Una noche larga
Alguien despertó confuso, como si hubiera dormido por años. Estaba oscuro. Se quiso levantar para ir a hacer algo que le parecía que tenía que hacer, pero no recordó que y siguió acostado. Por alguna razón y sin motivo aparente se preguntó a sí mismo si es que en verdad estaba loco. Dejo de pensar conscientemente y volvió a dormir (quizás fue en orden inverso).
Despertó nuevamente y todavía inmerso en la experiencia de su sueño se encontraba más confuso que en la ocasión anterior. Poco a poco supo disociar su experiencia onírica de su realidad, salvo por algunos recuerdos de personas de las que no podía afirmar si pertenecían a uno u otro escenario. Pensó, para evadir el problema, que no tenía que ser excluyente para resolver la situación y en realidad esas personas podían pertenecer tanto a la realidad como al sueño. Eso lo tranquilizo. Se empezó a quedar dormido nuevamente pero justo antes de cruzar el umbral, algo lo atormento: si, había puesto en relativo orden el problema de no saber a qué lugar pertenecían las personas que recordaba, si a la realidad o al sueño, pero se dio cuenta de que no tenía la menor idea de cuál era la realidad y cuál era el sueño, solo tenía en mente dos mundos y ambos parecían igual de ficticios, igual de reales. En ese momento ni siquiera fue capaz de establecer si es que estaba a punto de dormir o a punto de despertar.
La consciencia le regreso, aunque era consciente de poco. Tenía sueño, mucho sueño. Una idea rondaba en su cabeza: “no me puedo levantar”, pero estaba demasiado cansado para prestarle atención; aún así quiso levantarse y no pudo. Esbozó una sonrisa, “solo pensé que lo intente”. Se levantó, o eso creyó. No, seguía acostado, de nuevo lo mismo. “Estoy soñando todavía”, pensó. Cerró los ojos y vio el cuarto con claridad; ni tanta, estaba obscuro. Abrió los ojos y vio imágenes de su infancia: corría tras un labrador; eso creyó por unos instantes, después pensó que no, que esas podrían ser imágenes de la infancia de cualquier otro, pero no de la de él, "definitivamente no", dijo dudando. Abrió un ojo y cerro el otro y murmuró: “estoy soñando que estoy despierto” pero no se escucho a si mismo. Volvió a sonreír y pensó: “solo pensé que murmuré”, y al hacerlo escucho su voz. Todo aquello le parecía divertido, hasta que una sensación de Deja Vu lo inquieto. Perdió la conciencia de nuevo.
Paso toda una vida; una infancia feliz, un perro, amigos, una abuela preparándole chocolate caliente en los días de lluvia. Se mudo a otro país en su juventud. Se enamoro. Se desilusiono. Tuvo dos hijas y conoció un nieto. Murió en paz, como si ya conociera el camino.
Un instante después despertó confuso, como si hubiera dormido por años. Estaba oscuro. Se quiso levantar para ir a hacer algo que le parecía que tenía que hacer, pero no recordó que y siguió acostado…