Ápice de ancla... Espectro de barco...
Son estas olas eternas
que se niegan a quebrarse
y confiesan en su avance
la letanía dúctil y maleable
de una pasión declarada en lo profundo
de un grito abisal...
Y en este arte de vaivenes, con sonrisas
desplazadas sobre rieles,
y jazmines decolorados
en el beso perdido
de un barco hundido
que se llevó nuestro secreto...
Y es la hora en que la penumbra de este dolor
nos deslumbra ávidamente
para decirnos sin temor
que nuestro amor es la hilada historia
huracanada en el sentimiento vasto de un corazón...
Y me pides perdón... Si ni siquiera nada me has hecho,
no más que amarme en el tornado de tus besos,
no más que hacer el amor en tu entrega
pura y desglosada de todo celo...
Esta vez soy yo quién pide perdón,
acaso mi corazón jugó este juego
para luego darse en fuga, y sólo amarte
en la proyección de nuestros recuerdos...
Y una vez más, desanclo de este puerto,
y mi vida, el espectro de un barco que resurge del fondo
de tus espasmos
navega sin rumbo,
en la búsqueda incansable
de un amor perpetuo, de un amor desarmable …
Pero más allá de todo empeño,
siempre dudo con recelo,
que aún no he encontrado a nadie que sepa amarme,
aunque en esta contradicción que me define,
soy consciente de que te dejo...
Y si hago mal en hacerlo,
si mi vanidad es más fuerte que este viento,
entonces que el castigo del tiempo
me apuñale solemnemente
con esa soledad que sólo conocen
las finas arenas de un reloj sangriento...
Son estas olas eternas
que se niegan a quebrarse
y confiesan en su avance
la letanía dúctil y maleable
de una pasión declarada en lo profundo
de un grito abisal...
Y en este arte de vaivenes, con sonrisas
desplazadas sobre rieles,
y jazmines decolorados
en el beso perdido
de un barco hundido
que se llevó nuestro secreto...
Y es la hora en que la penumbra de este dolor
nos deslumbra ávidamente
para decirnos sin temor
que nuestro amor es la hilada historia
huracanada en el sentimiento vasto de un corazón...
Y me pides perdón... Si ni siquiera nada me has hecho,
no más que amarme en el tornado de tus besos,
no más que hacer el amor en tu entrega
pura y desglosada de todo celo...
Esta vez soy yo quién pide perdón,
acaso mi corazón jugó este juego
para luego darse en fuga, y sólo amarte
en la proyección de nuestros recuerdos...
Y una vez más, desanclo de este puerto,
y mi vida, el espectro de un barco que resurge del fondo
de tus espasmos
navega sin rumbo,
en la búsqueda incansable
de un amor perpetuo, de un amor desarmable …
Pero más allá de todo empeño,
siempre dudo con recelo,
que aún no he encontrado a nadie que sepa amarme,
aunque en esta contradicción que me define,
soy consciente de que te dejo...
Y si hago mal en hacerlo,
si mi vanidad es más fuerte que este viento,
entonces que el castigo del tiempo
me apuñale solemnemente
con esa soledad que sólo conocen
las finas arenas de un reloj sangriento...
