
Estrepitosas pasaban las horas en penumbras de ese antiguo reloj. Mientras la sombra del patio vacío lloraba la ausencia de un viejo amor. ¿Sabemos acaso comprender el desdén en los párrafos de esas hojas amarillas que hablan de dolor? Libros marchitos de palabras y razón. Conciencias dormidas y oscuras esperanzas de lo que en realidad es hoy. No comprendió mi presencia pero tampoco mi adiós. Lo que se ama se suelta, se librea, se deja en el aire flotar y en el mar ahogar. Puede que sea el momento de quitarse las hordas de marcas que queman, el corazón.
Querida presencia amiga…hoy que me lees y sé, a veces aún me observas.
Cuéntame de ti.
¿Continúa tu alma yendo a volar por nubes de papel durante la noche?
¿No es paradójico que hablemos de nubes en las madrugadas?
Preciosas batallas las que nos hacían remontar a tiempos de aromas dulces que colaban en nuestras vidas nuevas ilusiones.
Recuerdo una noche de verano, hace tantos ayeres que pareciera ser otra vida; pero aunque agotada mi alma por la soledad, solo ha sido un existir. Regresando a esa noche… ¿recuerdas cuantas estrellas llegamos a contar? Se volvieron infinitas como esas gotas de lluvia que una vez intentamos con nuestros rostros atrapar.
Me lees, me percibes, sabes de mí, es que aún te adueñas de mis pensamientos. Sé que continúas de pie junto mi vera, observando, sonriendo al escuchar mis visiones.
Se agotó el tiempo, entre tú y yo, solo hubiera deseado tener unos segundos más. Reír con más fuerza, embriagarnos de libros, de historias, respirar otra vez tu hálito.
Solo tú eres como yo, y solo yo,soy como tú.
Juntos deliramos, navegamos, conquistamos mundos, destruimos barcos; solo para levantarlos con nuestras propias manos.
He caído lo confieso, con dolor en mi ser y un suspiro escapando al unísono con éstas palabras, caí. Y sé que si hubieras estado caminando a mi lado, no habrías permitido mi tropezar o hubieras encontrado el modo de fortalecer mi espíritu.
¿Cuánto crees que hace falta para terminar con una vida, para marchitar un alma?
Han sido tantas las guerras peleadas, que me creí triunfante, lo sabes, nadie tiene una mejor espada que la que tú y yo hemos portado desde antaño.
Alguien quebró la profundidad en esta habitación donde se aloja mi corazón, extinguieron su luz, borraron esa ilusión que había custodiado durante todo mí existir. Y ahora, no sé quién soy, no sé donde ir o en quien resguardarme.
Intento evitar que las letras naufraguen (son mi razón y lo sabes) pero es difícil mantener algo con vida, cuando una misma ha muerto.
Soy de la alondra su voz, del duraznero su flor y del mar su sal. Soy el suspiro del amor, la sonrisa del soñador y el veneno que genera la música. Soy del verso su rima, de la guitarra su armonía y de la mañana el rocío. Me convierto en el deseo de la estrella mientras cae, en la lágrima del dolor y en la nostalgia que quedo. Fui un nombre sin letras, una pasión que no duró, un día que no llegó. Soy lo que se deja de amar, lo que es fácil de arrancar, eso que se marchita sin regar. El olvido con el que no se luchó, un silencio, una distancia sin recorrer, soy por lo que no vale la pena llorar.
El desequilibrio se apoderó de la razón y la razón se negó a poner rumbo hacia la esperanza.
Prefiero naufragar y perecer en el frío constante de un mar sin amor, a vivir respirando el aliento de su compasión.
Abarrotados sentimientos que galopan constantes en cada latido que el corazón da, para dejar de existir tras el llanto del niño que murió sin nacer.
Sangre en mis manos de lo que pudo ser y no fue.
Y de rodillas la sombra furtiva de la culpa, llora a escondidas en una tumba que nadie cavó.
En ésta noche plutónica se escuchan los gritos del cuervo que otra vez repite sin cesar… “NUNCA MÁS”.