El incienso va cubriendo la noche turbia;
tu sexo se dirime entre las tibias golondrinas;
¿quién exclama el verso primigenio
que tratamos de mentar en todo tiempo?.
Hay una liturgia del suicida.
de tinieblas insensibles a las crepitaciones
aleatorias de la ciudad deshecha;
a través de venas azuladas;
imaginando el sueño de los necios.
El aroma nos produce arcadas;
quieres diluir el páramo preñado
que tienes en cada pensamiento;
pero la migraña de las amapolas
corre por detrás de tu semblante.
En el aquelarre bailan ya los astros destinados
a la destrucción de cada suerte.
tu sexo se dirime entre las tibias golondrinas;
¿quién exclama el verso primigenio
que tratamos de mentar en todo tiempo?.
Hay una liturgia del suicida.
de tinieblas insensibles a las crepitaciones
aleatorias de la ciudad deshecha;
a través de venas azuladas;
imaginando el sueño de los necios.
El aroma nos produce arcadas;
quieres diluir el páramo preñado
que tienes en cada pensamiento;
pero la migraña de las amapolas
corre por detrás de tu semblante.
En el aquelarre bailan ya los astros destinados
a la destrucción de cada suerte.