Los amores de Zeus
Zeus es, entre los dioses del Olimpo, el mayor seductor, el gran amante. Padre de dioses, semidioses y humanos, es protagonista de muchísimas historias de amor y de violento deseo. Tanto en la Antigua Grecia como en el Olimpo, cualquiera podría haber sido uno de los hijos e hijas que este sensual y caprichoso dios tuvo con sus innumerables parejas.
Decidido siempre a salirse con la suya, adopta infinidad de disfraces para engañar y poseer a sus elegidas y elegidos. Ante ellas y ellos nunca se presentaba con sus atributos del rayo, el trueno o la tormenta, para no espantarlos. Según el momento, se transformará en lluvia de oro, cisne, toro blanco, niebla, falso sátiro, un marido ausente, una serpiente… Reina sobre dioses y mortales, simboliza la energía de las tormentas, la lluvia, el rayo y, al mismo tiempo, personifica el equilibrio y la armonía, el orden y la justicia. Siembra el espanto porque es una deidad que hace uso de la violencia, también es capaz de la piedad.
Sobre lo único que no tiene poder es sobre los Hados, aquello que necesariamente va a ocurrir: Zeus está sometido al Destino y a la vez es su intérprete, el que lo traduce a dioses y humanos. El cosmos funciona según el pensamiento de Zeus. Y pese a tan tremenda tarea le resulta imposible sosegar su infinita capacidad de amar, en realidad no tiene la menor intención de hacerlo.
Esposas Divinas
Metis
En Zeus todo es exagerado: buscó esposa y encontró varias. La primera de ellas fue Metis, hija de Océano. Metis significa la capacidad de metamorfosearse, de cambiar, también la astucia y la prudencia. La doncella no quería ceder a los requerimientos de su divino cónyuge y, para escapar del dios, tomaba muchas formas distintas. En una oportunidad, Metis se separa de Zeus cuando el dios estaba a punto de poseerla y el esperma divino se derrama en el espacio, donde forma la Vía Láctea.
Finalmente Zeus deja embarazada a Metis, y comienza a tejerse la leyenda: Gea, la abuela de Zeus, le advirtió que si Metis paría un hijo este lo destronaría. Así que, en el mejor estilo de su padre Cronos, Zeus se tragó a su esposa.
Comenzó a desafiarla con un interrogatorio acerca de cuántas formas podía tomar:
-¿Puedes convertirte en una gota de agua? -preguntó Zeus.
-Por supuesto -respondió Metis irritada.
-!Demuéstralo! –la desafió.
Y en el momento en que su esposa se transformó en una gota de agua, Zeus se la tragó. Tener a Metis dentro era incorporar las artimañas que permiten desbaratar de antemano los planes del enemigo y triunfar sobre él.
Metis se encontró entonces dentro de su esposo, que aullaba con los dolores del parto y el vientre y la cabeza hinchados. Hefestos, el herrero del Olimpo, se acercó a ayudarlo y a la orden de Zeus le partió el cráneo de un hachazo, mientras el dios daba un fuerte grito que sacudió la tierra, encrespó el mar e hizo temblar a las montañas. De la herida surgió una joven armada de la cabeza a los pies con casco, lanza, escudo y coraza, de oro o de bronce: era Atenea, la diosa de la inteligencia estaba en el mundo. Hija de Metis y Zeus pero dada a luz sólo por su padre, es la mayor fábula del orden patriarcal. La madre es devorada por el padre, que concentra en sí toda la astucia, volviéndose el dios absoluto lleno de prudencia.
Temis
Nuevamente Zeus busca esposa y la encuentra en Temis, una hija de Urano y Gea y tía de Zeus. Temis personifica la ley. Con ella tuvo varios hijos: las Horas, que tienen doble aspecto, como diosas cósmicas y como diosas del orden social, y las Moiras, (los Hados), que son los agentes del destino.
Esta boda de Zeus representa la encarnación del orden eterno: Zeus, el dios omnipotente, puede estar sometido al destino, a la ley cósmica.
