Naslam y Nafivi descubrieron en aquel mercenario un arquero excepcional aunque indisciplinado y amante de la libertad, sin ansias de poder pero que tampoco soportada ser gobernado. Acordaban reunirse todas las mañanas en la plaza en la que quemaron el cadáver del rey para entrenar, aunque lo normal era que solo acudiesen Nafivi y Naslam que entrenaban con espadas de madera luchando entre sí, y la verdad es que Antonio podía permitirse no ir, porque sabía mantenerse bien oculto en cualquier situación y su puntería era excepcional además de ser un experto en supervivencia y saber encontrar comida en cualquier sitio, algo que aprendió a hacer en Terraconde.
Puesto que Nafivi reconocía a Naslam como líder y a Antonio ni le iba ni le venía, Naslam acabó convirtiéndose en un monarca absoluto que decidió que el líder debía ser el mejor guerrero, y por tanto para quitarle el poder, había que ganarle en un combate con armas de madera, Aunque sabía que el que quisiera quitarle el poder de verdad buscaría la forma de asesinarlo con más planificación de la que le dedicó Antlor.
Pusieron en el viejo mástil una bandera que fue diseñada una vez por Antlor pero que se rechazó porque no tenía ninguna simbología. Ahora sí que la tenía. El amarillo y el Azul podían ser los colores que representaban a Naslam y Nafivi como una pareja invencible en combate y más con la ayuda de Antonio, el rojo siempre entre ellos.
Naslam además quiso que a partir de entonces, cuando fuesen al bosque a buscar al enemigo o a cualquier sitio en el que pudiese haber riesgo a él se le protegiese especialmente, lo que no gustaba a Nafivi y menos a Antonio. Un día en el bosque, iban intentando no ser vistos por nadie cuando saltó un hombre de un árbol, Antonio le disparó antes de que cayera, pero excepcionalmente, falló, al caer al suelo, intentó apuñalar a Nafivi, pero para entonces, Naslam ya le había cortado la cabeza. Poco después Antonio escuchó unos pasos detrás suya y al girarse tenía encima a un hombre y una mujer con una espada cada uno, puedo matar al hombre clavándole en el cuello la flecha que tenía en la mano preparada para cargarla. La mujer de atrás se abalanzó encima suya y consiguió tirarse al suelo antes de que le abriera la cabeza en canal. Naslam se cubrió con su escudo pero aun así se llevó un corte en el hombro, y luego Nafivi le empujó con su escudo para tirarla al suelo, Antonio la desarmó y Naslam le puso la espada en el cuello y le preguntó por que habían atacado. La guerrera no respondió nada, pero Naslam le vio el miedo en sus ojos. Ordenó a Antonio atarle las manos a la espalda y cogerla como prisionera. Registraron los otros dos cadáveres aunque con prisa y temerosos de que en cualquier momento pudiera salir una flecha de la maleza. Uno de ellos tenía un dragón apuñalado tatuado en el brazo y el otro un Sol en la espalda. Le preguntaron a su prisionera que significaba aquello.
-El Sol nos protege. Respondió con un hilo de voz.
Antonio cogió aquella la daga del hombre que saltó del árbol y volvieron con los ojos como platos por miedo a una emboscada, mientras que su prisionera avanzaba con paso firme y más decidida que nadie. En un momento, Antonio disparó una flecha hacia la maleza. segundos después se escucharon gritos.
-Le han dado, ¡le han dado!.
Gritaban las voces del bosque, la respuesta fue una inmediata lluvia de flechas sobre ellos. Intentando ponerse a cubierto en medio de aquel infierno, los tres se escondieron en medio de unas rocas con la prisionera y se tiraron al suelo, mirando por los huecos que podían por si llegaba alguien corriendo, aunque eso no sucedió, cuando se tranquilizó todo. Naslam comenzó a ponerse de pié. Antonio lo paró y le advirtió de que podían estar esperando para disparar, decidieron que su prisionera saliese primero..... al mirarla..... estaba muerta con varias flechas por todo el cuerpo. No era la primera vez que vivían aventuras así en aquel bosque, ni sería la última, aunque quizás sí la mas intensa. Recordaron lo único que la habían oído decir hasta entonces y darle importancia, lo tuvieron en cuenta. Esperaron hasta la noche allí atrincherados, aterrados, sin decir palabra, cuando la oscuridad lo había cubierto todo, salieron corriendo hacia la ciudad entre aquel mar de flechas clavadas en el suelo. Sabían que era peligroso, que podían disparar a cualquiera de ellos por el camino, o salirles al paso, o podían haber puesto trampas anteriormente en el camino y ni enterarse pero ¿qué otro remedio había? Les siguieron hasta casi las mismas murallas de entrada. No tuvieron tiempo de reunirse para ver si estaban todos enteros, prefirieron irse a sus respectivas casas.
