Jeroen Anthoniszoon van Aken (Bolduque h. 1450 - † agosto de 1516)
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/cb/BoschSelfportret.jpg
http://arteyartistas.files.wordpress.com/2008/09/el-carro-de-heno-1500-1502.jpg
Tríptico muy sugerente en cuya tabla central aparece un enorme carro repleto de heno y un sinfín de personajes. En la cima del carro se desarrolla una escena cortesana, unos amantes, la música, y un ángel y un diablo. Es una especie de “jardín del amor” donde el ángel mira a Jesucristo en una nube mientras el diablo participa del juego musical y sexual que se adivina. Jesús presenta una expresíón de paciencia infinita mientras levanta los brazos como exclamando: ¡¡ Madre mía, qué gente !!
El carro es gigantesco y está completamente lleno. Según todos los expertos, el tema alude a un versículo de Isaías: “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae”. Estamos ante una alegoría de lo efímero de los bienes y placeres materiales y de lo pasajero de todo lo de este mundo. A esa felicidad terrenal y material, representada por el carro, quieren subirse todos. En ese intento están todas las clases sociales, reyes y obispos, pueblo llano, etc. La chusma se pelea y se empuja por conseguirlo desesperadamente mientras príncipes y prelados cabalgan mansamente porque ya tienen la riqueza (el heno) conseguida; representan el pecado del orgullo. A los pies del carro vemos otros pecados capitales, así puedes contemplar el mendigo farsante (con un niño), es la avaricia que conduce al engaño y al fraude. El médico embaucador (con diagramas y frascos en una mesa para impresionar a sus víctimas) tiene la bolsa llena de heno al tener ganancias conseguidas ilícitamente. A la derecha varias monjas introducen heno en un saco (atesoran riquezas) y las está vigilando un monje con una abultada panza, símbolo de la gula. Varias escenas de violencia se desarrollan en torno al carro. El Bosco denuncia con estas escenas el egoísmo, la codicia y la ambición que anidan en el ser humano sea cual sea su condición social y económica. Diversos seres monstruosos tiran del carro.
Si te fijas atentamente, la riqueza de detalles es sobrecogedora, puedes descubrir a una monja bebiendo, una extracción de muelas, un degollamiento, la limpieza del culito de un niño y un asadero de peces.
En las tablas laterales aparecen la creación del hombre, el paraíso y la expulsión (izquierda) y el infierno (derecha) en un tratamiento algo distinto al de El Jardín de las Delicias.
http://www.rincondelpoeta.com/dini/carroheno.htm
http://quattrocento.files.wordpress.com/2008/05/jardin-delicias-bosco-img.jpg
Representa desnudos de ambos sexos, unidos en parejas o en grupos dentro de curiosos sépares vegetales o minerales, que se abandonan a las dulzuras carnales, según la naturaleza o contra ella. A la gentil y ambigua mezcla de desnudos no es extraña, quizá una inspiración real en los stoven, baños galantes de mala fama en la época, pero las figuras tienen el consistente preciosismo de las miniaturas flamencas cuatrocentristas. En el centro de la composición está la cabalgata de la libídine en torno a la fuente de la juventud, en la que se bañan las mujeres que tienen sobre sus cabezas cuervos (incredulidad), pavos (vanidad), ibis (devoradores de peces muertos, los goces pasados). Los animales de la cabalgata - leopardos, panteras, osos, leones, toros, unicornios, ciervos, jabalíes, cabras, grifones, camellos - derivados de los bestiarios y escritos místicos, serían símbolos de la lujuria y de otros pecados, o del Salvador, como alusión al hombre que mortifica su naturaleza divina; el grifo, en el centro en primer plano, se inspira en un grabado de Schongauer.
