Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks
Montañas al sudeste de Falkreath
Skyrim, Provincia imperial,
Morndas, 20 de Estrella Vespertina, Año 173 4E.
Tuuramil, “Bosmer de Bosque Valen por nacimiento, habitante de Tamriel por elección”, como le gustaba presentarse, nunca se había considerado un elfo al que le interesase el destino de los demás. Al fin y al cabo a los demás tampoco les interesaba el suyo. Sabía bien que el único que se preocuparía por Tuuramil, era Tuuramil. Y, aunque en este caso su destino no era muy “promisorio” y tenía más que suficientes razones para preocuparse por sí mismo, no podía evitar estar preocupado por sus dos compañeros Khajiitas.
M’ Naheh, la hembra, temblaba violentamente con cada ventisca que al azotaba y se esforzaba por seguir el ritmo de la marcha. Dra’za, su compañero, la seguía de cerca sosteniéndola de vez en cuando para que no cayera, pero él también estaba sufriendo, aunque intentara ocultarlo.
Muchas veces Tuuramil había escuchado las quejas de los dos Khajiitas, acerca del clima de Skyrim. Y eso había sido cuando estaban abrigados y al calor del fuego. Ahora con solo unos harapos encima, con las muñecas encadenadas y los pies hundidos en la nieve, con el frio y el viento acuchillándolos hasta los huesos, el pelaje de los Khajiitas no hacia diferencia alguna.
El elfo no pudo evitar sentir el peso de la culpa. No estarían allí si no fuese por él. De su cabeza nació la idea de venir al norte “para escapar de la guerra y buscar nuevas posibilidades”, así como también lo hizo la del “negocio” que los dejo “encadenados”, literalmente, al imperio y que ahora los llevaba de vuelta a la guerra y en primera fila.
Al final, todo lo que había hecho era caminar en círculos…
M’Naheh cayó de rodillas.
-N-No… no puedo más…- dijo casi en un susurro.
Dra’za se apresuró a acercarse e intento levantarla sin éxito.
-Vamos, un último esfuerzo.- le dijo
-Para qué Dra’za? No tengo esperanzas de sentir las cálidas arenas de Elsweyr otra vez bajo mis pies. No hay futuro. Prefiero que todo el sufrimiento termine aquí y ahora.- le dijo ella.
El, la miró con tristeza en sus ojos amarillo-anaranjados, pero con una sonrisa tierna y se agacho junto a ella, abrazándola.
-Si es tu deseo, Dra’za no dejara que hagas este viaje sola.- le dijo mirándola a sus bellos ojos azules.
Ella forzó una sonrisa y le acaricio el rostro. Su mano temblaba violentamente.
Tuuramil llego junto a ellos claramente preocupado.
-Vamos levántense! Ya saben lo que dijo el imperial!- les urgió el Bosmer.
Fue casi como si lo hubiesen invocado. El imperial tuerto apareció a caballo junto a ellos.
-Qué pasa? No pueden seguir?- dijo con fingida amabilidad.
-No, no – se apresuró a contestar Tuuramil. – Solo tropezó con una piedra. Ya la ayudamos a que se levante.-
-Hmm, bueno, ya saben… si necesitan ayuda… - dijo mientras acariciaba el pomo de su daga. – Siempre pueden elegir. A menos que los vuelva a ver caer. En ese caso yo elegiré por ustedes.-
El tuerto hizo que su caballo continuara su camino hacia la vanguardia de la caravana, para alivio del elfo.
-Vamos M’Naheh, levanta!- la urgió nuevamente Tuuramil.- Vamos a salir de esto. Mientras hay vida, hay esperanza!- dijo con convicción y ánimo. Más, solo era una máscara. Por dentro sentía todo lo contrario.
-M-m-mientes bien T- Tuuramil…- le dijo la Khajiita tartamudeando- a los que n-no te c-conocen- termino de decir forzando una sonrisa.
-Dra’za…- dijo casi suplicando al Khajiita que abrazaba a su compañera.
-No te sientas culpable.- le dijo Dra’za con una calma que lo espantó.- Nosotros elegimos seguirte. No nos obligaste. No tienes la culpa que Baan Dar 1 esté ahora en silencio.-
El elfo sintió que la resignación del Khajiita hacia crecer su desesperación. Tomó el brazo de M’Naheh y trato de levantarla. Pese a que no era muy pesada, la falta de colaboración hizo imposible el hecho. No se resignó, volvió a intentarlo y esta vez M’Naheh fue levantada. Dos manos humanas la tomaban por el otro brazo.
El corazón del elfo dio un vuelco.
Hasta que vio las sogas alrededor de las muñecas.
-Sigan caminando y frótense el pecho.- les dijo el que había ayudado a la Khajiita.
Tuuramil lo miró sorprendido, era el muchacho que los imperiales habían sacado de la prisión de Falkreath. Él lo hacía cabalgando con el soldado grandulón de mandíbula cuadrada. Había visto como le ofrecía llevarlo en la grupa de su montura cuando tuvieron que abandonar las carretas porque el camino se había vuelto intransitable. Aunque ahora que lo pensaba , no había visto al chico subir al caballo.
Sin embargo, tenía una capa imperial en la espalda. Todo eso sumado a que tenía sogas en las muñecas en lugar de grilletes, le daba a pensar que no era un prisionero… o al menos no uno normal.
Dra’za ya estaba de pie junto a M’Naheh. Temblaba aunque no tanto como ella. El muchacho los miró y se quitó la capa.
-Si se mantienen juntos pueden usarla los dos.- les dijo extendiéndoles la capa.- Pronto no vamos a poder continuar por la oscuridad. Deberán parar y acampar, supongo que harán unas fogatas. La capa servirá hasta ese momento.-
-Gracias.- le dijo Dra’za agarrando la capa y colocándola sobre ambos.
-Que Jode y Jone 2 te iluminen cuando al oscuridad te rodee.- le dijo M’Naheh agradecida.
El muchacho le dedicó una sonrisa fugaz y continuó la marcha. Pronto estuvo fuera del alcance de su vista, perdiéndose entre la nieve que se arremolinaba.
Tuuramil agradeció para sus adentros la esperanza que se les había dado a sus amigos, aunque solo fuera temporal … Si bien Dra’za y M’ Naheh habían reanudado la marcha, al ritmo que llevaban, el tuerto volvería a buscarlos.
El piafar del caballo detrás de él lo sobresaltó. Se maldijo por pensar en el tuerto. Cada vez que pensaba en él, se aparecía como daedra desde Oblivion. Ni volteo para mirarlo. Estaba tan nervioso que tardó en darse cuenta. No podía ser él. Cuando los dejo, cabalgaba hacia la vanguardia de la caravana.
