Como están, amigos? Con seguridad, casi todos los que entren a este post que hoy comparto con uds. , ya me conocen.
Y saben que pueden encontrarme en mi casa de siempre
y en mi casa de descanso
Cumplidas las formalidades
Quiero contarles una historia.
La historia de Mamama
Y ahora si.
Recopilando relatos indígenas a mi modo, como los recuerdo, como me los contó alguna vez, allá lejos y hace tiempo
La historia de Mamama
Y ahora si.
Recopilando relatos indígenas a mi modo, como los recuerdo, como me los contó alguna vez, allá lejos y hace tiempo
Mamama
link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=WdohmW4SYFE

Mamama, mi bisabuela era hija de un cacique diaguita llamado Silcán. Había nacido en los cerros de Anta, en Salta y desde los 12 años, casada ya con un español de 36 , vivió en Tucumán y tubo muchos hijos.
Todos los domingos nos reuníamos en su casa a comer sus ricas empanadas, tocar la guitarra y cantar. A veces, la viejita bailaba alguna cuequita haciendo levantar polvareda con su ritmo.
De ella aprendí el valor que tiene la familia unida, conocí el calor de hogar, la alegría de las cosas hechas con amor, el orgullo por mis raíces, el no sentir vergüenza para expresar mis sentimientos y la honestidad.
Solía cantar acompañada con la guitarra, ante cualquiera que se lo pidiera...”Ya me voy, ya me lleva el destino... como hoja que el viento arrebata…” ahhhhhhhhh y su voz trémula, su cuerpecito delgado y encorvado, su rostro arrugadito marcaban el compás de este valsecito...que jamás volví a escuchar.
Aun hoy, muero de amor por esta imagen en mis retinas y su cantar aflautado en mis oídos.
De niña llamaban mi atención algunas de sus costumbres perdidas en el tiempo, como el colocarse una vincha roja sobre la frente cuando se levantaba de mal humor y así todos sabíamos que debíamos portarnos bien; no había que molestarla porque “no estaba en su mejor día".
En las cálidas nochecitas tucumanas, Mamama, mi bisabuela, sacaba su viejo sillón de mimbre a la vereda, amplia y reluciente, y, mientras se mecía en él, con su pequeño cuerpo débil ya por los años, sus manos frágiles y arrugadas entrelazadas sobre su falda floreada y su rostro dulce, apergaminado de historias, con voz finita, temblorosa, nos contaba a todos los chicos de la cuadra sentados en el piso, a su alrededor, “verdaderos cuentos de aparecidos".
Con una pícara sonrisa, y con misteriosas pausas, comenzaba.
“-Hacía frio ayá, en el campo, y la noche era oscura; muy oscura… habíamos terminao de comer y estábamo listos pa ir a dormir. Teníamo que levantarno de madrugada a priparar el mate cocido a los hombres e la casa ante que salgan a la cosecha e la caña, cuando Felicita quiso miar.
Ayá, no había baño dentro el rancho como ahurita; taba leeeejo… era como una tapera el excusao y había que atravesar las cañas de azúcar que tapaban la entrada.
Felicita salió en medio e la noche y con el frio y la oscuridá, sintió miedo. ¡Ni los grillos salían a esa hora pá sentirse un poco acompañada, aunque sea!
Relojió el camino rodeao de caña, solitario y oscuro como la mesma muerte y se le frunció el upite y como naides la veía, se bajo los calzones y se acuclillo áhi noma detrás de una mata.
Solo la luna, grande y redonda iluminaba el camino y los árboles de naranjos formaban sombras temibles que le ponían la piel de gayina a cualquiera.
De ripente, Felicita vió, ayá lejo, lejo, muy lejo, primero un punto blanco que se acercaba lentamente y pensó que alguien venia de visita y, aunque le parecía raro, por el frio, la oscuridá. la soleda'el camino, se quedó a esperar.