Al fondo, el laberinto de la voluptuosidad, con el estanque en el que flota el enorme globo azul-gris de la "fuente del adulterio", usada para las lascivas acrobacias de los lujuriosos; a los lados hay cuatro extrañas torres-colinas habitadas por amantes. Las excrecencias minero-vegetales de todos estos monumentos, a base de cuernos, palmas, conos, cilindros, medias lunas, son emblemas masculinos y femeninos, lo mismo que los tubos transparentes diseminados sobre el plano herboso, símbolos de la mujer o del mercurio, el elemento femenino en la creación alquímica llamada 'gran obra'.
Toda la obra está impregnada del sentido de la transmutación perpetua, de impronta alquímica, y del innatural lozanear de las formas, de carácter diabólico; las cabezas de los amantes se convierten en frutos con rocío, extrañas vegetaciones florecen de los traseros de los desnudos, ágaves gigantescos surgen del duro coral. Frutas, peces, pájaros, reflejan una simbología erótica de procedente onírica, alquímica, mística, o más corrientemente popular.
Cerezas, fresas, frambuesas, racimos de uva, con los que se deleitan los amantes, significan voluptuosidad en las 'claves de los sueños' de los antiguos; los peces marinos son voluptuosidad, angustia o placer de las alegrías pasadas, según los místicos. La valva de molusco que encierra a los amantes es normal definición popular de la mujer, o representación del adulterio, que ve en el portador al marido engañado. Sobre ella, la manzana que hace de navecilla a dos amantes aludiría al pecho femenino. La bola transparente en torno al fresón, que roza a otra pareja, es la cámara nupcial para la unión alquímica de los principios masculino y femenino, al igual que las cucurbitáceas, los corales, los huevos en los que se refugian los amantes, símbolos todos del crisol alquímico en el que se realiza la 'gran obra'.
La redoma transparente y para las campanas de vidrio que cobijan otros desnudos, entre ellos un ambiguo terceto a la derecha (transparencia del vicio) recuerda el proverbio flamenco "la felicidad es como el vidrio, se rompe pronto". Los petirrojos y los otros pájaros son símbolos populares de la lascivia; las mariposas, de inconstancia; la lechuza, de herejía; el cuervo (para los místicos incredulidad) es para los alquimistas la materia ennegrecida en el primer estadio de cocción; el ratón dentro del tubo de vidrio, observatorio del refugio vegetal de un solitario meditabundo (a la izquierda, bajo la bola transparente), es la falsedad de las doctrinas que desvían a los creyentes. Los gigantescos pájaros que entran en el estanque a la izquierda, derivan de la alquimia y de los bestiarios; la abubilla que se nutre de restos es el alma complacida en las falsas doctrinas; el martín pescador, la hipocresía.
También son alquímicos algunos colores, como el naranja (halo que precede al blanco, segundo estado de cocción), el rojo (cima del proceso creador), mientras celestes y azules son los colores del fraude y la maldad. El grupo con un hombre vestido en la caverna abajo a la derecha es interpretado de modos diversos: simboliza el pecado original; representa a Adán, Eva y Noé; la segunda Eva y el comitente herético Almaengien; Eva, el Bautista, que lavará el pecado con el bautismo, y Adán.
Este enorme montón de símbolos y alusiones, que envuelve a las figuras, el ambiente, la pintura misma, no pesa sobre las posibilidades expresivas del artista que de ellos saca una vitalidad inventiva inagotable, libre de las escorias de la mera inspiración. La ambivalencia de los movimientos propagados al infinito como en una reacción en cadena, pero quebradas en innumerables riachuelos y torbellinos, forma una unidad con el tema eterno de la voluptuosidad universal que refluye en el acto efímero y diversificado de los amantes, en una puntualización de los valores formales que alcanza un canon propio de heterodoxo clasicismo.
