Este mundo de tranquilidad, amor, paz y sosiego, refinamiento y belleza, fue retratado por un gran artista de la época pre-rafaelista y neoclásica, John William Godward (1861-1922).
Al igual que Virgilio, Godward buscaba lo refinado, lo culto y la belleza, y basándose en el mundo clásico, retrató como nadie la serenidad femenina de Roma y de Grecia, en ambientes tranquilos y reposados, idealizados y armoniosos. Sus sacerdotisas y profetisas, sus amantes y sus diosas, transmiten la belleza y la serena felicidad relajada de los tiempos de Alejandro Magno.
A pesar de la belleza armoniosa que retrató, Godward no se sentía en armonía con el mundo y su época. En su tiempo, su arte no tenía aceptación y fue considerado demasiado clásico ante la llegada de pintores como Picasso.
En una nota encontrada tras su suicidio decía: “El mundo no es lo suficientemente grande para mí y Picasso”
La familia de Godward, avergonzada por el suicido de este gran artista, quemó todas sus cartas y notas y no hay ningún retrato, fotografía o camafeo que nos permitan conocer el rostro de este retratista del mundo clásico idealizado.
Nos dejó la sutileza de sus composiciones, la belleza de los pliegues de las exóticas telas de la nobleza latina y mediterránea y la armonía de los colores.