-Si están rezagándose a propósito, para escapar, va a ser mejor que cambien de idea. No van a llegar muy lejos con esta ventisca. Y no tengo ganas que me manden a buscar sus cadáveres congelados.- dijo uno de los dos jinetes que aparecieron detrás de ellos.
Tuuramil volteo aliviado. Era uno de los que había salido de Soledad a la cabeza de la caravana. Y para su sorpresa no había reproche en su voz.
-Y si no lo están haciendo a propósito, va a ser mejor que se apuren.- dijo el otro jinete, un nórdico grandote de barba y cabellos blancos. Lo reconoció del grupo que se les había unido en Falkreath.-Somos los últimos y con esta ventisca es muy fácil perderse.-
-Me temo que, si ustedes son los últimos y considerando que van a caballo, ese será nuestro destino.- les dijo Tuuramil.
El Nórdico miro a los Khajiitas, que avanzaban a duras penas, envueltos en una capa Imperial y ayudados por el elfo. Comenzó a rezagar la marcha de su corcel. El otro jinete hizo lo mismo, poniéndose a su lado.
-No lo van a lograr, Mendel.- le dijo al Nórdico.
-Bah, he visto a gente en situaciones peores y las han atravesado, Fulvio. Solo es cuestión de tener ganas.- le dijo mirándolo.- No te voy a negar que considero que los Khajiitas no deberían venir a Skyrim. Uno pensaría que al ser “peludos” el frio no les hace mal, pero si lo piensas bien, ellos no se quitan el pelo en su tierra. Y Elsweyr es un lugar cálido si no cambio desde la última vez que estuve allí.-
Mendel miró de nuevo como avanzaban. Aun aminorando la marcha con sus caballos lo más posible, terminarían pasándolos.
-Ta vez no estés tan errado en eso de que no van a lograrlo…- le dijo a Fulvio dubitativo.-Sabes que es lo que hicieron?-
Fulvio sonrió.
-Saberlo te ayudara a decidir si ayudarlos o no?.- le pregunto el imperial.
-Digamos que ya decidí ayudarlos… solo que me gustaría saber qué tipo de “ayuda” merecen.- le contestó el nórdico algo molesto por la pregunta.
-Ya veo…- dijo Fulvio y suspiró.- No son más que estafadores y ladronzuelos que tuvieron la mala idea de engañar a un mercader que resulto ser hermano de un oficial imperial de alto rango.-
-Hmpf, no son, lo que se diría, buenos exponentes para la legión.- dijo el nórdico resignado.
-No es el tipo de legionario que me gustaría tener al lado en un momento crítico.- dijo Fulvio asintiendo.- Hasta un bastardo como Galba es preferible cuando las cosas se ponen feas.-
-Además seamos sinceros, no durarían ni un minuto en el frente… siempre y cuando lleguen-
-Es verdad… manos a la obra entonces?- pregunto Fulvio.
Mendel asintió al tiempo que desmontaba.
Jonna observo el bastión que se erguía ante él.
Erguía era una forma de decir. En realidad estaba semienterrado y en malas condiciones.
Un escalofrío le recorrió la espalda. No tenía planeado entrar pero si la ventisca continuaba no les quedaría otra alternativa. En cierto modo, esa ventisca era una maldición tanto como una bendición.
Bendición porque nadie en su sano juicio habría tomado esa ruta. Y maldición por… lo mismo.
Solo esperaba que sus “perseguidores” consideraran una locura seguirlos…
Casio se le acercó.
-Le di órdenes a algunos hombres para que recojan leña y hagan unos fuegos.- le dijo- Aunque como imaginaras lo hice para mantenerlos ocupados, unas fogatitas no nos van a servir para pasar la noche. También ordené que establezcan un perímetro, aunque con la tormenta, no creo que sirva de mucho.-
Jonna reflexionó sobre lo que le decía su amigo. Casio tenía razón en usar la palabra tormenta en lugar de ventisca.
-Hiciste bien.- le dijo al legado.-los mantendrá ocupados mientras aseguramos el sitio. La noche ya está sobre nosotros y el clima empeora a cada momento. Va a ser mejor que nos apuremos-
Jonna miro a su alrededor buscando a los hombres que la acompañarían.
-Donde esta Mendel?-
-La retaguardia no llego todavía.- le contesto Casio.- Faltan tu hombre, uno de los míos y tres prisioneros. La tormenta habrá dado cuenta de ellos?-
-No lo creo. Al menos no de Mendel. De tu hombre y los prisioneros, no se.- dijo despreocupado.- Lástima, Mendel me habría venido bien ahí dentro. Pero no puedo esperar más. Quedas a cargo Casio.-
-Sí, sí, tú apúrate a limpiar ahí dentro. Quiero dormir un rato, y tener un techo sobre mi cabeza. No aguanto más esta tormenta.-
Jonna sonrió y meneo la cabeza mientras el legado se alejaba. Llamo a Ertius, Astien y Galba. A Grazbul no hizo falta, ya que, como si de su sombra se tratara, nunca se alejaba demasiado de él.
Comenzó a hablar cuando todos estuvieron a su alrededor.
-Ertius, necesito que te quedes con Casio.-comenzó Jonna.- No le saques los ojos de encima a “cabeza de trapo”. Los demás vienen conmigo. No sabemos que hay ahí dentro. Así que procederemos con precaución. Puede que este abandonado pero eso no significa necesariamente inhabitado. Con suerte no encontraremos más que alimañas, pero no pienso desatender la advertencia de Mendel sobre los vampiros. Sea ese el caso o no, actuaremos con extremo prejuicio. Todo lo que encontremos ahí dentro y que se mueva se considerara hostil y debe morir. Alguna pregunta?.-
Reino el silencio por unos segundos.
- Bien- continuó Jonna- Galba conmigo a la cabeza, Astien y Grazbul detrás.
No hicieron falta más palabras. Cada uno sabía lo que se hacía en esos casos. No importaba que nunca lo hubiesen hecho juntos. Cada uno sabia su función, la habían cumplido en la legión por años, y Jonna los había reunido porque eran los mejores.
Grazbul blandió con ambas manos su mazo orco y se acercó a la puerta del bastión, esperando la orden del “jefe”. Astien conjuro en su mano derecha un hechizo de luz y en la izquierda una guardia. Galba tenso el arco y preparo una flecha. Jonna blandió su espada con la derecha y su escudo con la izquierda.
A su orden, un mero movimiento de cabeza, sucedió lo que a ojos ajenos, hubiese parecido una coreografía de precisión.
Grazbul, apoyado de espalda sobre la pared de la derecha de la entrada golpeó con su mazo la puerta a la altura del manillar, quedando enfrentado a la puerta. La abrió de par en par de una patada e inmediatamente se cubrió en la pared de la izquierda.