http://www.apocatastasis.com/bosco/bosch-bosco-jardin-delicias-hieronymus.php#axzz0mRNWdPFZ
http://personal.telefonica.terra.es/web/jack/bosco/cuadros/juici-c.jpg
Al igual que ocurre en la Divina Comedia de Dante, los condenados (que cobran un protagonismo insólito ya que la Gloria de los Bienaventurados siempre ocupaba un lugar más destacado), sufren castigos que se corresponden con los pecados que cometieron. Así, la mujer lujuriosa, desnuda sobre una cama roja, es asediada por una extraña lagartija, un ser mitad orgánico mitad instrumento musical (la música era un equivalente de la lujuria en el acervo cultural medieval) y otros entes indescriptibles sobre el tejado del edificio de la izquierda; en la base de ese mismo edificio, el glotón está siendo obligado a ingerir el líquido que sale a chorro de un barril (la fuente de dicho líquido, de aspecto poco tranquilizador, se vislumbra e través de la ventana enrejada); los culpables del pecado de la ira están siendo torturados por una especie de seres-diablo-herreros en las extrañas construcciones-fragua del fondo; asimismo, el simbolismo de algunos instrumentos recurrentes es relativamente sencillo de descifrar, o bien lo fue por sus contemporáneos (así ocurre con el cuchillo, que alude al miembro viril, con la gaita, símbolo de lascivia o con la rana, alusiva a la crueldad, así como el sapo al demonio, etc.).
Quizá una de las aportaciones clave de El Bosco al imaginario universal es la invención de esa miríada de inquietantes seres híbridos que pueblan las escenas de sus pinturas. Seres mitad humanos mitad animales o mitad orgánicos y mitad inorgánicos que nos atraen por su novedad tanto como nos repugnan precisamente por ese carácter metamórfico y ese mundo monstruoso del que provienen que, aunque irreal, se convierte en una terrorífica posibilidad a través de su arte. Es una especie de teratología basada en la combinatoria, pero diseñada no al azar, sino con claros propósitos metafóricos. El hilemorfismo aristotélico y el arraigo de los monstruos en la cultura popular de la edad media están en el origen de este tipo de invenciones.
Sin embargo se ciñe a la ortodoxia, ya que lo que hace es plasmar de forma efectiva el ejemplo moral del espejo. Efectivamente, aquello que resta de humano en estos seres indescriptibles consigue que nos veamos reflejados en ellos como en una caricatura que nos muestra nuestra parte mezquina, irracional, nuestra naturaleza más brutal, nuestra alma distorsionada. Tomas de Kempis, en su Imitación de Cristo, libro que gozó en aquella época de inmensa fama, propone a Cristo como espejo en el que mirarse para alcanzar la salvación. Estos monstruos híbridos son el reverso fascinante de ese modelo.
También se ha señalado el posible, lejano antecedente de estos monstruosos seres en las invenciones caricaturescas del pintor helenístico Antifilo de Naucratis (el calumniador de Apeles).
Además, hay que señalar la original y consciente voluntad de estilo que sin duda demuestra El Bosco en su carrera al invertir los términos en los que aparecen tradicionalmente los seres monstruosos, habitualmente en los márgenes de manuscritos y mapas, convirtiéndolos en protagonistas absolutos y centrales de su obra.
