Vagabundos.-
La esencia de la vida es el movimiento, luego el nomadismo es lo que más se acerca a ella. Por eso, quizás, la gente sin domicilio fijo ejerce atracción y miedo a partes iguales. Aunque existen casos concretos de vagabundos que no son tales en el fondo, porque su vida se rige por horarios y costumbres fijas, exactamente igual que un oficinista cualquiera. Sin embargo, aquí me ocuparé de casos de auténtico vagabundeo. En concreto de la ciudad de Madrid. Por ello también pasaré por alto aquellos casos de gente tan “normal” como cualquiera, de personas obligadas por las circunstancias a vivir en la calle y que ponen en evidencia la fragilidad de nuestras vidas. Todos somos susceptibles de acabar convertidos en sin techo, basta que una cadena de circunstancias penosas nos despojen temporalmente de todo aquello que formaba un edificio de aparente seguridad.
Entre los vagabundos de vocación también hay que diferenciar entre los más o menos chiflados (gente inconsciente que se mueve entre delirios y paranoias varias) y los que han elegido, consciente y voluntariamente, una vida nómada. Estos son los más escasos, pero precisamente por ello destacan con luz propia. Encontré 3 casos de este tipo, aunque hay que reconocer que algunos de los sin techo se negaron en redondo a decir nada, por lo que no se pudo saber a qué tipo de vagabundos pertenecían.
Los Rostros










[/font][/size]






































La esencia de la vida es el movimiento, luego el nomadismo es lo que más se acerca a ella. Por eso, quizás, la gente sin domicilio fijo ejerce atracción y miedo a partes iguales. Aunque existen casos concretos de vagabundos que no son tales en el fondo, porque su vida se rige por horarios y costumbres fijas, exactamente igual que un oficinista cualquiera. Sin embargo, aquí me ocuparé de casos de auténtico vagabundeo. En concreto de la ciudad de Madrid. Por ello también pasaré por alto aquellos casos de gente tan “normal” como cualquiera, de personas obligadas por las circunstancias a vivir en la calle y que ponen en evidencia la fragilidad de nuestras vidas. Todos somos susceptibles de acabar convertidos en sin techo, basta que una cadena de circunstancias penosas nos despojen temporalmente de todo aquello que formaba un edificio de aparente seguridad.
Entre los vagabundos de vocación también hay que diferenciar entre los más o menos chiflados (gente inconsciente que se mueve entre delirios y paranoias varias) y los que han elegido, consciente y voluntariamente, una vida nómada. Estos son los más escasos, pero precisamente por ello destacan con luz propia. Encontré 3 casos de este tipo, aunque hay que reconocer que algunos de los sin techo se negaron en redondo a decir nada, por lo que no se pudo saber a qué tipo de vagabundos pertenecían.
Los Rostros










[/font][/size]






































