Hacer la paz (20080502)
¿Qué es una mujer? Quiero preguntarle al sol
Pienso en mujeres y miro árboles que no ceden,
Que para no quebrarse se someten al baile del viento
Pienso en Andreas, signadas por la luna
Eclipsando el sol con un dedo, quieren ser lo que ocultan
Siempre que no tengan que serlo,
siempre que se crean que lo deciden, que lo quieren
Que lo que quieren es descansar
y para eso trabajan todos los días y todas las noches.
Que lo que quieren es ser amadas
y por ello guerrean en frentes semblantes de ellas mismas.
¿Que quieren ver las mujeres?
Quieren ver su épico triunfo
que sólo será refrendado con su rendición incondicional
¿Que ver quieren sino el único que conocen?
La mirada de la madre que ama con amantísima violencia
Madre que bien mirada es una niña
Por eso rechazan a la niña que son y a la que fueron,
y combaten a la que serán.
Por esa madre que siendo madre,
también era niña negada que negaba a la niña que tenía enfrente.
La niña que toda mujer tiene frente -en el frente-,
cuando mira un espejo con la velada esperanza de que se le regrese una mirada lúdica,
Mirada lúdica que querella con fantasmas lúgubres.
Fantasmas lúgubres que penan incomprensión y,
por no llorar, encrespan espejos.
Espejos encrespados como solitarios espantapájaros descerebrados.
Azorados por coyotes.
Espantapájaros descerebrados con corazón de paja
que va siendo quemada por el sol a pequeñas y persistentes dosis.
Corazón de Paja tostada, que se vuelve más dura y ruda,
pero también quebrantable y delicada.
Paja en la que se pierde la mujer y me pierdo yo con ella,
porque también recibí la mirada de una madre.
Madre que bien mirada, era una niña.
Le pregunto esto al sol y responde cediendo a la noche.
Cediendo a la noche es la única forma en que se puede volver a hacer día.
Declaro ceder en esta guerra,
porque quiero volver a hacer la paz.
Para mirarte de otro modo…
Para que puedas conceder algo a esa niña que fuiste…
Para amarte en apasionadísimas presencias y ausencias…
Con el manifiesto goce de una mirada lúdica.
¿Qué es una mujer? Quiero preguntarle al sol
Pienso en mujeres y miro árboles que no ceden,
Que para no quebrarse se someten al baile del viento
Pienso en Andreas, signadas por la luna
Eclipsando el sol con un dedo, quieren ser lo que ocultan
Siempre que no tengan que serlo,
siempre que se crean que lo deciden, que lo quieren
Que lo que quieren es descansar
y para eso trabajan todos los días y todas las noches.
Que lo que quieren es ser amadas
y por ello guerrean en frentes semblantes de ellas mismas.
¿Que quieren ver las mujeres?
Quieren ver su épico triunfo
que sólo será refrendado con su rendición incondicional
¿Que ver quieren sino el único que conocen?
La mirada de la madre que ama con amantísima violencia
Madre que bien mirada es una niña
Por eso rechazan a la niña que son y a la que fueron,
y combaten a la que serán.
Por esa madre que siendo madre,
también era niña negada que negaba a la niña que tenía enfrente.
La niña que toda mujer tiene frente -en el frente-,
cuando mira un espejo con la velada esperanza de que se le regrese una mirada lúdica,
Mirada lúdica que querella con fantasmas lúgubres.
Fantasmas lúgubres que penan incomprensión y,
por no llorar, encrespan espejos.
Espejos encrespados como solitarios espantapájaros descerebrados.
Azorados por coyotes.
Espantapájaros descerebrados con corazón de paja
que va siendo quemada por el sol a pequeñas y persistentes dosis.
Corazón de Paja tostada, que se vuelve más dura y ruda,
pero también quebrantable y delicada.
Paja en la que se pierde la mujer y me pierdo yo con ella,
porque también recibí la mirada de una madre.
Madre que bien mirada, era una niña.
Le pregunto esto al sol y responde cediendo a la noche.
Cediendo a la noche es la única forma en que se puede volver a hacer día.
Declaro ceder en esta guerra,
porque quiero volver a hacer la paz.
Para mirarte de otro modo…
Para que puedas conceder algo a esa niña que fuiste…
Para amarte en apasionadísimas presencias y ausencias…
Con el manifiesto goce de una mirada lúdica.