Y en tanto éste orden cósmico se iba consolidando, Zeus tuvo tiempo para amar a Mnemosine, la titán que encarnaba la memoria, hija de Gea, la Tierra, y Urano, el Cielo con quien, en nueve noches de amor, concibió a las nueve Musas, divinidades de las artes y las ciencias.
La boda sagrada: Hera
Hera es la tercera esposa legal de Zeus y la que, a pesar de sus muchos amoríos, conserva siempre. Es la más grande de las diosas olímpicas, la mayor de las hijas de Cronos y Rea, y hermana de Zeus.
El amor de Zeus y Hera era antiguo, se habían unido en secreto, cuando reinaba Cronos. Según Homero, estos dos niños no tardaron en descubrir el amor clandestino, “se unieron en el lecho a espaldas de sus padres”, que dicho sea de paso, también eran hermanos. Zeus hizo el amor con Hera durante 300 años antes de la boda formal. Su lecho oculto era el río Imbraso. Sin fatigarse jamás, el mundo les era ajeno. Zeus aún no lo gobernaba y tal vez fue el único momento de la relación en que Zeus le fue fiel a Hera. La boda sagrada se celebró según la costumbre y duraró nueve días con sus noches. La Tierra (Gea) hizo crecer para la ocasión un tapiz de flores espeso y blando que los elevó del piso: un lecho artificial que fue rodeado por una nube dorada para preservar la unión de los ojos ajenos.
El lecho era el centro del culto de Hera, “el sagrado recinto de la devoción erótica”: el Heraion, cerca de Argos, era el santuario de Hera más importante, donde podía verse una imagen de Hera en la que su boca se cerraba amorosamente en torno del falo erguido de Zeus. Hera, con el tributo del pavo real, fue reverenciada como diosa del hogar y del matrimonio.
Amantes humanas
Dánae
Hija de Acrisio, el rey de Argos, la joven Dánae fue encerrada en una torre, o en un calabozo subterráneo con una puerta de bronce, después de que un oráculo le hubiese vaticinado a su padre que, si llegaba a tener un nieto, moriría a manos del mismo. Así, pensaba el monarca, no podría tener acceso a ningún hombre y por lo tanto no concebiría hijo alguno. Sin embargo, Zeus vio a la joven y se enamoró de ella. Convertido en lluvia de oro, entró en la torre y se unió a Dánae.
Cuando Acrisio se enteró, decidió ahogarla metiéndola junto Perseo, el hijo, en un baúl que echó al mar, con la esperanza de que muriesen. Sin embargo, llegaron sanos y salvos a la isla de Sérifos, donde fueron acogidos por un pastor. Después de algunas hazañas, Perseo participó durante unos juegos en la prueba de lanzamiento de disco. Cuando el disco estaba en el aire la dirección del viento cambió repentinamente, dirigiéndose hacia el público y decapitando a su abuelo, que se encontraba allí sin saber de la participación de su nieto y cumpliéndose así la funesta predicción.
La historia de Dánae y Zeus, ha inspirado a muchos artistas quienes imaginaron escenas de alto contenido erótico, con una joven en actitud receptiva a la nube dorada o lluvia de monedas que se acerca; como en los cuadros de Tiziano o Klimt, que aquí vemos.
No sólo se deben a su apetito carnal las múltiples aventuras amorosas de Zeus. Al principio de los tiempos se encontraba solo, y para cumplir su alta misión de poblar el Olimpo de dioses y la tierra de héroes, no tuvo más remedio que casarse varias veces y tener, además, frecuentes aventuras; no sólo con otras diosas, sino con mujeres mortales.
De sus amores con las diosas nacieron siempre dioses. De sus amores con mujeres mortales nacieron semidioses y héroes, todos a última hora premiados con la inmortalidad. Aunque muchos de ellos, como Hércules, fueron mortales y hasta murieron como los hombres.
Algunos de sus hijos son grandes héroes legendarios. Hércules, Perseo, Minos, Castor, Pólux, Kermes, Argos, Dionisos y Helena, la mujer más bella de cuantas existieron jamás.
Amores de Zeus con mortales
Leda
Leda es hija del rey de Etolia Testios, y de la reina Euristemis. Es de una belleza tan sorprendente que llama la atención de Zeus.
