Mírame.
Paso delante de ti y como si tuviera yo el cuerpo hecho de vidrio o un ente invisible; no me sé robar la atención de tus ojos. Me muestro siempre caballero y le enseño a mis palabras no faltar a la elegancia, y aún no consigo el centro de tu mirar.
En cambio, yo miro tus adentros y tu contorno con admiración y sin hipocresía, observo lo que hacer y lo que no a escondidas, solo para contemplarte, más no por malicia. Sé que peco en ser tu espía, violar tu mundo privado no me hace agrado, pero no niego que deseo formar parte de tu espacio.
Me gusta mirarte, no por lo que tienes sino por lo que eres. Es lo único a lo que yo puedo aspirar, el que te mire de cerca o lejos, es la máxima tolerancia que me puedes dar.
Si no puedo hablarte, si no quieres hablarme, quisiera que observes mis miradas; cuando te miro tiemblo o cuando me trabo al tratar de conversar contigo. Mira mi boca, seca como tierra en sequía, está esperando el húmedo que le puedes llegar a dar.
Mira el deseo de mi alma tímida, de mi corazón envenenado y de mi cuerpo tembloroso de sentirte solo a ti; a tiempo completo y sin temor al rechazo. Mírame, estoy lleno de amor y vacío de esperanzas.
TASCÓN, Esequiel L.