Sentada en la orilla de la cama de su cuarto, mirando una luna brillante, blanca y redonda que la acompañaba, Nicole fumaba un cigarrillo pensando en su ultima relación, un rubio de 1.87 fue el último en probar el sabor de sus labios, se marchó sin dejar rastro en búsqueda de una nueva vida sin ella, ella no se explicaba por qué la rechazaba tanto, no había culpa en su corazón, había rencor, ella hizo todo bien, sabiendo que el no se encargaría de los quehaceres de su casa ella lo hacía por el, lavaba su ropa, compraba la comida, a pesar de ella tener 16 años y él 26 ella se sentía una mujer adulta viviendo con su esposo; Se levantaba temprano entraba a casa de él, prepara el desayuno y se sentaba en la mesa a esperar que el se levantara, su cara no era de mucho agrado luego de unos días; no le gustaba comerse la comida fría en la mesa. Una tarde de julio luego de una semana de continuas peleas se despidió. Nicole se decía a sí que no había hecho nada malo, que solo hizo lo que debía hacer. Recordando también que eso era lo que ocurría con su padre, solo la visitaba una vez cada 3 meses, su padre la llamaba y le decía que el 15 la visitaba, ella emocionada buscaba su mejor vestido, limpiaba y acomodaba la casa, buscaba recetas para prepararle a su padre la mejor comida, pero su padre iba a verla siempre los 16.
Consigo misma ella se sentía cómoda, sabía que en sus actos no había algo por el cual alejarse, pero ella no se explicaba el por qué pasaba tanto tiempo sola, tanto que llegó un momento en el hizo la soledad su fiel compañera.
Nicole actualmente tenía una responsabilidad, que era atender a marcos, ella sentía miedo alguna veces, angustia quizá, ella quisiera hablar con el, pero el no quiere hablarle a ella, el solo quiere permanecer solo, ella quiere saber por qué.
Se termina el cigarro y se levantó a ver que hacía Marcos, al entrar a su habitación estaba el viendo aquella misma luna que la enamoró con su luz y de la cual gozó su compañía, cerró la puerta, se acercó a Marcos y le dijo:
- Es una linda noche, mira la luna.
- El cielo está vacío, no hay estrellas en el, intento buscar alguna, porque son ellas las que hacen que me calme. sin quitar la vista del cielo respondió el paciente mental.
Nicole se sentó a su lado y le dijo:
-Ninguna estrella tiene una luz tan hermosa como la luna, cuando hay luna llena me pongo romántica.
Marcos la miro, y estaba ella ahí a su lado, sonriente viendo la luna, el muy serio la mira a los ojos y se acerca y le dice con una sonrisa de medio lado, "Yo también". Ella un poco asustada le sonríe y se echa para atrás y el le dice:
-No te alejes ven, y saltó sobre ella
Quedó Marcos encima del cuerpo de Nicole acostada, agarrándole las manos estiradas, con su pijama blanca del hospital, Nicole nerviosa quería gritar pero no podía, sabía que si gritaba se metería en problemas ya que esa no es hora de estar con los pacientes en su cuarto sin ninguna razón, Marcos se acercó a ella y le dijo:
- Me gusta tu cara.
Nicole se calmó un poco y se quedó completamente inmóvil. Marcos tocando su rostro le dijo:
-Me gustan tus pómulos, quisiera con un tenedor y cuchillo comerlos poco a poco, pedazo por pedazo, delicadamente para no arruinar el resto de tu rostro. También tus ojos, quisiera fotografiar esa mirada de miedo y hacer un cuadro de ella, ya que así es como me miraron todas mis víctimas. Todo lo dijo lento con una voz baja y una mirada fija.
Nicole grito: ¡ APÁRTATE!
el como todo un caballero lentamente se quitó encima de ella la tomo de la mano la levantó y le dijo:
- La próxima vez que me molestes en una luna llena no me quitaré.
Nicole mirándolo con desprecio se fue.