Y allí estaba, solo, pensando en que hacer, empuñando ese cuchillo, esa puerta hacia la libertad...Veía las gotas caer, veía la gente correr, veía esas parejas abrazadas y besandose, cada vez se estremecía y sentía ese impulso de matar...
Lo pensó muchas veces, sabía que debía detener ese problema, no eran los demás, era él, él es un peligro para la sociedad,él es un peligro para él mismo. Soltó el cuchillo, fue a pedir perdón a sus más allegados, fue a pedir perdón así mismo, no funcionó, corrió hacia la iglesia, subió a lo más alto, pidiendo perdón a Dios, salto al vació y nada lo detuvo...
Esta fue la vida de Pedro, el hombre que lo tuvo todo en su vida, menos paz en si mismo.
(Victor Arango)