En el mito siempre el fundamento de un gran amor apasionado es la belleza de la mujer. Ninguna otra cualidad suscita amor. El hombre legendario sólo ama la belleza, o sólo ama a la mujer por su belleza. Y la mujer, legendariamente, sólo es instrumento de amor.
Leda está casada con Tíndaro, rey de Esparta que ha debido huir de su tierra mismo; pues por algo es también el padre de los dioses.
Zeus tiene noticias de la belleza de Leda y decide hacerla madre de semidioses. Tíndaro no le sirve como padre, porque es mortal y los hijos de dos mortales sólo pueden ser mortales como sus padres. Una tarde, a la hora del paseo de Leda, se oculta entre los arbustos del jardín real para verla, se enamora y da por resuelta la cuestión del padre: será él mismo. *cuadro de Leonardo da Vinci
Apoderarse de Leda y hacerla madre no le costaba nada. Pero Zeus empezaba a darse cuenta de que sólo el amor es capaz de dar fruto de hijos útiles a la humanidad y quiso que, por primera vez, sus hijos fuesen hijos del amor. Podía haber tomado la forma humana de un bello adolescente. Pero Tíndaro era el mejor de los hombres de su tiempo y la competencia se ponía difícil. Zeus resolvió el problema con astuta habilidad transformándose en un majestuoso cisne.
Una tarde Leda estaba en su jardín, junto al lago, y vio que se le acercaba un hermoso cisne. Nunca había visto un animal tan bello. El cisne llegó a la orilla y Leda lo acarició y lo besó. Notó que la carne del cisne se estremecía de placer y pensó: «Es un animal sensible». Zeus, que podía seguir los pensamientos de Leda, comprendió que la cosa iba por buen camino. De vuelta al Olimpo consultó con su otra hija, Afrodita, la diosa del amor. Era su hija predilecta y no tenía secretos para ella. Afrodita murmuró:
—Lo comprendo; una gran belleza inspira siempre amor.
—En los hombres, que son muy sensibles a la belleza, sí. En las mujeres, no.
—Acaso una gran compasión...
Zeus y Afrodita hacen un pacto secreto y una tarde, mientras Leda estaba sentada a la orilla del lago esperando al cisne, oye en los aires un extraño rumor. Levanta los ojos y ve llegar a su cisne perseguido de cerca por un águila negra. El cisne no puede aceptar el combate con otro animal más fuerte y huye hacia la tierra.
Leda le tiende los brazos, el cisne la descubre y se refugia en ellos tembloroso. El águila no se atreve contra Leda y remonta el vuelo. Esto ocurre en aquella hora tan dulce del atardecer, cuando el sueño de amor se apodera de todos los corazones sensibles.
Nadie ha podido describir el amor del cisne y Leda, porque Zeus, que lo tiene todo previsto, hizo que se formara una gran nube densa que oscureció la luz del sol. Se ha sabido que el águila negra llegó, espacio arriba, hasta el Olimpo y que allí recuperó su verdadera forma. Era la misma diosa Afrodita que se había transformado para ayudar a su padre a enternecer el corazón de Leda.
El resultado del amor de Zeus y Leda no se hizo esperar y revistió la extraña forma de un huevo. Y del huevo salieron dos niños gemelos. Ésta es la primera vez que los gemelos figuran en la leyenda, y son gemelos nacidos, como los auténticos, del mismo huevo de mujer: Castor y Pólux, en algunas versiones; Helena y Clitemnestra, en otras.
Dioses descendientes de Zeus
Muchos grandes dioses del Olimpo son hijos de Zeus, que ha tenido con algunas diosas. Veamos algunos ejemplos:
• Al Dios Hermes lo tuvo con Maya, hija del Titán Atlas.
• Dioniso, dios del vino y de los placeres materiales; en vez de estar en el vientre de su madre, Sémele, que murió al ver a Zeus engañando a Hera porque Sémele vio a Zeus en todo su esplendor; Dioniso creció en el muslo de Zeus hasta que nació.
