Pero a pesar de todos estos casos que les he contado el mundo no llego a prepararse para lo que venía. El caso de Eugune, como los demás, pronto fue olvidado. Aunque esta vez no pasaría tanto tiempo para que se dé el siguiente. Ni tampoco serían ya casos aislados.
A los pocos meses se dieron ataques similares en varias partes del mundo.
En todos ellos los agresores mostraban la misma irracionalidad. Las sales de baño con las que quisieron explicar el comportamiento de Eugune ya no eran suficientes.
Los hechos de canibalismo se propagaron con rapidez inusitada. Las explicaciones fueron diversas y muchas veces contradictorias. Alguien habló de enfermedad, explicando que algunas víctimas dieron indicios de haber sido contagiadas por sus agresores. Alguien aludió a cómo muchas fueron dadas por muertas de manera errónea. Alguien, tímidamente, matizándolo con explicaciones científicas, habló de muertos que volvían a la vida.
Por su parte los gobiernos no desmentían ni favorecían ninguna versión. Se limitaban a alentar a la población a permanecer encerrados en sus casas hasta que el ejército lograse controlar la situación.
Pero esto ya no sucedería. En las calles las muertes producto del canibalismo se mezclaban con los saqueos de una población desesperada y sin respuestas. Pronto el miedo y la paranoia se propagó por todos lados.
Se hablaba de virus, de infectados, se recomendaba inútilmente usar barbijos como protección. A las pocas semanas llegaban a los altos mandos del ejército las noticias de que la situación era imposible de contener. Los habitantes, desde sus escondites, vieron con terror como las tropas fueron cediendo terreno hasta desaparecer de las calles. La guerra estaba perdida. Los soldados que no habían muerto huyeron a alguna de las pocas bases militares que aun funcionaban.
Pronto los que estaban escondidos comprendieron que ya nadie vendría en su ayuda. Solo les quedaba mantenerse ocultos y esperar un milagro.
Gente que había vivido con normalidad; con trabajos, vacaciones, familias e hipotecas vieron como en unos meses todo desaparecía y en su lugar solo quedaba incertidumbre y muerte. Muchos habían perdido a familiares y amigos. La inmensa mayoría no comprendía qué había pasado. Pero a pesar de esto seguían ahí, resistiendo y esforzándose cada minuto por mantenerse a salvo, por proteger lo poco que les quedaba.
La novela “Sobrevivientes” (Editorial Khabox), trata de un puñado de esas personas y de sus esfuerzos por mantenerse a salvo.
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