Astien, enfrentando las negras fauces del Bastión, con la guardia mágica en alto, arrojo con la mano derecha la bola de luz que tenía preparada, iluminando el interior, e inmediatamente imito a Grazbul posicionándose a la derecha de la entrada.
Jonna avanzó entonces, semiagachado con el escudo en alto por delante, la espada contra el canto del mismo, la punta hacia adelante, y con Galba a su espalda apuntando la flecha sobre su cabeza hacia el interior del bastión.
Traspasaron el umbral.
Unos segundos después se escuchó la voz de Jonna desde el interior.
-Despejado- dijo.
Astien y Grazbul se adentraron entonces al interior del bastión.
Ertius, parado en medio de la tormenta, observó el despliegue hasta que Grazbul desapareció en el interior. Los envidiaba, un poco de acción lo habría hecho entrar en calor, y lo habría sacado de la odiosa tormenta de nieve.
Suspiró y comenzó a girar mientras se frotaba los brazos, añorando su capa. Pero no se arrepintió de habérsela dado al muchacho. Nunca había creído mucho en el destino o en los divinos, pero tal vez esto no era una casualidad, sino una segunda oportunidad. Al terminar de girar vio al muchacho parado a un metro suyo.
-Parece que lo de aparecerte de sopetón frente a las personas es una costumbre, eh?- le dijo Ertius.
-Estaba mirando como entraron…- dijo Yglar entusiasmado.- eso lo enseñan en la legión?-
-Más o menos. La mayoría se aprende con la práctica. Sin embargo, algo tan coordinado como lo de recién no solo es práctica. También se debe tener una confianza ciega en lo que hacen tus compañeros. La confianza es fundamental para actuar como una unidad.-
Yglar seguía mirándolo como si esperase que continuara hablando. Ertius noto que no tenía la capa.
-Y mi capa?.-
Yglar se sobresaltó. Había planeado evitar a Ertius hasta que los Khajiitas volviesen y el tuviese la capa en su poder otra vez.
Pero el ingreso al bastión de Jonna. Lo había distraído, admirándolo y dejándolo justo frente a Ertius.
-Se la di a los Khajiitas.- le dijo olvidando todas las excusas que había pensado.
-A los Khajiitas?- pregunto sorprendido Ertius.- A los prisioneros Khajiitas?-
Yglar asintió. La voz de Merreck resonó en su cabeza. “No veo a otros Khajiitas por aquí.”
Ertius lo miro unos momentos y luego sonrió.
-Mejor vamos donde están preparando las fogatas. Tengo que vigilar al “cabeza de trapo” y quiero que hablemos mientras lo hago. Hay… hay algo que quiero decirte.-
El muchacho lo miro extrañado pero lo siguió.
Los hombres de Casio habían armado tres fogatas que ya estaban ardiendo. Rodeando una estaban los prisioneros y un par de guardias vigilándolos. En otra Casio sentado en una piedra vigilaba a “cabeza de trapo”, mientras masticaba un pedazo de carne de venado seca. Una tercera, un poco más alejada servía de punto de encuentro de los soldados que patrullaban el mal establecido perímetro.
Yglar imito a Ertius sentándose junto al fuego en la fogata donde estaba Casio.
-Estaba por llamarte, Ertius.- le dijo Casio.- necesito hacer algo con urgencia… Ya sabes.-
Ertius asintió sonriendo ante la delicadeza del legado. Los soldados decían esas cosas con todas las letras.
Yglar no le prestaba atención a lo que hablaban. Sus ojos estaban fijos en la carne seca. Casio se percató de eso.
-Tienes hambre chico? Toma.- le dijo arrojándole la lonja que estaba comiendo.
Yglar alzó ambas manos atadas con sogas en las muñecas y atrapo la carne. Casio frunció el ceño.
-Aun está atado?- pregunto dirigiéndose a Ertius.- Desátalo y cuéntale cuál es su destino.- le dijo mientras se alejaba de la fogata.
Yglar miro a Ertius mientras le cortaba las ataduras.
-Qué quiso decir?- le pregunto con desconfianza pero sin dejar de comer.
-No te estamos llevando a Helgen para unirte a la legión como se le hizo creer al Jarl de Falkreath. Cuando lleguemos allí te quedaras a esperar a tus primos. Aunque con el retraso que llevamos, tal vez ellos te estén esperando allá.-
Yglar se olvidó de masticar y quedó con la boca abierta.
-Como recomendación – continuo Ertius - no te aparezcas por Falkreath, en digamos… un par de años.-
-Por qué?- logro articular Yglar.
Ertius lo miro extrañado.
-Porque si te ven, te volverán a encarcelar, por eso!-
-No, no! Digo porque me ayudan?-
-Solo sé que un guardia hablo por ti, a petición de tu primo. Que el mercader al que “robaste” pedía tu mano, y no para casarse precisamente. Y que Jonna no iba a presentar cargos por lo que le hiciste a Galba. Vimos lo que pasó y los que no lo vieron ya saben cómo es el tuerto. Supongo que todo eso llevo a Jonna y al Legado a tomar esa decisión. Y me alegro que así fuera-
Permanecieron unos segundos en silencio.
-Eso es lo que querías decirme antes?- pregunto Yglar con la boca llena.
Ertius lo miro y luego desvió su vista hacia la fogata. Carraspeo antes de hablar.
-Mira chico… desde que te vi en la posada que… bueno, que cosas que había decidido olvidar se hicieron presentes.-
Volvió a mirar a Yglar. Este lo miraba con el ceño fruncido mientras masticaba la carne. Ertius tomo aire y fuerza y continuó.
-Conocí a tu padre, a Hrorgar.- le dijo. Las palabras le salieron a borbotones y por segunda vez Yglar se quedó con la boca abierta.- Yo fui a llevarle personalmente la nota que ordenaba que se reincorporase a las filas. Por su desempeño había logrado que le dieran a baja con honores cuando cumpliste los cinco años. Había jurado que nunca volvería a la legión. Que su vida a partir de ese momento solo serían su mujer y su hijo. Recuerdo que le dije que no lo veía como campesino, pero que apoyaría su decisión. Por eso cuando enviaron las ordenes de reclutamiento, me sentí en la obligación de darle una oportunidad. Se suponía que las ordenes se llevarían a cabo a la mañana siguiente, pero yo partí esa misma noche de Soledad con dos escoltas. Cabalgamos como si el mismísimo Merhunes Dagon nos persiguiera. Llegamos con los caballos a punto de desfallecer. Apenas me vió, tu padre supo porque estaba allí. Le dije que podía... que podía darle un día o dos, que se fuera a Roca Alta contigo y con tu madre, que si no lo encontrábamos para darle la orden imperial no se consideraría deserción y que nadie lo sabría. Sabes que me dijo? “Yo lo sabría. No voy a huir de mis responsabilidades. No podría volver a mirar a mi familia si lo hiciera.” Dos días después tu padre se convirtió en el segundo al mando en la división que yo comandaba.-
Yglar no podía hablar, sentía como si un nudo ahogara su garganta. Era todo tan confuso. La sombra del imperial que siempre odió, estaba ahora frente a él y no podía odiarlo, no podía culparlo por quitarle a su padre. Que le hablaran de su padre le había dado ganas de llorar. Con gran esfuerzo, logró articular palabra, aunque no pudo evitar las lágrimas.