• Haciéndose pasar por Ártemis, Zeus se echó una cana al aire con Calisto, ninfa del séquito de Ártemis. De este lío amoroso nació Árcade. Hera, cuyos celos ya pasaban de castaño oscuro, y Ártemis convierten a Calisto en una osa. Árcade, que se convirtió en cazador, estuvo a punto de cazarla. Pero Zeus se apiada de ellos y los lanza al cielo, convirtiéndolos en la Osa Mayor y la Osa Menor.
• Disfrazado de sátiro, Zeus conquistó a Antíope y tuvieron dos hijos, Zeto y Anfión. Zeto y Anfión ataron a su tía Dirce a los cuernos de un toro y la descuartizaron puesto que había perseguido a su madre y, después, la había atormentado.
Ganímedes
También se le conocen al dios Zeus algunas aventuras homosexuales. Y hasta se ha rumoreado en todo el Olimpo la presunta homosexualidad de Zeus. Un ejemplo de sus relaciones homosexuales ha sido su relación con Ganímedes, un príncipe troyano a quien Zeus raptó transformándose en águila. Ganimedes era el hijo menor de Tors, rey de Troya, y de su mujer Calírroe. Su belleza era tal que el propio Zeus se enamoró al verlo cuidar los rebaños de su padre en los prados de Troya. Según la leyenda, Zeus se transformó en un águila y raptó al joven, al cual condujo al Olimpo, donde le concedió la inmortalidad y el don de la eterna juventud. Allí fue el copero de los dioses. Pera resarcir al rey Tros del rapto de su hijo, le regaló un vino de oro fabricado por Hefesto, el dios de la fragua y del fuego. Según otra versión, no fue el propio Zeus quién raptó a Ganimedes, sino que envió un águila para que lo hiciese. En cualquier caso, nunca volvió con sus padres.
Leto
Zeus tuvo relaciones con Leto, lo que enfureció a su celosa esposa, Hera. La futura esposa de Zeus, Hera, se puso furiosa al enterarse de la relación. Para evitar que les causara cualquier daño, Zeus convirtió a Leto y él mismo en codornices antes de que se acostaran, y entonces ella se fue volando. Pero Hera no estaba dispuesta a la humillación y envió a la serpiente Pitón tras Leto, por lo que ésta no pudo dar a luz en tierra. También se postula que fue obligada a permanecer embarazada durante meses, vagando desconsolada, pues ni Ilitía, diosa de los partos, ni nadie, se atrevía a ayudarla por miedo a la ira de Hera, que había prohibido a cualquier población acoger la descendencia de Leto. Con la ayuda del Viento del Sur, la mujer llegó finalmente a Delos, una isla flotante de las Cícladas, donde por fin pudo alcanzar tierra y dar a luz a sus dos hijos: Artemisa y Apolo.
Europa
Europa era la hija del rey fenicio Agenor, y su hogar estaba en Tiro. Un día, mientras estaba jugando con sus siervas junto al mar, Zeus la vio y se enamoró de ella. La visión de las hermosas mujeres riendo a la luz del sol llamó poderosamente su atención y enloqueció de amor por la joven. Entonces se le apareció en forma de toro blanco, un toro nuevo que pastaba junto a las vacas. El animal parecía tan manso que la joven se subió a su lomo como si se tratase de un juego sin sospechar nada. Entonces se convirtió en su prisionera. Zeus se adentró en el mar y nadó hasta Creta, donde se quitó el disfraz. La joven prisionera fue encerrada en una cueva y allí dio a luz a Minos ( rey de Creta) Sarpedón (rey de Mileto) y Radamantis ( un prestigioso jurista).
En agradecimiento, Zeus le hizo tres regalos. Una lanza infalible, un perro de caza y un hombre de bronce que escupía fuego. Entonces la abandonó y ella se casó con Asterión, rey de Creta. Como no tuvieron descendencia, el rey decidió adoptar los hijos semidivinos de Europa y convertirlos en sus herederos. Uno de ellos, Minos, le sucedió y se convirtió en un gobernante infame.
Maya
Hija de Atlante y Pléyade, la ninfa Maya era una de las siete Pléyades. Habitaba en el monte Cilene, donde mantuvo una relación con Zeus de la que nació Hermes, el mensajero de los dioses, curiosamente el único hijo ilegítimo de Zeus que no fue rechazado por Hera, su esposa.
