Aca les dejo cuatro poesías del libro de Jorge Luis Borges titulado "La Cifra"
Realmente valen la pena
¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermes, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.
¿Qué es la longevidad?
Es el horror de ser en un cuerpo humano cuyas facultades declinan, es un insomnio que se mide por décadas y no con agujas de acero, es el peso de mares y de pirámides, de antiguas bibliotecas y dinastías, de las auroras que vio Adán, es no ignorar que estoy condenado a mi carne, a mi detestada voz, a mi nombre, a una rutina de recuerdos, al castellano, que no sé manejar, a la nostalgia del latín, que no sé, a querer hundirme en la muerte y no poder hundirme en la muerte, a ser y seguir siendo.
El que abraza a una mujer es Adán. La mujer es
Eva.
Todo sucede por primera vez.
He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que
es la luna,
pero qué puedo hacer con una palabra y con una
mitología.
Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan
Hermosos.
Los tranquilos animales se acercan para que yo les
diga su nombre.
Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando
los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en el oscuro está
inventando el fuego.
En el espejo hay otro que acecha.
El que mira el mar ve a Inglaterra.
El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en
la batalla.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron
a Cartago.
He soñado la espada y la balanza.
Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni
poseída, pero los dos se entregan.
Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos
crear el infierno.
El que desciende a un río desciende al Ganges.
El que mira un reloj de arena ve la disolución de un
imperio.
El que juega con un puñal presagia la muerte de
César.
El que duerme es todos los hombres.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de
labrar.
No hay nada tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo
Eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.
Un hombre que cultiva su jardín, como quería
Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un
silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal
vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales
de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han
hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el
mundo.
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.
Que grande Borges..
Realmente valen la pena
Dos formas del insomnio
¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermes, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.
¿Qué es la longevidad?
Es el horror de ser en un cuerpo humano cuyas facultades declinan, es un insomnio que se mide por décadas y no con agujas de acero, es el peso de mares y de pirámides, de antiguas bibliotecas y dinastías, de las auroras que vio Adán, es no ignorar que estoy condenado a mi carne, a mi detestada voz, a mi nombre, a una rutina de recuerdos, al castellano, que no sé manejar, a la nostalgia del latín, que no sé, a querer hundirme en la muerte y no poder hundirme en la muerte, a ser y seguir siendo.
La dicha
El que abraza a una mujer es Adán. La mujer es
Eva.
Todo sucede por primera vez.
He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que
es la luna,
pero qué puedo hacer con una palabra y con una
mitología.
Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan
Hermosos.
Los tranquilos animales se acercan para que yo les
diga su nombre.
Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando
los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en el oscuro está
inventando el fuego.
En el espejo hay otro que acecha.
El que mira el mar ve a Inglaterra.
El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en
la batalla.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron
a Cartago.
He soñado la espada y la balanza.
Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni
poseída, pero los dos se entregan.
Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos
crear el infierno.
El que desciende a un río desciende al Ganges.
El que mira un reloj de arena ve la disolución de un
imperio.
El que juega con un puñal presagia la muerte de
César.
El que duerme es todos los hombres.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de
labrar.
No hay nada tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo
Eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.
Los Justos
Un hombre que cultiva su jardín, como quería
Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un
silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal
vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales
de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han
hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el
mundo.
El cómplice
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.
Que grande Borges..