http://hermes-trismegisto.blogspot.com/2007/10/el-bosco-trptico-del-juicio-final.html
http://extravia.net/wp-content/uploads/549px-Temptation_of_Saint_Anthony_central_panel_by_Bosch1.jpeg
Este tríptico ejemplifica la atracción del Bosco por la habilidad santa de rechazar la tentación. Contiene escenas con todas las posibilidades de perversión ofrecidas al ermitaño. Antonio se arrodilla ante un altar, con su mano en el gesto de bendecir, y al tiempo señalando un Cristo en miniatura, y devuelve la mirada al espectador. El santo señala la pequeña celda excavada en un torreón derruido, donde está la aparición de Cristo que indica el Crucifijo, única salvación posible y verdadero sacrificio, por contraposición a lo que están llevando a cabo los demonios a su izquierda: una misa sacrílega celebrada por sacerdotisas, entre las cuales hay una negra que lleva una bandeja sobre la que hay un sapo, símbolo de brujería pero también de lujuria, sostiene un huevo y con un músico vestido de negro con cara de cerdo y con un búho sobre la cabeza, símbolo de herejía, y un lisiado, que se preparan para comulgar. El diablo como un puerco tonsurado y con casulla que celebra la misa negra sigue las precisiones del Malleus Maleficarum, tratado de brujería. Una pareja de ricos engalanados juega a los dados. En la fachada del templo derruido, en la parte derecha de esta tabla central, se aprecian una serie de frisos que representan escenas bíblicas: como el regreso de la Tierra prometida, la adoración del Becerro de oro o la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley. Sobre el fondo, a la izquierda, hay una ciudad en llamas mientras que a la derecha en el cielo un pájaro nave y otra navecilla volante. En primer plano extrañas embarcaciones navegan en una laguna, pudiéndose interpretar el grupo que está en el agua, a la derecha, como una parodia diabólica de la Huida a Egipto y de la Adoración de los Magos. A la izquierda, siempre en primer plano, de un fruto (parece una calabaza) rojo salen demonios, uno de ellos toca el arpa y está sobre un pollo desplumado (el pájaro es símbolo masculino) y en los pies dos zuecos. Apoyado sobre un muro en segundo plano se encuentra un hombre con la barba y con cilindro, probablemente el mago director de toda la visión. Al fondo se ve una ciudad en llamas, rasgo típico de las escenas infernales del Bosco, y que aquí puede tener una justificación iconográfica, dado que el fuego se asocia tradicionalmente a san Antonio. Los demonios aparecen con cuerpos deformes, o máscaras. Hay alusiones a los pecados capitales, en especial la lujuria y la gula. El pescado que aparece en el centro, en la parte inferior, puede ser símbolo del sexo femenino.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tr%C3%ADptico_de_las_Tentaciones_de_san_Antonio
Cada una de las pintura anteriores compone tan sólo la parte central de un tríptico .
http://farm1.static.flickr.com/107/297449385_e29822adb7.jpg
El Bosco muestra la locura y la credulidad humanas. Lo que se representa en La extracción de la piedra de la locura es una especie de operación quirúrgica que se realizaba durante la Edad Media, y que según los testimonios escritos sobre ella consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad del hombre. Se creía que los locos eran aquellos que tienen una piedra en la cabeza.
En la obra aparece un falso doctor que en vez de un birrete lleva un embudo en la cabeza (símbolo de la estupidez), extrae la piedra de la cabeza de un individuo mayor y grueso que mira hacia nosotros, aunque en realidad lo que está extrayendo es una flor, un tulipán. Su bolsa de dinero es atravesada por un puñal, símbolo de su estafa. Es usado como expresa crítica contra los que creen estar en posesión del saber pero que, al final, son más ignorantes que aquellos a los que pretende sanar de su «locura». Un fraile y una monja están presentes también en la escena; la religiosa lleva un libro cerrado en la cabeza, esto puede ser una especie de alegoría a la superstición y a la ignorancia de las que se acusaba fuertemente al clero; esta figura femenina puede ser entendida igualmente como una bruja con el libro de los conjuros sobre la cabeza; el fraile sostiene un ´cantaro de vino. El tema del cuadro unido al formato circular en que se realiza podría remitir en cierto modo a un espejo, y así parece arrojar al mundo la imagen de su propia estupidez al desear superarla de este modo tan erróneo. La leyenda que aparece escrita en el cuadro dice: Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das, que significa Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das. Lubber Das era un personaje satírico de la literatura holandesa que representaba la estupidez. Viene a decir «mi nombre es tonto»
http://es.wikipedia.org/wiki/Extracci%C3%B3n_de_la_piedra_de_la_locura_%28El_Bosco%29

El Carro de Heno
http://arteyartistas.files.wordpress.com/2008/09/el-carro-de-heno-1500-1502.jpg
Tríptico muy sugerente en cuya tabla central aparece un enorme carro repleto de heno y un sinfín de personajes. En la cima del carro se desarrolla una escena cortesana, unos amantes, la música, y un ángel y un diablo. Es una especie de “jardín del amor” donde el ángel mira a Jesucristo en una nube mientras el diablo participa del juego musical y sexual que se adivina. Jesús presenta una expresíón de paciencia infinita mientras levanta los brazos como exclamando: ¡¡ Madre mía, qué gente !!
