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Casa cedida (Cuento propio)

Arte12/23/2007
Lo que les paso a mostrar aca es un texto que escribi con unos amigos (chicoboy y sabarasa (son users de taringa rango novato)) para un tp del ultimo año de secundaria. La idea fue partir del cuento de Julio Cortázar, e invertirlo, tomando como eje la mirada peronista del autor. Es decir, lo que hicimos fue del eje antiperonista que encontramos en Casa tomada, lo invertimos a uno peronista. Para hacer esto relatamos la misma historia pero desde el punto de vista de los que tomaron la casa. Quedo bastante interesante, espero que lo lean. Saludos

Casa cedida

Eran las ocho de la noche, y un caluroso día en Villa Uquiza. Marta volvía de la casa de la patrona y yo en camino de vuelta de la fábrica en colectivo. Ella trabajaba de ocho a siete en la casa Magdalena Borsky, una viuda que vivía en la ciudad, lo que implicaba un viaje de una hora en el tren y varias cuadras caminando. Por mi parte, era en una fabrica automotriz.
Nuestra vida era algo cotidiana, levantarse temprano, poner la pava para el mate cocido, el humilde desayuno que nos planteaba el duro día que nos esperaba. Mi mujer se encargaba de lavar la ropa y los platos, la amaba mucho porque resistía día a día a mi lado. Yo la ayudaba en todo lo que podía aunque a veces se complicaba por las duras horas en la fábrica y algunos trabajos extra que tenia que realizar en los días libre para poder subsistir. Nuestra vida social estaba constituida por la gente del barrio con la cual nos dábamos una mano siempre que se podía o asistíamos a una marcha. Mi mujer cocinaba por más que estaba muy cansada, se sacrificaba mucho por ello, creo que la relajaba y la separaba de su trabajo y realidad. Limpiar la casa y cocinar la calmaba y separaba de todo, inclusive era lo que la mantenía en pie durante esta situación y yo disfrutaba de como hacía todo tan tranquila, a diferencia de los días laborales, que me calmaba un poco a mi.
Algunos viernes concurría a las reuniones del sindicato, donde me encontraba con mi amigo Carlos, un allegado a la CGT, que conozco desde chico. Con él charlaba mis necesidades, siempre me entendía, y siempre me prometía cosas, pocas veces sucedía, pero me decía que esto iba a cambiar. Del sindicato recibía mucho aprecio, como una gran familia; la búsqueda de igualdades nos fraternizaba.
Vivíamos en una pequeña casa, limitada para nuestras necesidades, por eso, andábamos en busca de algo mejor, algo que pudiera ofrecernos el regocijo de un buen descanso merecido del trabajador. Llegábamos siempre tarde y había poco para cenar, pero siempre lográbamos arreglarnos con todo.
No teníamos los lujos que tanto hubiésemos querido en el momento, al menos tener una televisión para mirar las noticias o algún programa para matar el tiempo, pero quien es el privilegiado que posee uno de estos, un obrero creo que no. Teníamos nuestra habitación pequeña con una cama matrimonial que fue un regalo de bodas, una cocina chica con una mesa y 2 sillas. Nuestro único contacto con las noticias mientras estábamos en casa era la radio que escuchábamos mientras marta cocinaba o lavaba.
Un sábado Carlos nos vino a visitar, íbamos a comer un asado (era mi mayor fuerte en las comidas) y a charlar de la vida. Lo noté más feliz de lo normal y entusiasmado, se ve que tenía algo para contarnos que era una gran sorpresa. No quise preguntar de lleno lo que estaba guardando, así que seguimos comiendo con tranquilidad y esperaría a que lo largue él solo. Nos contaba que la CGT se estaba afianzando y que lo promocionaron como subdirector general, pero no era esto lo que tenía entre manos. Al caer la tarde y antes de irse, finalmente Carlos nos contó su sorpresa, el sindicato me benefició con una casa… Apenas terminó de contarnos eso me invadió la emoción, soy un hombre fuerte pero no pude aguantar esas lágrimas que me invadieron. Por medio de unos arreglos, había conseguido una casa en Capital, donde nos asentaríamos ahí sin oposición, y continuaríamos nuestra vida normalmente. Pero antes de irse Carlos me dijo que todavía no podíamos ir para allá, porque parte de la casa estaba en remodelación; ni bien este una parte lista para ocuparla, vendrían los camiones y nos trasladarían.
Los días pasaban y nuestra ansiedad por la nueva casa aumentaba. Con Marta nos hacíamos historias de cómo y que tan grande sería, si cumpliría nuestras ilusiones prematrimoniales de la casa de los sueños, y si por fin podríamos salir de nuestra clase, y formar parte de la clase popular y trabajadora, y dignificar nuestras vidas. Estábamos realizando un sueño verdaderamente, tener una casa grande donde vivir, y hasta con muebles. El sindicato nos había cumplido una fantasía, estaba totalmente agradecido. Averiguando con los compañeros de la fábrica, resulto ser que también un par habían conseguido o nuevas casas, o hasta autos, o bien les dejaron vacaciones en ese momento, juguetes para los chicos, etcétera. Era un momento de felicidad para todos, estábamos beneficiándonos todos, nuestro arduo trabajo había hecho frutos.