-Lo viste morir?- le pregunto al borde de quebrarse. Ertius asintió despacio.-Cómo fue?-
-Unas semanas antes que la guerra se declarase oficialmente, estábamos de patrulla en Bosque Valen cerca de la frontera con Cyrodiil y Elsweyr. Nos habían informado de movimientos de tropas que marchaban hacia Elsweyr, y nos enviaron como reconocimiento. De encontrarlas debíamos tomar nota de sus movimientos y volver a informar. Las encontramos. No eran simples tropas, era un ejército completo, compuesto por Thalmor, Bosmer y Khajiitas. Por desgracia, nos descubrieron. Empezamos una desesperada huida hacia nuestro puesto fronterizo, pero enviaron en nuestra persecución una unidad combinada de Arqueros Bosmer y Gatos de Batalla, los terribles Senche Rath 3. Las flechas Bosmer dieron cuenta de varios de mis hombres, antes de que una de ellas se clavase en mi espalda y los Senche Rath nos alcanzaran. Caí embotado, la flecha estaba envenenada. Una de esas bestias despedazó al soldado que trato de protegerme, y habría muerto de no ser por tu padre, que le partió el cráneo con su hacha. Me levantó. Todo me daba vueltas. Tu tío se acercó. Su mano derecha era un amasijo de carne y donde tenía que estar su ojo derecho solo había una cuenca sangrante, aun así se mantenía en pie. Tu padre le ordenó a él y a otro soldado que me sacaran de allí. Trate de protestar pero creo que solo balbucee alguna incoherencia. Lo último que vi antes de desvanecerme, fue a tu padre matando a otro Senche Rath, y corriendo, con tres flechas en su cuerpo, contra los arqueros Bosmer que ya nos habían alcanzado, mientras gritaba ¡Ysgramor, Ysgramor!- Ertius sonrió con tristeza.-Tu padre fue el guerrero más valiente que vi. Cuando volví en mí dos semanas después, aun no podía moverme. Estábamos en Skingrad esperando para seguir viaje a Ciudad Imperial. El ejército que habíamos visto había cruzado la frontera desde Elsweyr comenzando la invasión de Cyrodiil. Pregunte que había sido de mi unidad. Me dijeron que solo habíamos vuelto nosotros tres. Nunca pude volver a Bosque Valen. Y escudándome en mis obligaciones, nunca volví a Skyrim… hasta ahora.- Ertius se detuvo unos momentos. Yglar ya no contenía el llanto.- Yo… yo… lo siento. Tendría que haber ido con tu madre y contigo decirles, ocuparme de ustedes en memoria de la amistad con tu padre. Lo siento…-
Ertius se acercó al muchacho. La lonja de carne seca estaba tirada en el piso junto al fuego. El niño, como ahora lo veía, lloraba cubriendo su cara con ambas manos. Le apoyó una mano en el hombro tratando de consolarlo. Yglar lo miró y se abrazó a él. Ertius no tenía hijos, nunca lo había echado en falta, su vida estaba dedicada al servicio en la legión. Esto era nuevo para él. Con torpeza le acarició la cabeza y trató de consolarlo. Luego lo apartó y lo miró a los ojos.
-Te prometo que cuando esto termine. Viajaremos juntos a Bosque Valen. No sé si encontraremos sus restos, pero al menos verás el lugar donde tu padre cayó como un auténtico Guerrero Nórdico.- le dijo Ertius con firmeza.
Yglar asintió mientras se secaba las lágrimas. No es que le alegrase que le confirmaran que su padre estaba muerto. Pero en su pecho sentía el alivio de confirmar la amarga verdad. La tensión descargada con el llanto lo hizo sentir cansado. Miro la carne seca tirada en el piso.
-Una lástima, no?- dijo Ertius tratando de animarlo.-Le preguntaremos a Casio si no tiene mas.-
Ertius miro el perímetro buscando a Casio. Ya tendría que haber vuelto… Se habría perdido en la tormenta? Comenzó a ponerse de pie, cuando noto la ausencia del soldado que cubría el perímetro por la derecha. Llevo la mano a su espada, cuando algo paso silbando a escasos centímetros de su oreja derecha. Al segundo silbido lo acompaño un dolor punzante en la pierna. Miro el origen del dolor. Una flecha élfica estaba enterrada en su muslo.
-Emboscada!- gritó con toda su voz.
El grito se perdió entre el abrumador sonido de silbidos que continuó.
Notas:
1 Baan Dar: (El dios Bandido) En la mayoría de las regiones, Baan Dar es una deidad marginal, un espíritu embaucador de ladrones y mendigos. En Elsweyr él es más importante, y es considerado como el Paria. En este aspecto, Baan Dar se convierte en la inteligencia o genio desesperados de los Khajiitas, cuyos planes de último minuto siempre alteran las maquinaciones de sus enemigos (Elfos y Humanos).
2 Jode: Dios Altmer de la Gran Luna. Tambien llamado Masser o Lágrimas de Mara.
Jone: Dios Altmer de la Pequeña Luna. Tambien llamado Secunda o Tristeza de Stendarr.
En la religion de los Khajiitas, ambos son aspectos del ja-Kha'jay, una fuerza misteriosa relacionada con las fases lunares las cuales dotan de la morfología a los Khajiitas dependiendo de bajo que fase nacen.
3 Senche Rath: Una de las muchas razas de Khajiitas. Los Senche son comunmente usados por las otras razas de Khajiitas como monturas, se asume que, voluntariamente. De aproximadamente la misma altura que la media Altmer, pero con un peso promedio comparable a la de veinte Altmer.
Los Senche Rath, más grandes y lentos que los Senche, presentan un cuerpo más corto y piernas más rectas. El promedio Senche-raht es tan alto como dos Altmer y puede pesar tanto o más de cincuenta. Son también empleados como corceles, sobre todo en la batalla, donde se ganó el título de "Gatos de Batalla" de parte de las tropas Imperiales.