El punto blanco se hizo más grande, claro, si taba más cerca . Ya se veía bien que era una persona que apuraba el paso hacia eya, cuando… ¡Felicita se cagó del susto! … un viento helao que le congeló hasta los güesos la acarició. La visita era una mujer con un vestido blaaanco, largo como un camisón que se paró dilante deya y, la sorpresa que se yevó !!! ...la visita, tenía la cara, de su amiga Teresa con la que taba peliada hacia mucho, y mucho mas que no la véia ni sabía nada, nadita de nada deya…
Y lo más terrible desto, era que Teresa… ¡no tenia pies!… venía flotando por el camino hasta llegar a su lao y envolverla con un frio tan, pero tan helao, que Felicita, escondida tras las cañas, no supo más. Cayó redonda al suelo...
Como demoraba, la salieron a buscar y la encontraron como muerta tirada en la tierra; la levantaron, y así, dismayada como taba la acostaron en el catre.
A la mañana temprano, Felicita contó lo que le había pasao y decidió ir a ver a su amiga y partió rumbo al poblao. Ayí se enteró que Teresa taba enferma de hacia un tiempo largo y la visitó en el hospital.
Teresa taba tal cual ella la había visto , con un camisón largo, blanco y un gorro blanco también que le cubría las crenchas. Y al verla le dijo
- Felicita, que suerte queas venío. Anoche ei soñao que tiva a ver y que te hacia asustar. Y no quería irme deste mundo sin pedirte perdón.
La piel de Felicita era como la del poyo.
Se abrazaron las amigas y al día siguiente Teresa se murió . Felicita volvió pa su casa pero nunca más se atrevió a salir a miar sola en la noche…”
Y Mamama terminaba su historia haciendo algunos ruidos de cadenas y su característico “uuuuuuuu!!!!” que suelen hacer los fantasmas.
Nosotros, niños en blanco y negro, de otras épocas, inocentemente moríamos de miedo aunque queríamos otro cuento, pero ella misma nos repartía a nuestras casas diciéndonos: - buenooo, ahurita, cada carancho, a su rancho...
link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=k1qcFqpJaFg
Mayup maman

Eran las típicas vacaciones escolares y mamama decidió llevarme a visitar a mis padres que vivían en Oran, , Salta.
Al llegar. después de abrazar a mi madre y recibir todos sus besos, me quede dormida. el viaje me había resultado muy cansador...
En la mañana, desde muy temprano comenzaron los ruidos habituales de la casa, esa casa que, con la presencia de mamama se sentía viva. Abrí mis ojos y me la imaginé, como todos los días, sentada en un banquito, al lado del brasero calentando el agua para el mate en una enorme pava de aluminio y al costado, completando el matinal paisaje, 2 batatas asadas al rescoldo, grandes... dulces... apetitosas...mientras con una vara, acomodaba las brasas encendidas.
El musical sonido de la cucharita al rozar las paredes del enorme tazón endulzando el mate cocido, el aroma del bollo con chicharón recién salido del horno, calentito y tentador... la vista de ese suculento desayuno que me llevaba a la cama con grandes trozos de ese exquisito pan con manteca y dulce de leche, y que eran su ofrenda hacia mi, despertaban mis papilas gustativas y todo mi amor hacia ella.
Rápidamente desaparecía mi somnolencia ante el humeante y verdoso mate cocido con leche.
Era infaltable que yo dijera:
- mamama, quiero otro cacho de pan…con mucho chicharrónnnnnnn - abusándome de su cariño.
El día transcurrió sin novedades, en calma.
Mi madre y ella no paraban de charlar, aprovechando que mi padre estuviera en su trabajo.
A la hora de la comida el regresó y en un instante, deslizo un comentario que me alertó y provocó toda mi angustia. Ella volvería a Tucumán, sola, sin mí.
Lloré. Lloré y lloré sin parar escuchando duras palabras de papá, conciliadoras palabras de mamá y las manos de mamama acariciando mi cabeza.
