Hola a todos aquellos que tuvieron la paciencia de leerme en algún momento y a todos aquellos que llegaron por una de esas casualidades del azar.
Para los segundos les recomiendo que lean mis otros post antes de decir cualquier barbaridad, y a los primeros les aclaro que esta fue una historia que escribí con un par de cervezas encima, por lo que puede o no tener algo de sentido. En fin, no explico más.
Señoritas, señoritos, señores y señoras, mis disculpas por este escrito.Mañana lo leeré y veré qué tal es, corregiré o tiraré a a basura. Desde ya, muchas gracias por perder su tiempo en algo que puede ser útil.
Y como siempre, sigan leyendo.
Para los segundos les recomiendo que lean mis otros post antes de decir cualquier barbaridad, y a los primeros les aclaro que esta fue una historia que escribí con un par de cervezas encima, por lo que puede o no tener algo de sentido. En fin, no explico más.
Obviamente no tiene título
Quizás alguno que lea estas líneas haya decidido obviar el principio de esta historia al momento de saber que era la propia.
Para resumir, digamos que todo comenzó un día de esos, en un lugar de esos y a la hora en que suelen suceder tales hechos.
Todo es tan simple como siempre. Ella o él no supieron cómo hacerlo. De a poco o con fuerza se tomaron entre sus brazos. No reconocían el sentido de su movimiento. Solo realizaban ese vaivén del que tanto habían oído hablar, ahora allí presente, tan claro, tan confuso que apenas se lo reconocía. La soledad de ambos era testigo.
Él o ella, la o lo sostuvo entre sus manos. Uno de los dos pidió piedad. Todos supondrán que fue ella la que no soportó sus manos, aunque nadie, hasta el momento, reconoció el cuerpo ni su sexo. Nada.
Aún no comprendo de qué manera escapo de mi realidad.
Quizás alguno que lea estas líneas haya decidido obviar el principio de esta historia al momento de saber que era la propia.
Para resumir, digamos que todo comenzó un día de esos, en un lugar de esos y a la hora en que suelen suceder tales hechos.
Todo es tan simple como siempre. Ella o él no supieron cómo hacerlo. De a poco o con fuerza se tomaron entre sus brazos. No reconocían el sentido de su movimiento. Solo realizaban ese vaivén del que tanto habían oído hablar, ahora allí presente, tan claro, tan confuso que apenas se lo reconocía. La soledad de ambos era testigo.
Él o ella, la o lo sostuvo entre sus manos. Uno de los dos pidió piedad. Todos supondrán que fue ella la que no soportó sus manos, aunque nadie, hasta el momento, reconoció el cuerpo ni su sexo. Nada.
Aún no comprendo de qué manera escapo de mi realidad.
Señoritas, señoritos, señores y señoras, mis disculpas por este escrito.Mañana lo leeré y veré qué tal es, corregiré o tiraré a a basura. Desde ya, muchas gracias por perder su tiempo en algo que puede ser útil.
Y como siempre, sigan leyendo.