Capítulo 5
Montañas al sudeste de Falkreath
Skyrim, Provincia imperial,
Morndas, 20 de Estrella Vespertina, Año 173 4E.
Tuuramil, “Bosmer de Bosque Valen por nacimiento, habitante de Tamriel por elección”, como le gustaba presentarse, nunca se había considerado un elfo al que le interesase el destino de los demás. Al fin y al cabo a los demás tampoco les interesaba el suyo. Sabía bien que el único que se preocuparía por Tuuramil, era Tuuramil. Y, aunque en este caso su destino no era muy “promisorio” y tenía más que suficientes razones para preocuparse por sí mismo, no podía evitar estar preocupado por sus dos compañeros Khajiitas.
M’ Naheh, la hembra, temblaba violentamente con cada ventisca que al azotaba y se esforzaba por seguir el ritmo de la marcha. Dra’za, su compañero, la seguía de cerca sosteniéndola de vez en cuando para que no cayera, pero él también estaba sufriendo, aunque intentara ocultarlo.
Muchas veces Tuuramil había escuchado las quejas de los dos Khajiitas, acerca del clima de Skyrim. Y eso había sido cuando estaban abrigados y al calor del fuego. Ahora con solo unos harapos encima, con las muñecas encadenadas y los pies hundidos en la nieve, con el frio y el viento acuchillándolos hasta los huesos, el pelaje de los Khajiitas no hacia diferencia alguna.
El elfo no pudo evitar sentir el peso de la culpa. No estarían allí si no fuese por él. De su cabeza nació la idea de venir al norte “para escapar de la guerra y buscar nuevas posibilidades”, así como también lo hizo la del “negocio” que los dejo “encadenados”, literalmente, al imperio y que ahora los llevaba de vuelta a la guerra y en primera fila.
Al final, todo lo que había hecho era caminar en círculos…
M’Naheh cayó de rodillas.
-N-No… no puedo más…- dijo casi en un susurro.
Dra’za se apresuró a acercarse e intento levantarla sin éxito.
-Vamos, un último esfuerzo.- le dijo
-Para qué Dra’za? No tengo esperanzas de sentir las cálidas arenas de Elsweyr otra vez bajo mis pies. No hay futuro. Prefiero que todo el sufrimiento termine aquí y ahora.- le dijo ella.
El, la miró con tristeza en sus ojos amarillo-anaranjados, pero con una sonrisa tierna y se agacho junto a ella, abrazándola.
-Si es tu deseo, Dra’za no dejara que hagas este viaje sola.- le dijo mirándola a sus bellos ojos azules.
Ella forzó una sonrisa y le acaricio el rostro. Su mano temblaba violentamente.
Tuuramil llego junto a ellos claramente preocupado.
-Vamos levántense! Ya saben lo que dijo el imperial!- les urgió el Bosmer.
Fue casi como si lo hubiesen invocado. El imperial tuerto apareció a caballo junto a ellos.
-Qué pasa? No pueden seguir?- dijo con fingida amabilidad.
-No, no – se apresuró a contestar Tuuramil. – Solo tropezó con una piedra. Ya la ayudamos a que se levante.-
-Hmm, bueno, ya saben… si necesitan ayuda… - dijo mientras acariciaba el pomo de su daga. – Siempre pueden elegir. A menos que los vuelva a ver caer. En ese caso yo elegiré por ustedes.-
El tuerto hizo que su caballo continuara su camino hacia la vanguardia de la caravana, para alivio del elfo.
-Vamos M’Naheh, levanta!- la urgió nuevamente Tuuramil.- Vamos a salir de esto. Mientras hay vida, hay esperanza!- dijo con convicción y ánimo. Más, solo era una máscara. Por dentro sentía todo lo contrario.
-M-m-mientes bien T- Tuuramil…- le dijo la Khajiita tartamudeando- a los que n-no te c-conocen- termino de decir forzando una sonrisa.
-Dra’za…- dijo casi suplicando al Khajiita que abrazaba a su compañera.
-No te sientas culpable.- le dijo Dra’za con una calma que lo espantó.- Nosotros elegimos seguirte. No nos obligaste. No tienes la culpa que Baan Dar 1 esté ahora en silencio.-
El elfo sintió que la resignación del Khajiita hacia crecer su desesperación. Tomó el brazo de M’Naheh y trato de levantarla. Pese a que no era muy pesada, la falta de colaboración hizo imposible el hecho. No se resignó, volvió a intentarlo y esta vez M’Naheh fue levantada. Dos manos humanas la tomaban por el otro brazo.
El corazón del elfo dio un vuelco.
Hasta que vio las sogas alrededor de las muñecas.
-Sigan caminando y frótense el pecho.- les dijo el que había ayudado a la Khajiita.
Tuuramil lo miró sorprendido, era el muchacho que los imperiales habían sacado de la prisión de Falkreath. Él lo hacía cabalgando con el soldado grandulón de mandíbula cuadrada. Había visto como le ofrecía llevarlo en la grupa de su montura cuando tuvieron que abandonar las carretas porque el camino se había vuelto intransitable. Aunque ahora que lo pensaba , no había visto al chico subir al caballo.
Sin embargo, tenía una capa imperial en la espalda. Todo eso sumado a que tenía sogas en las muñecas en lugar de grilletes, le daba a pensar que no era un prisionero… o al menos no uno normal.
Dra’za ya estaba de pie junto a M’Naheh. Temblaba aunque no tanto como ella. El muchacho los miró y se quitó la capa.
-Si se mantienen juntos pueden usarla los dos.- les dijo extendiéndoles la capa.- Pronto no vamos a poder continuar por la oscuridad. Deberán parar y acampar, supongo que harán unas fogatas. La capa servirá hasta ese momento.-
-Gracias.- le dijo Dra’za agarrando la capa y colocándola sobre ambos.
-Que Jode y Jone 2 te iluminen cuando al oscuridad te rodee.- le dijo M’Naheh agradecida.
El muchacho le dedicó una sonrisa fugaz y continuó la marcha. Pronto estuvo fuera del alcance de su vista, perdiéndose entre la nieve que se arremolinaba.
Tuuramil agradeció para sus adentros la esperanza que se les había dado a sus amigos, aunque solo fuera temporal … Si bien Dra’za y M’ Naheh habían reanudado la marcha, al ritmo que llevaban, el tuerto volvería a buscarlos.
El piafar del caballo detrás de él lo sobresaltó. Se maldijo por pensar en el tuerto. Cada vez que pensaba en él, se aparecía como daedra desde Oblivion. Ni volteo para mirarlo. Estaba tan nervioso que tardó en darse cuenta. No podía ser él. Cuando los dejo, cabalgaba hacia la vanguardia de la caravana.