Suavemente me llevo debajo del naranjo y me sentó sobre sus rodillas con un abrazo tan contenedor como nunca más recibí y, secando mis lágrimas, acomodando mis trenzas me dijo:
“mi guagüita querida, no yoris mas porque lo días pasan rápido ya va a volver conmigo. Vo tenis que aprender a estar con tu tata, es gruñon, pero noes malo, ya va a ver vos. Te van a llevar a pasear al rio bermejo… No sabis que lindo que’s…. Lo tenis que conocer porque vos sos parte dese rio…sabis por que? … dese rio venis… mi guaguita…de ahí viene tu almita…
Poco a poco, con el eco de su dulce voz que entonaba en un susurro una canción…-
“Con su sombrero aludo, el duende chiquito…
corría y corría por el arenal…
y en medio de la noche mil ojos de gatos…
miraban, miraban, al duende jugar…
corría y corría por el arenal…
y en medio de la noche mil ojos de gatos…
miraban, miraban, al duende jugar…
Sentía su canción cada vez mas lejos…
duerme, duerme, duerme,
que mañana te despertarán…
duerme, duerme, duerme,
para verte en la arena jugar…
que mañana te despertarán…
duerme, duerme, duerme,
para verte en la arena jugar…
Me quede dormida olvidando mis sollozos, y me vi, allá, a la distancia, donde comienza el tiempo, y se separa el pángeas, y se forman los mares.,
emergiendo de una gran bocanada de aire que llenaba mis pulmones, asomando a la superficie de un salto, con mi piel tostada por el sol y mis larguísimos cabellos oscuros de enormes rulos que cubrían, como un cálido manto, todo el cauce de esas aguas turbias, rojizas, a veces tranquilas y mansas, pero otras, turbulentas como mi espíritu.
En mi sueño, yo acababa de parir.
Me había convertido en la madre de ese rio, el Bermejo, terroso, como el color de mi piel.
Y me vi cabalgando en la primera ola de la creciente como una hermosa sirena fluvial, recorriendo y cuidándolo de punta a punta, sumergiéndome en sus revueltas aguas, emergiendo con placer ante los rayos del sol, trepando a los arboles de la ribera en las siestas amables y tranquilas y recogiendo en 2 grandes vasijas de ese barro colorado, las lagrimas vertidas por los sauces llorones de las orillas, en las diáfanas noches de luna, juntando el agua para las lluvias del verano. Con mi presencia, las personas buenas estaban protegidas de las grandes crecientes, pero, si eran malas, si lastimaban al rio, ó a los peces, ó a los árboles, serian arrastrados, sin piedad, a las profundidades de las aguas revueltas…
Desperté muy entrada la noche, en mi cama. Ella ya no estaba conmigo, pero aún sentía en mis brazos el calor de su abrazo y en mis mejillas la tibieza de sus besos de despedida. Debajo de mi almohada, me había dejado un regalo: un hermoso ñajcha para peinar mis rulos.
Pasado el verano, cuando volví a verla, trató de convencerme que yo era la mayup mamán, madre de los ríos, sirena fluvial.
El duende Mikilo

Esa noche, mamama me permitió quedarme a dormir en su casa. Juntas repartimos a los otros niños que, muertos de miedo después de escuchar la historia de la apareciada, caminaban sigilosos, relojeando a los costados por si se presentaba nuevamente la muerta para despedirse de ellos, diciéndoles un sepulcral :haaasta mañaaaana.
Volvimos a casa con la promesa de que, si me portaba bien, a la nochecita, nos contaría otro de sus cuentos.
Era domingo. Mamama se levantó a la madrugada para preparar unas 500 empanadas. Era día de fiesta, de reunión familiar, de música y alegría. Mis abuelos y todos mis tíos iban cayendo de a uno a la hora de comer y el primero en llegar, comenzaba la fiesta con la guitarra. Se ponía a cantar y los otros se le sumban al llegar, cada uno en su estilo.
Un popurrí de cantos y risas, con folclore, valses peruanos, canciones mexicanas, tango, boleros y hasta canciones de la guerra civil española; en fin, un verdadero festín para los oídos y el alma enriquecido con empanadas, risas y conversaciones políticas; luego, ¡ a dormir la siesta! Ese era el momento clave, el más duro y difícil. Allí comenzaban los problemas del mundo porque mi hermano y yo nos negábamos a semejante castigo, sobre todo porque considerábamos que nos habíamos portado muy bien; pero mamama en eso era inflexible y nos decía:
-Si no sechan una siesta y siguen corretiando viene el duende y los chuscha… ¡ y ahí si que los quiero ver ! ¡ cagao de miedo van a quedar !
-No existe, no existe, contestábamos burlonamente.
-¡ Si que existe !. Ustedes no loan visto entuavia porque siempre duermen la siesta, pero, denseguidita nomás vaparecer.
