Cada lunes comienza anunciando nuevos temores,
como saber que quizás en algún momento,
vuelvas a pasar por mi mente,
deseando que te marches para siempre.
El ruido de la lluvia declara que ya es hora
de mirar al firmamento mientras me voy despidiendo,
dejando que el último aliento se disperse entre las voces del pasado,
esperando que sea suficiente con haberme desechado.
Cada martes conspira en contra de los pecados,
como si entender los errores me regresara a algún lado,
pero me doy cuenta que no comprender
fue lo mejor que me ha pasado.
La soledad encerrada entre estas cuatro paredes,
confiesa que ya es hora de contemplar el cielo,
observando a lo lejos de ese infierno,
nuevas razones para abandonarse al descontento,
esperando que sea suficiente con haber renunciado al tormento.
Cada miércoles proclama un nuevo intento de no ahogarse en el vacío,
a pesar de saber que ya me estoy mintiendo,
porque mientras tanto voy cayendo
queriendo llegar al fondo de mi sentimiento.
El golpe de cadenas advierte que ya es hora de romperlas,
olvidando que fui presa de mis creencias ingenuas,
mientras voy dando a mi corazón zaranderas
las veces que despertar a mi alma requiriera.
Cada jueves estimula a encontrarse más débil,
es que el viernes se aproxima para rememorar con demasía,
que aún no se cumplió la fantasía
de ver a centinelas luchando con maestría,
tratando de recuperar lo que siempre adolecía.
El bullicio de la gente indica que ya no soy parte de la noche,
porque mezclarme con ella es un simple derroche,
cuando sigo escuchando una y otra vez el reproche,
de pieles reclamando su roce.
Así, cada lunes comienza anunciando nuevos temores,
como saber que quizás en algún momento,
vuelvas a pasar por mi mente,
deseando que te marches para siempre.
https://www.facebook.com/memoriasdeunincierto
Copyright © Todos los Derechos Reservados
Dirección Nacional Del Derecho De Autor
Expediente Nº 5136852