El principal motor de nuestras obras.
Estúpida sensación de vacio que causa la neblina espesa y húmeda al despertar, hoy como de costumbre no durmió nada, su sueño, su sueño libre de pensamientos insanos, su corto sueño, lleno de felicidad que rara vez se cumple, su vida, su vida es una vana teoría de credulidad y de satisfacciones efímeras y fantasiosas, su realidad es una mentira, su alrededor es un invento su medio ambiente es producto de su incesante insomnio, la sensatez no conoce su karma y las madrugadas invertidas se vuelven parte de la verdadera realidad trágica y cruda porque el, si el, el mismo que se ve desde los afueras como el gran sujeto, como el admirable compañero, destacado y amable, el buen amigo consolador y que siempre esta al pendiente, ese mismo el que aparenta ser una persona equilibrada, aquel, aquel mismo, esta podrido por dentro.
Si miraras sus adentros verías materia nefasta, su conciencia es de piedra, sus centimitos oxidados y carcomidos, su sensatez esta podrida, su bondad disuelta, su mente es de frio carbón y plomo su corazón es de materia fecal; si miras atreves de sus ojos no ves nada, solo sombras, solo el reflujo de los actos que como huellas en la arena dejan rastro y las llevamos hasta el día de nuestra muerte, y es ahí y solo ahí donde logramos aliviarnos de nuestras condenas y rencores, si es que comprendemos al rencor como el principal motor de nuestras obras, o al menos así era para el.
Por: David E. del Angel.