InicioArteLa Conspiracion. Cap. 2 (Cuento Propio)

La Conspiracion. Cap. 2 (Cuento Propio)

Arte2/3/2014
La Conspiracion
por @OliverTours


Parte I:

II

Al abrirse la puerta trasera del colectivo Mariana y Tomas saltaron de el con la típica agilidad de los adultos jóvenes. Se metieron en la pizzeria.
El edificio estaba (esta) emplazado en una esquina, tiene grandes vitrales, puertas de vidrio, y en su interior se respira un aire a bodegón. Algunos se atreven a decir que es la mejor pizzeria de la Capital, yo no estoy tan seguro, pero en fin, de nada vale mi opinión, sino las vicisitudes de nuestros protagonistas.
Se metieron y se sentaron.
Obviamente no voy a pedir una pizza, pensó Tomas, así que, de forma audaz, pidió dos cafés.
Mariana, a este punto de la historia, estaba un poco alterada. Los nervios le jugaban una mala pasada y se encontraba muy desconectada de lo que Tomas decía.
Tomas, en cambio, estaba despreocupado. Iba a faltar al trabajo, eso ya estaba decidido, no lo iban a echar. Fingiría una enfermedad, le pediría a su amigo Luis un informe medico y voila.
Aun así Mariana le resultaba extraña, desconcertante; incluso a veces inescrutable. No le importaba, el quería coger, si hubiera querido una novia no habría cortado con Lucia.
El mozo dejo los cafés sobre la mesa y Tomas le agradeció.
Mariana estaba muy nerviosa, no veía el momento en el cual entraran los demás integrantes por la puerta y comenzaran a hacer funcionar el plan. La Conspiración al fin iba a actuar.
Estaba muy excitada, incluso notaba una pequeña humedad en su bombacha; Tomas en cambio le notaba las pupilas dilatadas y la mirada traviesa.
“Es mía” pensaba el, mientras que ella no podía pensar. Absorta de toda la excitación que le invadía el cuerpo.
Los hombres somos bastante ingenuos, solemos confundir los signos de la excitación femenina por cualquier cosa. Se rasca la mano, esta caliente; le pica la cabeza, esta caliente; estornud, esta caliente. En fin. Todo eso a Tomas le estaba pasando desde que habían entrado al bar, incluso desde hacia un tiempo; la libido acumulada de semanas sin relaciones sexuales le nublaba la vista, que tampoco era muy aguda que digamos, pero era una vista al fin y, cada tanto, la sabia usar.
El café se termino en pocos minutos, los nervios traicionaron a la exótica pareja y pronto Tomas supo que tenia que empezar a atacar si quería tener algo con Mariana.
Ella, en cambio, sabia que tenia que empezar a hablar del Plan, no vaya a ser cosa que Tomas sea uno de los Jefes y ella arruine su participación en La Conspiración.
-Yo se que no es el lugar, pero estoy muy nerviosa... Y ansiosa. Decime si lo podemos hablar acá, quizás nos vamos a reunir en un lado oculto... Perdón perdón, no dije nada.
Tomas levanto las cejas. En un estado normal no habría entendido nada, pero en el estado en el que estaba tomo eso como un indicio, y de los peores.
-Bueno, es obvio que acá no podemos hacer nada. A menos que seas muy atrevida, pero yo no lo soy, así que creo que deberíamos ir a otro lado.
-¿Esta cerca de acá?
-Si, bastante cerca; podemos ir en taxi, ya empezó a llover.
En efecto las gotas ya caían por sobre el asfalto y la gente, que caminaba de prisa, con la cabeza baja y pegada a las paredes. Tomas pago la cuenta y miro a Mariana pasar rumbo a la puerta. Salieron a la calle, abarrotada de personas, y con la poca visibilidad que había, producto de un aguacero que se acababa de desatar, pararon un taxi.
El taxi freno y la puerta se abrió, Mariana entro y luego Tomas. Estaban empapados.
Tomas dijo la dirección, mas o menos recordaba el Hotel que se encontraba cerca de ahí; pasaba siempre cuando iba al trabajo.
En realidad el lugar quedaba cerca (Olleros al 1000) pero era tal la tormenta que prefirió pagar un taxi.
Mariana al parecer se dejaba llevar. Pero en realidad estaba muy nerviosa, entendió que su acompañante no quería mojarse para evitar quedar mal frente a los otros miembros. Era obvio. Aun así se sentía un poco extraña, no desconfiaba de Tomas, sino que en su interior tenia algo así como una “intuición femenina” que le comunicaba que ese hombre tenia poco y nada que ver con una organización que quería gobernar al mundo.
Soy desconfiada de todo, se dijo, y era verdad. Mariana solía desconfiar de casi todo, incluso de La Conspiración. Pero decidió seguir fría y llena de emoción, antes que sucumbir a la duda; de todos modos se iba a enterar de la verdad o de la gran mentira.
Cuando llegaron a destino, Mariana no noto, gracias a la lluvia, que estaban frente a un gran edificio color rosa, con un portón oscuro, iluminado por luces leds de colores cálidos; tampoco vio la puerta oscura, ni un nombre en neón. Mucho menos vio las ventanas tapadas de los cuatro pisos superiores y tampoco vio entrar a dos autos con vidrios polarizados por el portón antes mencionado.
Al bajar, a duras penas por que la calle estaba casi inundada, Tomas la tomo de la mano y la llevo hacia el pequeño techo que producía el edificio para dar lugar al porche.
-¿Es por acá?
Pregunto Mariana.
Tomas sonrió frente a la broma y toco el timbre que estaba detrás de ellos.
Sono una pequeña chicharra y Tomas abrió la puerta, Mariana, que todavía no sabia donde se encontraba, lo siguió.

