Hijo mío, si quieres saber qué es el destino, haz lo posible por irte a un descampado, donde haya una hierba fresca y grande, y observa simplemente cómo las débiles ramas se mueven al ritmo de la brisa; observarás cómo soportan, con paciencia, todo cuanto pasa sobre ellas: date cuenta que el invierno va y viene, dejándolas aplastadas con sus torrentes y granizos, el sol las marchita y quema en verano, pero siempre, siempre hijo mío, siempre regresa abril!
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