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Que hermoso cielo azul con nubes más esponjosas que el algodón y pajaros bailaban entre ellas.
Había vida a mi alrededor mientras la mía se apaga.
Fui llevado por la plaza hacia el hospital, horas antes de que escribieran mi acta de defunción.
Adoraba esta aldea y a todos sus habitantes.
Mi paraíso terrenal.
En mis últimos momentos de consciencia plena, pedí que me dejaran ver por última vez el hogar donde pasé la mayor felicidad durante 52 años con mi bella Alexandra.
Y me quede viéndola con la poca visión que me quedaba y era casi como si retrocediese en el tiempo y solo tuviese yo 25 años.
Una lágrima cayó por mi rostro, rodando por mis mejillas y cayendo estrepitosamente al suelo.
En eso mi visión se tornó oscura.
Había caído en coma.
En menos de un segundo viví todo de nuevo.
Desdichas, felicidades, amores, experiencia...
El reloj ya no importaba, ya no existía.
Recordé el primer día que la vi, tan radiante como siempre.
Más bella que un ángel.
Irradiaba amor y sus ojos me hacían olvidarme del resto.
Su boca roja como una manzana también se llevaba mi mirada.
Simplemente me enamore.
Y nunca me detuve hasta que fue mía.
Vivimos años de felicidad.
Envejecimos juntos y nuestros corazones se unieron para siempre.
Yo nunca deje de verla como esa chica que un 23 de mayo se apareció como reina y se llevo mi corazón.
Todas las mañanas me levantaba primero solo para verla dormir.
Durante 52 años.
Por ella yo trabajaba hasta quedar agotado.
Por ella construí aquella casa.
Por ella yo vivía.
Nunca la deje de amar.
Ni un solo día tuve ojos para alguien más ni ella tampoco.
Pero un día un maldito ebrio en su auto me la arrebato hace 10 años.
Vi morir a ese bello ángel en mis brazos y sentía que yo moría con ella.
Mis lágrimas eran más numerosas que las gotas de lluvia que ese día caían.
Yo la amaba y ella se fue.
Desperté en el hospital.
Con los ojos entreabiertos, entre la vida y la muerte, vi a mi hija que lloraba por mí.
Yo solo le dije:
"Te amo hija, pero ya todo terminó, la vida sigue y tu continuarás la historia"
En eso a las 5 de la tarde deje este mundo para siempre.
Una paz entró en mi antes de cerrar los ojos.
Pero en eso sentí que alguien agarraba mi mano.
Era ella, mi bella Alexandra joven otra vez.
Llevaba puesto con su vestido de bodas , y me dijo:
"Ven conmigo para siempre amor"
Me percaté que yo ya no era viejo y que ya no sentía dolor.
Era hermoso.
Caminamos bajo la lluvia hasta el fin del mundo mirándonos para siempre.