Ahora la historia podría cambiar, podría decir que Mariana descubrió las verdaderas intenciones de Tomas, que en realidad no eran verdaderas sino que eran las únicas, ya que Tomas no trataba de engañarla; ella, un poco enojada, decidió probar suerte con ese hombre al que había confundido con un miembro de La Conspiración. Se besaron, la chica no confeso su error, se desvistieron, se tocaron, se acostaron e hicieron el amor (si puede llamarse así).
Me encantaría contar eso, mas que nada por que como hombre apoyo a Tomas. Pero no puedo hacerlo, no puedo mentirles, por que seria mentirme a mi mismo.

Al entrar al lugar Mariana supo que sucedía. En realidad en ese momento su “intuición femenina” comenzó a hablarle a su “emoción”. En fin, digamos que un pasillo rosa y pobremente iluminado despertaría, en muchas mujeres, el sentimiento de que algo anda mal (o soberanamente bien, depende del caso).
Tomas se acerco y pidió una habitación, la recepcionista le dijo que solo le quedaba una.
-Perfecto.
Dijo Tomas. Y Mariana dejo caer los hombros.
Si queda solo una habitación no debe ser coincidencia, pensó Mariana, su “intuición” podría estar fallándole.
Subieron por el ascensor, sin hablar.
Tomas no estaba preocupado por el “no beso”; le había pasado antes de tener sexo con una mujer en su casa, sin que antes haya habido siquiera un roce, eran cosas raras, que sucedían pocas veces pero que, en fin, sucedían.
Se sentía dueño de la situación, nada podía salir mal.
El ascensor se detuvo bruscamente y Tomas abrió la puerta, salieron a otro pasillo, giraron a la derecha al final del mismo, llegaron a la habitación y Tomas abrió la puerta.
Mariana supo de su error, supo que había caído en la trampa de la casualidad, supo las intenciones de Tomas, supo la mentira de La Conspiración, supo el por que del café, supo el por que de la llegada a ese lugar; entendió al fin lo equivocada que estaba.
Tomas en cambio dejo de entender, no entendió su cara de odio de la chica, no entendió su grito, tampoco entendió la cachetada, mucho menos entendió el portazo que dio cuando salio y ni siquiera se imagino que lo habían confundido con un conspirador.
Tomas se recostó en la cama, Mariana se recostó en la pared del ascensor. Tomas miro el techo, Mariana miro la oscura lluvia. Tomas soltó una carcajada larguísima, Mariana soltó odio y lo trago. Tomas tomo el control remoto, Mariana tomo un taxi. Tomas encendió la tele, Mariana encendió la pantalla de su celular. Tomas se encontró mirando pornografía, Mariana se encontró escribiendo un mensaje. Tomas bajo su mano a su entrepierna, Mariana bajo su mano al pequeño revolver en su bolsillo. Tomas comenzó a pensar, Mariana comenzó a pensar.
Tomas pensó que las mujeres eran inentendibles, inescrutables; Mariana pensó que los hombres solo pensaban en una cosa.
Ambos tenían razón, pero cuando Tomas eyaculo y Mariana se vio parada frente a un hombre leyendo EL libro; ambos se olvidaron del suceso.
Lo recordaron vagamente, tal como uno recuerda algo de la infancia. El cielo encapotado le jugo una mala pasada a Tomas, y quizás una no tan mala a Mariana.
Antes de dormirse Tomas tuvo un ultimo pensamiento “Al final las mujeres terminan ganando en todo.”



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