Al día siguiente, se reunieron Naslam y Nafivi como era costumbre, Antonio no acudió.
Puesto que Nafivi reconocía a Naslam como líder y a Antonio ni le iba ni le venía, Naslam acabó convirtiéndose en un monarca absoluto que decidió que el líder debía ser el mejor guerrero, y por tanto para quitarle el poder, había que ganarle en un combate con armas de madera, Aunque sabía que el que quisiera quitarle el poder de verdad buscaría la forma de asesinarlo con más planificación de la que le dedicó Antlor.
Pusieron en el viejo mástil una bandera que fue diseñada una vez por Antlor pero que se rechazó porque no tenía ninguna simbología. Ahora sí que la tenía. El amarillo y el Azul podían ser los colores que representaban a Naslam y Nafivi como una pareja invencible en combate y más con la ayuda de Antonio, el rojo siempre entre ellos.
Naslam además quiso que a partir de entonces, cuando fuesen al bosque a buscar al enemigo o a cualquier sitio en el que pudiese haber riesgo a él se le protegiese especialmente, lo que no gustaba a Nafivi y menos a Antonio. Un día en el bosque, iban intentando no ser vistos por nadie cuando saltó un hombre de un árbol, Antonio le disparó antes de que cayera, pero excepcionalmente, falló, al caer al suelo, intentó apuñalar a Nafivi, pero para entonces, Naslam ya le había cortado la cabeza. Poco después Antonio escuchó unos pasos detrás suya y al girarse tenía encima a un hombre y una mujer con una espada cada uno, puedo matar al hombre clavándole en el cuello la flecha que tenía en la mano preparada para cargarla. La mujer de atrás se abalanzó encima suya y consiguió tirarse al suelo antes de que le abriera la cabeza en canal. Naslam se cubrió con su escudo pero aun así se llevó un corte en el hombro, y luego Nafivi le empujó con su escudo para tirarla al suelo, Antonio la desarmó y Naslam le puso la espada en el cuello y le preguntó por que habían atacado. La guerrera no respondió nada, pero Naslam le vio el miedo en sus ojos. Ordenó a Antonio atarle las manos a la espalda y cogerla como prisionera. Registraron los otros dos cadáveres aunque con prisa y temerosos de que en cualquier momento pudiera salir una flecha de la maleza. Uno de ellos tenía un dragón apuñalado tatuado en el brazo y el otro un Sol en la espalda. Le preguntaron a su prisionera que significaba aquello.
-El Sol nos protege. Respondió con un hilo de voz.
Antonio cogió aquella la daga del hombre que saltó del árbol y volvieron con los ojos como platos por miedo a una emboscada, mientras que su prisionera avanzaba con paso firme y más decidida que nadie. En un momento, Antonio disparó una flecha hacia la maleza. segundos después se escucharon gritos.
-Le han dado, ¡le han dado!.
Gritaban las voces del bosque, la respuesta fue una inmediata lluvia de flechas sobre ellos. Intentando ponerse a cubierto en medio de aquel infierno, los tres se escondieron en medio de unas rocas con la prisionera y se tiraron al suelo, mirando por los huecos que podían por si llegaba alguien corriendo, aunque eso no sucedió, cuando se tranquilizó todo. Naslam comenzó a ponerse de pié. Antonio lo paró y le advirtió de que podían estar esperando para disparar, decidieron que su prisionera saliese primero..... al mirarla..... estaba muerta con varias flechas por todo el cuerpo. No era la primera vez que vivían aventuras así en aquel bosque, ni sería la última, aunque quizás sí la mas intensa. Recordaron lo único que la habían oído decir hasta entonces y darle importancia, lo tuvieron en cuenta. Esperaron hasta la noche allí atrincherados, aterrados, sin decir palabra, cuando la oscuridad lo había cubierto todo, salieron corriendo hacia la ciudad entre aquel mar de flechas clavadas en el suelo. Sabían que era peligroso, que podían disparar a cualquiera de ellos por el camino, o salirles al paso, o podían haber puesto trampas anteriormente en el camino y ni enterarse pero ¿qué otro remedio había? Les siguieron hasta casi las mismas murallas de entrada. No tuvieron tiempo de reunirse para ver si estaban todos enteros, prefirieron irse a sus respectivas casas.
Al día siguiente, se reunieron Naslam y Nafivi como era costumbre, Antonio no acudió.