-Si están rezagándose a propósito, para escapar, va a ser mejor que cambien de idea. No van a llegar muy lejos con esta ventisca. Y no tengo ganas que me manden a buscar sus cadáveres congelados.- dijo uno de los dos jinetes que aparecieron detrás de ellos.
Tuuramil volteo aliviado. Era uno de los que había salido de Soledad a la cabeza de la caravana. Y para su sorpresa no había reproche en su voz.
-Y si no lo están haciendo a propósito, va a ser mejor que se apuren.- dijo el otro jinete, un nórdico grandote de barba y cabellos blancos. Lo reconoció del grupo que se les había unido en Falkreath.-Somos los últimos y con esta ventisca es muy fácil perderse.-
-Me temo que, si ustedes son los últimos y considerando que van a caballo, ese será nuestro destino.- les dijo Tuuramil.
El Nórdico miro a los Khajiitas, que avanzaban a duras penas, envueltos en una capa Imperial y ayudados por el elfo. Comenzó a rezagar la marcha de su corcel. El otro jinete hizo lo mismo, poniéndose a su lado.
-No lo van a lograr, Mendel.- le dijo al Nórdico.
-Bah, he visto a gente en situaciones peores y las han atravesado, Fulvio. Solo es cuestión de tener ganas.- le dijo mirándolo.- No te voy a negar que considero que los Khajiitas no deberían venir a Skyrim. Uno pensaría que al ser “peludos” el frio no les hace mal, pero si lo piensas bien, ellos no se quitan el pelo en su tierra. Y Elsweyr es un lugar cálido si no cambio desde la última vez que estuve allí.-
Mendel miró de nuevo como avanzaban. Aun aminorando la marcha con sus caballos lo más posible, terminarían pasándolos.
-Ta vez no estés tan errado en eso de que no van a lograrlo…- le dijo a Fulvio dubitativo.-Sabes que es lo que hicieron?-
Fulvio sonrió.
-Saberlo te ayudara a decidir si ayudarlos o no?.- le pregunto el imperial.
-Digamos que ya decidí ayudarlos… solo que me gustaría saber qué tipo de “ayuda” merecen.- le contestó el nórdico algo molesto por la pregunta.
-Ya veo…- dijo Fulvio y suspiró.- No son más que estafadores y ladronzuelos que tuvieron la mala idea de engañar a un mercader que resulto ser hermano de un oficial imperial de alto rango.-
-Hmpf, no son, lo que se diría, buenos exponentes para la legión.- dijo el nórdico resignado.
-No es el tipo de legionario que me gustaría tener al lado en un momento crítico.- dijo Fulvio asintiendo.- Hasta un bastardo como Galba es preferible cuando las cosas se ponen feas.-
-Además seamos sinceros, no durarían ni un minuto en el frente… siempre y cuando lleguen-
-Es verdad… manos a la obra entonces?- pregunto Fulvio.
Mendel asintió al tiempo que desmontaba.
****
Jonna observo el bastión que se erguía ante él.
Erguía era una forma de decir. En realidad estaba semienterrado y en malas condiciones.
Un escalofrío le recorrió la espalda. No tenía planeado entrar pero si la ventisca continuaba no les quedaría otra alternativa. En cierto modo, esa ventisca era una maldición tanto como una bendición.
Bendición porque nadie en su sano juicio habría tomado esa ruta. Y maldición por… lo mismo.
Solo esperaba que sus “perseguidores” consideraran una locura seguirlos…
Casio se le acercó.
-Le di órdenes a algunos hombres para que recojan leña y hagan unos fuegos.- le dijo- Aunque como imaginaras lo hice para mantenerlos ocupados, unas fogatitas no nos van a servir para pasar la noche. También ordené que establezcan un perímetro, aunque con la tormenta, no creo que sirva de mucho.-
Jonna reflexionó sobre lo que le decía su amigo. Casio tenía razón en usar la palabra tormenta en lugar de ventisca.
-Hiciste bien.- le dijo al legado.-los mantendrá ocupados mientras aseguramos el sitio. La noche ya está sobre nosotros y el clima empeora a cada momento. Va a ser mejor que nos apuremos-
Jonna miro a su alrededor buscando a los hombres que la acompañarían.
-Donde esta Mendel?-
-La retaguardia no llego todavía.- le contesto Casio.- Faltan tu hombre, uno de los míos y tres prisioneros. La tormenta habrá dado cuenta de ellos?-
-No lo creo. Al menos no de Mendel. De tu hombre y los prisioneros, no se.- dijo despreocupado.- Lástima, Mendel me habría venido bien ahí dentro. Pero no puedo esperar más. Quedas a cargo Casio.-
-Sí, sí, tú apúrate a limpiar ahí dentro. Quiero dormir un rato, y tener un techo sobre mi cabeza. No aguanto más esta tormenta.-
Jonna sonrió y meneo la cabeza mientras el legado se alejaba. Llamo a Ertius, Astien y Galba. A Grazbul no hizo falta, ya que, como si de su sombra se tratara, nunca se alejaba demasiado de él.
Comenzó a hablar cuando todos estuvieron a su alrededor.
-Ertius, necesito que te quedes con Casio.-comenzó Jonna.- No le saques los ojos de encima a “cabeza de trapo”. Los demás vienen conmigo. No sabemos que hay ahí dentro. Así que procederemos con precaución. Puede que este abandonado pero eso no significa necesariamente inhabitado. Con suerte no encontraremos más que alimañas, pero no pienso desatender la advertencia de Mendel sobre los vampiros. Sea ese el caso o no, actuaremos con extremo prejuicio. Todo lo que encontremos ahí dentro y que se mueva se considerara hostil y debe morir. Alguna pregunta?.-
Reino el silencio por unos segundos.
- Bien- continuó Jonna- Galba conmigo a la cabeza, Astien y Grazbul detrás.
No hicieron falta más palabras. Cada uno sabía lo que se hacía en esos casos. No importaba que nunca lo hubiesen hecho juntos. Cada uno sabia su función, la habían cumplido en la legión por años, y Jonna los había reunido porque eran los mejores.
Grazbul blandió con ambas manos su mazo orco y se acercó a la puerta del bastión, esperando la orden del “jefe”. Astien conjuro en su mano derecha un hechizo de luz y en la izquierda una guardia. Galba tenso el arco y preparo una flecha. Jonna blandió su espada con la derecha y su escudo con la izquierda.
A su orden, un mero movimiento de cabeza, sucedió lo que a ojos ajenos, hubiese parecido una coreografía de precisión.
Grazbul, apoyado de espalda sobre la pared de la derecha de la entrada golpeó con su mazo la puerta a la altura del manillar, quedando enfrentado a la puerta. La abrió de par en par de una patada e inmediatamente se cubrió en la pared de la izquierda.