El carro es gigantesco y está completamente lleno. Según todos los expertos, el tema alude a un versículo de Isaías: “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae”. Estamos ante una alegoría de lo efímero de los bienes y placeres materiales y de lo pasajero de todo lo de este mundo. A esa felicidad terrenal y material, representada por el carro, quieren subirse todos. En ese intento están todas las clases sociales, reyes y obispos, pueblo llano, etc. La chusma se pelea y se empuja por conseguirlo desesperadamente mientras príncipes y prelados cabalgan mansamente porque ya tienen la riqueza (el heno) conseguida; representan el pecado del orgullo. A los pies del carro vemos otros pecados capitales, así puedes contemplar el mendigo farsante (con un niño), es la avaricia que conduce al engaño y al fraude. El médico embaucador (con diagramas y frascos en una mesa para impresionar a sus víctimas) tiene la bolsa llena de heno al tener ganancias conseguidas ilícitamente. A la derecha varias monjas introducen heno en un saco (atesoran riquezas) y las está vigilando un monje con una abultada panza, símbolo de la gula. Varias escenas de violencia se desarrollan en torno al carro. El Bosco denuncia con estas escenas el egoísmo, la codicia y la ambición que anidan en el ser humano sea cual sea su condición social y económica. Diversos seres monstruosos tiran del carro.
Si te fijas atentamente, la riqueza de detalles es sobrecogedora, puedes descubrir a una monja bebiendo, una extracción de muelas, un degollamiento, la limpieza del culito de un niño y un asadero de peces.
En las tablas laterales aparecen la creación del hombre, el paraíso y la expulsión (izquierda) y el infierno (derecha) en un tratamiento algo distinto al de El Jardín de las Delicias.
http://www.rincondelpoeta.com/dini/carroheno.htm
El Jardín de las Delicias
http://quattrocento.files.wordpress.com/2008/05/jardin-delicias-bosco-img.jpg
Representa desnudos de ambos sexos, unidos en parejas o en grupos dentro de curiosos sépares vegetales o minerales, que se abandonan a las dulzuras carnales, según la naturaleza o contra ella. A la gentil y ambigua mezcla de desnudos no es extraña, quizá una inspiración real en los stoven, baños galantes de mala fama en la época, pero las figuras tienen el consistente preciosismo de las miniaturas flamencas cuatrocentristas. En el centro de la composición está la cabalgata de la libídine en torno a la fuente de la juventud, en la que se bañan las mujeres que tienen sobre sus cabezas cuervos (incredulidad), pavos (vanidad), ibis (devoradores de peces muertos, los goces pasados). Los animales de la cabalgata - leopardos, panteras, osos, leones, toros, unicornios, ciervos, jabalíes, cabras, grifones, camellos - derivados de los bestiarios y escritos místicos, serían símbolos de la lujuria y de otros pecados, o del Salvador, como alusión al hombre que mortifica su naturaleza divina; el grifo, en el centro en primer plano, se inspira en un grabado de Schongauer.