Mirá, decía mamama poniendo la voz para contar algo terrible:
hace muchos años, en la quebrada, había una mujer que tuvo un chico y no lo quiso bautizar y entonces, la guagua se murió. Dispués que se murió, a la primera que se le apareció fue a su mama. Se le apareció fiero, che... daba miedo e solo verlo. Era chiquito, chiquito. Apenas se levantaba del piso i tierra y los ojos eran grande, negro... y malvao.
Echaba fuego con la mirada nomá y hacía temblar de miedo.
Los dientes eran finitos, y filosos priparo pal mordiscón y se vestía con un ponchito e vicuña y un sombrero bien grande que le ayudaba a esconder su cara maligna y las chispas que echaban e sus ojos cuando te miraban.
La asustó tanto, tanto y le pegó tan fuerte que la pobre mujer también se murió.
Como se murió a la siesta, siempre se aparece a esa hora a los chicos que andan levantao, y, ¡ a que no sabis que !... el duende tiene 2 manos, como todos, che, pero el…tiene una mano e lana y una mano e fierro, y cuando te piya, primero te chuscha y dispués te pregunta....¿ con que mano querí que te pegue ? y si no le contestas se enoja mas y mas, tanto ,que hasta la tierra tiembla asustada y eso te da más miedo entuavia, así que le tenis que decir, pero igual no te salva ni diosito del chirlo el duende. Si le decí que te pegue con la mano e lana, te golpea tan fuerte, pero tan fuerte, que quedas estampao en el piso, y si le decí con la mano e fierro, quedas doblao en el suelo, durmiendo e prepo nomás, pero cuando dispertás tenis marcada en la cara una mano roja como la sangre con 3 dedo, como la mano e mandinga, pá toda la vida, asi que, ustedes sigan jodiendo nomas, si quieren, y dispués no digan que no les avisé .
Y con estas palabras, mamama daba media vuelta muy tranquila, con una sonrisa en su rostro, segura de que nosotros, muertos de miedo, por si las dudas, despacito, callados, en puntitas de pie y con el orgullo en el bolsillo, nos metíamos en la cama a dormir profundamente, una gran siesta.
link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=QIyMt1bs1_0
Bichito colorao
Terminaron las clases . Con el comienzo de unas largas vacaciones, mamama me llevó a Orán, con mis padres.
En el camino, disfrutando del el paisaje, de los animales, de la suave brisa que se colaba por la ventanilla, ella, como siempre, no dejaba pasar oportunidad para alimentar mi imaginación.
Llegamos a la madrugada y juntas, de la mano, atravesamos el sendero que se abría entre las cañas de azúcar seguidas de todos los perros del vecindario que nos daban la bienvenida con sus ladridos muy cerquita nuestro, casi casi a punto de mordernos los talones. La falta de luz le daba un lúgubre marco a nuestra llegada.
Mamama, con su acostumbrada actitud protectora me decía: -no tengai miedo m’ijita, perro que ladra no muerde… pero la verdad, que ella cantaba cual lastimera chayita con su voz dulce y aflautada:
san rooooque
San rooooque
Atá a tu perroooó
Con tu cadena de hierrooó
San rooooque
Atá a tu perroooó
Con tu cadena de hierrooó
Una y otra vez hasta llegar a la casa.
Luego de los recibimientos de honores, muestras de alegría y preguntas de mi madre sobre la escuela, me mandaron a dormir mientras ellas quedaban mateando y preparando humita para el almuerzo.
A la siesta, escapé a jugar con los chicos de la cuadra negándome a la infaltable siesta, aún sabiendo que eso era suficiente motivo para un tremendo castigo de mi padre, pero me sentía segura, entonces. Ella estaba allí, conmigo, así que me aproveché de la situación.
Hicimos una ronda como era la costumbre para empezar el juego, cantando el bichito colorado, cuando ella, viendo la iracunda cara de mi padre, nos tomó de la mano y nos dijo:
- Vengan, les voy a contar una terrible historia de esos feos bichos que, justamente, vivían aquí mesmito nomá, y dispués que lo escuchen, bué, ustedes sabrán que hacer… y con sus palabras tranquilas pero imperativas, nos invitó a sentarnos a la sombra de un naranjo y a escucharla atentamente.