Sémele
Zeus optó por tomar una apariencia mortal para seducir a Sémele, la hija de Cadmo y Harmonía. Hera, la esposa de Zeus, se vengó disfrazándose de la criada más anciana de Sémele y logró convencerla para que pidiese a Zeus que se le mostrase en todo su esplendor. Al hacerlo, los rayos que emanaban del dios quemaron a Sémele. Zeus no pudo evitar su muerte, pero al menos logró salvar de las brasas al hijo que esperaba su amante, Dionisio.
Ío
Ío era una sacerdotisa de Hera a la que había seducido Zeus, como tantas otras mortales de gran belleza. En una ocasión Hera sorprendió a la pareja mientras coqueteaban en el prado. Desesperado por ocultar su infidelidad, Zeus transformó a la joven en una ternera con la esperanza de que su pacífica apariencia no levantaría las sospechas de su celosa esposa. Pero ésta intuyó el engaño, insistió entonces en quedarse con el animal, y confió su custodia a Argos, un temible monstruo que tenía cien ojos, por lo que se decía que nunca dormía del todo.
Para recuperarla, Zeus pidió ayuda a Hermes, quien se disfrazó de cabrero. Con esta argucia se presentó ante Argos tocando con su flauta una melodía tan hermosa que acabó durmiendo al monstruo que nunca dormía. Después, agarró un canto rodado y le asestó un golpe mortal en la cabeza.
Hera, que pondría más tarde los ojos de su protegido en las plumas del pavo real, se enfadó con el Mensajero y envió un tábano para que atormentase a la vaca, que salió corriendo hasta precipitarse a las aguas del mar que , desde entonces, se llamaría Jónico. Desde allí, continuó nadando hasta Egipto.
Una veza en tierras egipcias, la suerte de Ío mejoró, pues Zeus le devolvió su forma humana y pudo por fin dar a luz a su hijo Épafo.
Alcmena
Era la bella esposa de Anfitrión. Este debió partir a una expedición. Un día antes de su regreso, Zeus adoptando la forma del rey, se unió en el lecho con la hermosa y deseada Alcmena, a quien había vigilado desde hacia tiempo. Hizo el dios que la noche durara tres días, prohibiéndole al sol que apareciera.
Cuando Anfitrión regresó, se sorprendió de que su esposa no estuviera tan efusiva como debiera, teniendo en cuenta su ausencia, y de que también conociese los detalles de su viaje. Consultó entonces a Tiresias, quien lo puso al tanto de sus problemas.
En tanto, Alcmena parió a dos gemelos que habían sido concebidos con una noche de intervalo: Heracles, hijo de Zeus, e Ificles, hijo de Anfitrión.
El rey ya había tomado la decisión de castigar a su esposa quemándola en la hoguera, pero Zeus envió una lluvia tan torrencial que extinguió por completo el fuego. Ante tan clara indirecta divina, Anfitrión no tuvo más remedio que perdonar la vida de su esposa Alcmena, que en realidad no había sido culpable en el simulacro de Zeus.
Es interesante hablar sobre el papel de Tiresias, quien aparece como el adivino oficial. Cuenta la historia que paseando un día por el monte Cileno, o por el Citerón, el joven Tiresias vio a dos serpientes copular. Tiresias separó a los animales; unos dicen que hirió a la hembra y otros que la mató. Sea como fuere, la consecuencia fue que Tiresias quedó convertido en mujer. Siete años más tarde, paseando por el mismo lugar, volvió a ver dos serpientes copulando y actuó de la misma manera, en el acto recupero su sexo masculino.
En una de las tantas disputas de Zeus y Hera, en este caso sobre quién obtenía mayor placer durante la unión sexual, fue consultado, puesto que él había tenido los dos sexos. Tiresias dijo que si el goce podía tener 10 partes, una correspondía al hombre y las otras nueve a la mujer. Hera, enfurecida al ver descubierto su secreto -o el secreto femenino- lo encegueció. Pero Zeus en compensación le otorgó el don de profecía y el privilegio de una larga vida, siete generaciones humanas...