Al fondo, el laberinto de la voluptuosidad, con el estanque en el que flota el enorme globo azul-gris de la "fuente del adulterio", usada para las lascivas acrobacias de los lujuriosos; a los lados hay cuatro extrañas torres-colinas habitadas por amantes. Las excrecencias minero-vegetales de todos estos monumentos, a base de cuernos, palmas, conos, cilindros, medias lunas, son emblemas masculinos y femeninos, lo mismo que los tubos transparentes diseminados sobre el plano herboso, símbolos de la mujer o del mercurio, el elemento femenino en la creación alquímica llamada 'gran obra'.
Toda la obra está impregnada del sentido de la transmutación perpetua, de impronta alquímica, y del innatural lozanear de las formas, de carácter diabólico; las cabezas de los amantes se convierten en frutos con rocío, extrañas vegetaciones florecen de los traseros de los desnudos, ágaves gigantescos surgen del duro coral. Frutas, peces, pájaros, reflejan una simbología erótica de procedente onírica, alquímica, mística, o más corrientemente popular.
Cerezas, fresas, frambuesas, racimos de uva, con los que se deleitan los amantes, significan voluptuosidad en las 'claves de los sueños' de los antiguos; los peces marinos son voluptuosidad, angustia o placer de las alegrías pasadas, según los místicos. La valva de molusco que encierra a los amantes es normal definición popular de la mujer, o representación del adulterio, que ve en el portador al marido engañado. Sobre ella, la manzana que hace de navecilla a dos amantes aludiría al pecho femenino. La bola transparente en torno al fresón, que roza a otra pareja, es la cámara nupcial para la unión alquímica de los principios masculino y femenino, al igual que las cucurbitáceas, los corales, los huevos en los que se refugian los amantes, símbolos todos del crisol alquímico en el que se realiza la 'gran obra'.
La redoma transparente y para las campanas de vidrio que cobijan otros desnudos, entre ellos un ambiguo terceto a la derecha (transparencia del vicio) recuerda el proverbio flamenco "la felicidad es como el vidrio, se rompe pronto". Los petirrojos y los otros pájaros son símbolos populares de la lascivia; las mariposas, de inconstancia; la lechuza, de herejía; el cuervo (para los místicos incredulidad) es para los alquimistas la materia ennegrecida en el primer estadio de cocción; el ratón dentro del tubo de vidrio, observatorio del refugio vegetal de un solitario meditabundo (a la izquierda, bajo la bola transparente), es la falsedad de las doctrinas que desvían a los creyentes. Los gigantescos pájaros que entran en el estanque a la izquierda, derivan de la alquimia y de los bestiarios; la abubilla que se nutre de restos es el alma complacida en las falsas doctrinas; el martín pescador, la hipocresía.
También son alquímicos algunos colores, como el naranja (halo que precede al blanco, segundo estado de cocción), el rojo (cima del proceso creador), mientras celestes y azules son los colores del fraude y la maldad. El grupo con un hombre vestido en la caverna abajo a la derecha es interpretado de modos diversos: simboliza el pecado original; representa a Adán, Eva y Noé; la segunda Eva y el comitente herético Almaengien; Eva, el Bautista, que lavará el pecado con el bautismo, y Adán.
Este enorme montón de símbolos y alusiones, que envuelve a las figuras, el ambiente, la pintura misma, no pesa sobre las posibilidades expresivas del artista que de ellos saca una vitalidad inventiva inagotable, libre de las escorias de la mera inspiración. La ambivalencia de los movimientos propagados al infinito como en una reacción en cadena, pero quebradas en innumerables riachuelos y torbellinos, forma una unidad con el tema eterno de la voluptuosidad universal que refluye en el acto efímero y diversificado de los amantes, en una puntualización de los valores formales que alcanza un canon propio de heterodoxo clasicismo.