Dos semanas después de que Carlos nos contó la noticia nos mudamos. El viaje hacia allá fue interminable, la ansiedad junto con la felicidad me estaban asfixiando. Mi esposa había renunciado a su trabajo, ya que la viuda no la trataba como correspondía, y estaba esperando un nuevo estilo de vida. Justo antes de llegar, Carlos me contó que las remodelaciones no habían cesado, pero que podíamos vivir en una parte tranquilamente hasta que terminen. Lo que si nos pidió por favor que no tratemos de pasar hacia el otro lado (la parte de la remodelación) hasta que este concluida, solo los albañiles y el capataz podían. Igualmente solo tendríamos que esperar una o dos semanas hasta que finalicen todo.
El flete freno en la calle Rodríguez Peña, un elegante vecindario. Una linda fachada nos esperaba. Entré con mi esposa a recorrer, era todo muy elegante. Era un pasillo con tres habitaciones, y un pequeño baño en una de ellas. La cocina estaba en remodelación todavía, así que deberíamos subsistir comiendo en un restauran a la vuelta, o en la casa de Carlos, que quedaba a solo dos cuadras. Las habitaciones completamente amobladas y limpias. Seguramente habían contratado a gente que limpie el polvillo de las remodelaciones y que nos deje todo preparado para nuestra instalación. Había una biblioteca llena de libros en otros idiomas, ¡eran demasiadas cosas para nosotros!, mucho más de lo que esperábamos.
Tardamos tres días en asentarnos, y recién al quinto volví a mi trabajo en la fábrica. Mi esposa se quedaba en la casa leyendo, o limpiando, no estaba en búsqueda de trabajo por un tiempo. Fue difícil acostumbrarnos a una casa tan grande, pero lo superamos. Una vez en un rato de ocio, con mi primaria completa solamente, agarré un libro en francés de la biblioteca y nos reíamos a carcajadas de las palabras del otro idioma, Marta y yo nacimos para el español. El tiempo libre en una casa tan grande, nos hizo pensar en la posibilidad de tener un hijo, podríamos cuidarlo con mi sueldo y el de mi señora si trabajase.
Una vez volvimos de almorzar un sábado y pasamos por la puerta que da a la parte no terminada y escuchamos varios ruidos y conversaciones. Dimos por hecho que eran los albañiles que se quedaron hasta tarde. Carlos había arreglado todo para que no nos molesten en lo más mínimo, por eso entraban a trabajar cuando nos íbamos para desayunar, y salían cuando concurríamos a cenar, generalmente en la casa de mi amigo.
Una noche Carlos nos invito a cenar, sería una cena especial. Según él la obra estaba terminada. Terminaremos de comer e iremos para allá, nos dijo. Y eso es lo que pasó. Durante la cena, nos contó que estaba a un paso de ser director general en la CGT, y que no debíamos agradecerle a él por la casa, sino al “gobierno benefactor del trabajador” como él decía. Igualmente estaba agradecido por lo que nos dio, y muy feliz por lo que iba a ser.
Terminada la cena partimos a pie hacia nuestra casa. Mi esposa Marta me agarró el brazo y se le caían un par de lágrimas de la emoción. Finalmente entramos los tres juntos, nos acercamos a la gran puerta de roble que dividía la casa, y Carlos nos dijo, esperen aquí un segundo, que voy a revisar si hay algo que se hayan olvidado los albañiles, o algún desperfecto, es que no quiero arruinarles la impresión. Esperamos 5 minutos allí, y finalmente Carlos volvió. Traía consigo un bolso que efectivamente se había olvidado el capataz, y que luego se lo devolvería. Nos invito a pasar al resto de la casa. Era todo mágico, un baño, la cocina, dos habitaciones más, y un inmenso living. No paramos de dar vueltas y de asombrarnos de lo que sería nuestra morada por el resto de nuestras vidas. Allí criaremos a nuestros hijos, y allí vivirán, será la casa familiar que se heredará y heredará continuamente.
Antes de irse Carlos nos dijo que al día siguiente vendría un cerrajero, porque hubo un problema con la puerta principal, la de la parte nueva de la casa. Más allá de eso ningún problema más.
Efectivamente el cerrajero al día siguiente arregló la puerta, y nos dio las nuevas llaves de la casa, Carlos también había venido con un cuadro que colgó en la puerta principal, era el General Perón junto a Evita, que hasta el día de hoy sigue ahí colgado.

Nos gusta la casa porque aparte de espaciosa y antigua guardaba los recuerdos de nuestra juventud y de nuestra identidad…
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