InicioArteAngustia.
Bueno, aquí les dejo un cuento con el cual concursé en un no famoso concurso de cuento en la ciudad de Guanajuato. Lo encontré al husmear en archivos antiguos de mi vieja computadora.
Oh, retorno a mis inicios; los primeros despertares del amor.
En la actualidad he escrito o sigo puliendo un cuento parecido, solo que la fémina es otra y hay circunstancias más adultas, según... Espero y disfruten...


Angustia.

Por: Francisco Javier Macías Hernández. 2 C

2009.

La clase de español me angustia. No es por la tarea que apenas tuve tiempo de copiarle al alumno de mejor promedio. Tampoco es por ponerle atención al profesor idiota y sus resúmenes. Menos por el citatorio que envía el subdirector y que sin duda hará que mi papá junte las cejotas. Ni siquiera es por culpa del regaño que me puso la prefecta en la mañana, cuando llegué tarde otra vez; que chingue a su madre. No sé trata de esas cosas tan simples… Me angustia ver el reloj y darme cuenta que en unos minutos, segundos, tiempo de mierda; estaré en el receso, en el patio, en la cancha, en la tiendita, en la entrada de los baños, en el pasillo… y tendré que toparme con ella.

La cosas es que nunca había pensado en las mujeres, bueno, tampoco soy de los que cierran los ojos y se ponen a recitar lo que me enseñaron en la doctrina para evitar pensar en la concupiscencia –además ni qué idea será eso, seguramente por eso olvidé la oración para evitar esa cosa-. No, esto de sentir golondrinas picoteándome en la panza, las manos temblorosas, los pies que no se están quietos, imaginándome que ella me mira, de frente, con sus ojos redondos, a punto de sonreír, es un asunto como para estar angustiado, ¿no?

Bueno, no es tanto que yo la vea o que ella me vea, la bronca es sí tendré que decirle algo y se vaya a poner mi cabeza en blanco, como ya me ha pasado varias veces. Eso es. Si me encuentro con ella y nada emane de mi boca, qué hacer. Que ninguna palabra me salga. Debo concentrarme entonces en pensar alguna frase. “Hola”; no, es un saludo muy pendejo, así ni digo cuando llego a la casa y mi madre me pregunta lo de siempre: “¿Cómo te fue en la escuela?”, ay, mamá si supieras cómo me está yendo. Otra palabra, mejor. “¿Te gustaría ir al cine club?”; no, tampoco, es mucho invitarla, qué tal y no es cinéfila, además no sé ni cuánto cuesta el taxi (ni modo de llevarla en camión), también qué decir para que me den dinero, no puedo pedir a cuenta de domingos, si ni me dan domingo desde hace años. “Mira, no sé si te gustaría ir a tomar un café”; no, menos, eso es algo como que mucho más, cómo decirlo, más intimo, qué tal si no le gusta el expresso doble como a mí, o le tienen prohibido salir. “¿Cómo te llamas?”; bueno, es algo mucho más simple, solamente le estaré pidiendo su nombre y nada más, no podrá negarse, ¿no?, pero, ¿y si se voltea o se va corriendo con sus amigas, riendo y dejándome ahí paradote?, no sería bien gacho. Caramba, qué se le puede decir a una mujer de segundo año de secundaría en estos casos, a quién se le puede pedir consejo, no tengo amigos.

Qué tal si me quedo en un rincón del salón, para no arriesgarme. Sí, eso estaría bien <<Cobarde, niño cobarde; imbécil, soñador imbécil; fuego, invisible fuego>>. Sí, eso estaría bien. Así tendré toda la tarde en mi casa para pensar algo qué decirle y ya mañana será otro día. ¿No tendrá alguna amiga que me la presente? No, que quemón si se enteran que ella me gusta; son bien chismosas las mujeres, además no creo que alguien del salón la conozca. ¿Salgo o no salgo?

Tengo una idea. En un papelito la voy a citar a la salida de la escuela, así ella sentirá curiosidad y estará en la puerta esperando. Si está con sus amigas yo nomás paso de largo, al cabo que no sabrá que yo soy el del papel. La cosa es cómo hacer que lo lea. No, la cuestión es cómo dárselo. Con que pretexto me le acerco. No. Es mucha idea.

Mejor me pongo a jugar fútbol en el recreo. Al menos no tendré que pensar en ella hasta la salida o hasta mañana. Ya dije que mañana será otro día. Sí. El fútbol hace que te olvides de los problemas. Así dice mi tío Mike los sábados frente a la tele. Quizá por alguna vez en su vida tenga razón. Voy a hacer las tijeras de Cristiano Ronaldo que estuve practicando ayer en la tarde.

¡Ya estuvo! Ya me juntaron... A ver si tengo tiempo de ir al baño antes de entrar a clase, con tanto estar piense y piense me dieron ganas de hacer pipí <<la pipí libera la vejiga y el alma, pues cuando damos el ultimo chorrazo exhalamos como cuando vamos a tener un orgasmo, se siente rico, yo no puedo evitar hacerle como un toro bravo; ¡Mu!>>… Ahí viene la bola, bonita para mandar un puyazo. ¡Qué gol!, ni Ronaldinho la hubiera hecho igual. Bueno, ahora corriendo al baño, hacerle como toro bravo y luego a echarme un refresco. No, no puedo. Está ella sentada en los escalones. Qué estará haciendo en la cancha, además de platicar con sus amigas. ¿Ya me vio ella? ¿Sigo caminando? ¿Me siento y espero a que den el toque? Ya no aguanto las ganas de orinar.

Bueno, por fin se van. No sé si fue a verme jugar. No, no creo. Fue pura chiripada, inevitable suerte, el destino que me juega una broma. Nunca la había visto en la cancha. Desde cuándo habrá estado allí. Me hubiera lucido con las jugadas de Cristiano Ro-ñal-do. No, mejor así, qué tal si por andar dizque muy chingón me caigo, nomás de pensar en las carcajadas de todos… y las de ella.

Sí, en efecto, a mí papá se le juntaron las cejotas cuando leyó el recado. Me puso a recoger el cuarto, desconecto el Play Station (lo bueno es que ya ni sirve) y me tiene prohibido salir en las tardes a jugar fútbol. Además se puso a revisar mis libretas en busca de actividades incompletas, para que me ponga a hacerlas; descubrió los dibujos de penes, los dizque poemas eróticos que escribo y las manchas de sangre... Luego tengo que limpiar la mochila, sacar y tirar monografías arrugadas, recortes, lápices partidos a la mitad, plumas sin tinta, papeles… un papel doblado, doblado y con un ligero olor a perfume, un ligero olor a perfume y una anotación en tinta roja:

Juegas muy bien al fútbol. Me gustaría conocerte.


Junto con una anotación, un nombre y un teléfono celular.



— ¡Cómo! ¿Otra vez un citatorio? Es la última vez que iré a escuchar quejas de ti. Por tu culpa voy a llegar tarde al trabajo, mínimo me van a descontar dos horas, nomás por tu inmadurez. ¡Cuándo vas a crecer y hacerte responsable!

Así me dijo mi papá esta noche. Pero eso es lo de menos. Ya tendré tiempo de madurar, de crecer, de hacerme responsable. Por lo pronto ya me llegó el tiempo de acercarme a ella, de hablarle. Quizás mañana la busque, en el receso o a la salida o donde sea... Ya con más confianza… Ya sin esta angustia…


FIN


Aquí una fotografía... La fémina y yo, dos años después. El amor es tan complicado, cae la noche y el día anhelado nunca llega.

Angustia.
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