Fotografiando la soledad urbana, en medio de tanta gente, de tanto vértigo, de tanta indiferencia...no es más que un espejo el fotógrafo, fotografiando su propia soledad, que es la soledad de todos, en la ciudad.
Pero no dejen que el término soledad los conmueva con la simpleza y la ordinariez de la tristeza, no. Esta soledad es el ejercicio del espíritu, el ser yo: contacto, ignición, fuego y equilibrio; encontrarse librado de la rutina, de las ocupaciones, de las responsabilidades, de los deberes, de todo lo que nos hace abandonarnos, maquinándonos.
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Mi ejercicio, mi elección, es a través de la luz. Es observar, es ver, es sentir a través de la mirada, y lo que la luz dibuja con el pincel de las sombras sobre la soledad de la gente. Y eso se convierte en juego meticuloso, donde la imaginación es regla y excepción. Yo elijo ver, el ejercicio de crear a través.
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Y les propongo el juego a ustedes, ser parte de lo que les vengo a mostrar, no meros espectadores automáticos girando el scroll apresuradamente hacia al final de la página. Les propongo usar su imaginación, y ver qué sucede. Serán ustedes los que darán vida a esta presentación, yo sólo les tiendo el lienzo.......comencemos:
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Se apagan las luces de una sala. Una pantalla se enciende en blanco primero, revelando su impronta dimensión frente a sus ojos. Hay unos breves segundos de silencio. De pronto aparecen unas líneas para leer:
Fotografiando la soledad urbana, en medio de tanta gente, de tanto vértigo, de tanta indiferencia...no es más que un espejo el fotógrafo, fotografiando su propia soledad, que es la soledad de todos, en la ciudad.
Luego aparece una imagen.....
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...y luego de un breve silencio, se comienza a escuchar el sonido de una púa sobre un vinilo, que comienza a girar. Otro breve silencio. Y una voz apenas grave, con tono amable pero ensombrecido, con la seriedad solemne pero cotidiano de la poesía, comienza a leer pausadamente —no sin antes producir una leve inspiración— lo siguiente..
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y aparece una fotografía, desde la nada..
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
otra....
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
La voz suena en un cuarto pequeño, tiene un leve y confortable eco....
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será.
Tú no eres ésa,
yo no soy ése,
ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí, pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí, pero ahora
vengo un poco a ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.....
...de pronto el lector hace una pausa, y podemos escuchar cómo enciende un cigarrillo,
le da una pitada...y continúa.....
Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
...y tira el humo.....
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu dueño sea eso y mucho más.
El lector pita otra vez...y de pronto su tono se profundiza, y acelera cuidadosamente su lectura,
aunando las palabras y los versos.....
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
...hay un silencio pensativo, una pausa primordial,
una pitada más, un momento de certeza absoluta.....
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
..la pantalla entonces se vuelve negra....el lector respira bruscamente, como exhausto,
y encara los versos finales, ceremoniosa su voz....
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.
...........
en el silencio póstumo de la voz, sólo es escucha la púa sobre el disco,
es lo único que escuchan, hasta que simplemente.....se detiene.
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Para @jazzypao (que debe estar escuchándolo casi).
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La lectura corresponde a Asunción de Tí, de Mario Benedetti.
Gracias por pasar.