos claros, de ojos oscuros, cejudos, sin cejas, blancos, tostados, morenos, con jeans, con bermudas, con camisas, con remeras, con trajes, con corbatas, sin corbatas, con medias, sin medias, con sandalias, con mocasines, con zapatillas, con bolsos, con mochilas, con anillos, sin anillos, con relojes, sin relojes, con pulseras, con joyas, sin joyas, con maquillajes, sin maquillaje, y Tomas.
Es curioso como la persona de al lado siempre se distingue de los demás, bueno, es obvio, por que esta al lado. Pero el punto es que Mariana no lo podía ver, no sabia nada de el. No le interesaba en absoluto. Los hombres suelen pensar en el sexo casual con sus acompañantes femeninas en los transportes públicos. Hipotéticos casos de charla espontaneas que terminan en sexo desenfrenado en algún hotel de la zona. Las mujeres, y Mariana sobre todo, no ejercen esos pensamientos, no en demasía; el problema, si se puede llamar así, sucedió cuando, victima de un pozo al que el colectivero no quiso esquivar, la cabeza de Mariana se sacudió y vislumbro el libro que Tomas leía.
Mentiríamos si dijéramos que nadie noto el sobresalto de la chica, ya que fueron varios espías incordiosos y lascivos los que notaron la exaltación de Mariana. Se froto las manos, se acomodo en el asiento, se toco el pelo, se miro el escote, se toco el maquillaje y tosió un poco.
Todo eso Tomas no lo noto, y si lo hubiera notado tampoco hubiera cambiado su postura.
Leía, y leía ensimismado:
“A través de sus galanterías, él la observaba con atención. Había muy pocas cosas que el conde no conociera de las mujeres, si bien era verdad que, hasta entonces, sus experiencias no habían sido con mujeres como Mirelle, verdaderas aves de rapiña. La bailarina y él eran, en cierto sentido, pájaros del mismo plumaje. Sabía que su seducción fracasaría con aquella mujer. Mirelle era una parisiense muy astuta. Sin embargo, había una cosa que el conde era capaz de reconocer en cuanto la veía. Descubrió enseguida que se encontraba ante una mujer encolerizada, y una mujer encolerizada, como bien es sabido, siempre dice más de lo que es prudente y, de vez en cuanto, es una fuente de beneficios para un caballero astuto que no pierde la calma.”
“El Misterio del Tren Azul” de Agatha Christie, así se llamaba el libro. Y no es curioso, lo veremos mas adelante, que ese libro; y ese parrafo en particular le señalaran a Mariana que el hombre que tenia al lado no era un simple vendedor de computadoras que estaba yendo a trabajar y que disfrutaba la lectura apacible de un libro de detectives; sino que era un Miembro, uno mas de la Conspiración.
Suena cliché que una conspiración se llame Conspiración, y de hecho lo admito, es cliché. Pero es mi historia y haré de ella lo que me plazca, me parece un nombre correcto ese y no dudo que a medida que avance el cuento (o novela) me enorgulleceré de mi elección.
En fin, vale la pena continuar.
Mariana, presa de una excitación incontrolable, tardo un tiempo en calmarse; sabia las palabras que debía usar ¿Pero que pasaba si no era el tipo?
De ninguna manera, tenia que ser el tipo. Justo al lado de ella, justo ese libro, justo esa pagina. Seria una locura que no fuese un miembro de La Conspiración. ¿Que pasaba si no decía las palabras y todo quedaba en la nada? El futuro de la operación estaba en sus manos, no podía arriesgar algo como eso por su vergüenza. No, de ninguna manera.
Tomo coraje, si se puede llamar así y dijo con voz firme.
-Que clima loco ¿No?
Tomas, absorto en la lectura, levanto las cejas y tardo unos instantes en entender que la voz provenía de la chica a su lado. Levanto la cabeza, la giro y sonrió amablemente.
-Siempre me gustaron los cielos encapotados.
No puede ser, pensó Mariana, es de La Conspiración. Se puso colorada, sonrió un poco y luego hablo.
-A mi también, sobre todo cuando no estoy a la intemperie.
-En eso no estoy de acuerdo, la lluvia puede ser muy relajante.
Confirmadisimo.
Ese hombre era de La Conspiración. No bastaban mas pruebas. Dos frases, dos respuestas acordes.
Tomas estaba sorprendido, nunca se creyó muy atractivo, tampoco se imaginaba como Cuasimodo, pero el autoestima con las mujeres nunca había sido su fuerte, estaba contento; lo invadía eso que invade a los adolescentes inexpertos cuando una chica linda les habla. No es que se excitan, eso viene después, sino que se ponen eufóricos. Están aterrados pero aun así contentos, es el miedo mas bello del mundo. Eso, que algunos a veces confunden con el amor, fue lo que le sucedió a Tomas.
Bueno, se dijo, me hablo una chica linda, en el colectivo, debería dejar de ser tan pelotudo y hablarle de una linda manera y no tan fríamente.
-¿No te parece?
Mariana sonrió.
-Si, la lluvia puede ser relajante. ¿Que haces acá?
-Viajo al trabajo, vendo computadoras, un poco raro que ande leyendo ¿No te parece?
-¿Por que lo decís?
-Delirios míos, siempre imagine que los vendedores de computadoras no eran personas que les gustara leer.
-No creo que sea tan así, conozco muchas personas a las que les gusta leer y trabajan como usted.
-SI, puede ser.
La estas cagando, pensó Tomas.
-DE todas maneras – dijo Mariana- Me alegra que alguien lea Agatha Cristie, es mi escritora favorita.
-¿De veras? Mira, no te voy a mentir, es el primer libro que tengo de ella y me gusta mucho, pero bueno, no se, tengo que terminarlo para dar una opinión.
El colectivero sucumbió a otro pozo en la calle y todo el trasto de sacudió.
-¿Donde bajas?
Dijo Mariana.
-En Lacroze y Corrientes. ¿Vos?
-Que casualidad.
Entonces era ahí, Imperio. Claro, que boba que soy, pensó Mariana; la pizzeria Imperio seria, obviamente el lugar de la reunión. Algo popular, pero no tan transitado una mañana a las 11, aunque eran las 9.
El viaje, una vez consumada la presentación paso bastante rápido. Tomas pensaba, como todo hombre, en sexo; Mariana en cambio pensaba, como toda mujer, en la dominación de los hombres.
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