Astien, enfrentando las negras fauces del Bastión, con la guardia mágica en alto, arrojo con la mano derecha la bola de luz que tenía preparada, iluminando el interior, e inmediatamente imito a Grazbul posicionándose a la derecha de la entrada.
Jonna avanzó entonces, semiagachado con el escudo en alto por delante, la espada contra el canto del mismo, la punta hacia adelante, y con Galba a su espalda apuntando la flecha sobre su cabeza hacia el interior del bastión.
Traspasaron el umbral.
Unos segundos después se escuchó la voz de Jonna desde el interior.
-Despejado- dijo.
Astien y Grazbul se adentraron entonces al interior del bastión.
****
Ertius, parado en medio de la tormenta, observó el despliegue hasta que Grazbul desapareció en el interior. Los envidiaba, un poco de acción lo habría hecho entrar en calor, y lo habría sacado de la odiosa tormenta de nieve.
Suspiró y comenzó a girar mientras se frotaba los brazos, añorando su capa. Pero no se arrepintió de habérsela dado al muchacho. Nunca había creído mucho en el destino o en los divinos, pero tal vez esto no era una casualidad, sino una segunda oportunidad. Al terminar de girar vio al muchacho parado a un metro suyo.
-Parece que lo de aparecerte de sopetón frente a las personas es una costumbre, eh?- le dijo Ertius.
-Estaba mirando como entraron…- dijo Yglar entusiasmado.- eso lo enseñan en la legión?-
-Más o menos. La mayoría se aprende con la práctica. Sin embargo, algo tan coordinado como lo de recién no solo es práctica. También se debe tener una confianza ciega en lo que hacen tus compañeros. La confianza es fundamental para actuar como una unidad.-
Yglar seguía mirándolo como si esperase que continuara hablando. Ertius noto que no tenía la capa.
-Y mi capa?.-
Yglar se sobresaltó. Había planeado evitar a Ertius hasta que los Khajiitas volviesen y el tuviese la capa en su poder otra vez.
Pero el ingreso al bastión de Jonna. Lo había distraído, admirándolo y dejándolo justo frente a Ertius.
-Se la di a los Khajiitas.- le dijo olvidando todas las excusas que había pensado.
-A los Khajiitas?- pregunto sorprendido Ertius.- A los prisioneros Khajiitas?-
Yglar asintió. La voz de Merreck resonó en su cabeza. “No veo a otros Khajiitas por aquí.”
Ertius lo miro unos momentos y luego sonrió.
-Mejor vamos donde están preparando las fogatas. Tengo que vigilar al “cabeza de trapo” y quiero que hablemos mientras lo hago. Hay… hay algo que quiero decirte.-
El muchacho lo miro extrañado pero lo siguió.
Los hombres de Casio habían armado tres fogatas que ya estaban ardiendo. Rodeando una estaban los prisioneros y un par de guardias vigilándolos. En otra Casio sentado en una piedra vigilaba a “cabeza de trapo”, mientras masticaba un pedazo de carne de venado seca. Una tercera, un poco más alejada servía de punto de encuentro de los soldados que patrullaban el mal establecido perímetro.
Yglar imito a Ertius sentándose junto al fuego en la fogata donde estaba Casio.
-Estaba por llamarte, Ertius.- le dijo Casio.- necesito hacer algo con urgencia… Ya sabes.-
Ertius asintió sonriendo ante la delicadeza del legado. Los soldados decían esas cosas con todas las letras.
Yglar no le prestaba atención a lo que hablaban. Sus ojos estaban fijos en la carne seca. Casio se percató de eso.
-Tienes hambre chico? Toma.- le dijo arrojándole la lonja que estaba comiendo.
Yglar alzó ambas manos atadas con sogas en las muñecas y atrapo la carne. Casio frunció el ceño.
-Aun está atado?- pregunto dirigiéndose a Ertius.- Desátalo y cuéntale cuál es su destino.- le dijo mientras se alejaba de la fogata.
Yglar miro a Ertius mientras le cortaba las ataduras.
-Qué quiso decir?- le pregunto con desconfianza pero sin dejar de comer.
-No te estamos llevando a Helgen para unirte a la legión como se le hizo creer al Jarl de Falkreath. Cuando lleguemos allí te quedaras a esperar a tus primos. Aunque con el retraso que llevamos, tal vez ellos te estén esperando allá.-
Yglar se olvidó de masticar y quedó con la boca abierta.
-Como recomendación – continuo Ertius - no te aparezcas por Falkreath, en digamos… un par de años.-
-Por qué?- logro articular Yglar.
Ertius lo miro extrañado.
-Porque si te ven, te volverán a encarcelar, por eso!-
-No, no! Digo porque me ayudan?-
-Solo sé que un guardia hablo por ti, a petición de tu primo. Que el mercader al que “robaste” pedía tu mano, y no para casarse precisamente. Y que Jonna no iba a presentar cargos por lo que le hiciste a Galba. Vimos lo que pasó y los que no lo vieron ya saben cómo es el tuerto. Supongo que todo eso llevo a Jonna y al Legado a tomar esa decisión. Y me alegro que así fuera-
Permanecieron unos segundos en silencio.
-Eso es lo que querías decirme antes?- pregunto Yglar con la boca llena.
Ertius lo miro y luego desvió su vista hacia la fogata. Carraspeo antes de hablar.
-Mira chico… desde que te vi en la posada que… bueno, que cosas que había decidido olvidar se hicieron presentes.-
Volvió a mirar a Yglar. Este lo miraba con el ceño fruncido mientras masticaba la carne. Ertius tomo aire y fuerza y continuó.
-Conocí a tu padre, a Hrorgar.- le dijo. Las palabras le salieron a borbotones y por segunda vez Yglar se quedó con la boca abierta.- Yo fui a llevarle personalmente la nota que ordenaba que se reincorporase a las filas. Por su desempeño había logrado que le dieran a baja con honores cuando cumpliste los cinco años. Había jurado que nunca volvería a la legión. Que su vida a partir de ese momento solo serían su mujer y su hijo. Recuerdo que le dije que no lo veía como campesino, pero que apoyaría su decisión. Por eso cuando enviaron las ordenes de reclutamiento, me sentí en la obligación de darle una oportunidad. Se suponía que las ordenes se llevarían a cabo a la mañana siguiente, pero yo partí esa misma noche de Soledad con dos escoltas. Cabalgamos como si el mismísimo Merhunes Dagon nos persiguiera. Llegamos con los caballos a punto de desfallecer. Apenas me vió, tu padre supo porque estaba allí. Le dije que podía... que podía darle un día o dos, que se fuera a Roca Alta contigo y con tu madre, que si no lo encontrábamos para darle la orden imperial no se consideraría deserción y que nadie lo sabría. Sabes que me dijo? “Yo lo sabría. No voy a huir de mis responsabilidades. No podría volver a mirar a mi familia si lo hiciera.” Dos días después tu padre se convirtió en el segundo al mando en la división que yo comandaba.-
Yglar no podía hablar, sentía como si un nudo ahogara su garganta. Era todo tan confuso. La sombra del imperial que siempre odió, estaba ahora frente a él y no podía odiarlo, no podía culparlo por quitarle a su padre. Que le hablaran de su padre le había dado ganas de llorar. Con gran esfuerzo, logró articular palabra, aunque no pudo evitar las lágrimas.
