Mientras apagaba el cigarro se escuchaba de fondo la lluvia que golpeaba contra su ventana. El lápiz jugando en su otra mano preguntándose una y otra vez el cómo seria.
Miraba fijo a la pared intentando figurarse que había más allá. Como seria cruzar el portal invisible que nos separa del todo.
Escribía y tachaba, escribía y destrozaba las hojas que iban a parar al costado del escritorio en un orden aleatorio y confuso.
Sus ojos estaban ardiendo por el humo que impregnaba todo el dormitorio y el agua ardiente que corría por su garganta.
Pensativo como pocos, en su cabeza existía un gran laberinto de ideas, conjeturas, formulas, algoritmos, tantas cosas…pero ni una sola respuesta.
En un estado de somnolencia se paro y comenzó a caminar alrededor del escritorio dando vueltas en círculo como quien se pierde en un desierto.
Como seria salir del cuerpo, como seria sentir el todo, el universo, flotar por los aires sin tener el peso de los años, los errores y aciertos vividos, sin sentir estar muerto en vida. Como sería volverse a encontrar en el regazo de una madre, no tener otra cosa más que preocuparse que aprender a caminar, reír, llorar, jugar.
Se acerco a la ventana y mientras observaba caer las gotas imaginaba que de a poco todo se desvanecía delante de él , que al abrir los ojos estaría en ese bosque de ensueño, aquel donde hablaba con los animales, conversaba con los árboles y alababa al Sol y bailaba con la Luna.
Qué lejos estaban esos recuerdos, su piel morena, sus ojos verdes y su pelo oscuro no habían sobrevivido al paso de los años. El pelo blanco y las arrugas le recordaban los golpes de la vida y la ironía de estar vivo solo por respirar no satisfacía su alma.
Alma, que palabra tan inmensa y universal, tan significativa para algunos y ambigua para otros.
Mientras más pensaba mas se sumía en sus imágenes, en su cabeza, en sus sueños, en sus deseos y poco a poco todo comenzó a tomar más sentido.
Corrió al escritorio y tomando el lápiz comenzó a escribir.
Los tambores sonaban al unísono y con el ritmo su cuerpo comenzó a ceder, sus brazos y manos cayeron a un costado y su cabeza para atrás. A medida que la melodía se hacía intensa sentía que el cuerpo ya no respondía y una paz inimaginable se apodero de su ser.
Cuando abrió sus ojos pudo ver el vasto horizonte con la puesta del sol, su cara y sus manos sintieron el suave y frío pasto impregnado de rocío.
Sintió una paz absoluta y ganas de llorar alegría y sintió su corazón cantar la melodía de los Dioses.
Sin pensarlo se levanto y comenzó a caminar adentrándose en el bosque donde sentía que lo esperaban viejos recuerdos y conocidos de hace siglos. Se perdió entre los árboles y se olvido del resto, porque esta vez se sintió vivo y no miro hacia atrás.
Al día siguiente solo encontraron su cuerpo recostado sobre la silla del dormitorio con una sonrisa y sobre el escritorio una nota
“Lo siento, pero debo partir”
Miraba fijo a la pared intentando figurarse que había más allá. Como seria cruzar el portal invisible que nos separa del todo.
Escribía y tachaba, escribía y destrozaba las hojas que iban a parar al costado del escritorio en un orden aleatorio y confuso.
Sus ojos estaban ardiendo por el humo que impregnaba todo el dormitorio y el agua ardiente que corría por su garganta.
Pensativo como pocos, en su cabeza existía un gran laberinto de ideas, conjeturas, formulas, algoritmos, tantas cosas…pero ni una sola respuesta.
En un estado de somnolencia se paro y comenzó a caminar alrededor del escritorio dando vueltas en círculo como quien se pierde en un desierto.
Como seria salir del cuerpo, como seria sentir el todo, el universo, flotar por los aires sin tener el peso de los años, los errores y aciertos vividos, sin sentir estar muerto en vida. Como sería volverse a encontrar en el regazo de una madre, no tener otra cosa más que preocuparse que aprender a caminar, reír, llorar, jugar.
Se acerco a la ventana y mientras observaba caer las gotas imaginaba que de a poco todo se desvanecía delante de él , que al abrir los ojos estaría en ese bosque de ensueño, aquel donde hablaba con los animales, conversaba con los árboles y alababa al Sol y bailaba con la Luna.
Qué lejos estaban esos recuerdos, su piel morena, sus ojos verdes y su pelo oscuro no habían sobrevivido al paso de los años. El pelo blanco y las arrugas le recordaban los golpes de la vida y la ironía de estar vivo solo por respirar no satisfacía su alma.
Alma, que palabra tan inmensa y universal, tan significativa para algunos y ambigua para otros.
Mientras más pensaba mas se sumía en sus imágenes, en su cabeza, en sus sueños, en sus deseos y poco a poco todo comenzó a tomar más sentido.
Corrió al escritorio y tomando el lápiz comenzó a escribir.
Los tambores sonaban al unísono y con el ritmo su cuerpo comenzó a ceder, sus brazos y manos cayeron a un costado y su cabeza para atrás. A medida que la melodía se hacía intensa sentía que el cuerpo ya no respondía y una paz inimaginable se apodero de su ser.
Cuando abrió sus ojos pudo ver el vasto horizonte con la puesta del sol, su cara y sus manos sintieron el suave y frío pasto impregnado de rocío.
Sintió una paz absoluta y ganas de llorar alegría y sintió su corazón cantar la melodía de los Dioses.
Sin pensarlo se levanto y comenzó a caminar adentrándose en el bosque donde sentía que lo esperaban viejos recuerdos y conocidos de hace siglos. Se perdió entre los árboles y se olvido del resto, porque esta vez se sintió vivo y no miro hacia atrás.
Al día siguiente solo encontraron su cuerpo recostado sobre la silla del dormitorio con una sonrisa y sobre el escritorio una nota
“Lo siento, pero debo partir”