InicioArteNo existe el Arte
TERCERA PARTE.

La tercera parte del componente, la más importante del Dispositivo Semiótico Obra de Arte, es la que se llama Instancia de Reconocimiento, es la instancia de los contempladores, del público, de los respetuosos, complacientes y solícitos Contempladores de Obras de Arte.
Es la instancia de los que vamos a los Museos y Galerías de Arte con actitud cuidadosa, llena de escrúpulos y que en mi opinión, esta cualidad, esta condición que nos han impuesto, es lo más parecido a la actitud de recogimiento y circunspección que debemos adoptar cuando entramos a un Templo de carácter religioso.



La gran diferencia con el paradigma religioso, surgida hace muy poco tiempo, es que ahora sabemos que somos nosotros los que en definitiva decidimos si hay arte o no hay arte.
En el ejemplo del experimento del Washington Post con el violinista Joshua Bell, también quedo claro y harto demostrado que el evento Obra de Arte se consolida solamente con el aporte y la participación directa de los contempladores. La buena noticia es que ahora, el Arte se establece con la educación, el adiestramiento y la formación constante del público.
Ya no nos alcanza con el goce visual de la obra, no es suficiente babearnos profusamente frente a la obra, defendiendo la convicción o la aceptación incondicional del dogma obra de arte.



Ahora los contempladores también exigimos el placer intelectual, queremos saber qué es eso, necesitamos “entender lo que vemos´´, ya no nos satisfacen cosas como “El arte es lo más bello que existe y Dios es el más grande artista... y se lo ganó al crear la vida” o “El arte es la expresión de alma que desea ser escuchada”, “Arte es, entre otras cosas, arte” o mi preferida, “El arte es una satisfacción provocada por un mecanismo que nos es desconocido”. (Debemos aceptar que el que dijo esto estaba bien rumbeado)

Nuestra naturaleza humana nos condiciona como especímenes que necesitan entender las cosas, necesitamos saber, conocer el ¿Por qué? y para eso desarmamos las cosas hasta su último exponente.
Con la cuestión obra de arte, no solo desmontamos todas las partes de este prodigio, con la satisfacción y deleite de un relojero avezado, también logramos, este método, su esclarecimiento final.
Del mismo modo que aceptamos la participación indiscutible de nuestra naturaleza de Homo Habilis, hay que reconocer que en este asunto tuvimos una gran ayuda externa.



Esta inesperada ayuda provino de un acontecimiento, de un evento increíble, extraordinario, totalmente ajeno al paradigma arte, pero que igualmente logro transformarlo hasta los cimientos el paradigma del arte. Lo transformo a tal extremo que en poco años dejamos de glorificar y a tratar con respeto cuasi religioso, fetichista, supersticioso, a los artista y especialmente, a los objetos que estos producían.
Una de las razones por la cual siempre referimos al paradigma obra de arte y lo representábamos como un evento cuasi religioso, es porque se baso a lo largo de muchos siglos, como verdad indiscutible, incontestable, en un enunciado del Sr. Aristóteles que más o menos decía así “el arte y muy especialmente la pintura y la escultura tienen que ser una reproducción de las formas naturales”.

Como al Sr. Aristóteles, en los últimos dos mil tres cientos años, nadie se atrevió a discutirle nada, creo que ni su madre se atrevía, la cosa funciono a las mil maravillas. La pintura y la escultura están relacionadas con dios, con la religión y ni se te ocurra cuestionar nada.

Supongo que el Sr. Daguerre estaba muy lejos de sospechar que sus experimentos para retener las imágenes de los objetos en una placa sensible a la luz iban a marcar en forma tan definitiva la historia de las artes plásticas, pero así sucedió y a raíz de la creación y desarrollo de las técnicas fotográficas, estas en pocos años lograron un efecto absolutamente inesperado, ¿cual fue ese efecto?
El de liberar a las artes plásticas de una servidumbre, una subordinación milenaria, la objetivación.

Al estar mejor capacitada técnicamente, y suponiendo, sobre todo en los primeros años de su creación, que la cámara era absolutamente libre e independiente de las emociones de su operador, (nueva y reluciente falacia), la fotografía abalada por la sociedad, sin ninguna consideración, se arrogo el derecho y la exclusividad de representar lo documental en forma casi inmediata.

Hasta ese entonces las artes plásticas habían soportado un equívoco debido a una superposición de funciones pues a la función expresiva, es decir a la subjetivadora propia de toda arte, se le sumaban las otras, la de retención de la memoria objetiva y por supuesto la retención de la memoria social, principalmente desempeñaban en este sentido, la función de conservación de la historia.
Es tan intrincado este entrevero de funciones que inclusive hoy resulta casi imposible separarlos, por esto, si nos paramos frente a cualquier cuadro del Renacimiento notaremos que tiene tanto de autentica obra de arte, como de valor documental, y esta es la razón por la cual le exigimos a los cuadros de estas características que prestamente nos relaten como se vestía la gente, que peinados tenían las damas de esa época, como eran los paisajes, como se desarrollo la batalla etc., etc., Sepamos o no de arte, es muy difícil separar las funciones en este tipo de obra.

Pero bueno, a partir de 1836, salvo alguna que otra excepción, la pintura y la escultura empiezan a menospreciar la mera reproducción mecánica de la realidad y como forma de mantener el equilibrio se embarcan en una frenética búsqueda de intencionalidad, impresiones del operador, danza de colores, y comienzan desaprensivamente a jugar con las formas, en definitiva, se liberan de su antigua esclavitud y proceden como si todas las audacias le estuvieran permitidas porque el canon de “semejanza con la naturaleza” dejo de regir y en este aspecto ya no le debían nada a la sociedad.
Esta liberación, esta autonomía, permitió a los artistas la búsqueda experimental de nuevas posibilidades plásticas, por las cuales, comenzando en forma desembozada con el impresionismo, en menos de treinta años se llegara al cubismo y a todos los ismos del siglo XX.

Convengamos que por lo menos es muy simbólico, muy alegórico, que la primera exposición del Impresionismo en Paris de 1874, se hubiera hecho en los salones del fotógrafo Nadar?).

Mis conclusiones particulares son que este mismo proceso de desintegración, descomposición del Paradigma o desmoronamiento del Relato, lo están sufriendo las Religiones, básicamente las religiones del Libro, sobre todo las Monoteístas, porque el paradigma artístico está íntimamente ligado al religioso y al igual que los contempladores del arte los fieles religiosos ahora no se conforman con “lo que te cuentan”. Ahora también preguntamos y queremos respuestas, no nos conforman los intermediarios que gozan de verdades que se les otorgaron por privilegio y discutimos, refutamos e impugnamos munidos de la herramienta ciencia, todos los relatos impuestos, inclusive el más sofisticado y rebuscado de todos, el relato religioso.

En la próxima entrega, contestare algunas preguntas sobre cosas que he dicho en la serie y que merecen una respuesta particular. También trataremos de darle punto final a este asunto.
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