http://www.apocatastasis.com/bosco/bosch-bosco-jardin-delicias-hieronymus.php#axzz0mRNWdPFZ
El Juicio Final
http://personal.telefonica.terra.es/web/jack/bosco/cuadros/juici-c.jpg
Al igual que ocurre en la Divina Comedia de Dante, los condenados (que cobran un protagonismo insólito ya que la Gloria de los Bienaventurados siempre ocupaba un lugar más destacado), sufren castigos que se corresponden con los pecados que cometieron. Así, la mujer lujuriosa, desnuda sobre una cama roja, es asediada por una extraña lagartija, un ser mitad orgánico mitad instrumento musical (la música era un equivalente de la lujuria en el acervo cultural medieval) y otros entes indescriptibles sobre el tejado del edificio de la izquierda; en la base de ese mismo edificio, el glotón está siendo obligado a ingerir el líquido que sale a chorro de un barril (la fuente de dicho líquido, de aspecto poco tranquilizador, se vislumbra e través de la ventana enrejada); los culpables del pecado de la ira están siendo torturados por una especie de seres-diablo-herreros en las extrañas construcciones-fragua del fondo; asimismo, el simbolismo de algunos instrumentos recurrentes es relativamente sencillo de descifrar, o bien lo fue por sus contemporáneos (así ocurre con el cuchillo, que alude al miembro viril, con la gaita, símbolo de lascivia o con la rana, alusiva a la crueldad, así como el sapo al demonio, etc.).
Quizá una de las aportaciones clave de El Bosco al imaginario universal es la invención de esa miríada de inquietantes seres híbridos que pueblan las escenas de sus pinturas. Seres mitad humanos mitad animales o mitad orgánicos y mitad inorgánicos que nos atraen por su novedad tanto como nos repugnan precisamente por ese carácter metamórfico y ese mundo monstruoso del que provienen que, aunque irreal, se convierte en una terrorífica posibilidad a través de su arte. Es una especie de teratología basada en la combinatoria, pero diseñada no al azar, sino con claros propósitos metafóricos. El hilemorfismo aristotélico y el arraigo de los monstruos en la cultura popular de la edad media están en el origen de este tipo de invenciones.
Sin embargo se ciñe a la ortodoxia, ya que lo que hace es plasmar de forma efectiva el ejemplo moral del espejo. Efectivamente, aquello que resta de humano en estos seres indescriptibles consigue que nos veamos reflejados en ellos como en una caricatura que nos muestra nuestra parte mezquina, irracional, nuestra naturaleza más brutal, nuestra alma distorsionada. Tomas de Kempis, en su Imitación de Cristo, libro que gozó en aquella época de inmensa fama, propone a Cristo como espejo en el que mirarse para alcanzar la salvación. Estos monstruos híbridos son el reverso fascinante de ese modelo.
También se ha señalado el posible, lejano antecedente de estos monstruosos seres en las invenciones caricaturescas del pintor helenístico Antifilo de Naucratis (el calumniador de Apeles).
Además, hay que señalar la original y consciente voluntad de estilo que sin duda demuestra El Bosco en su carrera al invertir los términos en los que aparecen tradicionalmente los seres monstruosos, habitualmente en los márgenes de manuscritos y mapas, convirtiéndolos en protagonistas absolutos y centrales de su obra.
