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Un libro de siete colores - Pablo Neruda

Arte7/18/2010










UN LIBRO DE SIETE COLORES



Dos libros he recibido de Elsa Triolet, casi al mismo tiempo. Una novela: El ruiseñor se calla al amanecer. El otro es La mise en mots.

No sé cómo traducir este título. El ajuste, la presentación de las palabras? Es algo más que eso este libro. Es el proceso íntimo, la ordenación del pensamiento escrito. Es el drama del escritor, la dicha del escritor. Es el drama y la dicha de Elsa Triolet, escritora bilingüe, rusa y francesa, escritora de carne y hueso, con el alma dividida en dos idiomas, en dos patrias. "Ser bilingüe es ser bígama", confiesa Elsa Triolet. La portentosa Elsa; clarividente, de ojos incomparables, que le vienen del Este y más tarde educados en la luz de Francia.

Pero el libro de las palabras, impreso por Skira, no sólo es textualmente asombroso, sino que editorialmente mágico: es blanco, como una paloma blanca; es liso, como un cuerpo de mármol, y vuela, como una mariposa de siete colores. Vuela con las palabras de Elsa Triolet, vuela en contra del tiempo, con alas duras, impecables y perdurables.

"Se entiende, me he engañado a menudo en la vida. O más bien, no me engañé, sino que me engañaron. Cegada por el sol de la confianza, no veía más que el fuego, el sol. Pero eso nunca fue parte de mis escritos. Me atuve a lo que podía palpar. He marchado con las manos tendidas como una ciega tratando de reconocer mi camino", dice la autora.
En este libro se entrecruzan las insistencias vitales de Elsa, su examen llevado con la mayor rectitud hacia su propia condición, hasta las pinturas de Francis Bacon, de Paul Klee. De pronto un cielo de Nicolás de Staël, con todos los azules del azul, trae un Brasil luminoso a sus páginas, así como un fragmento de Piero di Cosimo o del Greco aportan el susurro mágico de las edades.

Envidio los bellísimos libros y éste es uno de ellos, que me gustaría para mí, para que mis dedos pudieran tocar mi propia poesía.

Por nuestros andurriales, por nuestro gran suburbio americano, no circulan como debieran los libros que hacen la obra larga y hermosa de Elsa Triolet. Esto no sólo concierne a los editores: el reproche va hacia el silencio de nuestras revistas, con sólo espacio para pasajerísimas modas. Desde Bon soir, Thérèse, siguiendo con los Caballo Blanco y Rojo, pasando por las Rosas a Crédito, el Luna-Park, la Cita de los extranjeros, Elsa Triolet es una estela enérgica de reflexión y emoción: en el cielo de Francia, una Vía Láctea de centelleantes estrellas. Tanto peor para nosotros si no la conocemos.

Defensora de la vida de Maiakovski, es también defensora de su herencia, no sólo de su poesía, sino de sus amores, de su verdad. Nadie como ella nos ha revelado la turbulenta intimidad del gran poeta de la Revolución, y nadie ha tenido palabras más justas y tajantes que ella cuando los impostores, aun ahora, han pretendido herir a la que más amó el poeta. Parecería que la proyección maiakovskiana, su sacudida poética integral, hubiera bastado para silenciar para siempre a los envidiosos. Pero la envidia adquiere fuerzas inhumanas. Tenemos que agradecer a Elsa su valerosa posición justiciera.

Elsa Triolet es aún algo más. Aragón sostiene que Elsa, su mujer, hizo posible para él apartarse de sus quimeras, de los impedimentos que sobrellevaba, de las razones negativas que le perseguían. Ella, dice Aragón, me devolvió el valor de ser y, aun más, la fuerza de llegar a ser.

Muchas veces pasé viendo vivir o viviendo con los Aragón. Es natural que la inteligencia creadora, la sutileza y la alegría, la pasión y la verdad, nos dejen siempre una lección.
A mí, por lo menos, me hacen reconocer mis propias y deses¬perantes limitaciones.

Pero lo que más admiré en esta pareja de trabajadores fue el trabajo. Él trabajo constante, apasionado, ininterrumpido, fecundo, ilimitado, inagotable, como si sacara fuerzas de su propia función. El trabajo como el más grande deber del amor y de la conciencia.

El gran poeta Reverdy, poco antes de morir, hablándome de los comienzos de otra pareja ilustre de escritores, Sartre y Simone de Beauvoir, me contaba cómo los veía entrar, desconocidos entonces, al café de los Deux Magots. Cada uno llevaba un rollo de papel blanco bajo el brazo, me decía. Cada uno salía con un rollo de papel negro de tinta bajo el brazo, después de algunas horas.


pablo neruda

Sartre y Simone de Beauvoir...

Tanto Aragón como Elsa Triolet nos han dado en papel negro de tinta deslumbrante poesía, esperanza en los días más hostiles, confianza en el destino del hombre.

Se lamenta en este libro Elsa Triolet de no poder decir más de lo que es posible decir con las palabras. Sin embargo, ella ha cargado las palabras con una aventura infinitamente expresiva. Esta mujer bilingüe ha hablado para todas las latitudes, para todos los seres.





Elsa Triolet


Lamentablemente no he podido encontrar ningún libro de esa autora en castellano



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