“ Resulta que esta historia pasaba hace un tiempo no tan lejano, aquí nomás, en Orán, y esta historia es de verda verdá. Como iá saben ustedes, m’ijitos Orán era un poblao chiquitito que hay en el mundo , que’s este, y tal como aurita nomás, muy muy caluroso…
El sol quema como el mesmito fuego ‘el infierno, tanto, que raja la tierra; así y todo, estos bicharracos fieros Jugaban en la vereda a las 2 e la tarde, a pleno sol, a plena siesta, cantando en ronda , golpiando las palmas de sus manos
Un bichito colorao
mató a su mujer
con un cuchiyito
e punta di alfiler
le sacó las tripas y se puso a vender
¡A 20 a 20 las tripas calientes
De – mi – mu - jer!
mató a su mujer
con un cuchiyito
e punta di alfiler
le sacó las tripas y se puso a vender
¡A 20 a 20 las tripas calientes
De – mi – mu - jer!
Igualito que juegan ustedes, y cuando terminaba este canto tan fiero salía e la ronda uno por uno hasta que quedaba solo el afortunado ganador que se iba en busca ’e su premio sin demora.
Juntos comenzaban a recorrer las solitarias calles. Todos acompañaban al vencedor alentándolo a viva voz, con los puños en alto, saltando y voceando ¡Bichito colorao! ¡Bichito colorao! ¡Bichito colorao!...
El estruendo que hacían con sus saltos y gritos era escalofffriante; la gente ‘el pueblo se estremecía ‘e terror; los más valientes espiaban trás las cortinas…el julepe que sentían era tan pero tan grande que se les fruncía el upite ‘el miedo. Y se encerraban bajo 7 llaves, como todos los domingos a las 2 ‘e la tarde, rogando... suplicando... implorando a todos los diose que sus hogares no fueran los elegidos.
El terror que sentían era inmenso. Sabían que ese domingo alguno d´ellos sería visitao por los espeluznantes bichos coloraos, seres maleéffficos que perseguían a las mujeres d‘el lugar. Ellas temblaban de terror ante el solo pensamiento ‘e imaginarse a mercé destos mandingas de brazos laaaargos descarnados, de uñas agarrotadas como tirabuzón y ojos negros, saltones, maligggnos…
Pasaron frente a su puerta y ella sintió un escalofrío mortal.
Presintió …lo supo al instante.
Esta vez no se iba a podé escapar…
¡Su turno había llegao !
Apenas empujaron la puerta, saltó por la ventana di atrás y comenzó a correr.
Y corre, corre, corre tan ligero por esas angostas callecitas ´e piedras, amuralladas, oscuras, sin salida, que’l aire le desgarra la garganta en la tremenda lucha pa´ llenar sus pulmones …y su corazón parece reventarle en el pecho.
Su cazador, jadiando y respirando fuerte, al verla atrapada se abalanza sobre ella mientras no deja di hacer el ensordecedor y tenebroso grito de júbilo por la cacería: ¡ Bichito colorao! ¡ Bichito colorao! ¡ Bichito colorao!
Logra, por un instante escabullirse ´e sus garras. Intenta escapar. Ve en una insignificante puerta y la cruza, desesperada. Se da cuenta que es el fin.
Mortuorios candelabros ‘e bronce iluminan el ébano ‘e siniestros ataúdes, haciendo aún más terrible ese lugar con muchos espejos que multiplicaban la certeza ‘e su dolor…su miedo…su angustia y desesperación…
El cajón era muy brillante, tanto que uno se moría ‘e solo verlo nomas, y sobre ese brillante féretro , tan duro como tu tata, habían tres cajas verdes, aterciopeladas, adornadas con enormes moños celestes . 2 de’llas, tenían el nombre en un costao con letras grandes, doradas, de las últimas mujeres cazadas; al ver eso, se quedó paralizada, sin esperanzas… porque la tercer caja, abierta...invitándola a entrar… con su nombre al frente, rezaba : Mina, última mujer ‘e la tierra, escrito con su propia sangre, negra ya… espesa…cuagulada…"
Remató la historia con un silencio interminable, y sin decir ni chio, bajando la cabeza, muerta de miedo, me fui a dormir una larga siesta, sin saber que al día siguiente, se venía la noche para mi…