http://hermes-trismegisto.blogspot.com/2007/10/el-bosco-trptico-del-juicio-final.html
Las Tentaciones de San Antonio
http://extravia.net/wp-content/uploads/549px-Temptation_of_Saint_Anthony_central_panel_by_Bosch1.jpeg
Este tríptico ejemplifica la atracción del Bosco por la habilidad santa de rechazar la tentación. Contiene escenas con todas las posibilidades de perversión ofrecidas al ermitaño. Antonio se arrodilla ante un altar, con su mano en el gesto de bendecir, y al tiempo señalando un Cristo en miniatura, y devuelve la mirada al espectador. El santo señala la pequeña celda excavada en un torreón derruido, donde está la aparición de Cristo que indica el Crucifijo, única salvación posible y verdadero sacrificio, por contraposición a lo que están llevando a cabo los demonios a su izquierda: una misa sacrílega celebrada por sacerdotisas, entre las cuales hay una negra que lleva una bandeja sobre la que hay un sapo, símbolo de brujería pero también de lujuria, sostiene un huevo y con un músico vestido de negro con cara de cerdo y con un búho sobre la cabeza, símbolo de herejía, y un lisiado, que se preparan para comulgar. El diablo como un puerco tonsurado y con casulla que celebra la misa negra sigue las precisiones del Malleus Maleficarum, tratado de brujería. Una pareja de ricos engalanados juega a los dados. En la fachada del templo derruido, en la parte derecha de esta tabla central, se aprecian una serie de frisos que representan escenas bíblicas: como el regreso de la Tierra prometida, la adoración del Becerro de oro o la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley. Sobre el fondo, a la izquierda, hay una ciudad en llamas mientras que a la derecha en el cielo un pájaro nave y otra navecilla volante. En primer plano extrañas embarcaciones navegan en una laguna, pudiéndose interpretar el grupo que está en el agua, a la derecha, como una parodia diabólica de la Huida a Egipto y de la Adoración de los Magos. A la izquierda, siempre en primer plano, de un fruto (parece una calabaza) rojo salen demonios, uno de ellos toca el arpa y está sobre un pollo desplumado (el pájaro es símbolo masculino) y en los pies dos zuecos. Apoyado sobre un muro en segundo plano se encuentra un hombre con la barba y con cilindro, probablemente el mago director de toda la visión. Al fondo se ve una ciudad en llamas, rasgo típico de las escenas infernales del Bosco, y que aquí puede tener una justificación iconográfica, dado que el fuego se asocia tradicionalmente a san Antonio. Los demonios aparecen con cuerpos deformes, o máscaras. Hay alusiones a los pecados capitales, en especial la lujuria y la gula. El pescado que aparece en el centro, en la parte inferior, puede ser símbolo del sexo femenino.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tr%C3%ADptico_de_las_Tentaciones_de_san_Antonio
Cada una de las pintura anteriores compone tan sólo la parte central de un tríptico .
La Extracción de la Piedra de la Locura
http://farm1.static.flickr.com/107/297449385_e29822adb7.jpg
El Bosco muestra la locura y la credulidad humanas. Lo que se representa en La extracción de la piedra de la locura es una especie de operación quirúrgica que se realizaba durante la Edad Media, y que según los testimonios escritos sobre ella consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad del hombre. Se creía que los locos eran aquellos que tienen una piedra en la cabeza.
En la obra aparece un falso doctor que en vez de un birrete lleva un embudo en la cabeza (símbolo de la estupidez), extrae la piedra de la cabeza de un individuo mayor y grueso que mira hacia nosotros, aunque en realidad lo que está extrayendo es una flor, un tulipán. Su bolsa de dinero es atravesada por un puñal, símbolo de su estafa. Es usado como expresa crítica contra los que creen estar en posesión del saber pero que, al final, son más ignorantes que aquellos a los que pretende sanar de su «locura». Un fraile y una monja están presentes también en la escena; la religiosa lleva un libro cerrado en la cabeza, esto puede ser una especie de alegoría a la superstición y a la ignorancia de las que se acusaba fuertemente al clero; esta figura femenina puede ser entendida igualmente como una bruja con el libro de los conjuros sobre la cabeza; el fraile sostiene un ´cantaro de vino. El tema del cuadro unido al formato circular en que se realiza podría remitir en cierto modo a un espejo, y así parece arrojar al mundo la imagen de su propia estupidez al desear superarla de este modo tan erróneo. La leyenda que aparece escrita en el cuadro dice: Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das, que significa Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das. Lubber Das era un personaje satírico de la literatura holandesa que representaba la estupidez. Viene a decir «mi nombre es tonto»
http://es.wikipedia.org/wiki/Extracci%C3%B3n_de_la_piedra_de_la_locura_%28El_Bosco%29