InicioArteMonólogo de un zapato [relato propio]

Monólogo de un zapato [relato propio]

ArteFecha desconocida


Antes de comenzar, permítanme que encienda este cigarro, lo dejaron acá tirado, a medio fumar. No entiendo como alguien que se hace llamar fumador puede dejar por la mitad un cigarrillo. ¡Ni siquiera siendo que viene el colectivo se perdona! En tal caso se espera el próximo, dejando que el cigarrillo llegue al final. Bien, vamos al grano, soy un zapato. No un zapato en el sentido peyorativo que ustedes suelen usar. Soy un zapato literal. Alguna vez Phillip Dick inventó un cuento donde se le daba vida a un par de zapatos, pues bien señor Dick, quiero decirle, donde sea que usted esté, que los zapatos tenemos vida, y no solo eso, podemos hablar y tenemos sentimientos, al menos algunos de nosotros (no es el caso de mi compañero, creo).

Pero no es motivo de mi charla Phillip Dick, de quien no tengo queja alguna más que esa, no fui su zapato como para tener otra crítica. De lo que quiero hablarles es de mi vida, o mejor dicho de mis dos vidas, y esto debido a que tuve dos dueños. Empezaré hablando del primero, por cuestiones cronológicas.

Mi primer dueño era de esos quienes compran zapatos como quien compra caramelos. Me compró (junto a mi par obviamente) y fui arrojado a un armario gigantesco con otros zapatos ansiosos por ser usados, por cumplir con su destino de zapato. Yo tuve la suerte de ser usado dos veces. La primera fue para una conferencia que mi dueño dio delante de cientos de zapatos elegantes; la segunda fue en una fiesta donde terminé debajo de la cama con un par de botitas de cuero de las que me tuve que encargar yo solo ya que mi compañero no tiene vida(al menos eso sospecho).

Me terminé acostumbrando sin problemas a mi vida de ocio junto al resto de los zapatos, sobre una alfombra roja y cómoda, en el armario gigante y cálido. Pero mi situación dio un vuelco inesperado cuando me sacaron por tercera vez del armario. Me alegré al pensar que iba a ser usado nuevamente y quizás en ocasión de otra fiesta donde conocería otras botitas, o quizás unas sandalias. Que pelotudo me sentí cuando supe mi verdadero destino: una bolsa negra. Allí fui a parar junto con camisas, remeras, pantalones, medias y demás indumentaria. Permanecí un largo tiempo ahí encerrado, pensé que era el fin, que habría de estar en un basural y que en cualquier momento me quemarían como a un pañal usado. Pero no fue así, un día la bolsa se abrió y vi a un hombre barbudo, con la cara negra de sucia y que con manos llenas de mugre me tomó junto a mi inanimado par. El hombre barbudo puso su pie duro y sucio dentro de mí, convirtiéndose en mi segundo dueño.

El primer día fue fatal, anduve por calles de tierra, por adoquines, por yuyos, por barro, y de vez en cuando por alguna vereda sin tantas imperfecciones donde me aliviaba un poco. Añoraba el armario y su piso alfombrado y con olor a limpio, en aquellos días de andares infinitos por caminos tortuosos, sometido al peor olor a pata que pudiera existir, hasta deseaba un poco del puto y asfixiante talco que me echaba la sirvienta de mi anterior dueño. ¿Qué había hecho yo, un simple zapato, para merecer esto? Me preguntaba.

Sin embargo, con el pasar de los días y kilómetros de andar, me terminé acostumbrando a mi nueva vida. Íbamos y veníamos por toda la ciudad en busca de cartones. El peso del carro que mi dueño arrastraba hacía que mi desgaste fuera mayor, pero por alguna razón me sentía bien ayudándolo. Si el día era bueno llegábamos a juntar kilos y kilos de cartón que él cambiaba por monedas y algunos billetes. Luego con ese dinero compraba paleta, queso, pan, un vino tinto y en ocasiones betún. Cuando anochecía nos dirigíamos al pórtico de una iglesia, donde me quitaba de sus pies, me pasaba prolijamente el betún y me dejaba a un costado de él, junto con una mochila vieja, frazadas y una biblia. A veces pasábamos la noche en habitaciones gigantes con muchas camas y más gente como mi dueño, y mientras ellos tomaban vino y cantaban, nosotros los zapatos nos contábamos nuestras historias de vida, las cuales no se diferenciaban demasiado.

Durante ese tiempo contrastaba mis dos vidas y por alguna razón no añoraba para nada la anterior. Sí, quizás, me hubiera gustado volver a ver a aquellas botitas de cuero. Pero si me hubiesen visto en aquel estado no creo que se hubieran detenido siquiera a saludarme. De todos modos no importaba, me sentía querido y útil, algo que esas botitas burguesas nunca llegarían a sentir. Escuché decir una vez que uno tiene dos nacimientos, el primero que todos conocemos (en mi caso cuando me cosió aquel niño de ocho o nueve años) y el segundo cuando uno encuentra su destino. Pues bien, yo nací de nuevo cuando la bolsa negra se abrió y el barbudo me tomó con sus curtidas manos.

Seré breve sobre mi final porque se me terminan el cigarro y las ganas de hablar. Una mañana de invierno, el barbudo no se levanto más, sus pies sucios y olorosos (olor que añoro) estaban fríos y rígidos. Me desprendieron de él y se lo llevaron en una ambulancia, vi su cara morada, sucia y amable despedirse de mí para siempre. Ahora estoy en un baldío rodeado de ruedas con agua podrida en su interior, diarios resecos, ranas, moscas, mosquitos, botellas de plástico y vidrio, y bien al lado mío, mi par. Mi par que no se mueve, no se ríe, no baila, no habla, no me ayuda a conquistar botitas; no hace nada, pero conserva el olor y el calor de nuestro último dueño, y yo me aferro a él fuertemente, porque me alivia el frío y la soledad, y me recuerda, me recuerda quien soy.


http://dejequelecuente.blogspot.com/2010/05/monologo-de-un-zapato.html
Datos archivados del Taringa! original
55puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

e
elcondor1982🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts130
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.