Quieren hablar, pero prefieren no hacerlo. Quisieran preguntarse todo, hasta lo más ridículo, lo más ingenuo, pero no lo hacen, supongo que perdieron la espontaneidad tan sincera( y a veces cruel) que tienen los niños.
No obstante, si consideráramos aquellos tiempos en dónde eramos niños(todos lo fuimos ), deberíamos tratar de aprender a ser espontáneos de nuevo.
Ellos se piensan, se olvidan, se recuerdan y no saben que hace mucho dejaron morir la libertad en sus ocurrencias, es decir que con el tiempo descartaron la simpleza de las palabras que alguna vez nos hizo espontáneos a todos; y a su vez crecieron aprendiendo del silencio y del orgullo, y es el orgullo(entre otras cosas) la diferencia entre la niñez y la adultez.
Y por ahí andan ellos, quién sabe dónde, muy cerca o demasiado lejos, y sin embargo se piensan, se olvidan, se recuerdan. Quieren hablar, pero prefieren no hacerlo.
No obstante, si consideráramos aquellos tiempos en dónde eramos niños(todos lo fuimos ), deberíamos tratar de aprender a ser espontáneos de nuevo.
Ellos se piensan, se olvidan, se recuerdan y no saben que hace mucho dejaron morir la libertad en sus ocurrencias, es decir que con el tiempo descartaron la simpleza de las palabras que alguna vez nos hizo espontáneos a todos; y a su vez crecieron aprendiendo del silencio y del orgullo, y es el orgullo(entre otras cosas) la diferencia entre la niñez y la adultez.
Y por ahí andan ellos, quién sabe dónde, muy cerca o demasiado lejos, y sin embargo se piensan, se olvidan, se recuerdan. Quieren hablar, pero prefieren no hacerlo.