-Lo viste morir?- le pregunto al borde de quebrarse. Ertius asintió despacio.-Cómo fue?-
-Unas semanas antes que la guerra se declarase oficialmente, estábamos de patrulla en Bosque Valen cerca de la frontera con Cyrodiil y Elsweyr. Nos habían informado de movimientos de tropas que marchaban hacia Elsweyr, y nos enviaron como reconocimiento. De encontrarlas debíamos tomar nota de sus movimientos y volver a informar. Las encontramos. No eran simples tropas, era un ejército completo, compuesto por Thalmor, Bosmer y Khajiitas. Por desgracia, nos descubrieron. Empezamos una desesperada huida hacia nuestro puesto fronterizo, pero enviaron en nuestra persecución una unidad combinada de Arqueros Bosmer y Gatos de Batalla, los terribles Senche Rath 3. Las flechas Bosmer dieron cuenta de varios de mis hombres, antes de que una de ellas se clavase en mi espalda y los Senche Rath nos alcanzaran. Caí embotado, la flecha estaba envenenada. Una de esas bestias despedazó al soldado que trato de protegerme, y habría muerto de no ser por tu padre, que le partió el cráneo con su hacha. Me levantó. Todo me daba vueltas. Tu tío se acercó. Su mano derecha era un amasijo de carne y donde tenía que estar su ojo derecho solo había una cuenca sangrante, aun así se mantenía en pie. Tu padre le ordenó a él y a otro soldado que me sacaran de allí. Trate de protestar pero creo que solo balbucee alguna incoherencia. Lo último que vi antes de desvanecerme, fue a tu padre matando a otro Senche Rath, y corriendo, con tres flechas en su cuerpo, contra los arqueros Bosmer que ya nos habían alcanzado, mientras gritaba ¡Ysgramor, Ysgramor!- Ertius sonrió con tristeza.-Tu padre fue el guerrero más valiente que vi. Cuando volví en mí dos semanas después, aun no podía moverme. Estábamos en Skingrad esperando para seguir viaje a Ciudad Imperial. El ejército que habíamos visto había cruzado la frontera desde Elsweyr comenzando la invasión de Cyrodiil. Pregunte que había sido de mi unidad. Me dijeron que solo habíamos vuelto nosotros tres. Nunca pude volver a Bosque Valen. Y escudándome en mis obligaciones, nunca volví a Skyrim… hasta ahora.- Ertius se detuvo unos momentos. Yglar ya no contenía el llanto.- Yo… yo… lo siento. Tendría que haber ido con tu madre y contigo decirles, ocuparme de ustedes en memoria de la amistad con tu padre. Lo siento…-
Ertius se acercó al muchacho. La lonja de carne seca estaba tirada en el piso junto al fuego. El niño, como ahora lo veía, lloraba cubriendo su cara con ambas manos. Le apoyó una mano en el hombro tratando de consolarlo. Yglar lo miró y se abrazó a él. Ertius no tenía hijos, nunca lo había echado en falta, su vida estaba dedicada al servicio en la legión. Esto era nuevo para él. Con torpeza le acarició la cabeza y trató de consolarlo. Luego lo apartó y lo miró a los ojos.
-Te prometo que cuando esto termine. Viajaremos juntos a Bosque Valen. No sé si encontraremos sus restos, pero al menos verás el lugar donde tu padre cayó como un auténtico Guerrero Nórdico.- le dijo Ertius con firmeza.
Yglar asintió mientras se secaba las lágrimas. No es que le alegrase que le confirmaran que su padre estaba muerto. Pero en su pecho sentía el alivio de confirmar la amarga verdad. La tensión descargada con el llanto lo hizo sentir cansado. Miro la carne seca tirada en el piso.
-Una lástima, no?- dijo Ertius tratando de animarlo.-Le preguntaremos a Casio si no tiene mas.-
Ertius miro el perímetro buscando a Casio. Ya tendría que haber vuelto… Se habría perdido en la tormenta? Comenzó a ponerse de pie, cuando noto la ausencia del soldado que cubría el perímetro por la derecha. Llevo la mano a su espada, cuando algo paso silbando a escasos centímetros de su oreja derecha. Al segundo silbido lo acompaño un dolor punzante en la pierna. Miro el origen del dolor. Una flecha élfica estaba enterrada en su muslo.
-Emboscada!- gritó con toda su voz.
El grito se perdió entre el abrumador sonido de silbidos que continuó.
Fin del capítulo 5.

Notas:
1 Baan Dar: (El dios Bandido) En la mayoría de las regiones, Baan Dar es una deidad marginal, un espíritu embaucador de ladrones y mendigos. En Elsweyr él es más importante, y es considerado como el Paria. En este aspecto, Baan Dar se convierte en la inteligencia o genio desesperados de los Khajiitas, cuyos planes de último minuto siempre alteran las maquinaciones de sus enemigos (Elfos y Humanos).
2 Jode: Dios Altmer de la Gran Luna. Tambien llamado Masser o Lágrimas de Mara.
Jone: Dios Altmer de la Pequeña Luna. Tambien llamado Secunda o Tristeza de Stendarr.
En la religion de los Khajiitas, ambos son aspectos del ja-Kha'jay, una fuerza misteriosa relacionada con las fases lunares las cuales dotan de la morfología a los Khajiitas dependiendo de bajo que fase nacen.
3 Senche Rath: Una de las muchas razas de Khajiitas. Los Senche son comunmente usados por las otras razas de Khajiitas como monturas, se asume que, voluntariamente. De aproximadamente la misma altura que la media Altmer, pero con un peso promedio comparable a la de veinte Altmer.
Los Senche Rath, más grandes y lentos que los Senche, presentan un cuerpo más corto y piernas más rectas. El promedio Senche-raht es tan alto como dos Altmer y puede pesar tanto o más de cincuenta. Son también empleados como corceles, sobre todo en la batalla, donde se ganó el título de "Gatos de Batalla" de parte de las tropas Imperiales.
